CENTRO AMÉRICA

Infraestructura de la Pandilla 18 (Parte 3 de 3)

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La revista InSight Crime, en conjunto con la Asociación para una Sociedad más Justa, ASJ, presentaron el resultado de su investigación sobre Maras y Pandillas en Honduras.  Este artículo, dividido en tres partes por su extensión, retrata la pandilla Barrio 18 en Honduras, una organización que combina violencia extrema, fuentes rudimentarias de ingresos y contactos con grupos delictivos de alto perfil. En esta primera parte, nos presenta la Estructura Organizacional y  modus operandi. En la segunda parte habla de la economía criminal: extorsión, narcomenudeo y otras fuentes de ingresos de la pandilla y esta entrega, analiza la infraestructura con que cuenta la Pandilla 18, sus  códigos, reglas y disciplina.

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Infraestructura de la Pandilla 18

La pandilla Barrio 18 utiliza una estructura externa limitada para cometer sus actos ilícitos. Los miembros utilizan sus propias casas o las casas de familiares para guardar armas, drogas, libros contables y otros elementos de importancia. También dependen de “casas locas”. Una casa loca es una frase muy amplia que abarca varios conceptos para referirse a un lugar utilizado para interrogar y torturar personas. Es una casa de escape y también sirve como depósito de almacenamiento, todo esto en un mismo lugar. Usualmente estas casas locas están ubicadas dentro de las áreas de influencia de la pandilla y muchas veces son casas abandonadas o usurpadas por la pandilla.

La cantidad de casas locas fluctúa dependiendo de qué tan bien controle la pandilla o mara una zona en particular y cuáles son sus necesidades puntuales. La pandilla también podría darle un giro a las operaciones entre las casas locas ya establecidas. Las casas locas no sólo representan infraestructura útil, también son recordatorios de quien está en control en esas zonas (la pandilla) y quien no está en control (el Estado). Están sujetas a mucha especulación y rumores acerca de rituales satánicos y otras ceremonias secretas de las pandillas. Algunos de estos rumores parecen tener sustento en la realidad y sirven para reforzar el dominio total de la pandilla sobre la psiquis en estas comunidades.

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“Casa Loca” localizada por la policía en la cercanía del mercado San Isidro de Comayagüela.

Códigos, reglas y disciplina de la Pandilla 18

La pandilla 18 tiene un código de conducta un tanto laxo. En términos generales, sirve para mantener a los miembros más jóvenes en línea, evitando que roben o traicionen a la organización. Como segundo punto de interés, las reglas son una forma de mantener a la pandilla en una buena posición ante la comunidad en la que opera. En algunas ocasiones sin embargo, sus líderes y miembros parecen aplicar el código solamente a conveniencia propia. La ambigua naturaleza del código y la forma arbitraria en que es aplicado puede en algunas circunstancias significar una total desestimación del mismo por parte de la pandilla, lo cual podría ayudar a explicar la reputación de la 18 como una pandilla indisciplinada y violenta.

La regla número uno de la pandilla es “respetar el barrio”. Esta es una forma extremadamente ambigua de decir que la mara está primero –por encima de la familia, del trabajo, del país, de la escuela, o de cualquier otra institución que pudiese tratar de competir con ella—. En la práctica, hay un cierto espacio para maniobrar, pero esta regla cubre mucho de la vida diaria en una pandilla: si el jefe quiere que algo se cumpla, tiene que hacerse; si un compañero está en problemas, los otros miembros de la pandilla deben ayudarle; a los soplones se les castiga con la muerte, y el revelar los secretos de la pandilla puede llevar a medidas disciplinarias severas. En otras palabras, ante cualquier duda, el miembro de la 18 debe siempre obedecer, ofrecer todos sus servicios, y ponerse de lado de la pandilla.

Sin embargo, la frase “respetar el barrio” deja el espacio abierto a todo tipo de interpretaciones. El acusar a un miembro de la pandilla de no “respetar el barrio” podría servir como excusa para atacarlo. En el mundo volátil de la pandilla, la forma en que la persona “irrespetó” al barrio podría ser menos importante que el hecho que alguien acuse a otro de lo que se considera alta traición. La acusación puede escalar en la jerarquía de la pandilla, y dependiendo de las circunstancias, un homie o incluso un toro podría participar en la decisión final. Otras infracciones –algunas de las cuales se detallan más abajo– podrían resultar en golpizas o en un descenso dentro de la jerarquía. Sin embargo, “irrespetar al barrio” ha resultado en una sentencia de muerte para muchos miembros de la 18 y al momento de determinar la culpabilidad suelen valorarse más las faltas de carácter del individuo que la naturaleza misma de la supuesta falta.

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Hay más reglas específicas dentro de la 18. Por ejemplo, existen restricciones sobre el tipo de drogas que pueden consumir sus miembros. Consumir alcohol y marihuana es aceptado siempre y cuando no se haga cuando se está de turno. El crack y la cocaína en polvo están prohibidos, pero un miembro retirado de la 18 indicó que los líderes muchas veces utilizan estas drogas con impunidad. Hay una prohibición en contra de las violaciones tanto dentro de la organización como fuera de la misma, pero muchas veces estos actos son ignorados, dependiendo del rango del miembro que haya cometido la falta. El incumplir o hacer una tarea o una asignación de forma errada, o el quebrar una de las reglas antes mencionadas se conoce como un “chequeo”, lo cual podría resultar en lo que se llama una “calentada” o golpiza. Pero estas sanciones parecen no ser aplicadas de forma consistente y general y dependen más bien de la posición o rango que uno ocupe dentro de la pandilla.

En conclusión, la 18 dirige su violencia tanto hacia adentro como hacia el exterior. Un miembro retirado de la 18 les contó a los investigadores de InSight Crime que el grupo había asesinado a más de uno de sus propios líderes como parte de las purgas por suponerlo un soplón. El tener a los líderes de la pandilla confinados en las cárceles solamente logra incrementar esta paranoia. Los líderes dependen de los ojos y orejas que tienen en las calles. Sin embargo, aquellos en las calles tienen sus propios intereses también. Podrían ser intereses personales relacionados a la familia y a sus novias, o intereses profesionales con respecto a su posición dentro de la jerarquía de la pandilla. En este ambiente los incentivos para traicionar a un compañero son muy altos y el acto es relativamente fácil de ejecutar, especialmente dada la ambigüedad de su regla número uno.

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Se supone que la violencia en contra de extraños también es un tema supeditado a un estricto protocolo, pero de nuevo, la 18 no aplica este protocolo de forma uniforme. La pandilla utiliza el concepto regional de “luz verde” para referirse a aquellos que la alta jerarquía –los toros y los homies– han sentenciado a muerte. Hay una luz verde permanente y generalizada que se aplica a las maras rivales, como los de la MS13 o los Chirizos. El código de la 18 requiere que sus miembros resistan las fuerzas de seguridad con tanta fuerza como sea posible al enfrentarse a un arresto. Pero el asesinato de alguien de otro grupo criminal requiere permiso de la cúpula –al igual que el asesinar a alguien que no pague los cargos por extorsión y otros que se crucen en el camino de la pandilla de alguna manera.

Aún más, hay ciertas circunstancias –así como códigos sustitutos– que muchas veces justifican los actos más atroces de violencia perpetrados por la pandilla. Cualquier ofensa o desaire percibido por parte de una novia de uno de los miembros o la mala interpretación de un gesto amigable de un miembro de la comunidad puede resultar en una reacción violenta, justificada al citar la regla número uno: “respetar el barrio”. Incluso si no existió tal ofensa o insulto, hay muy poca probabilidad que un compañero de la mara vaya a soplar en vista de la amplia interpretación aplicada a la regla número uno.

Por supuesto no todos los actos violentos contra terceros o personas ajenas a la pandilla pueden justificarse fácilmente. El matar a un joven adolescente en un colegio local porque “quedó viendo a mi novia” es distinto a asesinar al dueño de un local de una tienda porque no pagó el cargo por extorsión. En este último caso, el no seguir el protocolo puede ser fatal para ese miembro de la pandilla. Sin embargo, siempre se dan malas interpretaciones, especialmente dentro del moralmente ambiguo universo que han creado las maras y pandillas entre una membresía que ha sido condicionada para impartir violencia ante la más mínima provocación.

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No hay un código de vestimenta oficial, aunque la 18 es conocida por utilizar ciertos estilos. También han restringido el medio más obvio para identificarse entre ellos: los tatuajes. Los nuevos miembros simplemente no utilizan tinta en sus cuerpos y cuando lo hacen, los tatuajes son sutiles y están escondidos y muchas veces están codificados de forma que solamente ellos u otros miembros pueden comprenderlos. Los miembros de la 18 también están empezando a emplear otras formas para pasar desapercibidos, lo más notorio son sus cortes de pelo corto. Su marca de zapatos favorita –por lo menos al momento de la redacción de este informe– son los Nike Cortez y también se sabe que utilizan fajas largas que dejan colgar de lado izquierdo de sus cuerpos. Sin embargo, hay muy pocos sustento para ayudarles a las autoridades a distinguirlos.

Solamente hay una forma de salir de la pandilla: unirse a una iglesia evangélica. La relación de la pandilla con estas iglesias es complicada y ha sido tema de más de un estudio académico. Basta decir que las maras y pandillas ven a estas iglesias como caminos más legítimos que la iglesia católica hacia una vida fuera de las pandillas y las maras. Un miembro retirado que platicó con nuestros investigadores forma parte de uno de estos programas. Él cuenta que la pandilla respeta la decisión de abandonar esa vida solamente cuando el miembro retirado demuestra que tiene serias intenciones de emprender una vida en la religión. Esto incluye abstenerse de consumir drogas y alcohol, principio que igual es de vital importancia en la mayoría de las iglesias evangélicas.

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