EL CLAN DE LOS REINA

Y LA HISTORIA DEL LIBERALISMO HONDUREÑO No es posible escudriñar en la Historia de Honduras, sin pasar por la familia Reina, como no es posible hablar de los Reina sin reconocer su rol en la política de este país. Porque como clan de la política nacional, los Reina han estado en cada momento de la Historia de Honduras, en por lo menos los últimos 125 años. —Esta casa fue construida por mi abuelo el abogado...

Y LA HISTORIA DEL LIBERALISMO HONDUREÑO

No es posible escudriñar en la Historia de Honduras, sin pasar por la familia Reina, como no es posible hablar de los Reina sin reconocer su rol en la política de este país. Porque como clan de la política nacional, los Reina han estado en cada momento de la Historia de Honduras, en por lo menos los últimos 125 años.

—Esta casa fue construida por mi abuelo el abogado Antonio Reina Bustillo hace 113 años —Comentó don Jorge Arturo, al entrarnos a la casa de Los Laureles, señalando con orgullo a las paredes del hermoso edificio de amplios pasillos y toques de caoba, repleto de cuadros y esculturas cargadas de significado para la familia—. Ese mueble fue hecho por él general José María —hermano de mi abuelo don Antonio—. Tiene un compartimiento secreto porque en aquel tiempo no había bancos. Aquella máquina que ve allí —señala abajo del mueble de madera—, era de Ángel Zúniga Huete, con ella escribía y la hacía ponerse al rojo vivo.

El origen de los Reina en la política nacional lo podemos encontrar en la fundación misma del Partido Liberal en 1891, cuando el abogado Policarpo Bonilla, inspirado por los principios del libro Mis Ideas escrito por Celeo Arias en colaboración con el periodista Álvaro Contreras, agrupó a los jóvenes de su generación en torno a las avanzadas ideas de Árias, reformando la vieja «Liga Liberal» creada en los años 60 del siglo XIX.

Entre esos jóvenes liberales que dieron origen al Partido, estaba José María Reina Bustillo, que no debe confundirse con su primo, José María Reina Barrios, presidente de Guatemala entre 1892 hasta que fue asesinado en febrero de 1898.

Reina Bustillo alcanzó el grado de General al ser nombrado poco antes, en 1890, Jefe del Estado Mayor General para hacer frente a la insurrección armada liderada por Longino Sánchez, que buscaba derrocar al gobierno de Luis Bográn.

«El 14 de enero de 1898 se efectuó en el Salón de Retratos de la Casa de Gobierno una reunión de las figuras más importantes del partido [Liberal] y después de laboriosas discusiones se acordó recomendar a la convención del Partido la candidatura del General Terencio Sierra para la Presidencia, y la del General José María Reina, para la Vicepresidencia», dice el libro Gobernantes de Honduras del siglo XIX de Víctor Cáceres Lara.

Los comicios de 1898 se practicaron el 30 y 31 de enero, según cuenta el libro de Cáceres Lara, y para sorpresa de todos, el general Reina sacó más votos que el mismo Terencio Sierra (37,546 y 36,796 respectivamente), pero respetando el acuerdo entre Juan Ángel Árias y Policarpo Bonilla, se cumplió lo acordado en aquella reunión del 14 de enero y Terencio Sierra entra a la Historia nacional como el presidente número 28 que llevó el control del país entre 1898 y 1902.

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Antonio Ramón Reina Bustillo, hermano del vice presidente general José María Reina Bustillo. Los historiadores lo describen con una gran personalidad.

Antonio Ramón Reina Bustillo, el abuelo de don Jorge Arturo Reina, era tío de los generales Camilo Reina (hijo natural), José María Reina Fiallos y de la sufragista Dolores Soledad Reina Fiallos, hijos todos de don José María Reina Bustillo.

—En esta casa se acordó el alzamiento de 1919 —continúa don Jorge, señalándome el amplio salón de reuniones—. De aquí salieron rumbo a Lepaterique, entraron por Toncontín, tomaron el poder y aquí organizaron el gobierno provisional de Vicente Mejía Colindres.

Mejía Colindres fue luego el presidente 37 de Honduras (1929—1933), los historiadores describen su administración como una presidencia débil, quizás, porque la comparan con la dictadura de Tiburcio Carías Andino que comenzó inmediatamente después, en 1933 y duró 16 años.

Antonio Ramon Reina Castro, extremo izquierdo de la foto, fue el presidente del PL durante la dictadura de Carias mientra Angel Z Huete estuvo en el exilio, el de en medio de la foto. Villeda fue el sucesor de esa generación, sentado al extremo derecho de la foto.
Antonio Ramón Reina Castro, extremo izquierdo de la foto, fue el presidente del PL durante la dictadura de Carías, mientra Ángel Zúniga Huete estuvo en el exilio, el de en medio de la foto. Villeda Morales fue el sucesor de esa generación, sentado al extremo derecho de la foto.

La casa de Los Laureles, famosa desde su construcción a principios del siglo XX, era la hacienda de la familia y contaba con más de 100 manzanas de terreno en lo que ahora son las colonias Los Laureles, San Francisco y otros barrios marginados del norte de Comayagüela. Actualmente cuenta con unas 8 manzanas de bosque, un pulmón fresco y agradable, que la familia ha mantenido intacto pese a los años y las crisis políticas.

El General José María Reina F., quien jugó un papel decisivo en la guerra civil de 1924, sufrió la derrota a finales de 1932, cuando junto al general Justo Umaña intentaron detener la toma de posesión del general Carías Andino, en lo que se conoce como «La revuelta de las traiciones». En esa ocasión fue candidato liberal era Ángel Zúniga Huete, compañero de estudios de Derecho en la Universidad y amigo íntimo de don Antonio Ramón Reina Castro, el padre de Jorge Arturo Reina Idiáquez.

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En la parte baja de la fotografía al centro se ve a Angel Zuniga Huete, a su derecha  Antonio Reina y a su izquierda Ramón Villeda Morales.

Distinta fue la suerte de Camilo R. Reina Rivera, primo de Antonio Ramón Reina Castro, quien durante la extensa dictadura de Tiburcio Carías Andino fue el Director de la Policía Nacional y jefe de los cuerpos de inteligencia.

El general Camilo R. Reina Rivera jugó un papel importante para mantener el cariato, al modernizar los métodos de inteligencia en los cuerpos de seguridad del país y trabajar muy de cerca con el F.B.I. Durante ese periodo mantuvo presa a su hermana Dolores (Lolita) Reina, sin permitirle siquiera ser visitada por su familia. Camilo Reina murió en 1940.

Pero pese a las duras condiciones que los liberales vivían en esa época, los Reina continuaban participando en la política; siendo don Antonio Reina Castro el presidente del PL durante toda la dictadura de Carias, mientras Ángel Zuñiga Huete estaba en el destierro en donde murió.

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De izquierda derecha se ve Edgardo Paz Barnica, Modesto Rodas Alvarado y Carlos Roberto Reina.

En 1944, Carlos Roberto Reina Idiáquez, que entonces contaba con 18 años —y quizás no imaginaba que el destino le colocaría en la presidencial cincuenta años más tarde—, fue arrestado por protestar contra la dictadura. En San Pedro Sula, ese año, la policía al mando del Ministro de Guerra Juan Manuel Gálvez, abría fuego en contra de una manifestación pacífica provocando la muerte de decenas de personas.

Jorge Arturo, que entonces contaba con apenas 11 años de edad, vio muy de cerca el estrés de la familia para liberar a Carlos Roberto. Dice que aún recuerda cuando iba con su mamá, la profesora Marina Idiáquez de Reina, a la Penitenciaria Nacional a dejarle una vianda de comida a su hermano encarcelado por la dictadura.

En 1954, Julio Lozano Díaz, que había asumido como presidente luego del retiro de Juan Manuel Gálvez, se auto proclamó presidente de la República desde el Congreso Nacional para evitar así la llegada al poder de Ramón Villeda morales, que había ganado las elecciones en contra de Tiburcio Carías Andino y Vicente Williams Calderón. Inicia así una serie de protestas en contra de Lozano Díaz, que culminaron en el golpe de Estado de 1956 dirigido por el director de la Escuela Militar, General Roque J. Rodríguez, el comandante de la Fuerza Aérea, Coronel Héctor Caraccioli y por el Mayor e ingeniero, Roberto Gálvez Barnes, hijo del ex presidente Juan Manuel Gálvez.

Jorge Arturo Reina Idiáquez, junto a 4,000 personas, se manifestaron en las calles contra el gobierno de Lozano, lo que le valió ser detenido y posteriormente liberado, un 18 de julio de 1954.

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Jorge Arturo Reina leyendo la dedicatoria que le acaba de poner el Che Guevara al libro la guerra de guerrillas. El libro después lo perdió al salir al exilio durante el golpe de Estado de 1963.

—Salimos a la lucha en contra de Julio Lozano —cuenta Jorge Arturo—. Antes el Partido Liberal aparecía como el partido más avanzado de Centro América, incluso acusado de comunista por estar en favor de políticas sociales para los más pobres. Pero ha tenido un retroceso que lo ha hecho lucir como un partido menos avanzado, más «moderado», hasta conservador.

En 1957 y siguiendo la crisis del gobierno de Lozano Díaz, los estudiantes agrupados en la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras, FEUH, en conjunto con las autoridades universitarias, logran que el Congreso Nacional les apruebe la autonomía universitaria y la paridad estudiantil. Jorge Arturo Reina tenía entonces 24 años, era presidente de la FEUH y formó parte activa en esa lucha.

Luego vino el gobierno de Ramón Villeda Morales en 1957. Carlos Roberto, 10 años mayor que Jorge Arturo, se vinculó de lleno en las estructuras del Partido Liberal y era Ministro Consejero en la embajada de Honduras en Paris, Francia.

El 12 de julio de 1959 ocurre el intento de Golpe de Estado contra Villeda Morales y Jorge Arturo, junto con estudiantes de la UNAH, llegan a casa presidencial donde Villeda Morales ordena se les den armas y con ellas salen a defender al gobierno democrático y derrotan la intentona golpista de Armando Velasquez Cerrato.

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Jorge Arturo Reina, Fidel Castro y Carlos Eduardo Reina en La Habana enero de 1995.

Jorge Arturo sufrió la cárcel cuando el golpe de Estado perpetrado por Osvaldo López Arellano en 1963 puso fin al gobierno liberal; fue capturado el 5 de octubre y llevado junto a Rodil Rivera Rodil al calabozo de casa presidencial, el cual es un torreón que esta junto al río grande. Según él cuenta, el 25 de octubre fueron llevados por avión a San José, Costa Rica, donde fueron abandonados en la pista sin un centavo en las bolsas y sin un documento de identificación.

—Salimos a la lucha armada —cuenta Jorge Arturo—, anduve en la cordillera Nombre de Dios con otros jóvenes porque queríamos derrocar a la dictadura y restaurar la Democracia en Honduras. Conozco todas las cárceles y también todas las cumbres académicas de Centro América. En El Salvador primero conocí las cárceles y luego fui decano de la facultad de Ciencias y Humanidades. Todos los gobiernos dictatoriales me perseguían, Somoza especialmente, que era el hombre más poderoso de Centro América en ese momento.

Persecución, encierro, destierro y entierro, fueron parte de la vida política de aquella generación de liberales.

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El presidente de Costa Rica, Oscar Arias, el presidente de Honduras José Simón Azcona y Jorge Arturo Reina viendo en un mapa la ubicación de las bases de la contrarevolución nicaragüense.

—Aquí estuvo también Daniel Ortega junto con Tomas Borges y todos los líderes de la revolución Sandinista en 1979 —dice don Jorge Arturo, recordando que por eso Somoza dinamitó su oficina en la Rectoría de la UNAH en 1978—. El decía que yo estaba conspirando para destruir la democracia en Nicaragua —agrega, sonriendo.

Durante los años 80 y en plena guerra centroamericana, el gobierno de Estados Unidos implantó la Doctrina de la Seguridad Nacional y el encargado de ejecutarla fue el general Gustavo Álvarez Martínez. Los Reina lideraban entonces el movimiento M—Lider (Movimiento Liberal Democrático Revolucionario) que en 1985 postuló como candidato a la presidencia a Carlos Roberto Reina.

Su alto perfil sin embargo, no evitó el hostigamiento y la persecución de los órganos represores del Estado, que miraban en la corriente del M—Liber, como en su momento se persiguió al Partido Liberal completo, como un apéndice del comunismo.

En 1994 es electo presidente número 50 de Honduras, el Doctor en Derecho, Carlos Roberto Reina Idiáquez, un gobierno de corte progresista cuyo principal logro fue el haber reformado el papel que hasta entonces jugaron las Fuerzas Armadas.

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—Aquí fue la subordinación de la FFAA en el gobierno de Reina —dice Jorge Arturo, recordando en la sala la distribución de los presentes—: aquí estaba el general Discua Elvir, allí el general Hung Pacheco, allá Carlos Flores Facussé y allí el presidente Reina, cuando se le informó a Hung Pacheco que él iba a ser el último comandante de las FF.AA.

Luego viene la Historia reciente de la familia. El gobierno de Carlos Flores Facussé y los vínculos con los Reina. La presencia casi permanente de la familia en la política nacional en los 90 y hasta inicios del 2000, la muerte por suicidio de don Carlos Roberto Reina en 2003.

—El amor al Partido Liberal es algo que heredé de mis padres —dice Jorge Arturo—. Tanto mis padres como mis abuelos eran Liberales. Crecí siendo liberal y aunque han sido contextos diferente los que nos ha tocado jugar, el tema principal de discusión en esta casa, ha sido siempre la política.

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25 de junio de 2009, el presidente Zelaya ingresa a la base de la Fuerza Aérea para recuperar las urnas para la consulta popular del 28 de junio. Al fondo, Carlos Eduardo Reina.

—Y uno aprende a pensar en la política —agrega Carlos Eduardo, hijo de Jorge Arturo, que al igual que su padre sigue los pasos de la política, pero él en el partido Libertad y Refundación (Libre)—. Todos los hermanos, cuando nos reunimos, hablamos de cosas de la familia, pero también hablamos de la política. Seguramente viene en los genes. Si nos vamos más atrás en nuestra familia, por la vía de los Idiáquez, llegamos a los revolucionarios mexicanos, al hermano del cura Hidalgo, que fue revolucionario junto a su hermano, para lograr la independencia de ese país.

—Así es —agrega Jorge Arturo— y de México, nada menos.
—¿Cómo les enseñan a los hijos a entrar en la política? —pregunto.
—Yo a mis hijos no les digo que tienen que ser políticos, ellos verán. —Responde Carlos Eduardo, recordando cómo desde niño estuvo siempre al rededor de su padre y su tío, aprendiendo política—. Lo importante para mí es continuar esa línea y esa tendencia que ha tenido siempre la familia, de luchar en contra de las dictaduras, por más Democracia, por Justicia.

Carlos Eduardo Reina rompió con la tradición familiar de más de 120 años al separarse del Partido Liberal en 2009. El golpe de Estado —según sus palabras— fue un parte aguas en la historia del Partido.

—El día del golpe yo tomé una decisión y esa fue apoyar al presidente Zelaya. Me tocó estar con la resistencia, sufrir también la represión. Y eso me acercó a una nueva línea, que es la vieja línea del Partido Liberal, la línea de cambios profundos que lamentablemente el Partido Liberal ha olvidado. El Partido Liberal ha sido tomado en su cúpula por sectores conservadores que niegan esa historia y ahora son los aliados del Partido Nacional.

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Carlos Eduardo Reina, durante una de las marchas de la resistencia contra el golpe de Estado de 2009.

Veo a don Jorge Arturo sentado en su sillón de cuero, en el lugar en donde minutos antes me describiera a su hermano Carlos Roberto enfrentando la subordinación de las Fuerzas Armadas. Es obvio que para él, el Partido Liberal signifique mucho.

Presidente de la FEUH, Rector de la UNAH en dos ocasiones, cuatro veces diputado al Congreso Nacional, Presidente del Partido Liberal, Representante Permanente del Estado de Honduras en las Naciones Unidas, siempre con el apoyo de su partido, que aunque el liberalismo trajo a su familia lucha y persecución, no puede negarse que les colocó también en las posiciones más privilegiadas de la Historia.

—¿Qué piensa usted de que su hijo se haya retirado del Partido Liberal? —le pregunto.

—Me parece normal que Carlos Eduardo se haya salido. Porque el Partido dio pasos que abandonaban su tesis, su historia. Yo critiqué profundamente y discrepo profundamente con lo que hizo el Partido Liberal en ese momento. Se volvió golpista, un partido que históricamente fue golpeado. Y espero que algún día retome su línea, que es la verdadera línea del partido.

—Pero estamos comprometidos en lograr una alianza verdadera con el liberalismo. No con la cúpula conservadora del Partido Liberal, sino con el verdadero liberalismo —interrumpe Carlos Eduardo y agrega—: El partido Libre representa los verdaderos principios del Partido Liberal, actualizado y aliado con sectores del movimiento social que le dan un aire nuevo a la política nacional, como en algún momento lo fue el Partido Liberal. Libre es hoy la nueva fuerza progresista de Honduras.

—¿Y cree usted que el Partido Liberal vuelva a su línea progresista? —pregunto.

—La historia hará que el Partido Liberal vuelva a su línea —responde emocionado don Jorge Arturo—. Los dirigentes que sepan leer la historia van a trabajar para que eso pase. El Partido Liberal era el primero de Centro América y ahora pasó a tercero de Honduras, porque abandonó sus banderas. Hay que retomar las banderas y al retomarlas vamos a ver que coinciden con otros sectores y entonces podremos salir adelante.

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Carlos Eduardo Reina junto a Manuel Zelaya Rosales.

Jorge Arturo Reina cuenta ya con ochenta y un años. En su consciencia queda haber hecho lo que sus circunstancias históricas le permitieron hacer por el Partido Liberal y por Honduras. El menor de sus hijos, Carlos Eduardo Reina, que en septiembre de 2009 se atrincheró junto al presidente Zelaya en la embajada de Brasil y sufrió el hostigamiento y la tortura por parte de los organismos represores al mando de Roberto Micheletti Baín, trae la juventud y la energía que alguna vez imprimieron sus antepasados en la política nacional.

—Yo espero continuar esta hermosa y honrosa tradición de mi familia —concluye Carlos Eduardo—, buscando siempre los cambios en favor de las grandes mayorías. La refundación de Honduras que plantea Libre, es justamente lo que mi papá plantea que necesita Honduras. Es un encuentro de toda la nacionalidad hondureña para reconstruir el país que está en una profunda crisis. Honduras está así porque está mal organizada, reorganicémosla para que produzca beneficios no solo para un pequeño grupo, sino para todos los hondureños. Mientras no reorganicemos el país, es muy difícil que Honduras avance.

En 1898, cuando el siglo XIX estaba llegando a su fin, el general Terencio Sierra asumió el poder, junto con José María Reina Bustillo de Vicepresidente, con un compromiso para el país: organizar Honduras. 118 años después, ya entrados en el siglo XXI, los Reina siguen luchando, desde las trincheras que la Historia les asigna, para que eso ocurra.

One comment

  • Miguel Angel

    julio 26, 2016 at 7:26 pm

    A refundar Carlos Eduardo¡¡¡A

Comentarios

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