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EL ADIÓS DE FULTON

Por Óscar Esquivel

Es muy recurrente que la salida de un funcionario gringo de nuestras fronteras provoque una alegría fugaz, como si con este individuo se fuera la política de intervencionismo, agresión y saqueo del gobierno estadounidense. Así lo creemos hasta que aparece el nuevo inquilino de la embajada paseándose cual Pedro por su casa de la mano de Arturo Corrales y de algún otro malinche bajo su nómina. En el reciente pasado de nuestro país, pese a los vende patria que han sido los gobernantes hondureños, los estadounidenses –por aquello de guardar las apariencias– enviaban a estas honduras a personas con rango de embajadores, pero desde el régimen que dirige Juan Orlando Hernández envían diplomáticos de baja categoría como un encargado de negocios. Se fue la encargada de negocios Heide Fulton y su lugar es ocupado por Lawrence Gumbiner.

En la despedida de la señora Fulton, Juan Orlando Hernández ha dicho: “Honduras espera que los extraditados no reciban penas livianas, las cuales permitirían su retorno temprano y retomen sus estructuras para reanudar la descomposición del país”. Olvidó Hernández que entre los que están presos en EEUU se encuentra su hermano, Juan Antonio Hernández. Consideramos que la petición hecha por Hernández responde más a un interés personal que nacional –la mayoría de sus acciones han sido motivadas por asuntos particulares y no responden al interés de la porción más amplia de los hondureños–. Esta deducción se desprende de que un presidente de una república propiamente dicha no pide a otro presidente que intervenga en asuntos que corresponden a su territorio. No pide que sus gobernados sean juzgados en otro país, y aún más, que éstos sean juzgados con penas severas, cuando en su país de origen no fueron investigados, mientras que otros prefirieron entregarse a Estados Unidos por temor a perder la vida. La petición hecha por Hernández responde más a un temor personal que al interés de las mayorías. Nos rehusamos a creer que el presidente de un país, como tal, no se manifieste contra el trato cruel e inhumano que reciben nuestros compatriotas migrantes de parte del gobierno que dirige Donald Trump.

El servilismo de Juan Orlando Hernández alcanza proporciones poco vistas incluso en sus antecesores, y arrastra tras de sí a toda una población. ¿Existirá en el istmo centroamericano un gobernante más servil que Juan Orlando Hernández? Posiblemente Jimmy Morales en Guatemala pueda excederlo, puesto que Nayib Bukele en El Salvador viene iniciando su gestión. Así es difícil que un país de la región no esté bajo la bota imperial, con la excepción de Nicaragua, que pese a sus problemas internos ha luchado y sigue luchando por independencia. De Costa Rica podemos decir que se vende mejor al imperialismo norteamericano; en Honduras los gobernantes se enamoran y se olvidan de cobrar.

El malinchismo sigue reinando en nuestros pueblos, sigue llenándonos de ignominia, sigue personificándose en presidentes ya descritos y cantados por la mexicana Amparo Ochoa “Tú, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero, pero te vuelves soberbio, con tus hermanos del pueblo…

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.