/EL DRAGADO DE LA DISCORDIA EN EL GOLFO DE FONSECA

EL DRAGADO DE LA DISCORDIA EN EL GOLFO DE FONSECA

Coalianza aseguró que el dragado en el puerto de Henecán en el golfo de Fonseca hondureño no provocará daños ecológicos que no puedan ser mitigados de alguna forma. Frente a esta postura, MiAmbiente afirma que no han recibido ningún Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental del consorcio empresarial interesado en reactivar el puerto; mientras, los sectores acuicultores y de la pesca artesanal prevén una crisis económica y social sin precedentes en el sur.

Por Nincy Perdomo y Rodrigo Baires Quezada. 

Los temores del dragado del canal de acceso al puerto de Henecán, en la bahía de San Lorenzo, Valle, despertaron voces de alarma entre productores de camarón y pobladores del golfo de Fonseca en las últimas semanas. Si para los grandes productores, el dragado significa una crisis económica anunciada; los pequeños productores y pescadores artesanales de la zona hablan de una potencial crisis social y alimentaria.

El dragado es un conjunto de operaciones necesarias para la extracción de material bajo el agua, su transporte y disposición final o vertido. El primer paso consiste en extraer el material del lecho marino, y para ello existen diferentes tipos de dragas. Después, hay que transportar todo el material extraído hasta un punto de vertido. Pero antes de cualquier operación de dragado, se deben de hacer estudios de profundidad en la zona de dragado y de vertido, así como determinar las características geotécnicas y geológicas del material a dragar y las condiciones medioambientales de la zona, según detalla el manual “Técnicas de Dragado”, de la Universidad Politécnica de Catalunya, España, UPC.

Sin información oficial, los industriales parten de los datos publicados en los medios de comunicación: el proyecto de dragado implica remover un millón de metros cúbicos de sedimento en diferentes puntos del canal de acceso al puerto, que tiene 122 metros de ancho por 32 kilómetros de largo. En la actualidad, con marea alta, el canal tiene una profundidad de máxima de 9.5 metros y se quiere hacer llegar a los 12.5 o 13 metros en su punto más bajo. “¿Qué podemos encontrar en el lecho del golfo? No lo sabemos aún, pero el margen de error en la industria camaronera es mínimo. Un cambio mínimo en el agua del golfo puede llevar a la quiebra de la industria”, dijo Joaquín Romero Ortez, personero de la Fundación para el Desarrollo de la Zona Sur (Fundesur), el brazo de responsabilidad social empresarial de la industria acuicultora del camarón en el país.

El Puerto de Henecán, en San Lorenzo, departamento de Valle, es uno de los puertos de Honduras. Su posición es estratégica para la exportación de óxido ferroso. Fotografía: Nincy Perdomo.
El Puerto de Henecán, en San Lorenzo, departamento de Valle, es uno de los puertos de Honduras. Su posición es estratégica para la exportación de óxido ferroso. Fotografía: Nincy Perdomo.

“El dragado es un tema preocupante para todo el sector agroindustrial del sur, no solo para los grandes productores. Este proceso liberará minerales y materia orgánica que está en el sedimento del golfo, afectando directamente a la producción de postlarva y el proceso de crecimiento en los estanques. Pero hay que mirar más allá: afectará la calidad del agua lo que repercute en la sobrevivencia diaria de las comunidades”, dice Manuel Chavarría, presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Acuicultores del Sur (Apemasur).

Según Chavarría, solo su asociación agremia a 300 productores que generan 5 mil empleos directos en 15 comunidades del sur. Con una proporción de 1 a 3, los empleos indirectos aumentarían a 15 mil que se suman a los puestos fijos de la gran industria: 30 mil empleados, en su mayoría mujeres de zonas rurales, y a los empleos indirectos que alcanzarían los 100 mil. “El dragado nos va a perjudicar a todos”, resume.

Según el Artículo 4, de la Ley General del Ambiente (Decreto No. 104-93), es de interés público el ordenamiento integral del territorio nacional considerando los aspectos ambientales y “los factores económicos, demográficos y sociales”. Según la normativa, todo proyecto público y privado que incida en el ambiente se diseñará y ejecutará tomando en cuenta la interrelación de los recursos naturales y su interdependencia del ser humano con su entorno.

Y el entorno del Golfo de Fonseca, más allá del puerto y las empresas interesadas en su reactivación económica, incluye a la industria camaronera, otras agroindustrias de la zona, el manglar, que forma parte de un área natural protegida internacional Ramsar, miles de pescadores artesanales y casi medio millón de habitantes de los 10 municipios que rodean la zona.

El Artículo 5 de la normativa establece que toda actividad pública o privada que pueda “contaminar o degradar el ambiente, los recursos naturales o el patrimonio histórico cultural deberán obligatoriamente hacer una evaluación de impacto ambiental (EIA), que permita prevenir los posibles efectos negativos de cualquier actividad.”

Los humedales del Golfo de Fonseca fueron declarados como el sitio Ramsar número 1000, dentro de los que hay en conjunto varias áreas protegidas. Fotografía: Nincy Perdomo.
Los humedales del Golfo de Fonseca fueron declarados como el sitio Ramsar número 1000, dentro de los que hay en conjunto varias áreas protegidas. Fotografía: Nincy Perdomo.

Al ser el dragado parte de un megaproyecto, también la normativa obliga a un proceso de socialización del EIA con las comunidades locales. Chavarría asegura que jamás se ha socializado el proyecto de dragado ni se estudiaron todos los posibles efectos negativos que podría traer a la zona.  “Es más, el 20 de julio, Jose Luis Osorio, viceministro de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), nos reconoció que no se socializó el proyecto. Y Eso es algo que nosotros no vamos a permitir”, afirma.

Según el Artículo 35 del Reglamento del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (Acuerdo Ejecutivo No 008-2015), El proponente deberá publicar y poner a disposición de la comunidad el documento en formato impreso por 30 días hábiles en la unidad municipal ambiental o la biblioteca municipal del municipio donde se llevará a cabo el proyecto, una vez finalizados y aprobados los EIA.  Esto no se ha hecho.

Aún así, Henry Acosta, Secretario Ejecutivo de la Comisión para la promoción de la Alianza Público Privada (Coalianza), aseguró que el consorcio proponente -las empresas Terminal Portuaria Multipropósito de San Lorenzo S. A. de C. V. y Estibadores y Reparaciones Industriales S. A. de C. V-, que busca la concesión del Puerto ya realizó una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA). Y que según ese estudio todos los riesgos son “mitigables.”

Sobre el dragado, Acosta resta responsabilidad a su institución afirmando que eso sería competencia de la Empresa Nacional Portuaria (ENP). “Los proponentes son compañías de inversionistas hondureños (…) Un grupo de empresarios hondureños, con capital hondureño. Un grupo de emprendedores que hay que apoyar. Ellos quieren desarrollar el puerto, invertir en su infraestructura y convertir a este punto estratégico del país en un centro logístico que conecte el sur con el norte del país”, afirma Acosta.

“En Coalianza nos aseguramos de que todos los proyectos tengan su Evaluación de Impacto Ambiental”, afirma Acosta. Según el funcionario, la empresa proponente hace el EIA de su proyecto y Coalianza les exige “un tema de impacto ambiental bien profundo”. “Ya están realizados todos los estudios, el estudio de impacto ambiental en el cual todos los riesgos son mitigables.”

¿Cuánto daño al golfo de Fonseca sería mitigable para las empresas camaroneras? La Asociación Nacional de Acuicultura de Honduras (Andah) no prevé escenarios intermedios. Una posible contaminación en el golfo, por mínima que sea, puede dar una estocada fatal a la industria y, en un efecto de bola de nieve, a las comunidades de la zona Sur de Honduras.

Según explica Chavarría, la diferencia del sector acuicultor del camarón frente a otras agroindustrias en la zona como la Caña de azúcar y el melón y la sandía, es que el camarón brinda miles de empleos fijos todo el año. “No son empleos de estación únicamente y cuidar esos miles de trabajos implica cuidar el golfo”, afirma Javier Amador, director ejecutivo de Andah.

La reconversión eterna y el débil equilibrio del golfo

Desde su entrada como fuerte competidor la industria, la acuicultura del camarón se vio obligada por el mercado a mejorar sus prácticas y tratar de mantener un delicado equilibrio con el ecosistema marino. En el sur del país, en los departamentos de Valle y Choluteca, con el golfo de Fonseca, productor natural de camarón blanco.

Con una producción marginal con respecto a las especies del Caribe, y bajo la venia del Estado, en el Sur se potenció la creación de instalaciones artificiales o granjas camaroneras, que ahora son el fuerte del sector. Para mediados de los años 90s, la pesca de camarón natural decayó frente a la producción de las granjas del sur, lo que llevó a un aumento de los ingresos de divisas por la exportación de camarón cultivado.

Si bien entre 1980 y 1990, la producción de camarón en granjas se multiplicó por 33, pasando de 90.91 toneladas al año a 3,014.99 toneladas al año, la industria siempre dependió de su interrelación con el Golfo. A mediados de los años 90, debido a la poca adaptabilidad que mostraba la post-larva de laboratorio a las condiciones del agua en las fincas, era de vital importancia para la industria asegurar un suministro mínimo sostenible de post-larvas silvestres, lo cual no se podía hacer si el manglar era destruido o modificado levemente.

Ya en 1997, una investigación del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS) hacía hincapié en la fragilidad de los manglares de Fonseca y de cómo su destrucción incidía directamente en la industria camaronera. “Debido a su extrema complejidad, los manglares son altamente sensibles y pueden ser negativamente afectados por pequeños cambios en sus condiciones naturales, tales como la salinidad del agua, el nivel de sedimentos en suspensión o los niveles de químicos en el agua”, reza el informe de CLACDS.

Cuando no se conoce qué tipo de dragado se pretende realizar en el golfo ni cuál será el destino final de los deshechos que se saquen del lecho marino, lo que hoy prevén los principales dirigentes de la industria camaronera nacional es una posible catástrofe ecológica que conlleve un cambio en la calidad del agua del golfo ya sea por el aumento de sedimentos en suspensión, acidez o posible contaminación de metales pesados que estén depositados en el fondo.

20 años atrás, el CLACDS dejó claro que la mínima alteración en el ecosistema tendría graves efectos sobre la industria acuicultura. Esto no ha cambiado ahora, a pesar de que las granjas ya no dependen de postlarva silvestre, sus tanques siguen siendo alimentados por agua que bombean directamente del golfo e incluso, algunas granjas toman algas diatomeas del manglar para la producción de alimento natural para el camarón.

“Hoy cuidan un poco más el golfo”, reconoce Isaías Cruz Velásquez, de 51 años, pescador artesanal de El Cedillo, Marcovia, Choluteca, “como que se dieron cuenta que la vida de toda esta zona depende de ello”. Y mejorando la relación entre las granjas y su entorno, el camarón cultivado se mantenido como una importante divisa para Honduras, aun cuando el aumento de la producción chocó de frente con una baja en el precio de mercado internacional.

El precio internacional del camarón bajó de US$ 10.95 dólares por kilo en 2000 a un mínimo histórico de US$ 4.82 en 2009, hasta estabilizarse alrededor de los US$7.14 en la presente década.

Infografía: Fernando Destephen.
Infografía: Fernando Destephen.

Según los datos del Banco Central de Honduras (BCH), la exportación de camarón cultivado creció de 8,273 millones de kilos en 2000 a 38,101 millones el año pasado.  Cómo se obtuvo ese crecimiento le ha ganado críticas en el pasado a la industria.

Infografía: Fernando Destephen.
Infografía: Fernando Destephen.

Manteniendo al camarón cultivado como el cuarto producto de exportación que más ingresos ha generado al país entre 2000 y 2017: 2 mil 721 millones 500 mil dólares en este período según el BCH.

Infografía: Fernando Destephen.
Infografía: Fernando Destephen.
Infografía: Fernando Destephen.
Infografía: Fernando Destephen.

Los camaroneros frente al espejo

A nivel internacional, la industria del camarón ha estado ligada a escándalos ecológicos, ya sea por la sobreexplotación del recurso marino o por la destrucción del hábitat para la creación de granjas. Un análisis a profundidad de lo vivido en Honduras se retoma en la investigación “Conflictos socioambientales de la acuicultura del camarón Centroamérica: Un análisis desde la justicia ambiental”, realizado por Maria Mestre Montserrat, medio ambientalista catalana, y otros autores.

Si bien, la promoción de la industria respondía a una necesidad combinada de diversificar las exportaciones del país y el promover un enfoque de desarrollo en las zonas donde se realizaría esta actividad, Mestre Montserrat concluía en su estudio que no se alcanzó el segundo objetivo de manera plena. “El proceso de expansión de la acuicultura del camarón generó en muchas ocasiones una pérdida del poder de las comunidades locales en la gestión de los recursos ambientales de su zona”, que se reflejaba en poco o nulo acceso a los recursos naturales, “además de resultar en algunas ocasiones: conflictos sociales, mantenimiento de la pobreza y alteraciones graves del medio ambiente.”

Cruz Velásquez, pescador artesanal de El Cedillo, lanza una crítica similar: “Las granjas y los laboratorios vinieron a arruinar el agua”, asegura. Lo dijo sin más pruebas que la experiencia propia: “Se escaseó el pescado y el camarón en el golfo. Pero ahora con lo del dragado estamos juntos: sí terminan de arruinar el golfo, arruinaran a los grandes empresarios, pero ellos tienen acceso a crédito y algo podrán hacer. Pero los más afectados siempre son y seremos nosotros, los más pobres”, analiza.

Y es que ser más rentables como industria, obligó a la acuicultura del camarón a cuidar más el golfo. “Dependemos de la buena salud del golfo: agua, alimentos para las granjas, etcétera”, reconocen personeros de la Andah.

Muchas comunidades practican la pesca de subsistencia para mantener a sus familias. Fotograma: Nincy Perdomo.
Muchas comunidades practican la pesca de subsistencia para mantener a sus familias. Fotograma: Nincy Perdomo.

Desde 2014, emparejado con la Ley de Fortalecimiento de la Camaricultura (Decreto No. 335 2013), la industria creó la Fundación para el Desarrollo de la Zona Sur (Fundesur). La fundación se alimenta principalmente con el aportante de dos centavos de dólar de Estados Unidos ($0.02) por libra de camarón exportado y las aportaciones adicionales de los grandes productores. Si bien tienen proyectos de salud y educación para tratar de cambiar la realidad social de la zona; una parte importante del trabajo de la Fundación está en enfocada en proyectos que buscan un mejor cuido del medio ambiente, algo que los beneficia directamente como industria.

Con el apoyo de la Federación Nacional de Pescadores de Honduras (Fenapescah) y la Asociación de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca (Apagolf), en los últimos cuatro años han plantado 661 mil 623 plantas de mangle, que ayudan a reforestar el manglar y evita la erosión alrededor de los mismos estanques de sus granjas. Además, ejecutan proyectos de ecofogones, cocinas que ocupan menos leña y producen menos humo; y de saneamiento ambiental con la construcción de letrinas que permite mejores prácticas en salud de la población y evita la contaminación de suelos y el agua del manglar.

Para Romero Ortez, el dragado puede quebrar a la industria y borrar de un solo plumazo los esfuerzos de mejoramiento medioambiental realizados en los últimos años.

La Asociación Nacional de Acuicultores de Honduras (Andah) muestra los resultados de un estudio realizado en las aguas del delta del río Níger, en África. Tras el dragado del cuerpo de agua en 2008, se elevaron los niveles de metales como el hierro, el plomo, el cobre y el níquel por encima de los mínimos tolerables para asegurar la supervivencia de las postlarvas. El estudio hecho en África demostró que el dragado en el delta del Níger causo la liberación de metales pesados, acidificación del agua por la formación de ácido sulfúrico que se tradujeron en pérdidas para la industria camaronera africana.

El dragado del canal del Puerto de Henecán podría tener repercusiones negativas para los manglares del Golfo de Fonseca, que son indispensables para la pesca y el camarón en esa zona. Fotografía: Nincy Perdomo.
El dragado del canal del Puerto de Henecán podría tener repercusiones negativas para los manglares del Golfo de Fonseca, que son indispensables para la pesca y el camarón en esa zona. Fotografía: Nincy Perdomo.

¿De darse el mismo caso en Fonseca, sería mitigable para la industria hondureña? “Aún sí sobreviven las suficientes postlarvas para asegurar la producción nacional, ésta podría ser rechazada por los mercados objetivos en Estados Unidos y Europa si encuentran restos de contaminación por metales pesados u otras sustancias. La industria se mantiene batallando para ser rentable, pero el margen de error es bien mínimo”, dice Romero Ortez.

Los asociados reconocen que han aprendido de las malas prácticas del pasado. Por ejemplo, malos procesos de dragado en los canales de los reservorios de algunos estanques de las fincas camaroneras han terminado con la pérdida total del producto en un ciclo de producción.

Por ello Andah está preocupada por conocer el tipo de dragado que se hará en Fonseca, el tipo de material que se extraerá y, dónde serán vertidos los deshechos del mismo.  “El dragado puede representar una amenaza para el medio ambiente si no se hace con el equipo adecuado. El impacto potencial del dragado que aumenta el nivel de sólidos en suspensión que puede dar cambios en la flora y la fauna del golfo de Fonseca”, dice Romero Ortez. “Lo que queremos es despertar al gobierno al hecho de que sí hay que hacer el dragado, porque es importante, pues hay que hacerlo bien. O en menos de un mes tendría flora y fauna del golfo muerta.”

Mientras CoAlianza, habla de desinformación sobre el proyecto; Andah habla de la falta de información mínima sobre el tipo de dragado que se piensa hacer y se reconoce que todos sus análisis están aún en “el terreno de la especulación”. “No sabemos que se puede liberar con el dragado. Entonces no sabemos aún sí hablamos de mortalidad total del producto; pero sí vemos que podremos estar ante un ambiente que producirá enfermedades o condiciones que no permite vender el producto, aunque no lo mate. Y el consiguiente impacto social que tendrá esto en la zona y en el país”, resume Romero Ortez.

En los muelles del golfo

Para la industria, cualquier medida que se deba tomar debería de tener en cuenta todas las aristas del tema y sus posibles impactos: social, económico, sanitario. “Sería infantil oponerse por oponerse a algo que traería desarrollo al país, como un puerto. Pero lo que queremos es que el gobierno despierte y vea todo lo que está en juego, no solo la industria acuícola del camarón, y con ella fuentes de trabajo permanente en la zona; además de las comunidades enteras”, dijo Amadordirector ejecutivo de Andah.

Algo que comparte Manuel Chavarría, desde la asociación de pequeños y medianos productores. “Con este dragado se beneficia a ciertos sectores de la empresa privada: como son los petroleros y los importadores de vehículos; pero el gobierno debería de mirar hacia los pequeños productores, los pescadores artesanales y las comunidades enteras que serán afectados si el proyecto no se realiza como es debido. Miles de personas serán afectadas”, asegura Chavarría.

¿Miles de Afectados? Según la proyección del Censo de población, a 2018, Los 10 municipios de los dos departamentos que rodean la zona del Golfo de Fonseca tienen en la actualidad: 426 mil 865 habitantes. En su mayoría mujeres y el 51.5% de la población viven en zonas rurales.

Lejos de los despachos de las organizaciones, en los muelles de pescadores artesanales en las veras del Golfo de Fonseca, los efectos de un potencial daño medio ambiental por el dragado dejan de medirse en millones o miles y pasan a ser cientos de lempiras, mucho temor y el anuncio de una potencial crisis social en la zona. 

“El golfo es el que genera divisas y empleo, pero también dinamiza la economía de la zona: si no hay dinero en la zona pierde el que vende la gasolina, el hielo, la señora de la pulpería, pierden todos. Aquí, el problema ambiental se convertirá en un problema social”, dijo Moises Osorto, presidente de la Asociación de Pescadores del Golfo de Fonseca (Apagolf). LEA TAMBIÉN: “SI SE HACE UN MAL DRAGADO Y SE CONTAMINA EL GOLFO DE FONSECA, AGUANTAREMOS HAMBRE”.

Muchos bancos de pesca tradicionales desaparecieron con el dragado que se realizó en el canal del Puerto de Henecán en el año 2004. Fotografía: Nincy Perdomo.
Muchos bancos de pesca tradicionales desaparecieron con el dragado que se realizó en el canal del Puerto de Henecán en el año 2004. Fotografía: Nincy Perdomo.

“Si no hay pesca, no hay comida. Y la pesca está mal desde hace muchos años”, resume Seferino. En su bote dejó tres peces en una bolsa plástica, son tres carpas pequeñas, los lugareños las llaman plateadas, y este jueves, es la única ganancia de bregar tres turnos con la marea, de mareyar, como lo llaman ellos.

El resto de la pesca de Seferino se la llevaron minutos atrás en tres jabas un intermediario que llegó al sector de “La Reyna” por la pesca del día. Seferino hace cuentas rápidas: gastó 700 lempiras en gasolina, un poco más en hielo, quedó debiendo una gaseosa de dos litros y pan en la pulpería, que fue toda la alimentación que pudo fiar. Pero todo lo pescado solo alcanzó para obtener 500 lempiras. “Ahí dejé eso”, dijo y señala las tres plateadas, “para asegurar que tenga algo de comer mi familia”, dice.

“Si arruinan el golfo nos terminan de arruinar a nosotros”, afirma Cruz Velásquez.  Así como con el golfo mismo, la economía diaria de la zona depende de un frágil equilibrio basado en lo que el golfo da cada día. Él es de los pocos pescadores que se han diversficado. Como pescador artesanal no obtiene al mes ni la mitad del salario mínimo promedio del país. Pero él y su familia tienen un depósito de bebidas embotelladas, algo que le permite tener un ingreso extra. “Igual, sí no hay pesca, la gente no tiene dinero para comprar. No salimos de nada”, resumió.

Isidro e Isaías hacen memoria: “La última vez que dragaron ahí en el mismo en el golfo tiraron el lodilllo negro que sacaron del fondo”, recuerdan. “Al final, cuando ese lodillo contaminado se pegó a la raíz de los mangles, se secaron y se escaseó el pescado. Sí quieren comer pescado sano en una mesa en Tegucigalpa hay que cuidar el Golfo de Fonseca. Y parece que el gobierno no está pensando en cuidarlo, por eso no sabemos si han dado permiso o no para empezar a dragar.”

Familias enteras se dedican a la actividad de la pesca artesanal, desde sus integrantes más jóvenes hasta los más viejos. Fotograma: Nincy Perdomo.
Familias enteras se dedican a la actividad de la pesca artesanal, desde sus integrantes más jóvenes hasta los más viejos. Fotograma: Nincy Perdomo.

Antes de obtener una licencia ambiental para dragar el canal de acceso al puerto de Henecán, las empresas proponentes deben de solicitar a MiAmbiente los términos de referencia de la evaluación de impacto ambiental (EIA), algo que hasta la semana pasada no habían hecho.

El Reglamento del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (Acuerdo Ejecutivo No 008-2015) establece que cualquier megaproyecto, como el de la reactivación del puerto y su dragado, es de categoría 4: “proyectos, obras o actividades de muy alto impacto ambiental potencial o riesgo ambiental.”

Contrario a lo que aseguran en CoAlianza, José Antonio Galdames, titular de MiAmbiente, dice que no se ha recibió ninguna Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) para el puerto de Henecán; y que mientras no se certifique el EIA del consorcio no se podrá dragar en Fonseca.

“Aquí todavía no tenemos ninguna solicitud de nada. No se ha presentado, por parte de las autoridades portuarias ni de nadie, ninguna solicitud de dragado ni de ningún acompañamiento a que nosotros nos hagamos presentes para ver ese proceso. Un trabajo de esos necesita un estudio de impacto ambiental. Hasta el momento no lo hay, y mientras no lo haya no pueden hacer ningún dragado”, dijo el titular de la Secretaria de Ambiente.