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REMEDIOS ALTERNATIVOS PARA COMBATIR LAS NOTICIAS FALSAS (3/3)

Tercera y última parte del artículo La regulación estatal de las llamadas “noticias falsas” desde la perspectiva del derecho a la libertad de expresión. Del libro: Libertad de expresión: A 30 años de la Opinión Consultiva sobre la colegiación obligatoria de periodistas.

Por Catalina Botero Marino.


En el derecho internacional de los derechos humanos se reconoce que cualquier restricción que pretenda imponérsele a la libertad de expresión debe no únicamente perseguir una finalidad legítima, sino que debe además ser necesaria para el logro de dicha finalidad, es decir, debe constituir el medio menos gravoso entre todas las alternativas disponibles para el logro de la finalidad propuesta.

En el artículo anterior sostuve que prohibir o regular a nivel estatal las noticias falsas no sólo no es el remedio menos restrictivo de la libertad de expresión para combatir este tipo particular de discurso, sino que es además estructuralmente incompatible con el funcionamiento mismo de la democracia.

En una verdadera democracia, se dijo, el mejor remedio para la mentira es el libre debate democrático. No obstante, la divulgación masiva de información que no puede ser contrastada y que contradice los hechos, es cada vez más notoria.

Y las personas, individualmente consideradas, no tienen en la mayoría de los casos, el tiempo, los recursos o los instrumentos para determinar la veracidad de la información que reciben en un mundo cada vez más conectado.

Por esta razón, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, se han desarrollado algunas estrategias que, de ser adecuadamente implementadas, podrían ayudar a responder al desafío que platean quienes hacen del engaño una eficaz forma de manipulación.

Las alternativas que se mencionan adelante aparejan, a su turno, algunos riesgos que serán brevemente mencionados, pero son el tipo de iniciativas que es necesario discutir si mantenemos la convicción de que el debate democrático es el remedio más efectivo contra la problemática mencionada.

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“Fact-Checking”

Cada vez son más las organizaciones civiles y de medios de comunicación comprometidas con combatir la proliferación de información deliberadamente falsa, a través de la verificación de hechos, lo que en inglés se denomina “fact-checking”.

En África, por ejemplo, desde el 2012 existe Africa Check. En Estados Unidos existen FactCheck.org desde 2003, FactChecker (del The Washinton Post) desde 2007 y PoliFact.com también desde 2007. En Europa existe FactCheckEU.org desde 2014. Adicionalmente, distintos medios de comunicación europeos han implementado sus propios sistemas de “fact-checking”. En Francia, por ejemplo, el periódico Libération administra Desintox desde el 2008 y el periódico Le Monde administra Les Décodeurs desde el 2009. En Reino Unido, Channel 4 News administra Fact Check desde el 2010 y el periódico The Guardian administra el Reality Check Blog desde el 2011. En Reino Unido existe además Full Fact desde el 2009.

La tendencia ha llegado incluso a Amé- rica Latina. En Argentina, por ejemplo, existe Chequeado.com desde el 2010 y en Colombia, El Detector de Mentiras del portal web La Silla Vacía. Recientemente, en febrero de 2017, entró en operación AltNews en India. Adicionalmente, desde septiembre de 2016, el Pointer Institute for Media Studies ha venido desarrollando la International Fact-Checking Network, una red de diferentes organizaciones civiles y de medios de comunicación que, a lo largo del mundo, está comprometida con hacer “fact-checking”, de acuerdo con un código de principios común.

A la fecha de elaboración de este artículo, 27 organizaciones de diferentes países han suscrito el código de principios y han sido aceptadas en la red.

Guías prácticas para identificar “fake news”

La principal dificultad del “fact-checking” es que, aunque se trata de una tendencia creciente, todavía son muy pocas las organizaciones que están dedicadas a ello. Por ello, sólo frente a algunas noticias se encuentra disponible en la red su correspondiente “fact-check”.

Existe además el problema que, aun existiendo el “factcheck” de la noticia, no siempre es fácil dar con él en la red. Por ello, distintas organizaciones dedicadas a “fact-checking” han diseñado guías prácticas para que (en teoría) cualquier persona pueda por sí sola verificar cualquier noticia.

Una de las guías más completas disponibles en Internet fue diseñada por FactChecker.org de Estados Unidos en 2016.

AfricaCheck, FullFact de Reino Unido y Les Décodeurs de Francia tienen guías semejantes.

The Washington Post diseñó también una sencilla guía audiovisual. PoliFact.com de Estados Unidos ofrece incluso una “lista negra” de portales web dedicados a difundir información deliberadamente falsa.

La idea común detrás de estas guías es, para usar la expresión de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, que “cada persona sea su propio guardián de la verdad”.

Desarrollos tecnológicos compatibles con estándares internacionales de libertad de expresión

No todo el mundo está dispuesto a analizar de manera detallada cada una de las noticias que lee -e incluso aquellos que lo están, no lo hacen siempre-. Por esta razón, se han venido desarrollando extensiones para los navegadores de búsqueda, que pueden ayudar a los internautas a identificar noticias falsas en algunas redes sociales como Facebook y Twitter.

Las extensiones funcionan con base en algoritmos de verificación de fuentes e identificación de imágenes y palabras claves. Los algoritmos, por ejemplo, cuentan con una función que compara las capturas de pantalla de Twitter que circulan en Internet con la red de Twitter, para verificar si se trata de información real o de un simple montaje.

Las extensiones más populares son FiB Stop Living a Lie, desarrollada en 2016 por estudiantes de la Universidad de Princeton, y This is Fake, puesta en marcha también en 2016 por la revista digital Slate.

Otras extensiones disponibles en Internet son B.S. Detector y Fake News Alert.

Ahora bien, esta alternativa plantea enormes desafíos, especialmente en un entorno cada vez más concentrado en el cual los intermediarios tienen un inmenso poder.

En este sentido, los relatores especiales para la libertad de expresión, en su Declaración Conjunta de 2017, advirtieron que el uso de algoritmos, como medio para combatir la difusión de “fake news”, sólo es compatible con la libertad de expresión si (i) está basado en criterios transparentes y objetivamente justificables, (ii) garantiza plenamente el derecho al debido proceso de las partes interesadas, y (iii) cuenta la participación de iniciativas ciudadanas dedicadas al “fact-checking” con base en códigos de ética transparentes.

Notificaciones y “banderas”

El “flagging” es la primera de la soluciones propuestas por Facebook para enfrentar el problema de las “noticias falsas” en su plataforma. Cualquier usuario de Facebook puede reportar una publicación que considere falsa, utilizando el mismo mecanismo que ya existía para reportar “spam”.

Cuando un número significativo de usuarios han reportado como falsa una publicación, una parte independiente, de quien se exige haber suscrito el Código de Principios de la International Fact-Checking Network, se encarga de decidir si el contenido de la publicación está o no en disputa.

Si el contenido está en disputa, se hace visible una bandera (“flag”) que advierte a los internautas que la publicación se encuentra disputada por un tercero imparcial cuyo trabajo es la verificación de datos (“Disputed by 3rd Party Fact-Checkers”).

La bandera no advierte nunca que una publicación sea falsa, sino que se encuentra “en disputa”.

En todo caso, cuando una persona decida compartir la publicación, aparece una nueva advertencia recordándole que su contenido se encuentra bajo disputa.

Esta solución, como la anterior, depende de reglas muy cuidadosamente diseñadas de auto-regulación y colaboración con profesionales expertos e independientes sometidos a estrictos códigos éticos, pero ese será el tema de una nueva publicación.

“Ranking”

El “ranking” es la segunda de las soluciones propuestas por Facebook para enfrentar el problema de las “noticias falsas” en su plataforma, y es complementaria de la anterior.

En este sentido, a esta alternativa hay que formularle las mismas advertencias formuladas a las dos anteriores. En virtud de esta herramienta, cuando una publicación ha sido reportada como “noticia falsa” y ha sido etiquetada con una bandera por un tercero independiente e imparcial, los algoritmos de la plataforma reducen su “ranking”, de manera que no aparezca entre los primeros resultados.

Estas son apenas algunas de las soluciones alternativas, planteadas, para enfrentar el discurso deliberadamente falso. El esfuerzo por desarrollarlas y discutirlas parte de la base de que prohibir o regular a nivel estatal las “noticias falsas” constituye (en la gran mayoría de los casos) una restricción desproporcionada y altamente peligrosa de la libertad de expresión.

No obstante, el riesgo de asignar a los intermediarios la función de notificar u ordenar la información, no es menor. Por ello es indispensable que estos temas sean discutidos de manera multisectorial atendiendo a los más altos estándares en materia de libertad de expresión.


Catalina Botero Marino* Decana de la Facultad de Derecho de Los Andes y profesora adjunta de American University. Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios de la Suprema Corte de Justicia de México, del Comité Académico del CELA (Universidad de Palermo-Argentina) y experta permanente de diversos proyectos académicos como Global Freedom of Expression de la Universidad de Columbia. Socia fundadora de DeJusticia, Conjuez de la Corte Constitucional y Ex Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la OEA. Ha sido profesora y/o conferencista en más de 30 universidades. Tiene artículos publicados en varios idiomas.

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Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.