Impacto del cambio climático en Honduras

Los efectos del cambio climático en Honduras se han intensificado en los últimos años. Su avance y perjuicios se han evidenciado aceleradamente en los últimos años. Dos sectores se han visto particularmente afectados: el sector agua y el sector productivo. Y un sector, el sector transporte, es uno de los principales contribuyentes para el deterioro climático. Las sequías y la erosión de los suelos han perjudicado poderosamente a la agricultura, condicionando así la economía, la...
Redacciónjunio 7, 2017

Los efectos del cambio climático en Honduras se han intensificado en los últimos años. Su avance y perjuicios se han evidenciado aceleradamente en los últimos años. Dos sectores se han visto particularmente afectados: el sector agua y el sector productivo. Y un sector, el sector transporte, es uno de los principales contribuyentes para el deterioro climático.

Las sequías y la erosión de los suelos han perjudicado poderosamente a la agricultura, condicionando así la economía, la producción comercial y la seguridad alimentaria de los ciudadanos.

Según reporta el PNUD, la rica biodiversidad de Honduras se encuentra bajo presión por la sobre- demanda de los productos agrícolas y forestales. El cambio de uso de la tierra y el sector transporte son responsables de una gran parte de las emisiones del país. Por otro lado, el cambio climático afecta a sectores importantes del país, incluido el sector agua, dada la cada vez mayor irregularidad de las precipitaciones.

El gobierno decidió evaluar las opciones de mitigación para hacer frente a uso de la tierra y los aspectos de transporte, así como evaluar las acciones de adaptación para abordar los impactos en el sector del agua. De acuerdo con las evaluaciones de las inversiones y flujos financieros (FI&F), Honduras necesita US$ 6561,93 millones hasta 2030 para hacer frente al cambio climático en estos 3 sectores.

«La Evaluación de los flujos de inversión y financiamiento (FI&F) es un componente del Proyecto Global del PNUD Fortalecimiento de las capacidades de los encargados de la formulación de políticas para hacer frente al cambio climático. Honduras es uno de los 20 países que participa en el proyecto al nivel mundial. El proyecto está financiado por los gobiernos de Noruega, Suiza, España, Finlandia, el PNUD y la Fundación de las Naciones Unidas. Honduras tiene una cobertura forestal del 46,9% que está disminuyendo (Administración Forestal del Estado)».

«El sector forestal contribuye con el 2% del PIB, y cabe mencionar que aproximadamente el 40% de la población rural está asentada en tierras de vocación forestal. Para el año 2000 el sector uso de la tierra y cambio de uso de la tierra y silvicultura (UTCUTS) aportó el 25% de las emisiones de CO2. Junto con la tendencia a la disminución de los bosques, la problemática del sector forestal es reconocida como uno de los mayores problemas ambientales del país. Los bosques proveen servicios ecosistémicos importantes para sectores vulnerables al cambio climático como el sector agua, agricultura y otros».

El sector transporte terrestre genera en su totalidad más de 90,000 puestos de trabajo, incluyendo al personal en transporte de pasajero y de carga, equivalente a un poco más del 3% de la población económicamente activa.

El agua es un recurso de vital importancia para el bienestar del ser humano y fundamental para alcanzar niveles de desarrollo sostenible, pero su acceso se ha vuelto crítico, debido al deterioro de las cuencas hidrográficas, contaminación de las aguas superficiales y subterráneas y el incremento poblacional.

En relación a la seguridad hídrica de la población hondureña los mayores problemas están relacionados a la distribución, regulación y acceso al agua (Agencia Fortalecimiento de la Gestión Local de los Recursos Naturales).

En cuanto al impacto del cambio climático en la agricultura, los informes del Programa de Investigación del CGIAR en cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria, revelan que Honduras tiene la mayor vulnerabilidad al cambio climático en Centroamérica, pero también cuenta con un marco normativo e institucional favorable para trabajar en su reducción; en particular en el sector agroalimentario, como lo demuestra el contenido del Plan de Nación (2010-2022), la Estrategia Nacional al Cambio Climático (2010) y la Estrategia de Seguridad Alimentaria y Nutricional (2010-2022).

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Según la CGIAR, existen varias iniciativas del gobierno para intentar resolver la problemática, como el Comité de Seguros Agrícolas o el Proyecto Fondo de Adaptación, apoyan la inclusión de beneficios sociales y económicos a nivel local como parte de la agenda de adaptación, complementándose con los esfuerzos de la sociedad civil y la cooperación técnica.

Para este informe, «el aumento de la temperatura media anual y la disminución de la precipitación que se prevén para el año 2030, debido a efectos del cambio climático, tendrán impactos significativos en la agricultura de todo el país. En consecuencia, es probable que las áreas aptas para los cultivos que sustentan las exportaciones agrícolas y la seguridad alimentaria campesina cambien en el futuro. Algunos municipios ganarán aptitud productiva para ciertos cultivos, otros la perderán. Además, la capacidad de la población rural para adaptarse a estos cambios, tanto si representan una pérdida o una ganancia, depende de su acceso a servicios básicos, acceso a información, recursos para la innovación y ecosistemas saludables».

La estrategia del gobierno para repeler los cambios negativos del cambio climático en el país se agrupan en la denominada Estrategia Nacional de Cambio Climático en Honduras promovida desde la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA), la Cooperación Alemana y el PNUD. Todo en el marco de la recién creada Dirección Nacional de Cambio Climático, constituida mediante Decreto No. PCM-022-2010, el 8 de Junio de 2010.

La estrategia está orientada a dos escenarios principales: Propuesta de lineamientos para una Estrategia Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio climático, en la República de Honduras; y Variabilidad Climática y Cambio Climático en Honduras.

El desarrollo de una estrategia nacional ante el cambio climático responde al cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos al firmar y ratificar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), ya que constituye de referencia fundamental para el establecimiento de un marco de política nacional ante el cambio climático, así como para la definición y ejecución de los instrumentos más apropiados para su implementación efectiva, tanto en materia de adaptación como de mitigación.

«De acuerdo a los escenarios futuros: (1) se proyecta un incremento de las emisiones mundiales de GEI de entre 25 y 90% en 2030 respecto al año 2000, lo cual aumentaría el ritmo y magnitud del cambio climático, manifestándose en diferentes escalas temporales y espaciales; (2) las emisiones continuas de GEI a las tasas actuales o superiores causarán más calentamiento e inducirían muchos cambios en el sistema climático mundial durante el siglo XXI, que muy probablemente serán más grandes que los observados en el siglo XX; (3) para las próximas dos décadas se proyecta un calentamiento de cerca de 0.2°C por década; y (4) se proyectan cambios en los vientos, lluvias, eventos extremos y hielo, y aunque las concentraciones de GEI se estabilizaran, el calentamiento y la elevación del nivel del mar continuarían por varios siglos, debido a las escalas asociadas con los procesos climáticos y las retroalimentaciones».

El clima de Honduras se caracteriza a partir de los regímenes térmicos y pluviométricos del Caribe norte y Pacífico sur.

La variabilidad del clima consiste en desviaciones de los valores promedio de los parámetros climáticos, ocurriendo en períodos de distinta duración, e incluyendo eventos extremos, tales como: sequías, huracanes, tormentas tropicales, el evento El Niño-Oscilación Sur (ENOS), entre otros. Los eventos climáticos extremos más frecuentes en Honduras son: sequías, olas de calor, huracanes, tormentas tropicales e inundaciones. En los últimos 60 años se han observado alrededor de 10 eventos ENOS, extendiéndose entre 12 y 36 meses.

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El estudio realizado por Francisco Argeñal (2010), se proyectó cambios para las variables precipitación, temperatura y presión atmosférica para 2020, 2050 y 2090. Para tal efecto, se utilizó un escenario de emisiones medio-altas (A2), referido como pesimista, y otro de emisiones medio-bajas (B2), referido como optimista.

«En 2090, las diferencias en magnitudes entre ambos escenarios se vuelven relevantes. De acuerdo a los escenarios de emisiones A2 y B2, y a los modelos climáticos seleccionados, la reducción proyectada en la precipitación anual para 2020 es de un 6% para Cortés, Santa Bárbara, Copán, Ocotepeque, Lempira, Intibucá, Comayagua, La Paz, Francisco Morazán, El Paraíso, Valle y Choluteca; y un aumento de 0.8oC en la temperatura media anual, especialmente en los departamentos del occidente y sur del país, incluyendo el sur de Comayagua, Francisco Morazán y El Paraíso. El oriente de Colón, Olancho y todo Gracias a Dios es la región del país donde la disminución de la precipitación y el incremento de la temperatura son menores. Para 2050 se estima una disminución en la precipitación con valores de 20% a 25% en la mayor parte del territorio nacional para el trimestre junio, julio y agosto».

Las proyecciones climáticas para 2090 indican cambios importantes, especialmente en julio y agosto, cuando llovería solo un 30-40% de lo que actualmente llueve; mientras que la temperatura se estaría incrementando en más de 4°C en la mayor parte de Honduras.

Bajo las condiciones referidas, durante dichos meses se podría presentar un fortalecimiento del flujo del viento del noreste y un mecanismo de bloqueo que no permitiría que los procesos tropicales que generan lluvia se desarrollen. Estas condiciones de déficit de lluvia y temperaturas altas durante julio y agosto son análogas a las condiciones que se presentan bajo la influencia del ENOS, lo que hace suponer que esto podría ser una señal de que este evento se podría volver más frecuente e intenso bajo condiciones de cambio climático mundial.

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