MORAZÁN Y LA INDEPENDENCIA DE CENTROAMÉRICA

Por: Alex Palencia. Muy cierto es que Francisco Morazán no participó en la serie de eventos producidos en la Ciudad Guatemala el mes Septiembre 1821. En ese corto período de tiempo un pequeño grupo de criollos coludidos con las autoridades españolas crearon una Junta Consultiva que posteriormente creo un artificio legal en donde declararon escuetamente la independencia de Centroamérica del imperio español. Consumado el divorcio de España, este mismo grupito puso en marcha un proceso...
Invitadoseptiembre 17, 2018

Por: Alex Palencia.

Muy cierto es que Francisco Morazán no participó en la serie de eventos producidos en la Ciudad Guatemala el mes Septiembre 1821. En ese corto período de tiempo un pequeño grupo de criollos coludidos con las autoridades españolas crearon una Junta Consultiva que posteriormente creo un artificio legal en donde declararon escuetamente la independencia de Centroamérica del imperio español. Consumado el divorcio de España, este mismo grupito puso en marcha un proceso conspirativo que buscaba unirse al proyecto de imperio mexicano-español encabezado por Agustin de Iturbide.

Después de un mes y medio para la declaración de independencia, Mariano de Aycinena escribe a uno de los conspiradores, aliado de Iturbide, el Intendente de Chiapas  Manuel Ramírez y Paramo: “Mi amigo: Recibí su muy grata, y con ella los impresos que tuvo la voluntad de remitirme. No es posible manifestar mi alegría que me causo el saber la entrada en México de nuestro inmortal libertador, el Sr. Iturbide. Yo trabajo, amigo, incesantemente por lograr la unión de estas provincias al imperio mexicano. Dios haga que mis trabajos no sean inútiles! Tengo muy fundadas esperanzas de que mis esfuerzos al fin han de tener efecto. U. Amigo comuníqueme cuanto sepa, mándeme cuanta noticia pueda adquirir, pues se lo agradecerá infinito su afmo. Amigo y S.b. s. m (f). El Marqués de Aycynena”. Las manipulaciones de la clase criolla jefeada por los Aicynenas, y coludida con las más altas autoridades españolas (el general Gabino Gainza comandante en armas y el apoderado legal del ejército español “José Cecilio del Valle”);  ya antes se habían evidenciados cuando el primero de octubre Iturbide de 1821, Iturbide envía un oficio en forma de invitación a la Junta Consultiva para consumar la anexión al nuevo imperio mexicano.

Estamos seguros que Morazán jamás se hubiese prestado a participar en un simulacro de esta naturaleza, el cual a todas luces atentaba contra el interés fundamental de los pueblos centroamericanos, especialmente de los olvidados y condenados de la tierra (los mestizos, indígenas, mulatos, zambos y demás excluidos); al contrario, él pertenecía a un pequeño grupo de revolucionarios simpatizantes de acciones radicales que defendían el proyecto de una independencia absoluta, para luego reorganizar la república y formar un Estado de Derecho Soberano e Independiente, que pudiera desmontar la herencia del sistema feudal, represivo y excluyente, compuesto por clases y castas que privilegiaban a los descendientes directos de los primeros espadachines e hidalgos españoles quienes como conquistadores habían llegado a las américas en el siglo XV. En medio de estos dos grupos se encontraban aquellos que se hacían llamar “Liberales”, quienes se inclinaban por reformas a este estado de cosas sin menoscabar los privilegios de los nuevos ricos del área, es decir, los criollos, quedando pues el pueblo al margen de todo beneficio y disfrute de las ventajas políticas, económicas y sociales.

Es por ello que al declararse la tal independencia del 15 de Septiembre de 1821, y solamente a unos pocos meses después que se consumara la unión de  Centroamérica con el Imperio mexicano, se desata entonces el conflicto entre criollos conservadores, liberales y revolucionarios, el cual  desencadenan al final una serie de guerras entre las principales ciudades pertenecientes a la vieja capitanía general de Guatemala; en este conflicto unas se declararon a favor de dicha unión, mientras que otras rechazan la imposición, considerándola ilegitima desde todo punto de vista, pues la misma había hecha a propósito, tal como se hizo con la declaratoria de independencia, y otra vez es una maniobra de la Junta Consultiva, la cual usurpó los poderes y deberes del congreso centroamericano formado por las cinco naciones, boicoteándolo para que el mismo no se pudiera reunir y discernir sobre tan delicado asunto, tal como legalmente le correspondía.

Es en este escenario que aparece Francisco Morazán Quesada, quien en su rango de capitán del segundo batallón de infantería de la ciudad de Tegucigalpa se pronunció  en contra de la anexión al Imperio mexicano, posicionándose a su vez  a favor de una Independencia absoluta, siendo esto motivo de enfrentamiento entre la ciudad capital de Comayagua (que se pronunciaba a favor de la anexión a México); la misma situación también se produjo entre las ciudades de León y Managua, la Ciudad Guatemala y Quezaltenango, Cartago y  San José, y  Santa Tecla y San Salvador.

Luego Morazán participa activamente en los acontecimientos que dieron lugar a la verdadera declaratoria de independencia del primero de Julio de 1823, participando como consultor en las mesas que se hicieron para dicha consulta en los diferentes Estados de la región, y en las cuales él fue uno de los responsables en la Ciudad Guatemala.

Más tarde después del golpe de Estado del gobierno de Dionisio de Herrera, por Manuel José Arce en 1827, Morazán siendo secretario del mismo asume la responsabilidad que le corresponde, después de varias maniobras organiza un ejército al cual llamó Ejercito Protector de Ley, para restaurar el orden constitucional roto por Arce, primer presidente Federal, hecho que consuma después de varias batallas derrotando al ejército federal de éste, para entrar triunfal el 16 de Septiembre de 1829 a ciudad Guatemala, epicentro del poder político, militar y económico de la nueva clase parasitaria criolla liderada por la religiosa familia de los Aycinenas. A los cuales no les quedan otra alternativa de entregar el poder a Morazán y a su ejército, quien inmediatamente restituye el orden constitucional llamando a nuevas elecciones para presidente, pese a las maniobras de los liberales y conservadores de querer convencerlo para convertirlo en el nuevo dictador de la región, oferta que por principios revolucionarios Morazán rechaza contundentemente.

Desde ese momento, a diez años de la tal independencia, Morazán pasa a ser el líder indiscutible del grupo de revolucionarios que pensaban que era necesario y urgente llevar a cabo un proceso real de desmontaje de todo el aparataje estructural del viejo Estado colonial que después de la independencia campeaba intacto e impunemente. Este grupo formado por Dionisio de Herrera, Diego Vijil, Simón Bergaño, Tomás Ruíz, Isidro Menéndez, Mateo Marure, Francisco Osejo, Toribio Argueño y acompañados de algunos liberales como Pedro Molina, Juan Barrundia, Mariano Gálvez y Pedro Córdoba entre otros, fueron los que llevaron a Morazán a la presidencia de la República Federal el 15 de Septiembre de 1830.

Paradójicamente, 21 años después del simulacro de independencia de 1821,  el 15 de Septiembre de 1842, Morazán es asesinado en San José De Costa Rica a  través de una conspiración montada por el encargado de negocios del Reino Unido en Centroamérica, Federick Chatfield, quienes estaban empeñados en la construcción del canal interoceánico en San Juan del Norte en Nicaragua, proyecto que fuera originalmente impulsado por el Estado Federal de Morazán, y en el cual este,  apostaba todas las esperanzas para sacar de la miseria económica y llevar al desarrollo y bienestar a los pueblos centroamericanos.

Los ingleses, viendo amenazada la idea sobre la construcción de dicho canal, con el regreso de Morazán del exilio y sabiendo las intenciones de este de volver a unir a Centroamérica y retomar el proyecto de la construcción y control absoluto del mismo, se coluden con la parasitaria clase criolla y la iglesia católica, a través de una conspiración muy bien orquestada por Chatfield, para acabar con la vida de quien se había opuesto abiertamente a los intereses imperiales ingleses en Centroamérica, a los privilegios de una clase criolla parasitaria y al control religioso, político, social y económico de la iglesia católica apostólica y romana representada por la familia Aicynena en la región. Al final son estas tres fuerzas nada despreciables, que unidas vencen y estropean el proyecto revolucionario de llevar a los pueblos de esta región por el camino de la modernidad a través de un Estado de derecho que fuera la base política que sustentara una vida de bienestar para todas y todos los centroamericanos por igual.

Ese mismo 15 de septiembre de 1842, apenas tres horas antes de ser asesinado Morazán, consiente del papel histórico que le ha tocado vivir, como un mandato inapelable  escribe en su testamento: “Exito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imite mi ejemplo de morir con firmeza antes de dejarlo abandonado al desorden en que desagraciadamente hoy se encuentra”.   

Tegucigalpa

14 de Septiembre del 2018

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