DEL PLAN COLOMBIA A LA INICIATIVA MÉRIDA, EL ORIGEN DEL NARCO COMO LO CONOCEMOS EN HONDURAS

En 1973, el presidente norteamericano Richard Nixon inició una cruzada personal encaminada a combatir el tráfico y consumo de drogas en Estados Unidos; creó la Administración para el Control de Drogas —DEA, por sus siglas en inglés—, que poco a poco fue ganando importancia en la lucha contra el narcotráfico a nivel internacional. La presidencia de Ronald Reagan, enmarcada más en un proyecto anticomunista, guardó cierto continuismo en lo doméstico con respecto a la política...

En 1973, el presidente norteamericano Richard Nixon inició una cruzada personal encaminada a combatir el tráfico y consumo de drogas en Estados Unidos; creó la Administración para el Control de Drogas —DEA, por sus siglas en inglés—, que poco a poco fue ganando importancia en la lucha contra el narcotráfico a nivel internacional.

La presidencia de Ronald Reagan, enmarcada más en un proyecto anticomunista, guardó cierto continuismo en lo doméstico con respecto a la política antidrogas iniciada por Nixon, aumentando dramáticamente la población encarcelada por delitos relacionados con posesión y tráfico de drogas. En el plano internacional sin embargo, su lucha contra el narcotráfico se encontraba supeditada a los mandatos geopolíticos de la Guerra Fría. Es aquí donde entran la participación de agentes de la CIA en el tráfico de drogas y sus vínculos con los carteles mexicanos y colombianos para brindar ayuda militar a la contra revolución nicaragüense, expuestos más adelante por John Kerry, posteriormente secretario de Estado con Obama, cuando saca a la luz el escándalo Iran-Contras. Igualmente lo reconocemos en el apoyo que hasta el gobierno de George H Bush se brindó al dictador panameño Manuel Noriega.

Fue sin embargo el caso del asesinato en México del agente de la DEA Enrique Camarena, en 1985, que puso en el plano internacional la guerra en contra de los carteles de la droga.

La tortura y el asesinato de Enrique Camarena en 1985 provocó una rápida reacción de la DEA y puso en marcha la ‘Operación Leyenda’, la mayor investigación de la DEA hasta ese momento. Pronto determinaron que Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero del Cartel de Guadalajara eran los principales sospechosos en el secuestro y asesinato de Camarena. Por este caso se extraditó también al hondureño Ramón Matta Ballesteros en 1988.

Enrique Camarena, agente de la DEA asesinado por el cartel de Guadalajara y la CIA en 1985.


Más adelante, en octubre de 2013, tres agentes federales estadounidenses contaron que Camarena había sido asesinado por el agente de la CIA Félix Ismael Rodríguez, porque éste había descubierto los vínculos que Washington tenía con Caro Quintero y que usaba el dinero de las ganancias del narcotráfico para financiar a los contras durante la Revolución Sandinista en Nicaragua.

Durante la administración del presidente Bill Clinton se acordó el Plan Colombia, en 1998. Hasta ese momento había un consenso que la lucha contra las guerrillas y la lucha contra las drogas eran dos batallas diferentes, Andrés Pastrana llegó a expresar que «Colombia padece dos guerras nítidamente diferenciables: la guerra del narcotráfico contra el país y contra el mundo y la confrontación con la guerrilla por un modelo que considera injusto, corrupto, auspiciador de privilegios». Pero cambios en la estrategia en Washington hicieron que Pastrana cambiara su discurso y hablara luego de «narcotización del conflicto colombiano», uniendo la guerra contra la droga y la guerra contra las guerrillas colombianas, una sola guerra.

Según Magnus Linton describe en su artículo «La guerra contra las drogas: de Richard Nixon a Barack Obama» publicado en la revista Nueva Sociedad N 255 (enero-febrero de 2015), «luego del ataque al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fueron etiquetados como organizaciones terroristas, y con George W. Bush en la Casa Blanca, no solo las dos guerras internas de Colombia se unificaron, sino que además la guerra contra las drogas se volvió sinónimo de la guerra de EE.UU. contra el terrorismo».

Presidentes de Colombia y Estados Unidos, Andrés Pastrana y Bill Clinton, en la firma del acuerdo que dio vida al Plan Colombia.


«El Plan Colombia se convirtió en el marco militar y judicial para esta operación —continúa el artículo de Linton—. El dinero llovía desde Washington, donde se decidía un número creciente de políticas internas colombianas, y las Fuerzas Armadas crecían tan rápido que pronto se convertirían en el mayor poder militar de Hispanoamérica y en el tercer receptor mundial de apoyo militar estadounidense (después de Israel y Egipto)». Durante la década de los 90, el gobierno de los EE.UU. destinó alrededor de mil millones de dólares en Colombia a la guerra contra las drogas.

Por otro lado, el artículo de Jonathan Daniel Rosen y Roberto Zepeda Martínez «The War on Drugs in Colombia and Mexico: failed strategies» Ánfora, 2014, señala sin embargo que durante la década de los noventa «Colombia continuó produciendo grandes cantidades de hoja de coca. Por ejemplo, entre 1989 y 1998, la producción de coca se disparó de 33,900 toneladas a 81,400 toneladas, lo que supone un incremento del 140 por ciento en dicho periodo. El cultivo total de hectáreas de hoja de coca también se incrementó en aproximadamente cien por ciento entre 1996 y 1999 (United States Government Accountability Office [US-GAO], 1999). Durante los 90, Colombia no solamente continuó con el cultivo de hoja de coca, sino que también produjo cocaína y suministró enormes cantidades de esta droga a los EE.UU. Se estima que en 1999, Colombia suministró el 80% por ciento de la cocaína que entró a los EE.UU. (US-GAO, 1999)».

La guerra contra las drogas implementada en Colombia, que para inicios del 2000 ya se reconocía como una estrategia fracasada, fue sin embargo exportada luego a México a través del plan Mérida.

Vicente Fox, presidente de México 2000-2006


Las transformaciones que produjo en el 2000 el cambio del régimen político dominado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Partido Acción Nacional (PAN), luego de más de 70 años en con un ejercicio del poder autoritario, reveló a los señores de la droga que ya no dependían de las conexiones con los políticos para mover sus negocios, a partir de esa fecha el narcotráfico mexicano cambió, los capos participaría directamente en las elecciones apoyando figuras afines a sus intereses, en algunos casos incluso abiertamente ligados al narcotráfico.

«El sexenio de gobierno del presidente Vicente Fox (2000-2006) fue catalogado como “el sexenio perdido” (Rosen y Zepeda), ya que se perdió la gobernabilidad política y social; aumentó la corrupción en el gobierno y la impunidad; el gobierno federal se debilitó (atrás quedó la presidencia fuerte de la época del PRI); hubo pugnas y enconos entre los principales partidos políticos, principalmente entre el PAN, el PRI y el PRD».

Como señala el artículo de Rosen y Zepeda, fue a principios del sexenio de Vicente Fox que se fugó de una prisión de máxima seguridad, el líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “el Chapo” Guzmán, y se consolidó como uno de los capos de las drogas más importantes del mundo. En este sexenio surgieron o se robustecieron cárteles como Los Zetas y La Familia Michoacana; el crimen organizado se apoderó de las calles y las disputas por el control de las rutas del tráfico de drogas propiciaron el aumento de la violencia a niveles nunca antes vistos en el país.

En diciembre de 2006, el Presidente Felipe Calderón (2006-2012) asumió la presidencia y decidió combatir a los cárteles del narcotráfico que habían ganado poder. Calderón decidió aplicar una campaña de militarización similar a la implementada en Colombia durante el gobierno de Álvaro Uribe. «Alrededor de 50,000 efectivos militares se distribuyeron en algunas regiones del país en el periodo de Calderón destinados al combate al narcotráfico» (Rosen y Zepeda).

El Presidente de los EE.UU. George W. Bush acordó en 2007 apoyar la campaña del presidente Felipe Calderón y crean el equivalente al Plan Colombia para combatir al narcotráfico, lo llamaron La Iniciativa Mérida.

Felipe Calderón y George Bush firmaron la Iniciativa Mérida en 2006 para combatir el narcotráfico que había mudado su centro de operaciones a México, luego de la persecución de que fueron objeto como consecuencia del Plan Colombia.


Al inicio de la administración del presidente Calderón había 6 cárteles del narcotráfico y al final de esos seis años este número se incrementó a 14 organizaciones criminales y como ocurrió cuando los carteles colombianos se vieron acorralados por el Plan Colombia, trasladaron sus centros de operaciones a Centro América.

Los cárteles de la droga trasladaron sus centro de operaciones criminales al triángulo norte de Centro América: Guatemala, El Salvador y Honduras, peleando territorios con los carteles colombianos, aumentando la violencia de forma sustancial. Los países centroamericanos se vieron forzados por Estados Unidos, Colombia y México a apoyar la Iniciativa Mérida, a pesar de resultar directamente afectados por la guerra contra las drogas en México.

La violencia social y la inseguridad ciudadana, que fue tema de campaña de Ricardo Maduro en su prometida guerra contra las maras, era una realidad que afectaba a los hondureños a finales de 2005. También fue tema de análisis de Naciones Unidas en el informe de 2006, calificándolos como «uno de los principales obstáculos para la construcción de ciudadanía».

Secretario de Seguridad de Estados Unidos Donald Rumsfeld en visita oficial a Honduras para impulsar la Iniciativa Mérida.


Aunque los principales centros urbanos (Distrito Central y San Pedro Sula) eran los que concentraban la mayor incidencia de delitos al final del gobierno de Maduro, durante 2006 comenzaron a aparecer otros departamentos como altos en violencia.

Según el reporte del Observatorio de la violencia para 2005 ocurrieron en el país 2,417 homicidios, siendo la principal causa de muerte externa, alcanzando una tasa de 37.0 por cada 100,000 habitantes. Los departamentos que registraron mayor número de homicidios en 2005 fueron Copán y Cortés, seguidos de Francisco Morazán, Islas de la Bahía y Atlántida.

Las cifras de homicidios en Honduras venía incrementándose de manera constante desde el 2000, pero es a partir de ese año y relacionado con el reacomodo de los carteles del narcotráfico que comienza el ascenso de los homicidios que no parará sino hasta el 2014, cuando inician a bajar las estadísticas luego de la desarticulación de los principales carteles de la droga en el país.

Para 2006 los homicidios habían alcanzado 3,018 víctimas, significando un promedio de 46.2% por cada 100,000 habitantes, el incremento de 602 homicidios representó ese año (2005-2006) un 24.9% más en comparación con el año anterior. En 2007, el número de homicidios fue de 3,262 casos en total, 49.9 homicidios por cada 100,000 habitantes, un 8.1% más que en 2006, 244 casos.

Los departamentos con las mayores tasas de homicidios hasta ese momento eran Cortés, Atlántida y Copán, con cifras de 77.2, 76.4 y 73.8 por 100,000 respectivamente. El departamento de Francisco Morazán presentó una tasa de 63.9 por 100.000.

En 2008 ocurrieron 4,473 homicidios, correspondiendo a un incremento de 25.2% con respecto al año 2007. En tres años, entre 2005 y 2007, el número de homicidios en Honduras había aumentado en 2,000 personas.

El análisis de muertes por homicidio resalta que en 2008 hubo 6 días del año en donde se reportó un total de 182 homicidios, el sábado 1 de marzo, el 3, 4 y 18 de mayo y el 3 de agosto de 2008, sumando con un promedio de 38 asesinatos diarios.

Los carteles mexicanos, efectivamente, trasladaron su centro de operaciones a Centro América y para eso recurrieron al soborno de altos ejecutivos de los gobiernos en la región, que les permitió incrustar sus estructuras en toda Centro América. Desde 2006 en Honduras se comenzó a coordinar el tráfico de drogas que provenían desde Colombia y Venezuela con rumbo hacia México. Cientos de avionetas y barcos cargados de droga comenzaron a hacer arribo de forma constante. El país, poco a poco se convirtió en un narco estado que incrementó su poder en la medida el país entraba en la crisis política del 2009.

Para el 2010, los carteles de la droga en Honduras estaban ya plenamente consolidados, disfrutando de lo  que ellos mismos califican como la época dorada. Ampliaron sus estructuras de poder e influencia en el Estado hondureño como en la región copleta, hasta 2014 cuando la tolerancia de Estados Unidos en el tema llegó a su fin comenzando el descalabro de las estructuras del narco en la región.

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