LUCHA CONTRA EL SISTEMA Y EL TRADICIONALISMO

Invitadomayo 2, 2019

Por Gilberto Ríos Munguía (•)

La fuerzas del cambio social enfrentan no solamente un aparato estatal diseñado para evitar toda acción que denuncia, erosione o detente su posición, sino también para embestir, neutralizar, atacar toda acción que limite su acción de control y lo ponga en precario. Así también las fuerzas del cambio enfrentan desafíos en el campo de la creación y la propuesta; pero también enfrentan las fuerzas internas del tradicionalismo que pueden ser tan limitadoras de su desarrollo como el mismo enemigo, incluso peores.

Es importante aclarar que las tradiciones son inherentes a la cultura y la vida de los pueblos, sus gremios, asociaciones, organizaciones populares y demás instituciones que conforman la dinámica social; cuando apuntamos al tradicionalismo hablamos específicamente de aquellas prácticas que refrendan acción desviadas, incongruentes con los valores y principios y decididamente obstaculizadoras del desarrollo y el bien común.

El Partido Libertad y Refundación surgió del Frente Nacional de Resistencia Popular, éste a su vez como una respuesta al golpe de estado militar oligárquico – imperialista de junio de 2009. Las agrupaciones que lo conformaron tenían tres vertientes principales: los miembros del Partido Liberal de Honduras que apoyaban la gestión de gobierno del Presidente Manuel Zelaya Rosales, el movimiento social hondureño mayormente aglutinado en La Coordinadora Nacional de Resistencia Popular (2003 – 2009) y la izquierda orgánica hondureña en sus diferentes expresiones.

Cada una de ellas aportó significativamente al proceso de construcción del nuevo conglomerado que representaba la enorme mayoría de fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país, y que canalizaban el descontento de tres décadas de neoliberalismo que intentó frenar el gobierno del Poder Ciudadano con importantes y promisorios resultados, uno de sus logros principales fue justamente mostrar que con voluntad política el país podía salir de su histórico atraso y dependencia, que su condición de pobreza, exclusión y miseria es el reflejo del ejercicio del poder de una pequeña élite que dirige el país para favorecer sus apetitos en contubernio con los interese norteamericanos.

En el caso de los que vinieron de los partidos tradicionales (mayormente del Partido Liberal de Honduras, pero no solamente de ese partido), aportaron una visión amplia, nacional e integradora de todos los procesos y sectores de la lucha; como parte de su tradición política positiva podríamos destacar su capacidad de relacionar visiones locales con la cultura política nacional, su experiencia en la batalla electoral y su enorme cantidad de relaciones pluriclasistas que facilitó también encontrar aliados, argumentos y discursos que empataron fácilmente con sectores de avanzada de capas populares medias y altas de la sociedad hondureña.

Sus principales defectos estriban en la reproducción de mecanismos como el amiguismo, compadrazgo, clientelismo político, las relaciones de consanguinidad y grupismos para hacer extensión o complicidad de los espacios políticos ganados por la lucha del pueblo, privilegiando estas a otras formas meritocráticas o de competencia que podrían coadyuvar a dar una dirección más certera y efectiva de la lucha. También su visión limitada en cuanto al cambio social que generalmente redunda en la creencia de que “una buena administración del capitalismo” será suficiente para alcanzar los cambios esperados.

El movimiento popular venía creciendo en aquella década sobre todo en el gobierno anterior al que presidió Manuel Zelaya; el referente de carácter nacional fue la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, cuya dinámica aportó importantes mecanismos para articular la lucha popular en Honduras. La Coordinadora sesionaba de manera itinerante por todo el territorio nacional, provocando asambleas populares sumamente representativas y extensas, en las que se abordaban por los /as propios actores la problemática de cada región y también de cada gremio, sindicato, asociación o comunidad.

Es importante hacer énfasis que de la experiencia de los sectores populares organizados es que la Resistencia Popular extrajo su capacidad de lucha de calle, de propaganda popular, del uso correcto del discurso de barricada y de agitación de las masas.

Como vicios del tradicionalismo gremial debemos señalar la ausencia de formación política e ideológica de la mayoría de las agrupaciones, el problema de la democracia interna en la que pequeños grupos de cúpulas controlan sindicatos, asociaciones, colegios magisteriales, etc. por décadas, sin que exista la renovación de la dirigencia y que también incurren en prácticas grupistas que limitan el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las organizaciones populares.

Por su parte la izquierda hondureña tenía múltiples representaciones, la gran mayoría de ellas pertenecían a un espacio de coordinación que se reunía semanalmente desde el año 2005 hasta el 2009, luego del Golpe tuvieron representación formal en las mesas internas del Frente Nacional y una importante cuota de participación en las acciones y decisiones de ese organismo que nació justamente para enfrentar a la reacción y todas sus formas. De la izquierda se puede destacar su capacidad de análisis, su acervo cultural e histórico, su capacidad de visión geopolítica y también su experiencia organizativa y conspirativa, que en esos momentos de represión descarnada fueron fundamentales.

De este sector es importante señalar su poca capacidad estratégica en la creación de caminos hacia la toma del poder, su visión sectaria, muchas veces excluyente y su práctica más bien dedicada a los pequeños grupos y no a las masas, su costumbre más a la desconfianza y también una indefinición de la democracia interna muchas veces amparada en la incorrecta concepción del “Centralismo Democrático” y otras como mero resabio de la época de violenta represión directa contra estas organizaciones.

Someramente, estas son las tradiciones con las que se creó el más importante esfuerzo de aglutinamiento popular que devino en la posterior creación del Partido Libertad y Refundación, Libre. Autocríticamente debemos analizar cuántas de esas prácticas reproducen las mismas formas del sistema que deseamos derrotar y cuántas de las prácticas positivas se han cultivado. De una cosa debemos convencernos y es que si estos tradicionalismos políticos, gremiales, sindicales o de la izquierda hondureña no se superan, la oposición nunca se podrá adaptar a los difíciles desafíos que imponen las actuales condiciones de lucha.

(•)Dirigente del Partido Libertad y Refundación.

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