LEER ES COMO BAILAR

Por Rommel Martínez. La falta de lectura en las honduras nuestras de cada día, es producto de factores tan vergonzosos como increíbles; nuestras ansias de fomentar la globalización y las formas de vida «mejores» de los países mucho mas desarrollados que nosotros, nos han puesto en la terrible lógica, no aplastante sino aplastada, de copiar sistemas de cambio, formas de comer, de reír, de pensar y argumentar. Se nos ha acotado (nos hemos acotado, o...
Invitadoabril 20, 2016

Por Rommel Martínez.

La falta de lectura en las honduras nuestras de cada día, es producto de factores tan vergonzosos como increíbles; nuestras ansias de fomentar la globalización y las formas de vida «mejores» de los países mucho mas desarrollados que nosotros, nos han puesto en la terrible lógica, no aplastante sino aplastada, de copiar sistemas de cambio, formas de comer, de reír, de pensar y argumentar. Se nos ha acotado (nos hemos acotado, o nos hemos dejado acotar; es más correcto decir), en una triste actitud de no cuestionar, o lo que es peor, creer que cuestionamos cuando únicamente encajamos en el discurso de los que están por encima nuestro.

La falta de lectura se debe a la amplia distribución de la chatarra del mundo, sobre todo con las novelas televisadas, top shows con problemas de pareja o casos destructivos vistos de manera cuasi judicial, el fanatismo futbolero, películas intoxicadas de marketing y la idea de que el que no viste, calza, come, coge y luce como los demás, no es nadie (estrellas pop a espumarajos).

Esto produce, el efecto del espejo con aumento; parecemos ser nosotros, pero sólo somos una especie de distorsión.

Este efecto hace que las personas se enfoquen más en vivir tras una apariencia, como una apariencia. El hondureño vive a través de Hollywood, en Hollywood. Mientras tanto, la lectura para crear un criterio, para establecer o formar un sistema de pensamiento, no existe más, en la práctica. Cuando alguien lee, lo categorizamos como estudiante (tenemos tan arraigado en el subconsciente el concepto de etiquetar, como si de un post del «Caralibro» se tratase), se tiene la idea ridícula, que leer es un preámbulo intrínseco a un examen.  Cuando alguien lee, le agraviamos con una mirada retadora, de sorpresa, como quien ve algo sobre natural. Sin embargo, en muchas ocasiones, cuando alguien lee, usualmente lo vemos leyendo basura, cosas sin ningún carácter importante, ya sea para la supervivencia diaria, o simplemente para satisfacer los placeres comunes. Se lee basura de venta masiva disfrazada de argumento para una película de inapropiado presupuesto; en esa línea encontramos aberraciones como: Las cincuenta sombras de Gray, Harry Potter, todos los de Pablo Coelho y demás parecidos a estos.

Al parecer, nuestras lindas y famélicas conciencias, se trasladaron (sino de una vez por todas, poco falta) para pensar y argumentar en términos de memes y posts simplones y parafernálicos en las redes sociales. Por supuesto, estas redes feisbukianas, tuiteristicas y watsapisticas nos han clausurado la necesidad de leer saludablemente, para formarnos un criterio con decencia como para saber juzgar el entorno, para saber vivir pues. Existe entonces, la lectura por necesidad, y no la necesidad de la lectura. Existe, la lectura para mantener una apariencia, la lectura para sacar buena nota en un examen, o una puntuación moderadamente buena en los juego de trivias. Ya cada quien lee artículos en el caralibro (léase Facebook), o busca la reseña de lo que quiere en Wikipedia o pide el link del videotutorial que lo ayude con lo que espera saber.

El síndrome de «la no lectura» ha conquistado nuestros oídos simbólicos, como piropo de albañil a colegiala ingenua. Provocará esto, una voluntad ajena y mecanizada para y por una necesidad in-necesaria: El estilo de vida postmoderno.

Al mismo tiempo, o como consecuencia de lo anterior, debemos ocuparnos ahora de nuestra capacidad para interrogarnos y de nuestra crítica del entorno; qué somos, dónde estamos parados, por qué soy lo que soy, cuándo existo. La lectura de una obra literaria, de un libro de poesía; la lectura de artículos históricos, de crítica, de ciencia, de opinión; estas cosas nos ayudan a crear un punto de vista, una base para formar un línea de pensamiento, y evita en nosotros, la creencia purulenta de que leer lo es todo, que con leer nos salvaríamos de los males de la sociedad presente y consecuente. Leer, crea ese raciocinio que necesita ejercitarse, para luego de leer, argumentar sobre la historia propia; es decir, si yo no leo, lo más probable es, que mis funciones humanas, mis sensibilidades que me hacen estar confluyendo en humanidad, no fluyan como deberían o no fluyan, sencillamente (¿…me explico?). Pero leer, no es la panacea del yo, ni del mundo, leer es el inicio del camino, el primer paso en ese destino que esperamos sea saludable (pero del destino, bueno, del destino nos tocará escribir y leer en otro tiempo, pronto espero).

Finalmente, leer es como bailar, como aventurarse a bailar, y disfrutar de todo lo que implica ese concepto, ese nivel espiritual; uno puede sentir el ritmo, seguirlo, pero si no se mueve, si no hace algo con eso, y permanece sentado, creerá que puede bailar, hasta creerá ser un máster en el asunto, incluso corre el riesgo de intentar desacreditar a los que quiméricamente hacen el esfuerzo por moverse, por «sacudir el bote». Leer, para entender el terreno que pisa, como un inicio para que no lo engañen de formas risibles o crueles, es como bailar.

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Rommel Martínez

Rommel Martínez nació en 1989, Tegucigalpa – Honduras. Con un título de Técnico Industrial en Electrónica por el I.T.L.B. Dedicado a la escritura desde el 2005, orientado a la poesía. Miembro del taller «Poema» impartido por el poeta Fabricio Estrada En 2015; miembro del «taller de creación poética» impartido por la poeta Mayra Oyuela, en la sede del Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET). Miembro fundador (no activo) del colectivo y taller poético LetraEle. .

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