«EL GOLPE DE ESTADO FUE INNECESARIO», CAROLINA ECHEVERRÍA HAYLOCK

HOTEL INTERCONTINENTAL, TEGUCIGALPA. MARZO 2019 Cuando el golpe de Estado la abogada Echeverría era Secretaria del Congreso Nacional. Cercana a Manuel Zelaya por ser ambos del ala progresista del Partido Liberal, era también cercana a Roberto Micheletti por formar ambos parte de la junta directiva hasta la crisis de junio de 2009, cuando se convirtió en de una de las voces disonantes al interior del Congreso en contra de una supuesta unanimidad que destituyó al...

HOTEL INTERCONTINENTAL, TEGUCIGALPA. MARZO 2019

Cuando el golpe de Estado la abogada Echeverría era Secretaria del Congreso Nacional. Cercana a Manuel Zelaya por ser ambos del ala progresista del Partido Liberal, era también cercana a Roberto Micheletti por formar ambos parte de la junta directiva hasta la crisis de junio de 2009, cuando se convirtió en de una de las voces disonantes al interior del Congreso en contra de una supuesta unanimidad que destituyó al mandatario el domingo 28 de junio. No culpa, sin embargo al Partido Liberal por lo ocurrido, porque según afirma es una institución jurídica que ella sigue por principio y convicción; culpa sí a los líderes de ese momento (y actuales) que no supieron hacer a un lado sus diferencias personales para encontrar una solución a la crisis política. Ella sigue en el Partido Liberal a pesar de encontrarse aun marginada de ciertos espacios de poder en la institución, no cambió a Libre como muchos Liberales en Resistencia lo hicieron al fracasar el proyecto re reunificar el partido. Según sus palabras, cuando el golpe de Estado se dio ella, como los Liberales en Resistencia y el propio Manuel Zelaya tenían dos opciones: irse a fundar un nuevo partido político, como hizo Manuel Bonilla cuando por la crisis con Policarpo Bonilla a principios de siglo XX fundó lo que luego sería el Partido Nacional de Honduras, o regresar del exilio y trabajar su corriente interna como hizo Modesto Rodas Alvarado al volver de Costa Rica en 1970. Ella optó por la última y se mantiene como dura crítica del actual liderazgo de Luis Zelaya a quien califica como alguien de pensamiento más cercano al Partido Nacional, que al liberalismo.

CAROLINA ECHEVERRÍA HAYLOCK, DIPUTADA DEL CONGRESO NACIONAL 2006-2010


«Cuando el golpe de Estado se da, la noticia que sale es que por unanimidad del Congreso Nacional se había tomado la decisión de destituir a Zelaya. A mí me llamaron esa mañana a las cinco y media, me llamó Elvia Argentina Valle. Cuando respondí ella me contó que le habían dado golpe de Estado Mel. Después que cuelgo con ella llamé a doña Xiomara, ella estaba molesta porque la noticia que había trascendido era que había sido una decisión del pleno. «La historia los va a juzgar», me dijo.

Comenzaron a llamarme luego para preguntarme si iba a ir a la sesión del CN. Yo dije que no, porque este era un golpe de Estado y asistir era validad los que había ocurrido.

Hasta ese momento yo no sabía cuántos iban a asistir a la sesión. Hablé con Erick Rodríguez y él me dijo que iba en camino. Extrañamente hasta ese momento quién hacía las convocatorias de las sesiones del congreso era yo, que era Secretaria del Congreso Nacional, pero ese día no había sido así. Todos los que me llamaban me preguntaban si iba a asistir y yo les decía que no. Mi posición fue clara desde el principio, porque yo estaba en contra del golpe. «Yo estoy en contra del golpe», me dijo. «Pues si estás contra el golpe es mejor que no asistás», le dije yo. Entonces él se regresó, no fue al Congreso ese día.

El lunes comenzamos a monitorear. Hasta ese momento éramos siete en contra del golpe. Nos sentíamos desencantados de toda la dirigencia del partido. Llamé a don Jaime Rosenthal porque quería saber cuál era su posición. «Don Jaime —le dije—, yo estoy en contra del golpe». «Yo también» —me dijo. «¿Y cuántos más son?», quiso saber. Éramos siete: Argentina Valle, Erick Rodríguez, Margarita Zelaya, Gladis del Sid Nieto, Elías Arnaldo y yo. Don Jaime nos dijo que nos iba a recibir el martes en su despacho en San Pedro Sula. Sentimos que dentro de toda la oscuridad había una luz, una figura importante dentro del partido.

Cuando llegamos a San Pedro Sula nos comentó Gladis del Cid: «ese don Jaime es bien agarrado, no le da ni de comer a uno. Es mejor que comamos algo antes de ir a la reunión» y decidimos ir a comer una hamburguesa. Nos recibe don Jaime y nos tenía hasta almuerzo. Nosotros ya habíamos comido. Yo le conté a don Jaime: «aquí esta gente dijo que usted era un agarrado y no nos iba a tener ni comida». «Pues ahora se la comen castigados», nos dijo, por no creer que nos iba a atender.

Él organizó para que los medios que él tenía dijeran que no había habido unanimidad en el Congreso Nacional, que había cierto número de diputados que estaban en contra del golpe de Estado. Allí estoy cuando me llaman de Radio América y me dicen, «abogada, yo quiero que usted me llame, pero no vaya a decir que yo la llamé. Le voy a dar la oportunidad para que diga que no es por unanimidad, pero no vaya a decir que yo la llamé». Y así lo hicimos, denunciamos al aire que no había unanimidad en el Congreso Nacional en torno a la destitución de Manuel Zelaya.

El 3 de julio, cuando Insulsa iba a venir al país, nos llamó el encargado de asuntos políticos de la Embajada de Estados Unidos y me preguntó si nos podíamos reunir en casa de Armando Sarmiento y todos accedimos. Ya éramos 14 diputado en contra del golpe de Estado. Allí llegó el funcionario de la embajada, platicamos con él, aclaramos que habíamos un grupo de diputados que no avalábamos lo que había sucedido y él nos pidió que redactáramos un pronunciamiento.

Cuando llegó Insulsa ese funcionario de la Embajada nos preparó para dar declaraciones a la prensa, fue cuando hicimos el comunicado en el Parque España, cuando nos avisaron que Insulsa estaba en el hotel Honduras Maya. De allí nos fuimos a la carrera con una copia del pronunciamiento.

Ya en el Honduras Maya veo que sale Hugo Llorens y al rato sale Insulsa rodeado de periodista. Yo me le acerqué y me le planté de frente: «soy diputada del partido liberal y estoy en contra del golpe», le dije. «Hablemos», me dijo Insulsa. Pero los periodistas no nos dejaron. Quisimos ir a otro espacio pero no había, entonces le entregué el pronunciamiento que él luego recogió íntegramente en su informe. «Váyanse al aeropuerto y nos vemos en el Salón Diplomático», me dijo. Salimos entonces volados todos los diputados que estábamos allí. Pero en el aeropuerto la policía no nos dejó pasar.

Antes del golpe, a mi me tocó estar en el grupo de diputados que andábamos de un lado al otro, íbamos a donde Micheletti, luego a donde Zelaya en Presidencial, luego a donde Elvin, buscando que ellos se sentaran. Pero Mel y Micheletti no se podían sentar. Fue una incapacidad de entenderse, increíble. Pienso que el poder obnubila, y lo más triste que puede pasar cuando usted tiene poder es creer que usted es Dios. Nosotros intentamos, fuimos a hablar con Edmundo Orellana, que era ministro de Defensa, para que intercediera entre los dos, lo hicieron, junto con Adolfo Leonel Sevilla llevaron a los tres a una finca, a Micheletti, a Mel y a Elvin, que era el candidato del partido. Ambos, me contaron después, menospreciaban a Elvin Santos. Porque el enfrentamiento era entre ellos. ¿Por qué el enfrentamiento?, yo hasta estas alturas lo entiendo menos. Cada quien creía que el poder que manejaban era de ellos.

Yo estaba más cerca de Micheletti, porque yo era secretaria del Congreso. El presidente Micheletti nos decía, vaya a hablar con Mel y díganle… no hay peor cosa que a usted le toque ir a dejar un mensaje y tener que decir que no quiere decir, por respeto. Nosotros no lo decíamos, porque no debe sembrarse cizaña. Igualmente yo no le decía a Micheletti todo lo que Mel le mandaba a decir, evitando crear más fisuras. Pero no era la única, habíamos siete diputados en ese papel de intermediarios. Nunca hubo resultados positivos. Supongo que para entonces los grupos que tenían interés que el golpe se diera hacían su trabajo y los grupos que tenían interés en que no se reconciliaran y estaban cerca del presidente Zelaya también hacían su trabajo. Al final lograron que nunca se entendieran y nos llevaron a ese triste episodio que dividió al país entero, a familias enteras.

Nunca se supo cómo se hizo lo de la firma falsificada de Mel de la supuesta carta de renuncia, nunca se investigó tampoco.

En el 2011 Naciones Unidas hizo un taller en donde nos convocaron a 20 personas que estábamos en contra del golpe y 20 que estaban a favor. Con la idea de aprender a hacer diálogo democrático. Nos obligaban a viajar juntos en el mismo bus. Al principio todos nos sentábamos separados y con el paso del tiempo comenzamos a acercarnos, a tolerarnos. Al final logramos superar las diferencias y aprendí que Honduras es de todos, que el país es de todos y debemos respetarnos y tolerarnos.

Con Marcia Villeda, si ustedes recuerdan se vino a Casa Presidencial y a los días volvió al Congreso Nacional. Yo volví al congreso a los quince días, porque se iba a discutir el presupuesto, que ese año no se había aprobado. Yo tenía algunos proyectos en la Mosquitia que tenía que pelearlos en las disposiciones generales del presupuesto, como el cambio del hospital de área a hospital general y eso significaba 15 millones en el presupuesto. Fue duro volver, porque muchos de mis compañeros diputados querían convencerme de que no había sido golpe de Estado. Yo mantuve mi posición y al final terminaron respetándola.

Cuando Marcia regresó al congreso ella me dijo que quería hablar conmigo. Mis diferencias con ella siempre fueron políticas. Ella me sostiene hasta el día de hoy que nunca fue ella quién falsificó la firma del presidente Zelaya. Hoy tenemos una buena relación con Marcia Facussé, igual con don Roberto Micheletti, con quien siempre que tuvimos diferencias fueron políticas.

A mí me llamaron el jueves 25 de junio, algún sector sabía lo que iba a pasar y de hecho el golpe se iba a dar ese jueves. Me llamaron y me dijeron que debía ir de negro. Cuando uno va a un acto formal del Congreso uno va de negro o de azul oscuro, son normas protocolarias. A mí me pidieron fuera vestida de negro. Yo no pregunté por qué. Estábamos todos en el Congreso atrincherados, la sesión no terminaba. Ese día el presidente Zelaya se fue a meter a la fuerza aérea. Al filo de las seis Mel se fue a las FAH con el bus a sacar las urnas. En el CN se formó ese día una comisión para investigar a Zelaya. Elvia Argentina y yo, cuando vimos para dónde iba la cosa, lloramos. Para entonces había ciertas cosas que ya no se nos compartía. La comisión se fue a un salón del congreso y Toribio Aguilera me vino a decir que por favor localizara al presidente Zelaya. Yo lo llamé, pero él no contestaba el teléfono. Después llamé a doña Gloria y le dije que había esa comisión y que querían hablar con el presidente. Doña Gloria me dijo que no estaba en presidencial. Intenté hablar con Arcadia, con Milton Jiménez y finalmente hablé con Raúl Valladares, creo que fue con él o con Milton, ya no recuerdo bien. Le dije lo que estaba pasando. «Carolina, pero ustedes no pueden hacer eso en el Congreso», me dijo. «Esto está pasando —le dije—, ellos quieren comunicarse con el presidente». Yo le pasé a Toribio el teléfono pero en esa carrera la llamada se cortó y ya no pudieron hablar con Zelaya.

Cuando yo me retiré del congreso el viernes a las 3 de la mañana yo pensé que eso ya se había abortado. Don Toribio antes de retirarse fue y me dijo, yo me retiro, porque yo creí que estaba tratando con hombres. Luego se retiró. Pero honestamente yo el viernes en la madrugada pensé que eso había sido abortado.

Ese jueves se habló abiertamente de golpe de Estado. Incluso mi mamá, antes de yo irme al Congreso ese día me dijo, «hija, a usted le va a tocar vivir la experiencia que vivió su papá». Mi papá era diputado del Congreso Nacional en 1963 cuando el golpe de Estado a Villeda Morales, que ahora entendemos que no fue solo para Villeda sino que también para Rodas Alvarado.

El sábado yo recibo la llamada de alguien, no recuerdo bien quién fue que me llamó y me dijo que estaban movilizando gente de un batallón para Tegucigalpa. Yo le aviso a Zelaya y él me dice, «no, no te preocupes, todo está tranquilo». Todavía le pregunté si quería que le ayudara con lo de la Cuarta Urna en la Mosquitia. «No —me dijo—, eso lo maneja Fúnez del INA. Yo no quiero involucrar a los diputados en la Cuarta Urna».

Así llegamos al domingo.

Todavía hoy, y creo que el tiempo nos ha dado la razón, considero que el golpe de Estado a Zelaya fue una acción innecesaria, porque se ha podido probar que él no contaba con la institucionalidad del país. Entre que él se quería quedar, que podía Mel dar un golpe de Estado, habían temores. Pero no era posible porque él no tenía el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Casi siete años después hablé con Micheletti y él me dijo que esa decisión de dar el golpe de Estado se había tomado en la Corte Suprema de Justicia. De echo, él dice que ese día estaba como escondido porque pensaba que se iba a disolver también el congreso.

Había injerencia de Estados Unidos pero no de la Embajada, eso lo tengo bien claro. Hubo temor en Don Roberto y casi fue obligado por lo que marca la Constitución de la República. Él afirma que tenía temor por lo que iba a pasar y yo le creo».

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