COMAYAGÜELA: LA CIUDAD INVISIBLE AL OTRO LADO DEL RÍO

…por: Rommel Martínez Cuentan las malas lenguas  (y la mía que se suma), sobre la vez que Fito Paez visitó Honduras; era el año 2010, o sea la época actual , “la vida moderna ” hondureña. El concierto programado para el Martes 23 de Marzo a las 8:00 pm estaba cundido en detalles reveladores sobre la realidad de la nación. De hecho, llevábamos así décadas, deteriorándonos poco a poco (algo de esto me recuerda al...
Invitadoabril 27, 2016

…por: Rommel Martínez

Cuentan las malas lenguas  (y la mía que se suma), sobre la vez que Fito Paez visitó Honduras; era el año 2010, o sea la época actual , “la vida moderna ” hondureña. El concierto programado para el Martes 23 de Marzo a las 8:00 pm estaba cundido en detalles reveladores sobre la realidad de la nación. De hecho, llevábamos así décadas, deteriorándonos poco a poco (algo de esto me recuerda al gorgojo que hoy consume nuestros bosques): Fito había lanzado su disco “Confia”, su positivismo estaba por acrecentarse, seguramente. Se trasladaba desde el aeropuerto hacia el hotel, Comayagüela  es la primera de las ciudades en aparecer  a la vista; la siamesa enferma hasta la muerte (como alguna vez escribiera el poeta Fabricio Estrada). 

Fito Paez parece distinguir los restos de metralla en los corazones del pueblo que no está. Con cierto dejo de sorpresa, quizá con arrogancia o pretensión, es atrapado por la realidad: “Mirá, qué ciudad más rara esta”.

Hasta qué punto es esto puro chisme o leyenda urbana, no lo sé. Pero de esto podemos servirnos para comenzar a hacer una digresión sobre la ciudad invisible: Comayagüela.

Anterior a lo que me he referido ya sobre Paez; algunos personajes simbólicos habían  mostrado su  desencanto por la idea de venir acá: a las Honduras nuestras de cada día. Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, Pedro Aznar ; quién la primera vez que estuvo por acá, le disgustó la idea de venir a cantarles a la facha iconoclasta que maneja el billete, y después de su concierto se fue a un lugar precario pero conocido por ser  la cueva de nosotros los pobres, con cierto gustillo por la música.

A raíz de estas cosas, cuentan que se hizo el esfuerzo por  traer a Andrés Calamaro, pero Fito le recomendó mejor se quedase tranquilo en donde estaba. Andrés Calamaro, llegó nunca.

Esto es en la escena musical, pero también narra la desgracia de la situación del país. Son pocos los que le apuestan a esta ruleta rusa, incluidos nosotros. Y esto, esconde otras cosas dentro de sí; cuando, los hondureños hablamos de Honduras, solemos tener la imagen de una sola ciudad en la conciencia: Tegucigalpa.  A veces, San Pedro Sula, quizá La Ceiba; pero hasta ahí nos quedamos. Comayagüela entonces se llama la ciudad invisible. Nadie se acuerda de ella la mayoría del tiempo, y hay que admitirlo; si ni los que la habitan le dan la importancia debida,  cómo esperar que los demás lo hagan. Cuando es necesario hacer ver estas ciudades fantasmas (por que no sólo existe Comayagüela), es para pedir ayudas, dineros ajenos para bolsillos ajenos;  ¿lograrán su objetivo, de ayudar a la ciudad invisible, los ingresos obtenidos?

La verdad es que lo que sí tiene Comayagüela, es mala fama. Y no mal interprete las cosas, tampoco es que, es una maravilla de ciudad. Cuántas ocasiones no hemos querido desaparecerla de alguna forma, por alguna o varias razones. Yo mismo me imagino un hermoso lago artificial entre el barrio El Centavo, hasta terminaren la colonia  Las Pavas. Vea el territorio nada más, sería hermoso. 

Sin embargo, la increíble importancia de Comayagüela es aplastante.

Pensemos un poco en el año 1998, en Octubre – Noviembre de ese año para ser más específicos. ¿Se ubicó ya? El huracán Mitch, devastó el territorio y además el clima económico, los corazones de las personas, las vidas, las conciencias.

Los puentes estaban clausurados, era necesarísimo saber administrar las cosas. Cruzar  de Tegucigalpa a Comayagüela  y viceversa era una cosa muy riesgosa pero, vaya que se hacía evidente esa necesidad. Con el marco de circunstancias dado, la importancia de ambas ciudades era la misma. Pero la ciudad de Comayagüela, se fue tiznando de sombras; más y más oscuras cada año; contribuyendo a esto,  fue el inicio del fenómeno social de las pandillas en la primera parte de la década de los noventas,  antes del Mitch por supuesto.

La riqueza cultural histórica se vino abajo. Las primeras avenidas quedaron inservibles por mucho tiempo, aún ahora los edificios que existen a la orilla del río Choluteca están abandonados y/o  deteriorados en gran parte, y otras se perdieron entre las aguas. Casas que dejan ver su importancia de los años buenos. Casas antiguas llenas de historia.

Mi barrio no creció con migo

Yo me quedé pobre de cultura

Pero él

Es rico en historia

Los barrios pobres, no son los barrios que abundan en la clandestinidad y la vagancia, existen estas cosas en grandes cantidades y es la imagen que vemos siempre al escuchar hablar de Comayagüela;  pero, de hecho, es en estos lugares en los que es más común el tránsito de personas trabajadoras (no queriendo decir que en otros lados no hay personas así). Los comayagüelenses se parten el lomo, para ganarse un poco de dinero y sustentarse, abastecerse precariamente en muchos casos. Algunos más afortunados, para mantener la liquidez de nuestras vidas.

Esta es Comayagüela en cifras según la alcaldía municipal de Tegucigalpa (hasta en esto está excluida Comayagüela, no tiene su propia alcaldía):

Los negocios registrados son al menos 8,566; generando unos 60,000 empleos (esto sin incluir todos los que no están registrados y los vendedores ambulantes, que son muchos, pero influyen en la economía y el movimiento diario del Lempira). Del 60 a 70 por ciento de la población de ambas ciudades se abastecen de Comayagüela, dando como resultado que el circulante se agilice en una escala importante, de 50 a 65 millones de lempiras en las temporadas altas. Se generan unos 300 millones de lempiras en concepto de impuestos. En bienes y muebles la cifra cambia pero aun así, deja ver la importancia de esta ciudad en términos económicos también: 150 millones de Lempiras.

Hay al menos tres centro comerciales de gran tamaño,  dos de estos Mall’s son vistos discriminatoriamente como los Mall’s de los pobres,  de los nacos,  de la chusma; a pesar de su interacción económica necesaria para todos los acaudalados y los no acaudalados.

Tegucigalpa y Comayagüela, cuentan con un presupuesto anual de 3,000,000,000.000 Lps (tres mil millones de Lempiras),  con una  deuda de mil millones. La pregunta es,  entendiendo también que la ciudad de Tegucigalpa no es en sí manejable, y mucho menos arquitectónica, dejando mucho qué desear; ¿Hasta qué punto Comayagüela es sustentada con ese caudal, con cuánto de esos dineros?

*

Vayámonos al hecho de los cines en Comayagüela; es una tragedia, pero al país le encantan las tragedias y los dramas.

Nelson recuerda: “fuimos a ver la película de Pink Floyd, fuimos como 5, 6 creo -se detiene unos segundos: cavila- sí, 6 fuimos, andaba Manuel el zarco también. Para nosotros era una cosas increíble todo eso”. –ríe agradablemente complacido de recordar.

“La entrada valía 30 centavos -dice Don José-, vimos muchas películas, estaba el cine Hispano, el Lux que todavía parece que esta el letrero ahí, pero ahora es Elektra creo, el Roxy, el cine Centenario que era de los más caros; nosotros íbamos al cine Lux por que era barato ahí, y el  Roxy  también, que ahora es Medicasa.”

Más allá de los cines; los lugares para dejar el ritmo pulular:  “Íbamos al Big Daddy a bailar –recuerdan-, pero en el Tropicana se armaban buenas fiestas.”

En el mismo tono,  existe también el cementerio General,   abandonado y derruido por múltiples eventos socio-narurales (como el ya mencionado huracán Mitch que arrasó con cantidades de nichos y cuerpos). Dicho cementerio, aparente refugio de uno de los legos del capitalismo, que es el vagabundo; o cueva de salteadores.  Declarado,  desde Marzo de  el año 1995,  como patrimonio cultural nacional: ¿cuántos de nosotros sabemos esas cosas,  o nos importa?

El edificio de Bellas artes, en muy mal estado ya, hace resaltar el atractivo de Comayagüela y la importancia que debió y se espera tenga en algún momento. Sus parques, sus mercados, un aeropuerto, sus calles, teatros, cementerios (El Santa Anita, el Divino paraíso, el General, el Sipile), sus riachuelos y quebradas; Comayagüela con sus historias, es rica en cultura y diversidad.

Existe su lado abominable, en el que nadie quiere vivir, del que sabemos mucho, pero claro, ese es otro pisto, del que hablaremos en otro tiempo.

En la actualidad,  un par de años hace,  nada más,  se hizo el esfuerzo por recuperar y remodelar el ahora Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (CAC-UNAH). funcionando respetuosamente con el arte,  pero pasando a bajo perfil.

El mercado Colón, el Galindo, el mayoreo (zonal belén), el Albares, el mercado Las Américas, perisur, el San Isidro. Todos estos mercados son la prueba de la importancia de esta ciudad, el dinero que se mueve ahí es prioridad para miles de familias no sólo de Comayagüela; sino también de Tegucigalpa y alrededores, y dicho sea de paso, son en los que se vende la comida mas barata, sin la aparente necesidad de ir a un centro comercial; no espere pagar demasiado por llenarse la panza y disfrutar de lo que come o bebe.

Los mercados de Comayagüela, son laboratorios experimentales del lenguaje y los dictámenes sociales. No digamos en los campos de Futbol como el Campo Motagua, el de la flor del campo, de la Iberia, el de la campo cielo, la cerro grande. Uno puede molestarse hasta rabiar, otras veces reír espontáneamente, de forma grata; pero a veces hay alguna entrañable sorpresa, admiración o retrospección: estos son los laboratorios experimentales del lenguaje. Se le distorsiona, se le entiende, se virilizan sus efectos; ahí existe una gama de culturas efervesciendo como si del período cámbrico se tratase, ese en el que creen tanto los evolucionistas. Habría que estar allí para saborear estas cosas, junto a una sopa marinera, de esas que prepara doña Amanda en el mercado Álvarez.

La ciudad de Comayagüela es menos vista como ciudad y mas que todo etiquetada como estorbo, atraso, non grata. Una ciudad de sombras y fantasmas. La invisible sociedad de la que no se quiere saber. Una ciudad entre los lobos y el precipicio: en el peligro constante de ser engañada o  creerse abandonada, por la poca formación que ahora impera.

¿Es el olvido de esta ciudad,  una  causa de la violencia que se ha generalizado, o es por la violencia misma, que nos estamos haciendo a la idea de olvidar que comayagüela existe? ¿ será un círculo vicioso, o un plan tramado para  seguir pareciendo atractivos  a las ONG’S y ayudas sociales externas? ¿Comayagüela, es una ciudad oscura u otra ciudad blanca (quizá la primordial), tan blanca que se desaparece mientras la vemos?

Comayagüela; es la ciudad de las sombras, la ciudad Gótica, la ciudad de la furia de la que hablaba Cerati, la Ciudad de los cambios y la Cultura y la Historia. La ciudad que menos se conoce así misma; no se lee en los diarios, no más que en la sección de sucesos. No se encuentra en los anuncios de TV para las grandes firmas, o las medianas; no se conoce o no se reconoce en ningún lado. En la ciudad de la Poesía hirviendo a espumarajos, no se encuentra en los poemas de sus poetas, en los párrafos de sus narradores (en algunos, pocos). Existe muy poco sobre ella, hace falta más para saber apreciar su axioma. Para entender, de la ciudad invisible.

Pobre de mí barrio pobre

Rico en mala fama

Como también  rico en sabiduría.

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Rommel Martínez

Rommel Martínez nació en 1989, Tegucigalpa – Honduras. Con un título de Técnico Industrial en Electrónica por el I.T.L.B. Dedicado a la escritura desde el 2005, orientado a la poesía. Miembro del taller «Poema» impartido por el poeta Fabricio Estrada En 2015; miembro del «taller de creación poética» impartido por la poeta Mayra Oyuela, en la sede del Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET). Miembro fundador (no activo) del colectivo y taller poético LetraEle. .

El Blog: El desahogo del pez

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