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LA VERDADERA NOTICIA SON LAS VÍCTIMAS (II)

La censura o la autocensura, la disyuntiva del periodismo hondureño

–En este país todo mundo es vulnerable. –Nos explica Gerardo Chévez, periodista de Radio Progreso, al pedirle que nos relate sobre su experiencia en el oficio.

Hace años salió de su natal La Paz para vivir en El Progreso. A Chévez le ha tocado estar en situaciones complejas como periodista, cubrir masacres, asesinatos de campesinos y dirigentes que defienden los territorios del avance de los consorcios extractivos. Con catorce años de trabajo profesional en el periodismo Chévez nos afirma que «la radio», como se refieren en El Progreso a la radio de los jesuitas, lo ha hecho humano, habla de ella como se habla de una madre, fue «la radio» quien le enseñó cuando él no sabía nada de comunicación.

Chévez continúa con su narración para ponernos en contexto desde su versión de los hechos:

–El común denominador en Honduras es la inseguridad, y uno de periodista tiene un elemento extra que es por tu característica de comunicador o comunicadora social, tenés ese riesgo mayor. Vos salís en la mañana de tu casa y en la noche no sabés si vas a regresar, podés ser víctima como lo han sido más de cuarenta periodista en nuestro país y al final no importa de qué tendencia seás, si de izquierda o de derecha, tenés vulnerabilidad. Si vos le echás un vistazo a los periodistas que han asesinado no necesariamente son de izquierda, ni de centro, son periodistas de derecha y el simple hecho de ser periodista te hace más vulnerable y vivís en esa zozobra permanente…

–¿De qué están hablando estos periodistas para que se conviertan en amenaza? –Preguntamos a Gerardo Chévez, quien nos ha atendido en uno de los estudios de grabación de las nuevas instalaciones de Radio Progreso.

–Lo que pasa es que en Honduras hay temas que no los podés tocar –continúa Chévez–, que son temas de censura o autocensura, el tema del narcotráfico, por ejemplo, es un tema de censura, es raro el periodista que se atreve a decirlo. Si vos te ponés a tratar el tema del narcotráfico, como dice un amigo mío, tenés que andar con las cuatro tablas en el lomo, los naipes en la bolsa y las candelas en las manos, seguro te asesinan y si vos echás un vistazo por allí uno que otro periodista ha muerto por eso. Uno puede sacar lo que ya se sabe, lo que se ha destapado con la presión de los Estados Unidos, vos sabés, el tema de los Cachiros, pero antes de eso nadie podía tratar el tema de los Cachiros. Y luego el tema de los Valle, antes de que los Estados Unidos lo pidieran en extradición ningún periodista se atrevió a decirlo, claro, sabían que era muerte al tratarlo.

Para Gerardo Chévez, otro de los temas complicados que el periodismos hondureño tiene la difícil tarea de abordar es el tema de la corrupción, la corrupción en términos de las instituciones del Estado.

–Gerardo, ¿de qué sí puede hablar un periodista?

–Bueno, –dice, y parece retomar el aire para continuar–, puede hablar de todo pero no debe hablar de todo por la censura.

–¿Qué pesa más, la censura o la autocensura? –Le preguntamos, casi interrumpiendo el hilo de sus ideas.

–Yo digo que pesa mucho la autocensura –nos dice alargando al pronunciar la palabra «mucho»–. Depende en qué medio estés…

–¿Y en qué momento llega la autocensura?

–Cuando ves que el tema que vas a tratar, y si lo abordás al aire es muerte. Allí está la autocensura. Entonces, te decidís por una de las dos cosas, «si lo hablo y lo digo me mandan a matar» y vos sabés que en Honduras para mandar a matar a una persona se ocupa poco pisto.

Gerardo Chévez

Gerardo Chévez es uno de los tantos periodistas que en Honduras tienen medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pese a ello, está consciente que puede perder su vida en cualquier momento por causas relacionadas con el ejercicio de su oficio como en su momento le sucedió a Carlos Mejía, asesinado en 2014, quien era el responsable del departamento de publicidad de Radio Progreso. Así como él, otros periodistas y personal de otras áreas de Radio Progreso, medio para el que Chévez labora hace más de una década, también tienen medidas cautelares.

Uno de los casos más recientes que el medio ha tenido que afrontar son las amenazas que César Obando ha venido recibido hace ya un buen tiempo. Obando es corresponsal de Radio Progreso en la zona del Aguán. Con apenas veinte años de edad, su oficio le ha valido para sufrir amenazas, persecución e incluso lo han golpeando mientras transmite en vivo. Obando labora también para la radio comunitaria «La voz del Aguán» de la Confedaración de Organizaciones Populares del Aguán, COPA. Esto coincide con lo que C-Libre informa: «La intimidación es una forma de agresión cuyo propósito es causar daño o infundir miedo en la víctima de la agresión a fin de impedir que ésta realice el ejercicio de determinada acción o persista en el curso de la misma. En el caso específico contra la libertad de expresión, pretende hacer desistir o impedir su libre ejercicio».

En este sentido, el periodismo hondureño queda en un estado de indefensión ante las amenazas, la persecución y la censura. Según el informe de C-Libre de 2015 los responsables de las agresiones a la libertad de expresión en su mayoría «fueron cometidas por actores que forman parte de la estructura gubernamental, lo que supone una sociedad en donde el Estado se convierte en el principal órgano reproductor de la violencia estructural y que restringe la libertad de expresión en diversas facetas de la cotidianidad».

Las dudas tras la muerte de Medina Polanco

El once de mayo de 2011 a la una de la mañana con nueve minutos, Héctor Francisco Medina Polanco fallece en el hospital sampedrano Mario Catarino Rivas. Pero, ¿qué debe pasar en la vida de un periodista como Medina Polanco, cuya familia militó por generaciones en el Partido Nacional, donde los hombres de su familia tuvieron carrera militar, misma a la que él no pudo optar por tener un problema físico que se lo impidió, para que terminara siendo asesinado? ¿Qué lleva a la muerte a un periodista como Medina Polanco en un lugar marginal como Morazán en el departamento de Yoro? Seguimos conversando con Carlos Medina, su hermano, quien continúa narrando para nosotros el desencanto y el derrumbe que su familia atraviesa tras la muerte de Héctor Francisco.

Héctor Medina Polanco, asesinado en Morazán, Yoro, en mayo de 2011.
Héctor Medina Polanco, asesinado en Morazán, Yoro, en mayo de 2011.

–Los asesinos le infirieron un balazo en el brazo izquierdo, en el del clutch de la moto, perdió el equilibrio, cayó, los tipos regresaron y lo mataron en la carretera. –Nos narra Carlos, y mientras nos narra la voz se le quiebra, la conversación se vuelve más lenta y de repente un sopor nos invade, es el halo de la muerte en la narración.

El velorio y el entierro de Héctor Francisco se realizó en Morazán, así como él lo había pedido a su familia. Durante el velorio –nos comenta Carlos– el hogar de Héctor Francisco y su familia fue apedreado y hostigado por personas armadas, que realizando disparos intentaban intimidar a Jessica y sus hijos, el resto de la familia Medina Polanco se traslada hasta el día siguiente en un vehículo facilitado por Alexander López, el alcalde progreseño, quien habría sido compañero de colegio de Héctor Francisco. Al entierro llegan sus amigos de infancia, entre ellos Joaquín Mejía, abogado del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús.

–Guardo como mil quinientas fotografías de distintos puntos donde él andaba y de los lugares de donde él me contaba cosas como que en Morazán habían zonas en las que uno avanza, caminando en la montaña por los caminos y le salía gente fuertemente armada para preguntar qué hace allí, que allí no puede pasar nadie, «está cerrado». Gente con armas como AK47, R15 o M16, personas de civil. Desde esa zona donde él se encontraba podía ver la hacienda de una persona donde se podía ver dos avionetas estacionadas.

Nos explica Carlos que su hermano le contaba que él no entendía por qué las avionetas aterrizaban en esa zona, «no sé si todavía aterrizarán allí», nos dice como queriendo soltar el anzuelo, como queriendo que averigüemos más al respecto, pero nosotros sabemos que el viaje a Morazán es un viaje que requiere de cierta logística que no tenemos y fingimos no escuchar la insinuación. Comenzamos a entrar en un juego no pactado en la conversación, insiste en lo de la pista clandestina en la hacienda de la montaña y suelta el segundo anzuelo y como no queriendo que quede constancia que él lo dijo, lo dice: «…había una persona involucrada, bueno, era un diputado, desde la montaña donde estoy, –me comentó–, se miran esas dos avionetas allí». Lo escuchamos atentos, él lo sabe.

–Yo creo que es el Valle de Olomán, que es bien amplio, es como cuando uno mira a Comayagua desde la montaña que ve todo lo plano, es igualito allí, y yo no he escuchado que a estas alturas hayan destruido esas pistas de aterrizaje. Yo no sé si sean buenas o sean malas, porque también podría ser que son para fumigación, yo les digo lo que él me dijo. –Se esfuerza por explicarnos, Carlos, todo el asunto de la pista clandestina en una hacienda desconocida que es propiedad de un diputado anónimo y que se ve desde algún lugar de las montañas de Morazán, según nos sugiere está ubicada en el Valle de Olomán.

Luego retoma lo del entierro de su hermano, casi parece un punto ensayado en la conversación. Hace referencia a una entrevista realizada a Diario Tiempo por parte del jefe de la policía de Morazán en donde se «habla mal» de Héctor Francisco, porque según la versión de Carlos, el jefe de la policía lo que declaró al medio sampedrano es que Héctor Francisco tenía deudas de las que no se hizo responsable, un televisor, unos muebles.

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Carlos Medina Polanco, hermano de Héctor Francisco, periodista asesinado en mayo de 2011.

–Yo estaba con Joaquín (Mejía) en ese momento, entonces me enardecí y le digo «cómo son de basuras estos tipos», entonces él me dijo: «mirá Carlos, la policía, por la presión que les recae en ese momento, porque son los responsables de esos delitos, tienden a desacreditar a la víctima, la desacreditan a tal grado que la gente dice «ah, ése era delincuente, por eso lo mataron». Por eso esa vieja práctica que dicen de la gente, «no, eh.. pelea de territorio, que estaba ligado al narcotráfico, que formaba parte de organizaciones delicuenciales», para que la gente olvide quién era la persona y que haya un parte policial para que no vayan a perseguir el delito, que no tenga la presión internacional, ni nada…»

Carlos responde a esto llevando a los periodistas que cubrían el entierro de Héctor Francisco y al abogado Joaquín Mejía a la casa de su hermano para que constaten las condiciones en las que él vivía. Nos explica a nosotros que el hogar de su hermano era un hogar pobre, con pisos pobres y ventanas sin celosías, que nada allí podría dar indicios que era una persona que manejaba dinero que viniera de la extorsión.

–Mi hermano no tenía nada. –Afirma Carlos de manera contundente.

Héctor Francisco alguna vez hizo el viaje hacia los Estados Unidos de forma ilegal buscando un mejor futuro para él y su familia. Estuvo en los hogares de refugio para migrantes y se montó en «la bestia» como tantos otros migrantes que sueñan con llegar al norte. Durante ese viaje jamás perdió contacto con Carlos y se hacían vídeo llamadas a través del messenger de Hotmail. Carlos lo recuerda en esas llamadas, y recuerda al hombre barbado y sucio en el que se había convertido su hermano durante el viaje, ese hombre, que según nos cuenta, jamás perdió la motivación de su viaje, ese hombre que se recordaba constantemente por qué había emprendido la odisea al mostrarle desde el otro lado de la pantalla una prenda de su hija menor, la que apenas conocía, porque nació en los días previos a tomar la decisión de intentar vencer las probabilidades de la migración ilegal. La niña sería bautizada como Elsa Esperanza, Elsa por su hermana y Esperanza como motivación para poder vivir. Carlos tiene la voz seca, la nostalgia quizá, el dolor, posiblemente. Pero entonces su celular le suena y lo saca de la historia, nos pide disculpas y revisa la pantalla que le ilumina el rostro humedecido por las lágrimas. Tose, y retoma la historia.

–Un sobrino que llegó muy tempranito en la madrugada, en la mañana andaba jugando donde estaba la sangre de mi hermano y fueron a lavar, y recogió los casquillos de nueve milímetro con que lo habían matado, me dio los tres con que lo mataron, yo le di dos a la policía y me quedé con uno, o sea, qué escena del crimen, no hay capacidad operativa en la policía para determinar eso.

Mientras Carlos nos narra esto, imaginamos el escenario, ése en donde la familia de Héctor Francisco fue a lavar la sangre en el lugar donde fue asesinado, recogieron los casquillos del arma con el que le dispararon, Carlos se queda con uno de tres y el resto de los casquillos se los entrega a la policía. Es decir, ¿la familia contamina la escena del crimen y mientras esto sucede la policía no hace nada? Algo no termina de encajar en este asunto. Al menos no en esta parte de la historia o es así como se manejan las cosas en Morazán.

Carlos nos va contando cómo luego de la muerte de su hermano la prensa internacional y los organismos defensores de Derechos Humanos y de libertad de expresión, empezaron a entablar comunicación con él.

–En Morazán se dice, y nosotros sabemos, que la historia del asesinato de mi hermano, –continúa Carlos–, comenzó con un grupo paramilitar que encabeza un señor de apellido Montoya, que tiene un grupo de paramilitares que «cuida» la ciudad, entre comillas, fuertemente armado, anda en motocicleta sin casco. Se gastó un total de cincuenta mil lempiras para matar a mi hermano, ésa fue la oferta a pagar, y este señor Montoya, le dio a cada sicario dos mil quinientos lempiras. Uno de ellos guarda prisión en el presidio de El Progreso, condenado a veintidós años, creo… no recuerdo su nombre, y otro que tiene orden de captura que tiene por nombre Héctor Geovany Inestroza, le dicen «el chele» o le dicen «el turco», porque es blanco y bien parecido, es de la misma zona, y es el más peligroso sicario de los sicarios que hay allí.

Cómo seguir la historia sin pensar en el control de los territorios, como lo hacen los narcos, como lo hacen las maras. La declaración que Carlos nos hace revela una realidad que no es particular de Morazán.

–Lo esperaron a mi hermano, le dieron seguimiento por varios días. –Narra Carlos, sigue con la secuencia en ese orden de cosas que nos va terminando de poner en contexto–. Lo siguieron en motocicleta, él ya los conocía. Aseguran los testigos protegidos que se acercaron a él y platicando con él desde la moto, le dispararon para ejecutarlo, lo botaron de la motocicleta, regresaron, se bajaron, lo remataron y cambiaron de puesto al mando de la motocicleta.

Roger Mauricio García Pineda, detenido el 7 de abril de 2014 en el barrio Éxitos de Lempira, en el municipio de Morazán, Yoro, vinculado con el asesinato de Héctor Medina Polanco.
Roger Mauricio García Pineda, detenido el 7 de abril de 2014 en el barrio Éxitos de Lempira, en el municipio de
Morazán, Yoro, vinculado con el asesinato de Héctor Medina Polanco.

Héctor Francisco era directivo en el patronato de la colonia Buenos Aires de Morazán, Yoro, y el grupo paramilitar recorría las casas de la colonia ofreciendo el servicio de seguridad a un costo de cien lempiras cada quince días, a las personas que aceptan les ponen un rótulo en sus casas que dice «casa protegida», a las que no, las asaltan. Carlos cuenta que su hermano se niega a pagar por el servicio de seguridad porque para él la colonia era segura y no pasaba nada, esto lo llevó a entablar una discusión con ellos por todo el asunto. Medina Polanco se opone al avance del grupo que ofrece el servicio de seguridad y se los deja claro. En este momento, Carlos nos cuenta la historia narrando en la voz de su hermano, y a veces en la de Montoya, simulando la discusión en donde Héctor Francisco les asegura a los paramilitares que en la colonia no sucede nada. Carlos cree que de forma amenazante le aseguran a su hermano que algo pasará y que cuando ese algo pasara Héctor Francisco se acordaría de Montoya y de esa supuesta conversación.

–Un tiempo después matan a mi hermano. Esos grupos armados están coludidos con la policía de ese momento, yo no les puedo decir quiénes estaban, pero hay un oficial de baja graduación, creo que era un inspector, no recuerdo su nombre pero no sería difícil encontrarlo en el reporte de Diario Tiempo del día siguiente a la muerte de mi hermano.

Allí está, otra vez el anzuelo para que nosotros busquemos lo que él ya sabe pero que no nos dice. Nos explica, en su conocimiento del funcionamiento de las cosas, como alguien de carrera militar como él, que en Morazán, en el momento de la muerte de Héctor Francisco, hombres se trasportaban en motocicleta y fuertemente armados por todo el pueblo y que esto debía contar con cierto permiso porque las armas necesitan un peritaje.

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Morazán, Yoro.

Luego de la captura de uno de los implicados en el hecho material de la muerte de Héctor Francisco, la hija mayor de Carlos es secuestrada y golpeada por cuatro personas, «tres hombres y una mujer, la mantuvieron retenida en un vehículo», explica Carlos con la misma intensidad con la que ha contado todo lo anterior. A Michelle, su hija, durante el secuestro la golpean y le preguntan por su padre. Al momento del secuestro de Michelle, Carlos estaba fuera de El Progreso. Finalmente los secuestradores dejan tirada a Michelle en alguna carretera de la que Carlos no nos habla, quizá porque sólo es paisaje en su narración. Lo relevante es que tras la liberación a Michelle la amenazan, y le dicen que de seguir investigando los van a matar a todos.

–Yo me retiré del programa radial en la noche porque también me habían mandado a ejecutar. –Nos revela Carlos.

Bajo el mismo patrón del asesinato de su hermano, a Carlos Medina Polanco, también lo persigue un hombre en motocicleta después del cierre de la emisión diaria de su programa de radio en San Pedro Sula. La motocicleta persigue el auto en el que se transporta Carlos, pero no es él quien conduce sino otra persona, con él y su conductor viaja también el hijo de la persona que conduce, logran esquivar temporalmente la moto entre el tráfico. Cuenta Carlos que a la altura de la colonia Satélite en la salida a El Progreso el hombre en la moto logra interceptarlos nuevamente. Carlos le pide al conductor que frene, y que luego se le «pegue» a la motocicleta, que lo mantenga cerca porque si no, los matan a todos. En este momento, el perseguidor se convierte en perseguido. Es medianoche, con esta táctica logran hacer que el tipo en moto desista a la altura de Villa Nuria.

–Cuando llegamos al peaje de San Pedro Sula, sobre el bulevar a El Progreso, un bulevar oscuro, oscuro terriblemente, la policía que estaba allí nos encañonó porque nos paramos en medio de la carretera. –Narra Carlos con cierto tono de angustia.

La policía tras escuchar lo que les acababa de suceder le ordenan que se vaya, que ellos van a detener a toda motocicleta que pase por el peaje que está ubicado a la altura de El Polvorín. Les dan veinte minutos de gracia, hasta donde puedan llegar en un camino que puede ser recorrido entre los veinticinco y cuarenta minutos, es una cuestión de tráfico en la carretera.

La familia Medina Polanco ha estado bajo el asecho de amenazas desde 2011, doña Elsa tuvo que migrar y radicarse en los Estados Unidos, la hermana de Carlos viaja constantemente y vive una vida dividida entre la zozobra de la migración forzosa y la esperanza de que algún día las amenazas se detengan y pueda volver al país de forma permanente. Jessica y los hijos de Héctor Francisco quedaron en Morazán, con poca comunicación con el resto de la familia y Carlos, que aún vive en El Progreso, se niega a abandonar el pueblo pese a las amenazas, haciendo el esfuerzo de continuar con su vida con cierta normalidad y cotidianidad. La familia apuesta por la diáspora como táctica de sobrevivencia.

–La muerte de un familiar por el sicariato destroza toda la estructura emocional de una familia. –Concluye Carlos.

Conozca más sobre Héctor Medina Polanco siguiendo este enlace:

Héctor Francisco Medina Polanco, periodista muerto en 2011.

LA VERDADERA NOTICIA SON LAS VÍCTIMAS (I)