EL PARLACEN Y LAS CRISIS POLÍTICAS EN CENTROAMÉRICA

Por Óscar Esquivel El panamericanismo ideal de integración a nivel de América Latina, cuyo principal abanderado fue José Cecilio del Valle, planteaba la unión que permitiría a nuestros países ser fuertes ante potencias extranjeras. La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), creada en 2011 a iniciativa del líder continental Hugo Chávez Frías, en consonancia con el ideal de Bolívar que, en su momento, organizó un congreso en Panamá del 22 de junio al 15...
Invitadojulio 18, 2018

Por Óscar Esquivel

El panamericanismo ideal de integración a nivel de América Latina, cuyo principal abanderado fue José Cecilio del Valle, planteaba la unión que permitiría a nuestros países ser fuertes ante potencias extranjeras. La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), creada en 2011 a iniciativa del líder continental Hugo Chávez Frías, en consonancia con el ideal de Bolívar que, en su momento, organizó un congreso en Panamá del 22 de junio al 15 de julio de 1826 a raíz de la independencia de nuestros países de Europa y de la urgente necesidad de mantenerse unidos para evitar futuras invasiones. Los esfuerzos en el marco de la integración de nuestros pueblos no han sido pocos y ya llevan sus años para que cada ciudadano se sienta parte de una patria más grande, fuerte y respetada.

Dentro de ese marco de integración y de la búsqueda del respeto a la autodeterminación de nuestros pueblos, surge ODECA en 1951, lo que hoy conocemos como SICA, o Sistema de Integración Centroamericana. Este sistema es resultado de los esfuerzos que hicieron nuestros héroes, entre ellos José Francisco Morazán, por tener una Centroamérica unida. En los últimos años, después de los acuerdos de paz alcanzados en Centroamérica a raíz de los enfrentamientos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala, Centroamérica ha gozado de una relativa paz, o una paz a nivel formal, por llamarlo de alguna manera, pero que no ha llegado al centroamericano de a pie. Esta paz quedó huérfana en Honduras por el golpe de Estado en el 2009 y los procesos electorales de noviembre de 2013 y noviembre de 2017, en donde existieron asesinatos y otras violaciones a los derechos más elementales de los seres humanos. Lo mismo ocurre en Nicaragua, que se desangra desde hace un par de meses a raíz de la concentración de poder de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sumado a la injerencia de potencias extranjeras. Surge la pregunta ¿En dónde están los organismos regionales para que puedan mediar en la solución de conflictos internosque competen a los centroamericanos y por ende a los latinoamericanos?

Dentro del SICA encontramos al Banco Centroamericano, la Corte Centroamericana y el Parlamento Centroamericano, entre otros. El PARLACEN, cuyo ideario es la búsqueda de la solución a los conflictos de carácter político, económico y social en la región, ha brillado por su ausencia en estos acontecimientos. Este espacio nacido para buscar el bienestar de las mayorías de los habitantes del istmo sólo ha servido en la práctica para ser refugio de ex presidentes, vice presidentes y 20 diputados por cada país miembro, que devengan $4,200 al mes por cabeza, equivalente a más de L.100,000. Esta cantidad es erogada por cada país miembro.

Es urgente la integración real centroamericana. Es más que necesaria la fortaleza de nuestros pueblos a través de la unión, pero no con organismos que sólo son el cascarón; elefantes blancos. Necesitamos organismos regionales que sigan la agenda propia de nuestros pueblos, sin injerencia de potencias extranjeras, que respondan a los intereses de las mayorías de los habitantes del istmo centroamericano, organismos que sirvan de plataforma para resolver nuestros propios conflictos. Requerimos organismos regionales que nos hagan sentir a cada habitante de la región como parte de una patria más grande, más allá de la frontera que nos divide. Necesitamos una región que gire alrededor de la agenda de los centroamericanos y no la agenda de los estadounidenses. Es necesario que la solución a la problemática de los nicaragüenses, más allá de la salida de Daniel Ortega y de la “Chayo”, responda al bienestar de la mayoría de los nicaragüenses, y que no quede en manos de la oligarquía local patrocinada por ese enemigo permanente de nuestros pueblos. Es preciso que el conflicto permanente de los últimos años en Honduras sea solucionado entre los hondureños sin la intromisión de potencias extranjeras. En aras
de esa unión, de esa patria grande que nos hace fuertes: “Soñaba el abad de San Pedro y yo también he de soñar,” mencionaba Valle en aquellos tiempos.

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