UNA GOTA DE SANGRE, A LA MEMORIA DE HEYDI GÁMEZ Y LAS NIÑAS SIN INFANCIA

La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio, no la hemos conocido. Nosotros nunca hemos sido niños. —Roberto Sosa La historia reciente del pueblo hondureño se resume en la muerte de la niña Heydi Gámez García: su corta vida en El Progreso, su viaje al norte, escapando de la ciudad más violenta del mundo, su ingreso a los Estados Unidos como parte de la crisis humanitaria de los menores no acompañados en 2015, y...

La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio,

no la hemos conocido. Nosotros nunca hemos sido niños.

—Roberto Sosa


La historia reciente del pueblo hondureño se resume en la muerte de la niña Heydi Gámez García: su corta vida en El Progreso, su viaje al norte, escapando de la ciudad más violenta del mundo, su ingreso a los Estados Unidos como parte de la crisis humanitaria de los menores no acompañados en 2015, y las condiciones que rodean su suicidio a los 13 años de edad, como consecuencia del endurecimiento de la política migratoria del presidente Trump; no hace sino recordarnos aquella respuesta que el poeta Roberto Sosa escribió al también poeta Rafael Heliodoro Valle: «La Historia de Honduras se puede escribir dentro de una gota de sangre».

Porque Heydi es una gota de sangre, de un mar de sangre de niñas y niños que nunca pudieron ser niños.

Heydi nació en el 2006 en la ciudad de El Progreso. Su padre, Manuel Gámez, un vendedor de zapatos en la calle de San Pedro Sula, partió rumbo a los Estados Unidos cuando ella tenía un año de edad, con la idea de mejorar económicamente, dejando a la niña bajo el cuidado de los abuelos. En Long Island, Manuel trabajaba como jardinero y junto a su hermana Jessica enviaban remesas de forma regular a sus padres en Honduras.

Con la ayuda que sus hijos le mandaban, los abuelos de Heydi  mejoraron económicamente, a los pocos meses pusieron una pequeña pulpería en su colonia que les ayudaba a complementar sus ingresos. Así pasaron siete años, hasta que la violencia se volvió insostenible en el país y derribó la frágil seguridad que la familia tenía.

En 2013 El Progreso y toda la zona metropolitana del valle de Sula, llegó a ser la zona más violenta del mundo. Para el 2014, aunque la violencia se había reducido en un 13% (según datos del IUDPAS-UNAH) seguía registrando 105 muertes violentas por cada cien mil habitantes: 241 homicidios en la ciudad. Una de esas víctimas fue el abuelo de Heydi.

Desde inicios de los años 2000 la ciudad de El Progreso se convirtió en territorio de las pandillas. La MS y la Calle 18 peleaban el control de los barrios y colonias para luego exprimir a la población apropiándose de sus limitados recursos, ya sea a través de robos o por medio de lo que se llegó a conocer como el Impuesto de Guerra. El abuelo de Heydi, al ser dueño de una pequeña pulpería, debía pagar extorsión a la MS y al no hacerlo, pagó con su vida: fue asesinado de varios tiros a pocas cuadras de su casa. Heydi, al escuchar los disparos, llegó al lugar del asesinato y pudo ver a su abuelo morir en la calle.

Manuel Gámez, padre de Heydi Gámez García. Foto de CNN

Manuel Gámez, que había estado siete años trabajando sin papeles en el Estado de Nueva York, sabía que volver a ingresar mojado sería difícil. Pero la salud de su madre empeoró luego del asesinato de su padre y decidió jugársela, regresar a Honduras para atender a la familia y rogar a Dios que el retorno a los Estados Unidos sea fácil. Poco después murió la abuela de Heidy por causa de la diabetes. Manuel, temeroso por los peligros que su hija enfrentaría al crecer, decidió mandarla con su hermana a los Estados Unidos, para protegerla de Honduras.

Heydi y su tía Zoila, un poco mayor que ella, se aventuraron con un coyote para llegar hasta la frontera sur de Estados Unidos. Primero llegó Heydi, luego Zoila. Ambas se entregaron a las autoridades solicitando asilo. No entendían que en ese mismo momento miles de niños y niñas estaban también en la frontera por las mismas razones que ellas, generando una crisis humanitaria que fue aprovechada por los políticos conservadores.

El U.S. Customs and Border Protection reportó que 68,541 niños y niñas fueron detenidos en la frontera del suroeste del EE.UU. entre 1 de Octubre 2013 y 30 de Septiembre 2014. El número disminuyó en 2015, pero para el 2016 un total de 26,000 niños y niñas de Centro América habían sido detenidos en la frontera sur, la mayoría de ellos no acompañados: Heydi fue una de esas niñas.

La forma como la administración Obama manejó la crisis humanitaria en la frontera sur provocó duras críticas en los detractores del gobierno demócrata, especialmente por parte de quien en ese momento era candidato republicano, Donald Trump, que usó como promesa de campaña la construcción de un muro y la implementación de políticas más rigurosas en el tema de la migración.

Heydi y Zoila recibieron asilo en junio de 2016 y se mudaron con Jessica Gámez a Long Island. Pero las reglas serían más duras para Manuel, que venía huyendo de la misma violencia que ellas.

La tía de Heydi, Jessica Gámez, dice que la niña se adaptó rápidamente a su nueva vida en los Estados Unidos. Aprendió inglés en menos de un año, le fue bien en la escuela y le encantaba escuchar música y visitar un buffet chino local.

Hablaba con su padre casi todos los días, haciendo planes para cuando Manuel pueda unírseles en Estados Unidos.

Zoyla y Jessica Gámez, tías de Heydi. Foto de CNN.

«Era una niña normal, feliz y traviesa», dice Jessica Gámez. «Tenía muchos sueños. Era muy inteligente».

Mientras tanto, Manuel Gámez intentaba ingresar a los Estados Unidos. En abril de 2016, agentes de la Patrulla Fronteriza recogieron a Gámez cerca de McAllen, Texas. Se ordenó que lo deportaran a Honduras en septiembre de 2016.

Gámez y su abogado, Anibal Romero, dijeron a CNN que las autoridades de inmigración concluyeron que la base de su solicitud de asilo no era creíble.

Intentó ingresar nuevamente en septiembre de 2017, pero fue detenido cerca de Santa Teresa, Nuevo México. Gámez fue declarado culpable de reingreso ilegal a los Estados Unidos y enviado a prisión por 45 días, luego deportado a Honduras en noviembre de 2017.

Cada intento fallido de Manuel para ingresar a los EE.UU. hundía más a Heydi en la depresión. Según su familia, en diciembre anterior se cortó las muñecas y fue llevada a un hospital para una evaluación psiquiátrica.

«Heydi estaba viendo a un terapeuta hasta hace unos dos meses», dice Jessica Gámez.

Desesperado al saber la situación de su hija, Manuel intentó nuevamente el ingreso a Estados Unidos. Según ICE, las autoridades de inmigración detuvieron a Manuel Gámez el 1 de junio cerca de Sarita, Texas. Su proceso de asilo nuevamente le fue negado. Ahora deberá defenderse por reingreso ilegal, la misma falta por la que fue juzgado hace un par de años. Luego será deportado a Honduras.

Cuando supo de la detención de su padre, Heydi rompió a llorar. Ya no creía las historias acerca de reunirse con su padre. Habló con Zoyla y le dijo que pensaba en convertirse en abogada para ayudarlo a ganar su libertad.

En Honduras, como en Estados Unidos, el suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente entre adolescentes. El estrés emocional a que Heydi se sometió desde muy temprano en su vida, la muerte de sus abuelos y la separación temprana de su padre, se vio incrementada ante la posibilidad de no volver a reunirse con su padre, luego de la cuarta detención de Manuel en su intento de ingresar a los Estados Unidos.

«Ella estaba llorando, “Papi, nunca lo lograrás. Siempre te atrapan”. Le prometí, “Hija, esta es la última vez que lo intento y Dios me concederá la oportunidad”. Pero me pillaron de nuevo». Recuerda Gámez cuando habló por última vez con su hija.

Dos horas más tarde de conversar con su tía, Heydi quedó sola en su habitación. Al regresar con algo de comida para la niña, Zoila Gámez descubrió que su sobrina trató de quitarse la vida colgándose de un armario.

Fue llevada de emergencia al Centro Médico Infantil de Cohen en Queens, pero era ya muy tarde. Los médicos del declararon la muerte cerebral de la niña.

«Heydi llegó en un estado neurológicamente devastado y no había esperanza de recuperación», dijo en una declaración el doctor Charles Schleien, vicepresidente del hospital.

Manuel Gámez con las fotos de su hija Heydi. Foto de CNN

Gámez, quien no había estado con su hija en cuatro años, llegó al hospital en Queens para verla por última vez. Llevaba puesto un brazalete de monitoreo de GPS que le colocaron como una medida control, en cumplimiento con libertad condicional humanitaria que le otorgaron de 14 días «para atender los asuntos del fallecimiento de su hija».

«Te amamos», susurró Manuel Gámez a su hija. «Por favor, perdóname por fallarte», dijo.

El jueves por la noche desconectó el soporte de vida de Heidy. «Lo siento, no pude estar allí… Nunca quise dejarte», llora.

Heydi Gámez García, hondureña de 13 años de edad, fue enterrada ayer martes en un cementerio de Long Island. De acuerdo con múltiples fuentes, la familia la pequeña tomó la decisión de donar sus órganos.

«Ahora que mi hija ya no está aquí más al menos puede ayudar a otros», exclamó Gámez a Univision. «Ojalá que algún día conozca a la persona que recibirá su corazón».

El abogado de Manuel Gámez aseguró a dicha cadena que han enviado una petición a los senadores Kirsten Gillibrand y Chuck Schumer, así como a la representante Alexandria Ocasio-Cortéz para conseguir que Gámez pueda permanecer en el país.

Acerca de El Pulso

Propósito: Somos un equipo de investigación periodística, que nace por la necesidad de generar un espacio que impulse la opinión sobre los temas torales de la política, economía y la cultura hondureña. Estamos comprometidos con el derecho que la gente tiene de estar verdaderamente informada.

Derechos Reservados 2019