Xiomara Castro, la comprometida lideresa popular que alcanza el poder

TEGUCIGALPA, Honduras «¡Ganamos, Ganamos! 12 años de resistencia no fueron en vano», clamó, inicialmente, la lideresa opositora Xiomara Castro el pasado domingo cuando poco más de cinco horas habían transcurrido del cierre de las urnas en Honduras, sellándose la voluntad del pueblo. Con perceptible gozo y gratitud, la presidenciable de Libertad y Refundación (Libre) dirigió sus primeras palabras al público después de escuchar a la autoridad electoral verter su primer corte de resultados de las...
BFlores30 noviembre, 2021

TEGUCIGALPA, Honduras

«¡Ganamos, Ganamos! 12 años de resistencia no fueron en vano», clamó, inicialmente, la lideresa opositora Xiomara Castro el pasado domingo cuando poco más de cinco horas habían transcurrido del cierre de las urnas en Honduras, sellándose la voluntad del pueblo.

Con perceptible gozo y gratitud, la presidenciable de Libertad y Refundación (Libre) dirigió sus primeras palabras al público después de escuchar a la autoridad electoral verter su primer corte de resultados de las elecciones generales.

La vasta tendencia en su favor le permitía ya presentar un discurso de agradecimiento estando al tanto de que su virtual triunfo rompió con el histórico bipartidismo en el Ejecutivo y la investirá como la primera presidenta de la nación.

Al mencionar rápidamente -en su primera frase- a la resistencia popular, Castro efectuó una acotación con tinte histórico que demostró lo que significa para ella la lucha que desarrolló en las calles y cuan presente la tiene hoy en día.

«Envío, desde lo más profundo de mi corazón, un reconocimiento imperecedero a nuestros mártires que ofrendaron su vida para que hoy el pueblo tuviera libertad, democracia y justicia», prosiguió, vestida de negro y un saco rojo, colores que acentúan sus ideales.

La dama, que en esta ocasión canjeó su serio semblante por el júbilo y sutiles sonrisas, no podía dejar de mencionar -y destacar- en este momento de gloria el camino que la llevó hasta el mismo.

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LARGO CAMINO DE RESISTENCIA. Precisamente, son algo más de una docena de años desde que se fraguó, en junio de 2009, el golpe de Estado que derrocó del poder a su esposo, el expresidente Manuel Zelaya Rosales.

Fue entonces que Castro guió la lucha en favor de su cónyuge y se convirtió en un ícono de la insurrección popular en las calles y pieza clave para la conformación del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

En 2011, jugó un rol fundamental para la conformación del partido Libre, el cual la lleva a la primera magistratura y acaba con el imperio que forjó el Partido Nacional en tres períodos consecutivos y ampliamente cuestionados.

La primera ocasión en la que Castro anunció una candidatura a la presidencia fue en 2012, siempre bajo la bandera rojinegra,

Con una marcada ideología socialista democrática, participó en el proceso electoral de 2013, convirtiéndose en la segunda mujer en aspirar a ser presidenta, solo después de la nacionalista Nora Gúnera de Melgar.

Pese a que no logró convertirse en la gobernante de Honduras en ese año, marcó un hito importante en la historia política, asestándole un golpe al bipartidismo al ser la segunda candidata más votada (detrás del mandatario Juan Orlando Hernández).

Además, en esa oportunidad, Libre sacó más diputados que el Partido Liberal, que se vio relegado por primera vez a un tercer lugar.

Para las elecciones de 2017, Castro persistió en su afán presidencial y ganó las elecciones primarias. Sin embargo, en los comicios generales participó como aspirante a designada presidencial en un intento conjunto de sacar a los nacionalistas del poder.

Marcó la pauta, dejando atrás sus intereses personales y deponiendo su candidatura en favor de Salvador Nasralla, quien encabezó la alianza opositora que, ante un sinnúmero de denuncias de fraude, perdió contra Hernández que consumó una cuestionada reelección debido a la diferencia de unos 50 mil votos.

LA VENCIDA. La lideresa no desmayó y compitió ahora por tercera vez para alcanzar la titularidad del ejecutivo. Con su campaña dirigida por su hijo, Héctor Manuel Zelaya Castro, representó a seis movimientos en las elecciones primarias y triunfó, imponiéndose a Nelson Ávila, Carlos Eduardo Reina y Wilfredo Méndez.

De estos tres adversarios, solo Méndez no se unió a ella de cara la justa electoral general, argumentando que en Libre quien tiene todo el poder es el familión Zelaya, por lo que decidió unirse la semana pasada al liberal Yani Rosenthal.

Sin embargo, Castro sí contó con el apoyo a su proyecto por parte de Nasralla y también la dirigente del Partido Innovación y Unidad (Pinu), Doris Gutiérrez, quienes se unieron a su fórmula como designados presidenciales y se conformó la coalición opositora.

También, una fracción del Partido Liberal se rebeló y se adhirió a ella bajo un ideal común, acabar con el mandato cachureco.

En las urnas, la fortaleza de la oposición se impuso y, hasta ahora, Castro sostiene una ventaja de más de 350 mil votos sobre el nacionalista Nasry Asfura, una tendencia considerada irreversible.

Además, Libre arrasó haciéndose -de acuerdo a los reportes preliminares- con la alcaldía de la capital, la de San Pedro Sula y con una mayoría para el Congreso Nacional.

A la víspera de consumar su propósito, la caudillo de las luchas sociales no cambia su discurso armonioso -que difiere de las estrategias de odio utilizadas contra ella durante la campaña- y, más bien, apuntó que convocará a todos, incluyendo a sus detractores, para iniciar la construcción de una nueva Honduras.

«A mis opositores, porque no tengo enemigos, llamaré a un diálogo con todos los sectores de la sociedad hondureña para que podamos encontrar puntos de coincidencia»,  expresó la misma noche del domingo.

De acuerdo a lo que manifestó durante sus giras proselitistas, tiene previsto el desarrollo integral de sus propuestas para forjar un gobierno inclusivo que permita el crecimiento de todos los rubros y grupos etarios, en lo que denomina una «refundación» de país.

Sin vínculos a actividades ilícitas, en el camino se le señaló de ser  una persona que apoya el asesinato de inocentes (aborto) e impulsadora del matrimonio igualitario, sin embargo, su entorno más cercano descarta estas ideas, dando realce a los principios cristianos de la familia Zelaya-Castro.

Del mismo modo, se le ligó a pensamientos comunistas, pero, según la valoración de múltiples analistas, ese modelo económico social ni siquiera existe en la actualidad.

Además, según sus propias declaraciones, que han sido reproducidas por actores ligados a su campaña, ella se decantará por un gobierno progresista.

SUS ORÍGENES. Haciendo una restrospectiva para conocer un poco más de la vida personal de quien se apresta a gobernar por los próximos cuatro años, se puede puntualizar que nació el 30 de septiembre de 1959 en Tegucigalpa, siendo la segunda de cinco hermanos producto del matrimonio de Irene Castro reyes y Olga Doris Sarmiento, ambos fallecidos.

Cursó sus estudios básicos en los institutos San José del Carmen y María Auxiliadora y, aunque ha recibido críticas por una supuesta ausencia de títulos de educación superior, se graduó de administradora de empresas del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana (IHCI) en la modalidad de madurez y experiencia.

En el proceso, Castro desarrolló su aptitud gerencial, involucrándose en actividades de ganadería, agricultura y el procesamiento de la madera. Mel le aportó los conocimientos que él ya había obtenido al manejar las empresas de su padre, quien fue encarcelado por la masacre de Los Horcones.

Asimismo, la ahora virtual presidenta mostró su parte más humana cuando fue parte de la asociación de esposas del Club Rotario de Catacamas y fundó el centro de cuidado diurno para niños.

Con sus actividades, Xiomara veló por el bienestar de infantes y también de familias monoparentales.

PININOS EN LA POLÍTICA. Castro, quien tiene 62 años, dio sus primeros pasos en política cuando fungió como organizadora del movimiento femenino

Después acompañó a Mel -con quien se casó teniendo solo 16 años en 1976- en su aventura hacia Casa Presidencial en 2006, cuando, enarbolando la bandera rojiblanca, derrotaron a Porfirio Lobo Sosa.

Como primera dama, se caracterizó por su participación en varios programas sociales y su liderazgo en la lucha contra el VIH con las Naciones Unidas.

Después de figurar en esos espacios le tocó afrontar el rocoso camino de resistencia, pero ahora se reivindica y se compromete a cambiar la realidad del pueblo hondureño.

Con el paso de los años, se convirtió en un bastión del empoderamiento femenino, precursora de las causas justas y soñadora de una patria que involucre a todos sus hijos, sin importar la trinchera.

Siempre ha mantenido la cercanía con la gente, sin mostrarse esquiva o con aires de grandeza, pese a la notoriedad que ha tomado su personaje en la política hondureña.

Más allá de ideologías, la población aplicó un voto de castigo a la bandera de la estrella solitaria y respaldó a Castro, cumpliéndole en las urnas y ahora ella, bajo su distinción de primera presidenta, deberá destacar también por una gestión que devuelva esa confianza concedida.

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