/LA LEGALIZACIÓN DE LA DROGA PROPUESTA POR GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

LA LEGALIZACIÓN DE LA DROGA PROPUESTA POR GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Por Óscar Esquivel

En mayo de 2003, Gabriel García Márquez, preocupado por las muertes y la violencia que azotaba Colombia, propuso en la celebración de los 200 años de la Universidad de Antioquia la legalización de las drogas a través de un documento titulado “La patria amada, aunque distante,” donde señala que en 2002, “cerca de 400,000 colombianos tuvieron que huir de sus hogares y parcelas por culpa de la violencia, como ya lo habían hecho cerca de tres millones por la misma razón desde hace medio siglo.» Estos desplazados dentro de la misma Colombia creaban «dos colombias,» una en la que los que huyen don acompañados por la ropa que llevan puesta como única riqueza material. La paradoja que señala “Gabo”, “es que los fugitivos de sí mismos siguen siendo víctimas de los dos negocios más rentables de este mundo sin corazón: el narcotráfico y la venta ilegal de armas, siendo dos síntomas del mal de fondo que asfixia Colombia. Dos países no solo diferentes sino contrarios en un mercado negro colosal que sustenta el comercio de las drogas para soñar en Estados Unidos y en Europa y a fin de cuentas en el mundo entero. Pues no es posible imaginar el fin de la violencia en Colombia sin la eliminación del narcotráfico y no es imaginable el fin del narcotráfico sin la legalización de las drogas, más prosperas a cada instante cuanto más prohibidas”.

El Premio Nobel de Literatura señaló que, “los colombianos nacemos sospechosos y morimos culpables”, y agregó que el ambiente político y social nunca fue el mejor para la patria de paz con la que soñaron los antepasados. El autor de  “El coronel no tiene quien le escriba” prosigue de esta manera sobre su Colombia amada: “Sucumbió temprano ante un régimen de desigualdades, en una educación confesional, un feudalismo rupestre y un centralismo arraigado en una capital de elecciones sangrientas y manipuladas y toda una saga de gobiernos sin pueblo. Tanta ambición solo podía sustentarse con veintinueve guerras civiles y tres golpes de cuarteles entre los dos partidos, en un caldo social que parecía ser previsto por el diablo para las desgracias de hoy en una patria oprimida, que en medio de tanto infortunios a aprendido a ser feliz sin la felicidad y aún en contra de ella. Hoy hemos llegado a un punto en que apenas se nos permite sobrevivir, pero todavía quedan almas pueriles que miran hacia los Estados Unidos como un norte de salvación con la certidumbre que en nuestro país se han acabado hasta los suspiros para morir en paz. Sin embargo, lo que encuentran allá es un imperio ciego, que ya no considera a Colombia como un buen vecino, ni siquiera como un cómplice barato y confiable, sino como un espacio más para su voracidad imperial”.

La creatividad y el ansia de superación personal han sido dos dones que han servido a los colombianos para sobrevivir en ese mundo de violencia y muerte, apunta el amigo personal de Fidel Castro Ruz.
La realidad colombiana que nos describe  Gabriel García Márquez no es diferente a la realidad hondureña en los últimos años, que nos golpea a diario con el éxodo que día con día sale en caravanas de nuestro país para chocar con el muro de Trump. Igual realidad viven los mexicanos y le toca enfrentar a López Obrador: violencia y muerte generada por el tráfico ilegal de drogas, tráfico que produce enormes capitales manejados por unos pocos. El combate al tráfico ilegal de drogas es una falacia de enormes proporciones, pues se captura a un “Chapo” pero ya hay diez o más sustituyéndolo. La droga mueve millones y millones de dólares a nivel mundial. Un ataque genuino a la misma representaría la quiebra de varios bancos.

El mercado estadounidense y europeo sigue exigiendo la producción y comercialización de drogas, mientras nuestros países siguen llenándose de muertes y violencia por su causa. La legalización de las drogas tendrá que abordarse seriamente . En la ilegalidad está el «negocio»: la oferta y la demanda. Con la legalización bajaría el precio, los estados captarían recursos a través de impuestos que servirían para el desarrollo de las comunidades y para campañas educativas sobre el consumo de la droga. Se terminaría con las muertes y la violencia que el tráfico ilegal genera. Hay soluciones que no requieren mayor ciencia. Sin embargo, son difíciles de tomar por los millones de dólares que están en juego en este mundo, en el que el ser humano es mercancía y nada más.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.