Callejas, el fútbol y caja de Pandora de la reelección: hechos de un controvertido expresidente

TEGUCIGALPA, Honduras  (Por Brayan Flores) Una de las cualidades y ventajas que tienen hombres y mujeres (no todos, hay algunos vulgares) que descienden de familias de abolengo es su gusto por la cultura, el arte y los buenos modales. El fallecido expresidente Rafael Leonardo Callejas creció en esos ambientes sin saber que su futuro le tenía deparado una sorpresa que llevó a Honduras a vivir la actual crisis sociopolítica, quizá, la peor de todos los...
BFlores19 noviembre, 2021

TEGUCIGALPA, Honduras 

(Por Brayan Flores) Una de las cualidades y ventajas que tienen hombres y mujeres (no todos, hay algunos vulgares) que descienden de familias de abolengo es su gusto por la cultura, el arte y los buenos modales. El fallecido expresidente Rafael Leonardo Callejas creció en esos ambientes sin saber que su futuro le tenía deparado una sorpresa que llevó a Honduras a vivir la actual crisis sociopolítica, quizá, la peor de todos los tiempos.

Quizá no haya sido intencional; sus detractores lo tienen como uno de los principales actores para que el país esté donde se encuentra hoy con los peores indicadores del mundo y que ninguna administración sucedánea haya hecho algo por quitar el mote de la nación más corrupta, más desigual, con nulo Estado de derecho del mundo y sus nostálgicos seguidores aglutinados en el otrora todopoderoso movimiento Monarca lo vean como un verdadero líder carismático y democrático. Al fin y al cabo, el expresidente Callejas dejó huella (para bien o para mal) y forma parte de la historia de Honduras.

Sus seguidores lo verán como el mandatario que dejó las mejores carreteras de Centroamérica, que permitió el retorno al país de viejos dirigentes comunistas y jefes guerrilleros que terminaron fundando la ahora decrépita y cuasioficialista Unificación Democrática, que abrió el camino para la modernización del Estado con sus Chicago Boys con la implementación de la terapia de shock y la consolidación del neoliberalismo, mientras que los críticos lo recuerdan como el presidente más corrupto del mundo superando incluso a esos monstruosos sátrapas africanos como el congolés Mobutu que dilapidaron dinero a manos llenas. Callejas dejó el poder de manera pacífica y se dedicó al deporte, mientras que su autoritario colega fue derrocado por un golpe militar patrocinado por la empobrecida y miserable Ruanda y que falleció en 1997 mientras estaba exiliado en Marruecos.

MUNDO Y REINA SE QUEDARON CON LAS GANAS. A propósito de los señalamientos, el primer fiscal general Edmundo Orellana (ni el expresidente liberal Carlos Roberto Reina) jamás tuvo el agrado de verlo en prisión a pesar de la cruenta persecución desatada contra el dirigente nacionalista, quien tuvo la suerte de que las juezas Mildra Castillo y Normandina Ortiz le entregaron unas 16 cartas de libertad. También tuvo mucha suerte que su amigo de toda la vida y connotado cachureco Ovidio Navarro -ya difunto-, cuando fue jefe del Ministerio Público, mandara a desestimar las acusaciones aunque esa acción le costó el cargo y el desprestigio ante la sociedad junto al liberal elvincista Yuri Melara.

El otro nacionalista y hoy candidato a designado presidencial de Nasry Asfura, Léonidas Rosa Bautista, hizo la vista gorda e impidió que su correligionario fuera perseguido. Mientras estuvo en Honduras, Callejas sí supo disfrutar de las mieles del poder, pues esa trenzada red de amigos, colegas y muchos contactos le dieron inmunidad para no asistir a los juzgados a rendir cuentas sobre sus actos. Una víctima directa del poder e influencia del exmandatario fue el actual asesor presidencial Marvin Ponce. El hecho de haber dicho que el controvertido personaje era un estandarte de la corrupción le costó una implacable persecución judicial hasta doblarle la rodilla y obligarlo a pedir disculpas a su adversario.

Aunque el exjefe de Estado entregó su cargo al Reina el 27 de enero de 1994 y con el paso de los años se dedicó a ser dirigente deportivo, jamás se creyó que algún día iría contra el mismo sistema que él juró defender cuando llegó a Casa Presidencial al avalar el golpe de Estado de junio de 2009 y que unos años después, precisamente en 2015, fue al Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh) y a la Sala Constitucional del Poder Judicial para hacer valer su derecho a hablar de la reelección presidencial -vetada expresamente por el artículo 239 constitucional- y que allanó el camino para que el actual gobernante Juan Orlando Hernández se presentara a un segundo mandato.

BBC Mundo reportaba el 24 de abril de 2015 que La Corte Suprema de Justicia de Honduras dejó este jueves sin efecto un artículo de la Constitución que prohibía la reelección presidencial en el país centroamericano.

El artículo, que databa de 1982, limitaba las presidencias y vicepresidencias a un solo periodo, un asunto que en 2009 provocó el derrocamiento del expresidente Manuel Zelaya.

La decisión contó con el voto a favor de los cinco jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema, si bien uno de ellos se retractó después.

La medida, que entrará en vigor en las próximas horas cuando se publique en el diario oficial, se tomó después de que el expresidente Rafael Callejas, que busca lanzarse de nuevo a la presidencia, presentara un recurso de inconstitucionalidad.

PANDORA O LA MALDICIÓN DE LA REELECCIÓN.  El expresidente, ya sea inocentemente o adrede, abrió la caja de Pandora que desató, para la oposición, una de las peores crisis políticas de la historia, igualando a lo suscitado con la asonada militar que expulsó a Zelaya a punta de culatazos hacia Costa Rica y los nacionalistas, por su parte, alegaron que Hernández merecía gobernar «otros cuatro años más».

Cuenta una exempleada de confianza del Banco Central de Honduras que cada vez que Callejas llegaba al establecimiento a visitar a su amigo Ricardo Maduro, trataba con respeto y cordialidad a todos y cada uno de los trabajadores, se sabía sus nombres y siempre preguntaba cómo estaban sus parientes. No le observó una mueca de desprecio ni vio por debajo del hombro a nadie. Sus refinados modales le granjearon simpatía en aquellos que no eran afines al partido en el gobierno.

Quizá las pocas veces que lo miró perder la compostura, dijo la dama a El Pulso, fue cuando regañaba a Maduro y a Jorge Ramón Hernández Alcerro -un eterno enamorado de la cosa pública y cuadro estratégico del oficialismo-, «y nadie sabía quién era el presidente porque los tres se regañaban». Y es que ese trinomio fue el verdadero poder en el país, claro, detrás de ellos estaban otros más poderosos que dictaban la pauta de cómo gobernar y beneficiarse de la profundización del neoliberalismo, cuyo referente fue el exjefe del BCH y presidente 2002-2006.

Si la memoria no falla y nos basamos en los escritos del uruguayo Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina podríamos decir que detrás de los poderosos están otros más poderosos, por lo que Callejas, en particular, fue ese cuadro ideal que caía bien ante quienes votaron y no lo hicieron por él y quedaba bien con sus patrocinadores. Los organismos internacionales, esos mismos que nos han puesto la pistola en la sien con sus recetas neoliberales, llegaron a decir hacia finales de la década de 1990 que en el gobierno del expresidente nacionalista «los ricos se volvieron más ricos y los pobres más pobres».

EL TECNÓCRATA PREFERIDO DE CALLEJAS. Cuentan que el exmandatario Maduro se quitaba el saco, la corbata y se arremangaba la camisa para trabajar cómodamente. Cuando llegaba la hora del almuerzo, sacaba dinero de su cartera y mandaba a comprar bananos y Coca Cola a la calle peatonal, pues alegaba que no le gustaba comer en la oficina. Ese gesto era visto como campechano por sus colaboradores. Su tránsito por el BCH y la lástima que generó en el votante independiente al ser cuestionada su nacionalidad, le permitieron que el expresidente liberal Carlos Flores le impusiera la banda presidencial un 27 de enero de 2002.

Hurgando un poco en la red (que es la biblioteca de los haraganes) hallamos un poco sobre cómo Callejas apostó por los tecnócratas, en detrimento de los cuadros tradicionales. El think tank Barcelona Centre for International Affairs (Cidob) apunta que «la facción de Maduro se afianzó con rapidez en el PNH, imbuyéndolo de pragmatismo proempresarial y consiguiendo que uno de los suyos, el técnico agrónomo y exministro Rafael Leonardo Callejas Romero, fuera seleccionado para contestar a los liberales en las urnas. El empresario dirigió las campañas presidenciales de Callejas de noviembre de 1985 y noviembre de 1989; en la primera convocatoria resultó vencedor José Simón Azcona Hoyo; pero en la segunda, Callejas se impuso a Carlos Roberto Flores Facussé, de manera que el 27 de enero de 1990 el candidato nacionalista estrenó para el partido la primera Presidencia desde el efímero ejercicio de Ramón Ernesto Cruz Uclés entre 1971 y 1972».

«La profunda devaluación de la moneda nacional, el lempira, la liberalización de los precios, la reducción de los gastos del Gobierno y los despidos en el sector público tuvieron un reflejo discreto en las variables macroeconómicas, pero las implicaciones sociales fueron extremadamente negativas en un país relegado a la condición de tercero más depauperado de América tras Haití y Nicaragua, además de desencadenar una fuerte contestación sindical. Al finalizar el cuatrienio, la pobreza iba a golpear a cerca del 70% de la población, mientras que el 33% iba a encontrarse desempleada o subempleada», dice otro de los apartados del Cidob.

Maduro jamás estuvo interesado en reelegirse. La Prensa informó el 1 de septiembre de 2018 que el exmandatario nacionalista dijo que «la reelección debe regularse una sola vez». Esa alineación no era mera casualidad. El proyecto continuista del presidente Hernández comenzaba a dar resultados.

ANTIIMPERIALISTA DE OCASIÓN. El expresidente Callejas siempre fue un consentido de EE.UU. porque sí supo hacer la tarea de alinear a Honduras al Consenso de Washington. Era frecuente que tuviera conversaciones con George H.W. Bush y William Jefferson Bill Clinton en sus visitas a la Casa Blanca, pero estaba en la mira del congresista ultraconservador Jesse Helms que calificó su mandato como uno de los «más corruptos del mundo».

Esa maldición de Helms tuvo su efecto en 2006: EE.UU. lo desvisaba por corrupción mientras dirigió el país. Viene a la mente cuando llegaba a Honduras apenas con una bolsa de papel y ante los periodistas comenzaba a criticar la decisión tomada en su contra. De un momento a otro se volvió un furibundo antiimperialista.

“Esto es una demostración del poder político de EE.UU. en un intento por doblegar voluntades en el exterior’’, afirmó. “Y, por cortesía, Washington debió notificarme la situación antes de que yo viajase a ese país’’, dijo el ahora occiso en un cable de la Agence France-Press (AFP). “Prácticamente he estudiado y vivido 45 años de mi vida en Estados Unidos, que no tiene derecho a juzgar mi conducta porque en ese país no he cometido ningún delito’’, añadía el dirigente azul.

Insistía que “No soy un corrupto y nadie puede demostrar que he hecho acciones dolosas ni cuando fui un funcionario público’’.

Esa persecución emprendida por el Ministerio Público, desde la época de Orellana, tenía resultados. El hecho que le cancelaran la visa era el peor golpe que podía recibir, más que la descalificación que sufrió la bicolor cuando aspiraba a llegar al mundial de Alemania de 2006. No hay peor sanción moral que pueda recibir un político, empresario y dirigente deportivo que EE.UU. lo desvise. Es como que se le hubiera muerto un ser querido.

DE FENAFUTH, A SUDÁFRICA, BRASIL Y NUEVA YORK. Mientras Ponce sufría las consecuencias de los conectes de Callejas con el poder y el fallecido Helms (un republicano ultraconservador, quien creó junto a Dan Burton un duro paquete de sanciones contra Cuba) que tenía al expresidente en la mira y lo tachaba de pícaro, el líder nacionalista se hacía del control de la Fenafuth y ponía a soñar a los hondureños con Sudáfrica.

Sintió que desde el cargo de federativo era como un renacer de sus días que despachaba desde la vetusta Casa de Gobierno, que era querido por la gente, que con su retórica ganaba voluntades y era de nuevo el centro de la atención e intentaba opacar las multitudinarias movilizaciones de la resistencia contra el golpe militar. Obvio, esos sueños tuvieron sus bemoles y EE.UU. a través del gol anotado por Jonathan Bornstein a la selecta salvadoreña lo salvaron por un pelo y ponía a la garra catracha, de la mano con Reinaldo Rueda, en Sudáfrica y cuatro años después hacía la hombrada con el cafetero Luis Fernando Suárez en Brasil.

Así como ocurrió con España 1982, la H quedaba fuera de la competencia. Se suele decir en el barrio que «juegan como nunca y pierden como siempre». Al fin y al cabo eso nunca importó. Las promesas de Callejas, al menos en ese ámbito, se cumplieron. El combate a la corrupción, bajarle precio a los frijoles y aumentar los salarios, tal como reza una de las canciones de la campaña de 1989 solo quedaron en meros corillos y ya nadie se acuerda de eso. El licenciado Callejas, como le dicen sus seguidores, sabía que la política va de la mano con el deporte y lo explotó a su conveniencia.

En esos vaivenes del deporte (y la corrupción, obvio) el expresidente nacionalista volvía a ser sujeto de persecución: EE.UU. lo quería preso por el Fifagate y lo obligó a tomar un avión exprés para someterse a la justicia neoyorquina por varios delitos. Mientras tanto, el exdocente universitario y presidente de Fenafuth, Alfredo Hawit, fue extraditado desde un lujoso hotel en Ginebra a una fría celda. El pecado de ambos fue haber admitido que incurrieron en ilícitos y usaron territorio norteamericano para enriquecerse de manera irregular.

¡Ay Callejas, tan lejos de Dios y de Honduras y tan cerca del querido y odiado EE.UU.! Tantas veces que se jactó de ser su cuadro y de haber vivido en ese lugar casi toda su existencia y tantas otras que despreció al gran país del norte porque le quitó la visa y lo señaló de corrupto. Eran raras las imágenes del expresidente en pantalones cortos disfrutando un poco del american way of life mientras que sus medias le cubrían el grillete electrónico que se lo colocaron para evitar que se fugara. Ya no se sabía mucho de aquel hombre nacido en 1943 (de hecho, su número telefónico finalizaba en 1943) hasta que el cáncer lo derrotó. Aquel hombre carismático, amable, de buen vestir junto a su esposa Norma Regina que fue considerada como la mujer mejor vestida del mundo, quedaba en el recuerdo de aquellos que lo llevaron a la presidencia.

Atrás queda el petrolazo, brazos de Honduras, la familia, el chinazo, proyecto gol… Callejas será hoy y siempre parte de la historia. Será querido por muchos y odiado por otros muchos y Honduras vive el legado del licenciado tras abrir la caja de Pandora. Será la misma historia que le dé el sitial que merece.

 

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