La Democracia Cristiana hondureña y su eterno pulular en los infiernos de la política

TEGUCIGALPA, Honduras  Mientras Dante iba descendiendo en los círculos del infierno en su Divina Comedia, se encontraba con los peores pecados que puede cometer el hombre. Halló en el octavo círculo lo más infame, lo vil, lo vulgar y ordinario, a donde va a parar la suciedad de la humanidad; donde purgan las almas de los aduladores, rufianes, seductores y de aquellos cuya soberbia está a flor de piel. Parece que el reconocido poeta italiano...
BFlores18 diciembre, 2021

TEGUCIGALPA, Honduras 

Mientras Dante iba descendiendo en los círculos del infierno en su Divina Comedia, se encontraba con los peores pecados que puede cometer el hombre. Halló en el octavo círculo lo más infame, lo vil, lo vulgar y ordinario, a donde va a parar la suciedad de la humanidad; donde purgan las almas de los aduladores, rufianes, seductores y de aquellos cuya soberbia está a flor de piel.

Parece que el reconocido poeta italiano Dante Alighieri pronosticó en su escrito de 1472 la desgracia (aunque falló en el proceso de purificación) sobre el sufrimiento del Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH) desde su fundación hasta la actualidad porque su dirigencia nunca logró comprender a cabalidad la Doctrina Social de la Iglesia y ese centrismo (algunos dicen que existe) que les permitiera llegar al gobierno y cumplir su agenda de favorecer al desprotegido.

Sus cúpulas históricas y la actual fallaron por completo a las enseñanzas de Jesús, como lo planteó el padre del humanismo cristiano Jacques Maritain; nunca comprendieron la ley natural, la libertad ideológica y su oposición abierta a los autoritarismos (cuando se declaró contrario al nazismo en la Francia de Vichy que jefeaba el mariscal colaboracionista Petain) y al mismísimo Charles de Gaulle, el padre de la V República, uno de los vencedores de la II Guerra Mundial, por lo que se volvieron los consortes de los partidos que llegaron al gobierno.  De cuando en cuando les decían sandías si se aliaban con el liberalismo y berenjenas cuando hacían maridaje, como en la actualidad, con el Partido Nacional.  ¿Cómo les irán a decir ahora si sus líderes alinean a su único diputado a los intereses de Libre?

Nunca llegaron a esas cumbres de la política como sí lo hicieron Vinicio Cerezo en Guatemala y el tristemente célebre Napoleón Duarte de El Salvador o como Rafael Caldera en la Venezuela de la IV República o el puntofijismo, por lo que el PDCH siempre fue visto como esa fuerza minoritaria que jamás pudo convencer, siquiera a los cristianos católicos o protestantes, a pesar de tener el mismo posicionamiento ideológico. De hecho, se volvieron conspiradores, confidentes de los peores secretos del languidecido bipartidismo, encubridores de golpes de Estado y las peores crueldades que pagan los hondureños. Se quedaron enquistados en viejas memorias que no evolucionaron, aún se aferran a la masacre de los Horcones y saben que seguir aliado con los partidos grandes les generará estatus y comodidad a costilla de los contribuyentes.

Claro, estamos obligados a hacer excepciones a la regla, desde un mesurado Efraín Díaz Arrivillaga hasta un Hernán Corrales Padilla, pasando por Marco Orlando Iriarte, -ya fallecido-, quienes intentaron desde distintas épocas mantener un buen perfil. Pero con la llegada de sujetos como Felícito Ávila y la permanencia de un inveterado Lucas Aguilera (acérrimo enemigo de Mel) y la colusión con el derrocamiento del expresidente liberal en 2009 a manos de Ramón Velásquez Nazar para instalar al inefable Roberto Micheletti, perdieron el norte y hoy busca sobrevivir en el sistema de partidos.

Al respecto, Ávila, quien fue dirigente sindical, declaró el 30 de abril de 2017 a Criterio que el Partido Nacional ha hecho esfuerzos por “por mejorar las condiciones de vida de los hondureños” mediante programas de asistencia social, al tiempo que citó que su partido está en el proceso de “fortalecimiento de la democracia que hoy estamos viviendo”. «El Partido Demócrata Cristiano es uno de los partidos que más ha contribuido al desarrollo de este país”, dijo el dirigente que aún funge como uno de los vicepresidentes del Congreso.

Un viejo trabajador de una imprenta capitalina contó que el democristiano, cuando fue líder obrero «nos dejó vendidos» cuando pretendían constituir un sindicato a fin de defender las conquistas laborales y por el cual fue despedido. Por muchos intentos, añadió, el personaje nunca les dio respuesta. Ese hombre, de ideas progresistas, se sintió decepcionado de aquel hombre que estaba en la primera línea en las históricas marchas del 1 de mayo, cuando se celebra el día internacional del trabajador.

Un analista, que pidió no lo identificáramos, describe de manera descarnada el papel de la Democracia Cristiana: «Hace muchísimo dejó de ser un partido político con vocación de poder, si es que alguna vez la tuvo. Es un espacio político cuyo único fin es obtener migajas del poder para satisfacer el interés personal de alguno de sus mandamases y conserjes. Desde su nefasta complicidad con el golpe de Estado de 2009, deambula en la política nacional como un partido zombi que solo espera el tiro de gracia de un pueblo que, con mayor claridad y conciencia, no encuentra representatividad alguna en un partido anacrónico, sin rumbo y a la luz de los hechos, marginal».

En este perfil, nos daremos el lujo de adaptar a los personajes de la Divina Comedia: Dante es la Democracia Cristiana. La pantera representa la lujuria que da el poder a quienes no tienen los pies en tierra y sin convicciones definidas y la loba es la avaricia que provoca estar conectado con las altas esferas y se olvidan su procedencia, qué comían y vestían. Desde que el partido minoritario se aventuró a consumar un golpe de Estado, emuló a Dante cuando estaba a punto de entrar al infierno y leyó en la puerta que se advierte: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate o quien entre aquí, abandone toda esperanza.

Si bien el movimiento demócrata cristiano en el mundo siempre fue conservador, escorado a la derecha política, un informe denominado Documento de trabajo para la actualización del ideario del PDCH, que data de varios años, deja en claro que esa formación «no puede permanecer anclada ideológicamente en una realidad ya superada ni caminar de espaldas a las realidades presentes».

«Es verdad que en el plano doctrinario sus principios siguen siendo los mismos, porque responden a las verdades eternas del Cristianismo, pero su aplicación a la nueva problemática y la búsqueda de soluciones a la luz de esos principios tiene que actualizarse», reza una parte del informe preparado por especialistas y cuyos directivos jamás lo tomaron en cuenta. Todo apunta que se quedaron enclavados en la guerra fría y el bipartidismo tradicional que fue roto por Libre en las pasadas elecciones.

Todo parece que la dirigencia del PDCH no comprendió que terminó la Guerra Fría, que surgieron nuevas realidades han surgido «como la revolución tecnológica en las comunicaciones, la primacía de lo económico sobre lo político en las relaciones internacionales, la amenaza de una catástrofe ecológica mundial, el proceso de consolidación de la democracia mundial, la casi total desaparición de las fuerzas que planteaban como única alternativa un cambio radical de las estructuras continentales, la lucha por la equidad de género, la profundización de la pobreza y la toma de conciencia del riesgo que implica para la gobernabilidad en los países menos desarrollados, los procesos de globalización que obligan a cambios en la organización interna de los países desde los aspectos económicos hasta las concepciones tradicionales del Estado Nacional».

«Como problemas acuciantes aparecen el narcotráfico, la corrupción, la inseguridad, el desempleo, el crimen
organizado, el terrorismo y la pérdida de credibilidad en las instituciones representativas frente a los nuevos actores en el seno de la sociedad civil», expresan las reflexiones que quedaron en el olvido.

Como bien decía Moliere en El Tatufo: «Vuestro escrúpulo, en fin, es fácil de vencer: / estáis aquí segura de un secreto total. / El mal existe sólo en su divulgación. / El escándalo es el que crea el pecado, / pues pecar en silencio es como no pecar» y mientras tanto, la Democracia Cristiana seguirá pululando los infiernos de la política tradicional hondureña.

 

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