OTRA VEZ EN RIESGO PRODUCCIÓN AGRÍCOLA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA EN CORREDOR SECO

El pronóstico de lluvias que reporta el Centro de Estudios Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) para este 2019 no es nada alentador y previene que se podría dar una sequía en el corredor seco a causa del fenómeno de El Niño, castigando nuevamente la región más pobre y menos desarrollada de Honduras. Francisco Argeñal, jefe de Meteorología de Cenaos, parte de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), explica que en base a los estudios que realiza...
Jsuazofebrero 25, 2019

El pronóstico de lluvias que reporta el Centro de Estudios Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) para este 2019 no es nada alentador y previene que se podría dar una sequía en el corredor seco a causa del fenómeno de El Niño, castigando nuevamente la región más pobre y menos desarrollada de Honduras.

Francisco Argeñal, jefe de Meteorología de Cenaos, parte de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), explica que en base a los estudios que realiza esa entidad se avizora una distribución irregular de las lluvias “nuestro pronóstico se basa y le damos bastante peso a la ocurrencia o no del fenómeno de El Niño, desde enero hasta la fecha se mantiene que vamos a tener un evento Niño débil y cuando tenemos eso significa una distribución bien irregular de las lluvias en la primera parte del año, especialmente en el corredor seco”.

El fenómeno del niño o ciclo ENOS es un patrón climático recurrente que implica cambios en la temperatura de las aguas en la parte central y oriental del Océano Pacífico tropical en períodos que van de tres a siete años, las aguas superficiales de una gran franja de este se calientan o enfrían entre 1 y 3 grados centígrados en comparación a la normal, afectando directamente a la distribución de las precipitaciones en las zonas tropicales pero también puede tener una fuerte influencia sobre el clima en los otras partes del mundo.

El nombre de El Niño se coloca en referencia al niño Jesús, fue dado por los pescadores peruanos a una corriente cálida que aparece cada año alrededor de Navidad, el actual fenómeno es una variación de mayor intensidad de la misma. A partir de la década de los 60 se descubrió que provocaba cambios en todo el pacífico tropical y aún más allá.

La fase cálida de El Niño suele durar aproximadamente entre ocho y diez meses. Su contraparte, que es una fase fría se llama La Niña y produce el efecto contrario dejando más lluvias, aunque también hay una fase neutra dándose algunos años que no son anormalmente fríos ni cálidos.

La canícula o período canicular es la temporada del año en la cual el calor es más fuerte, tanto en el hemisferio sur como en el norte, su duración oscila entre cuatro y siete semanas, regularmente comienza unas semanas después del solsticio de verano, el 21 de junio para Honduras, que es la época en la que el sol del mediodía está a la máxima altura posible sobre el horizonte. Para este año se previene comenzaría el 12 de julio, pero El Niño hace que esta varíe.

Argeñal explica que “cuando tenemos El Niño, la canícula se tiende a adelantar o se vuelve más intensa, por lo que, sembrando de forma tradicional de acuerdo a la costumbre del campesino los sembradíos ubicados en el Corredor Seco se verían afectados por falta de agua, especialmente productos que ocupan bastante como el maíz”.

El pronóstico de Cenaos se basa en el estudio del acoplamiento de este fenómeno, así como el monitoreo de la temperatura superficial del mar y de acuerdo a eso y su experiencia vaticinan lluvias tempranas en abril, bastante irregulares a principios de mayo y que después del veinte de ese mes se tienden a normalizar y ser continuas hasta los primeros diez días de junio.

Según el informe “Impactos de la sequía en la producción de granos básicos en el Corredor Seco” realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), esta zona “se caracteriza por precipitaciones irregulares, además, los periodos de canícula son más extensos, y se intensifican cuando está presente el fenómeno de El Niño, porque se reducen las lluvias entre un 30-40%. Las familias que habitan en esta zona son las más vulnerables, porque están propensas a desastres naturales, causados por exceso de lluvia o sequías intensas, debido a la inestabilidad climática”.

Esta zona comprende los departamentos de Choluteca, Valle, El paraíso, Francisco Morazán, Comayagua, La Paz, Intibucá, Lempira, Ocotepeque y parte de Copán, en 2018 según estimaciones de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), por la sequía se perdió un millón de quintales de maíz, el 80 por ciento de la producción de unas 65,000 familias, es decir unas 400,000 personas.

Los agricultores del corredor seco obtuvieron un 63 por ciento de la producción esperada en maíz, 58 por ciento en frijol y 50 por ciento en maicillo por lo que no pudieron reabastecer las reservas de granos básicos de los hogares ni siquiera para cubrir sus necesidades, por lo que el gobierno tuvo que declarar un estado de emergencia para comprar y entregar alimentos a los afectados.

La producción de esta zona representa un diez por ciento de la producción nacional y es mayoritariamente para subsistencia, por lo que los campesinos de la zona carecen de sistemas de riego y dependen de las aguas lluvias, tan solo en mayo de 2018 un 61 por ciento de los hogares del corredor seco habían agotado sus reservas, principalmente de frijol, maicillo y arroz.

La dependencia de los hogares del mercado para abastecerse de granos básicos y la falta de ingresos aumenta su vulnerabilidad. El trabajo por jornal es la fuente de ingreso para un 82 por ciento de los hogares, en mayo de 2018 un 82 por ciento tenían ingresos menores de 940 Lempiras semanales, que equivale a un ingreso per cápita menor a un dólar diario, lo que los sitúa en una pobreza extrema.

Debido a estas pérdidas los medios de vida del corredor seco, especialmente los vinculados al sector agrícola, continúan deteriorándose y ponen en riesgo la seguridad alimentaria de la población más vulnerable.

Argeñal recalca que no hay todavía un pronóstico definitivo, a pesar que el pronóstico de enero y febrero ha sido consistente, Copeco y la SAG junto al Sistema Nacional de Gestión de Riesgos y los Comités de Emergencia Municipales y Locales ya trabajan con los agricultores dando recomendaciones para no perder sus siembras.

“Ya no podemos hacer lo que hacían nuestros abuelos, el agua cae en una distribución irregular por el calentamiento global y la variación en el clima, no todos los años la lluvia es igual, en algunos lugares va a ser necesario sembrar temprano, o sembrar en seco y en base a eso aprovechar las lluvias y si se adelanta la canícula que no les afecte, cerca del  20 de marzo se darán las probables fechas de siembra por municipios de acuerdo a la cantidad de lluvia que se espera y también se recomendará el tipo de cultivo que tiene que sembrar”, concluyó Argeñal.

Las condiciones climatológicas para este año serán similares a las de 1987, 1995 y 2010, pero no serán tan intensas como las del año 2015 ya que ese fue un año extremo, en el resto de las zonas productivas del país la afectación por sequía será mínima.

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