Nuevos rostros, viejas tensiones entre Estados Unidos y El Salvador

SAN SALVADOR, El Salvador  La llegada de Patrick Ventrell como nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en El Salvador esperanza, moderadamente, a quienes sueñan con una mejoría en las tensas relaciones bilaterales. Sin embargo, este diplomático con experiencia en condiciones de conflicto no se anduvo con medias tintas en su rueda de prensa inicial y, entre otras reivindicaciones, ratificó el respaldo de Washington a la labor informativa de los medios independientes en este país....
BFlores4 julio, 2022

SAN SALVADOR, El Salvador 

La llegada de Patrick Ventrell como nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en El Salvador esperanza, moderadamente, a quienes sueñan con una mejoría en las tensas relaciones bilaterales.

Sin embargo, este diplomático con experiencia en condiciones de conflicto no se anduvo con medias tintas en su rueda de prensa inicial y, entre otras reivindicaciones, ratificó el respaldo de Washington a la labor informativa de los medios independientes en este país.

«EEUU no se abstendrá de emprender acciones contra los que amenacen a la prensa», afirmó Ventrell, quien criticó toda ley que entorpezca la capacidad de informar, algo que consideró «incompatibles con los valores democráticos».

El recién llegado aludió así a una reciente reforma al Código Penal, que establece penas de hasta 15 años de prisión para quienes publiquen información generada por pandillas, lo cual fue tildado de «mordaza» por la Asociación de Periodistas de El Salvador y voceros de la sociedad civil.

Ventrell afirmó que su prioridad es que las relaciones entre EEUU y El Salvador -que eran más que cordiales antes de la llegada del demócrata Joe Biden a la Casa Blanca- sean de respeto mutuo, valores compartidos y apego a la democracia.

En esa cuerda, reiteró su llamado a las autoridades de El Salvador a cumplir con las extradiciones de líderes de pandillas solicitadas por la justicia estadounidense, y advirtió que el actual régimen de excepción para enfrentar la delincuencia es insostenible y entraña un alto costo.

El Gobierno de El Salvador no replicó puntualmente a tales palabras, aunque el presidente Nayib Bukele ya ha advertido una y otra vez a los cuestionamientos de Washington con una frase lapidaria: «No somos su patio trasero».

Las relaciones de Estados Unidos y El Salvador empeoraron casi a diario desde que Biden asumió el cargo en enero de 2020, un giro abrupto respecto a la sintonía de Bukele con el republicano Donald Trump.

Desplantes de primer nivel, listas negras, críticas y recriminaciones caracterizaron las relaciones entre Washington y San Salvador, tan deterioradas que ni siquiera la exembajadora Jean Manes (2016-2019) pudo enmendarlas, y dejó el país tras pocos meses como encargada de negocios.

«Estamos en un momento muy complicado con el Gobierno de El Salvador (…) No podemos mirar a otro lado cuando hay un declive en la democracia», reconoció Manes antes de volver a su viejo cargo en el Comando Sur, tras confirmar que nadie le hacía caso en la administración Bukele.

El jefe de Estado adoptó en varios momentos un discurso antiimperialista que nunca usó mientras estuvo en la Casa Blanca el polémico Trump, el mismo que llamó a El Salvador «un agujero de mierda», y prácticamente consideró «criminales» a todos sus habitantes.

Desde entonces, el diálogo con la legación estadounidense comenzó a menguar, sobre todo a partir de los señalamientos de Washington a la manera en que Bukele lleva las riendas del país, y cómo concentra el poder.

El Departamento de Estado designó en sus listas negras de corrupción a varias figuras allegadas a Bukele, entre ellas su comisionada Carolina Recinos, o el viceministro de Seguridad, Osiris Luna, señalado por propiciar presuntas negociaciones gubernamentales con estructuras criminales.

Esta tirantez inquieta a muchos, pues EEUU es hogar de cientos de miles de «hermanos lejanos», como llaman los salvadoreños a su diáspora, y que cada año envían millones de dólares en remesas para ayudar —o mantener— a sus familiares, y sostener los elevados niveles de consumo.

El fundador y director ejecutivo de la Alianza Las Américas, organización que vela por los derechos de los migrantes centroamericanos en Estados Unidos, Óscar Chacón, achaca esta tensión al desacuerdo de sus líderes respecto al significado de gobernar democráticamente.

«Creo que es uno de los momentos más tensos en la relación EEUU – El Salvador en los últimos 40 años», lamentó Chacón, entrevistado por la radioemisora Punto 105.

El activista admitió que nunca vio a un presidente de El Salvador protagonizar un altercado público legisladores estadounidenses, como al rifirrafe de Bukele con la congresista de origen guatemalteco Norma Torres.

Por su parte, la embajadora de El Salvador en EEUU, Milena Mayorga, insistió en redes sociales en calificar a la nación norteña como «socio confiable» de su país, retomando un término afianzado durante el mandato de Trump (2016-2020).

«Deseamos continuar estrechando lazos bajo el respeto y la soberanía, para el bienestar y desarrollo de nuestros países», tuiteó Mayorga, en quizás el único pronunciamiento de alguna figura de la administración Bukele sobre el emblemático «Independence Day».

Si esa relación sana, sin dudas recuperarán cierta tranquilidad mental los casi dos millones de salvadoreños que viven y trabajan en Estados Unidos, muchos de ellos acogidos a un endeble estatus de protección temporal, así como quienes viven de ellos en este volátil país. (Con información de Sputnik). 

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