LA MALA SUERTE DEL T.CORONEL LEVA CABRERA

La carrera criminal del teniente coronel Wilfredo Leva Cabrera estuvo marcada por la mala suerte. En 1993, cuando se conoció su nombre a nivel nacional, la sociedad hondureña estaba cansada de la impunidad que los oficiales de las Fuerzas Armadas habían demostrado en sus crímenes. Hacía apenas dos años, el capitán Ovidio Andino y el sargento Santos Ilovares intentaron ocultar la participación del coronel Ángel Castillo Maradiaga en el asesinato de la normalista Ricci Mabel...
Redacciónoctubre 16, 2017

La carrera criminal del teniente coronel Wilfredo Leva Cabrera estuvo marcada por la mala suerte.

En 1993, cuando se conoció su nombre a nivel nacional, la sociedad hondureña estaba cansada de la impunidad que los oficiales de las Fuerzas Armadas habían demostrado en sus crímenes. Hacía apenas dos años, el capitán Ovidio Andino y el sargento Santos Ilovares intentaron ocultar la participación del coronel Ángel Castillo Maradiaga en el asesinato de la normalista Ricci Mabel Martínez, un crimen que conmovió a todo el pueblo hondureño, y cuando se mencionó la participación de otro alto oficial en una banda de roba carros, la presión fue grande para que el caso no cayera en el olvido.

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LA BANDA DE LOS 13

Pero Leva Cabrera cayó, en esa primera ocasión, por mala suerte.

En enero de 1993 un operativo de la policía dio “por accidente” con un grupo de hombres que salían de comer del restaurante Popeyes en el Bulevar Morazán, que al no poder justificar la propiedad del vehículo que conducían, fueron puestos bajo arresto. Fuentes internas de la policía indican la versión poco verosímil de que a la banda se le dio captura cuando “un grupo de agentes del DNI detectó una transacción sospechosa en el Bulevar Morazán entre un Mazda 322 de color gris, sin placas y una Toyota Runner placa P-155690”.

“Los oficiales, al ver que se traspasaba una maleta que sospecharon era dinero, le detuvieron y de esa manera dieron con la banda de robacarros,” decía la prensa.

Los detenidos fueron Edwin Polisario Alemán Álvarez, Eli Rosa Urrea, Rolando Rosa Urrea, Carlos Alfredo Pereira, Pedro Murillo Lazo, Javier Almando Midence, Dolores Adrian Murillo Lazo, Juan Guillermo Serrano Ardón, Rubén Enamorado Chacón, José Ramón Vázquez y Marvin Vazquez Velázquez (ese último hermano del mayor Romeo Vazquez Velázquez y por quien se le vinculó a la banda al entonces mayor del ejército).

Edwin Alemán Álvarez fue quien involucró al teniente coronel Leva Cabrera a la banda de robacarros, indicando que lideraba la misma desde 1989 y le pagaba 3,000 lempiras por carro entregado, a través de un intermediario que identificó como Bartolomé Fúnez.

Alemán Fúnez luego quiso desvirtuar sus declaraciones argumentando que fueron hechas bajo tortura, mostrando los moretes y marcas que dejaron las descargas eléctricas en su cuerpo, denunciando además que los agentes del DNI amenazaron, en varias ocasiones, “con introducirle un bastón en el ano sino cantaba todo”.

El teniente coronel Wilfredo Leva Cabrera y el mayor Romeo Vázquez Velazquez fueron señalados por la policía como miembros de la banda de robacarros conocida como la banda de los 13. El juez que llevó el caso, Jesús Martínez Suazo, dio luego cartas de libertad al mayor Vázquez Velazquez, al no encontrar indicios sustanciales de su participación en la banda y dictó orden de captura contra el teniente coronel. Igualmente se mencionó en la prensa que los diputados Adalberto Aguilar Panchamé y Ernesto Mejía tenían en su posesión vehículos robados por la banda.

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El Mayor Romeo Vazquez Velazquez al momento de abandonar el juzgado con sus cartas de libertad en la mano.

El 11 de febrero de 1993, Leva Cabrera se entregó de forma voluntaria al juzgado, negándose incluso a usar esposas. El abogado Ramón Ovidio Navarro fue quien llevó la defensa del teniente coronel.

El abogado Navarro logró luego cambiar las figuras penales con que procesaron a Leva Cabrera, quitando los delitos de hurto y falsificación de documentos, dejando en su lugar el delito de encubrimiento, que le permitió bajar la pena a la que había sido condenado, de 20 a 5 años de prisión; y salir con fianza en 1995, para reintegrarse a las Fuerzas Armadas, esta vez como segundo al mando del cuarto batallón de  infantería en la ciudad de La Ceiba.

En 1982, el Teniente Coronel Wilfredo Leva Cabrera fue vinculado al asesinato del abogado Nelson Mckay Chavarría. En 1993 se le detuvo por tráfico de carros junto con el Mayor Romeo Vasquez, en los que llamaban la «banda de los 13». Luego en el 1999 el gobierno de Nicaragua lo arrestó por narcotráfico.
En 1982, el Teniente Coronel Wilfredo Leva Cabrera fue vinculado al asesinato del abogado Nelson Mckay Chavarría.

¿A DÓNDE ESTÁ EL DINERO?

Poco se conoce de las acciones criminales de Leva Cabrera entre 1995, cuando salió de la cárcel con libertad condicional y 1998, cuando su nombre volvió a llenar las primeras planas de los periódicos. Conocemos, sí, que desde su puesto como oficial en el cuarto batallón de infantería construyó relaciones criminales con Juan Ramón Hernández, un empresario de La Ceiba relacionado con el cártel de los Licenciados.

Dos carteles de la droga había en esa época que se disputaban el control del Atlántico: el cartel de los licenciados, con quien tenía relación Leva Cabrera y el cartel de los ganaderos. Un error de cálculos y la mala suerte hizo que ambos se exterminaran dejando la vacante abierta para futuras estructuras criminales, de las cuales hablaremos en otros artículos.

El viernes 12 de Junio de 1998, un grupo de copanecos partió desde Florida, Copán, con rumbo a la ciudad de Tocoa con intención de comprar 60 kilos de Cocaina al cartel de los Ganaderos. La desconfianza en los vendedores y las bandas que comenzaban a aparecer que tumbaban los negocios, hizo que los copanecos encaletaran en las loderas traseras del carro los 240,000 dólares que usarían para la compra.

Según el relato de Adalid Portillo, único sobreviviente del incidente, cuando los copanecos se bajaron a orinar en el camino, un carro les dio alcance sometiéndolos a la fuerza hasta llevarlos a un plantación de palma africana en donde les dieron muerte.

Los muertos fueron José Ángel Chichilla Guerra, de 52 años de edad y Neptalí Valle, de 22 años. Este último emparentado con lo que 10 años después se conocería como el cartel de los Valle Valle.

Los asesinos, entre quienes luego se supo estaba el sargento Elvin Alonzo Gómez Duarte, también del cuarto batallón de infantería, buscaron sin suerte el dinero. Al no encontrar nada abandonaron el lugar dejando a Adalid Portillo por muerto.

Los copanecos, con quien trabajaba Leva Cabrera, estaban convencidos que los ganaderos les habían tumbado la compra y pidieron ayuda a Leva Cabrera para recuperar el dinero. No sabían que era el mismo Leva era quien estaba detrás de los asesinatos.

Cuando la policía llegó a la escena del crimen, descubrieron que el joven Adalid Portillo estaba vivo y lo trasladaron de inmediato al hospital de Trujillo, igualmente se llevaron el carro a la delegación de policía de Tocoa, que en aquel año estaba bajo el mando de la mayor María Luisa Borjas.

Leva y su gente procedieron entonces a dar caza a los ganaderos buscando el dinero.

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Los copanecos estaban convencidos que los ganaderos tenían el dinero y la droga. Según relatos publicados en la prensa, Arnulfo Valle se sumó a la caza de los ganaderos, junto con Raúl Chinchilla, Elvin Alonzo Gámez Duarte, Juan Ramón Hernández, Felipe Zavala y dos hombres de Leva Cabrera.

El sábado secuestraron a Reynaldo Uclés, fue sacado de su casa en el barrio La Esperanza, torturado y luego asesinado.

Luego secuestraron a Óscar Fúnez Castro, lo sacaron de su casa de habitación, también en Tocoa y se lo llevaron con rumbo desconocido. Su esposa, Mary Nájera contó a las autoridades como los delincuentes preguntaban por el dinero y la droga que suponían tenían consigo. También contó que en un oficial vestido de moteado esperaba al interior de la camioneta que andaban los criminales.

Al día siguiente, los dos ganaderos aparecieron ejecutados en las riveras del río Aguán. Les habían cortado las orejas.

Miguel Cárcamo era el siguiente objetivo, pero este, al escuchar de los secuestros de sus dos compañeros de cartel se escondió. En su lugar se llevaron a su esposa Abigail Banegas, quien los llevó al hermano de Miguel, Luis Cárcamo.

El relato forense indica que las torturas que Luis Cárcamo recibió fueron tantas, que le desprendieron los testículos del cuerpo.

Desesperados por no encontrar el dinero, los delincuentes fueron a la casa de Alcides Rodríguez, a quien ejecutaron en su casa en la colonia Honduras Aguán, en Tocoa.

Fueron siete los muertos que dejó el frustrado operativo de los Licenciados, junto con los Valle Valle, en Tocoa. Siete los muertos que necesitaron para comprender que el dinero lo tuvieron todo el tiempo en sus narices, pero ahora lo habían perdido. El dinero estaba encaletado en el carro.

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El lunes, el teniente coronel Leva comenzó entonces a presionar a la mayor María Luisa Borjas para que le entregue el carro a “unos familiares” de los empresarios muertos el viernes. La oficial le dijo que no podía hacerlo, pues el carro estaba en calidad de depósito en el juzgado y para devolverlo debía tener una autorización del juez Marcos Rogelio Clara, que era quien conocía la causa. Pero Leva no desistió, siguió presionando sin éxito. Envió al teniente José Redimir Arita, en compañía de Juan Ramón Hernández y José Raúl Bautista para que se presentaran como “familiares” de Chinchilla y Valle, y recuperaran el carro.  Eso sin el conocimiento de los verdaderos familiares, que seguían convencidos que los ganaderos habían robado el dinero. Pero nuevamente la mayor se resistió.

Sospechosa por tanta presión, Borjas decidió llamar al fiscal del Ministerio Público que llevaba la investigación y al juez Clara para inspeccionar con mayor cuidado el vehículo. Así, con ayuda de un mecánico, encontraron en el carro los 240,000 dólares que la banda de Leva no pudo ver.

Comenzó entonces la persecución a la banda de Leva Cabrera, esta vez por el delito de narcotráfico y el asesinato de siete personas.

Capturaron a los falsos familiares cuando volvían de Trujillo. Luego citaron al Leva Cabrera para que en Tocoa diera declaraciones de lo que sabía del caso, pero dejaron en libertad por falta de méritos.

Según relata la prensa, fue el mismo teniente Arita quien terminó hundiendo a Leva Cabrera, al indicar que el coronel le dio como misión recuperar ese carro. Entonces dictaron orden de captura en contra de Leva, a quien señalaron como líder de la banda.

Leva Cabrera, al saberse perseguido, se dio a la fuga, desapareció del cuarto batallón de infantería hasta que, un año después, nuevamente la suerte lo traicionó.

Meses después de caer presos Juan Ramón Hernandez y Pompilio Maldonado, se fugaron de la Penitenciaría Nacional en Támara, supuestamente con la ayuda del director del penal Raúl Aguilar, a quien se supone pagaron un millón de lempiras.

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LA ESCALA EN SAN SALVADOR

En febrero de 1999 el expediente Carlos Roberto Reina fue invitado a una conferencia en Managua, Nicaragua. Iba con él, el Fiscal General Edmundo Orellana y la directora de Probidad administrativa, Selma Estrada.

En el aeropuerto de San Salvador, mientras hacían la escala, los altos funcionarios del gobierno se sorprendieron al descubrir que en el mismo avión iba  el prófugo oficial Wilfredo Leva Cabrera.

La periodista Thelma Mejía, que iba también en ese vuelo, cuenta en su libro Noticias inéditas de una Sala de Redacción, que la abogada Selma Estrada se abrazó fraternamente con el militar prófugo. Ella intentó negar la amistad con Leva, pero él, en una entrevista a la prensa, admitió que tenía mucho tiempo de conocerla.

Al llegar a Managua, los funcionarios hondureños procedieron a dar la alerta a las autoridades nicaragüenses.

Leva Cabrera, que había ingresado al país con otro nombre  y un pasaporte falso, fue capturado la noche del jueves 4 de febrero en un hotel en la ciudad de Granada, a 45 km de Managua. Estaba acompañado por José Ernesto Rápalo Leva, sobrino del oficial, y René Moncada Hernán; así como del colombiano Gerardo Álvarez Rivero, quien se identificó primero como José Moisés Hernández Chávez y 37,000 dólares en efectivo.

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Según explicaron las autoridades nicaragüenses, los hondureños intentaban acordar una negociación con las autoridades hondureñas para que el teniente coronel se entregara. Otras fuentes afirman que lo que negociaban era una copra de cocaína que el colombiano traía desde Panamá.

Las autoridades nicargüenses indicaron que la captura de Leva y sus acompañantes fue un duro golpe para el narcotráfico de la región, pues Leva era considerado, según las autoridades nicaragüenses, “el mayor capo de la droga en la zona de Colón, antes de convertirse en prófugo de la justicia”.

Wilfredo Leva Cabrera fue deportado a Honduras en febrero de 1999. Se le acusó de narcotráfico y de la muerte de 7 personas. Su sentencia de 80 años de cárcel se conoció en julio de 2001. Desde entonces guarda prisión en la Penitenciaría Marco Aurelio Soto. Él dejó el negocio del narcotráfico, pero no su hermano, Amilcar Leva Cabrera, también conocido como El Sentado, siguió siendo el principal enlace para introducir cocaína desde Nicaragua, hasta su muerte en 2015.

Lea aquí la historia del Sentado

«EL SENTADO», EL ENLACE HONDUREÑO DEL CARTEL DE LOS SOLES

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