LEMPIRA, MÁS ALLÁ DEL IMAGINARIO COLECTIVO

Por Óscar Esquivel El 20 de julio de cada año se conmemora en las escuelas, colegios y academia en general como “el día de Lempira”. No obstante, ¿qué hay de los demás días? Más allá del recuerdo del Señor de la Sierra, ¿qué hay de la imitación de su ejemplo, de la masificación de su vida y obra? ¿Qué hay de Lempira en el día a día en el vivir de la mayoría de la...
Invitadojulio 22, 2019

Por Óscar Esquivel

El 20 de julio de cada año se conmemora en las escuelas, colegios y academia en general como “el día de Lempira”. No obstante, ¿qué hay de los demás días? Más allá del recuerdo del Señor de la Sierra, ¿qué hay de la imitación de su ejemplo, de la masificación de su vida y obra? ¿Qué hay de Lempira en el día a día en el vivir de la mayoría de la población hondureña? Si se realizara una encuesta en la población sobre Lempira y su vida, seguramente obtendremos como respuesta un recuerdo vago de la época escolar, en la que los alumnos se disfrazaban de “indios”.

Lempira fue asesinado en las montañas del Congolón por defender su territorio, sus creencias y sus costumbres ante la invasión española. Ha sido relegado a los anaqueles de la historia, en la espera de que sus descendientes lancen sus flechas contra los invasores modernos como el consumismo, los falsos líderes motivados por intereses particulares, y los intereses imperiales, que al igual que la España de 1500 nos siguen llenando de pobreza a través del saqueo de nuestros recursos naturales mientras nos distraen con circos de bajo presupuesto o crisis, como el mortal dengue que azota el país.

Lempira no será liberado por la academia formal para que ande nuevamente por las sierras: no será enseñado en las escuelas, colegios y universidades. La llana razón es que representa resistencia: revolución contra los intereses imperiales, defensa el derecho humano a respetar creencias, defensa de lo propio contra lo extranjero. ¡Lempira es dignidad! Esta Honduras ocupa una raíz para levantarse contra los que lo saquean. Lempira es raíz principal de nuestro pasado glorioso. Aunque su cabeza haya sido cortada mediante una estratagema propia de espíritus cobardes, Lempira sigue vivo y dispuesto a recuperar el lugar
que le corresponde.

El estudio profundo de Lempira y la masificación de su vida y obra tendrá que venir de hondureños que se indignen ante la oprobiosa realidad que los oprime. Vendrá de aquellas agrupaciones o partidos políticos de avanzada que, reconociendo la existencia en otros pueblos de hombres y mujeres de luces, también Honduras los ha tenido, y que la imitación de su ejemplo es una necesidad imperiosa por el hecho de ser de nuestro mismo barro.

Lempira no es moda, no es un billete devaluado, no es un presidente que se autodenomina “indómito pelo parado” por venir de la ciudad de Gracias. Lempira representa defensa de los bienes comunes contra los intereses de unos pocos; es fuerza antes las adversidades. Lempira es un semidiós que se alza desde el imponente Congolón a pesar de que antes que llegaran carreteras, educación y salud, llegaron las antenas telefónicas a instalarse en su seno.

Lempira será eterno porque es el pueblo mismo, pero no nos conformemos con que este ahí. Es preciso hacerle andar, que tense su arco, apunte y dé en la frente de aquellos propios y extraños que roban los bienes comunes, obligando a los nuestros a sobrevivir en tierras extrañas.

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