El imperio de la mostaza contraataca

(Por José Carlos Cardona Erazo) Hasta hace unas horas este domingo 14 de noviembre, esta columna iba a abordar otro tema distinto al que ocupa el título que el lector acaba de ver. Dos ciudadanos han muerto y varios más han sido heridos en Corquín, Copán, en el cierre de campaña local del partido gobierno. Lejos de allí, el tranquilo pueblo de Cantarranas, en Francisco Morazán, ha enterrado a su alcalde, uno de los más...
BFlores15 noviembre, 2021

(Por José Carlos Cardona Erazo) Hasta hace unas horas este domingo 14 de noviembre, esta columna iba a abordar otro tema distinto al que ocupa el título que el lector acaba de ver.

Dos ciudadanos han muerto y varios más han sido heridos en Corquín, Copán, en el cierre de campaña local del partido gobierno. Lejos de allí, el tranquilo pueblo de Cantarranas, en Francisco Morazán, ha enterrado a su alcalde, uno de los más queridos y mejor evaluados del país. En San Luis, Santa Bárbara, un candidato a regidor del Partido LIBRE fue asesinado horas después de que la candidata presidencial de ese partido estuviera allí. El patrón de los tres incidentes es el mismo: pueblos pequeños, relativamente tranquilos y en donde la oposición tiene la mayor probabilidad de ganar la alcaldía. La violencia política, dicen los teóricos, se materializa siempre en donde menos parece que se está efectuando.

Mientras eso pasa, en Twitter, el coordinador del Partido Nacional, David Chávez Madison, arremetió contra Manuel Zelaya, coordinador del Partido LIBRE. Con un tono exasperado y bastante errático, Chávez increpó a Zelaya y le pidió un debate en público, más un sometimiento al polígrafo. En una red social tan hostil, sus tuits han recibido un rechazo unánime.

¿Cuál es la lógica de la campaña de odio del Partido Nacional?

El Partido Libertad y Refundación lleva 12 años perdiendo militantes ante las coyunturas de lucha contra los gobiernos del Partido Nacional. Presos políticos, desaparecidos, líderes en el exilio, asesinados, la gama amplia del manual de represión del Estado de Honduras deja con escalofríos a cualquier ciudadano de un país de primer mundo. Entonces, el discurso de odio del Partido Nacional no puede amedrentar a un partido que está acostumbrado a resistir ese tipo de maniobras. En paralelo, hay una viralización constante de audios en grupos en los que se asegura que el partido de gobierno está disfrazando a su gente con indumentarias del Partido LIBRE y PSH, para cometer actos vandálicos y desprestigiar la campaña de Xiomara Castro, que no ha hecho sino subir en las encuestas desde agosto.

Sumado a lo anterior, el gobierno ha hecho la mayor entrega de fondos de los proyectos Vida Mejor en los últimos 4 años. Han sido 1,350 millones de lempiras en bonos que van desde los 7 hasta los 12 mil lempiras por persona, más un polémico préstamo con el Banco Centroamericano de Integración Económica por 70 millones de dólares, una escandalosa transacción que ha llamado la atención de medios internacionales. En todo el país, el enorme aparato burocrático de los programas de gobierno ha inventariado hasta 300 mil personas para pagarles en estas dos semanas, así como también contentar a los 200 mil nacionalistas que votaron en blanco en las elecciones primarias, en una carrera desesperada por reducir la brecha entre Asfura y Castro

Los manuales de guerra sucia de la derecha latinoamericana son amplios e incluyen estrategias cada día más desgastadas en sociedades que, acostumbradas a la violencia política y social, no absorben la retórica ni los actos intimidatorios.  No obstante, el sector despolitizado/indeciso sí se siente amedrentado y dimensiona los actos violentos como amenazas. La ilusoria y casi inexistente clase media del país, que en el caso de Honduras vive en diversas burbujas de negación del cambio en el país durante los últimos 12 años, observa el peligro que conlleva una retórica violenta y asume los mensajes de incitación al odio como una advertencia. Al fin y al cabo, el instinto de preservación es más fuerte que cualquier causa, sobre todo para un sector despolitizado que cree estar más allá del bien y del mal, del Estado y su esfera de influencia. El Partido Nacional lo sabe, pero comete un error de cálculo: ni la clase media hondureña define elecciones a este punto, ni las burbujas de negación en que ese sector ha vivido son tan fuertes como para que no entiendan que el país ha sido destruido y el nacionalismo lo puso en venta para rematar su desastre.

El Partido Nacional dejó todo para última hora: dejaron las actividades multitudinarias y la entrega de ayudas hace 3 meses porque sus asesores les dijeron que el odio de los votantes indecisos incrementaría; cambiaron los colores y elementos identitarios corporativos de la imagen de su partido (la eterna bandera azul con la estrella solitaria) imitando a otros partidos de oposición; levantaron una campaña anticomunista y antiabortista que no fructificó porque mantuvieron al país en una ignorancia política suprema y nadie entendió lo del comunismo amenazante de LIBRE y la degradación de los valores morales volvió trivial el tema del aborto. En resumen: lanzan su artillería clientelar e intentan por otro lado materializar el resultado de su campaña de odio para disuadir al voto indeciso y al sector conservador del país.

El fallo en su estrategia es en doble vía, pero sigue un patrón similar: Ni Xiomara Castro ni Nasry Asfura son candidatos agresivos. Mientras LIBRE ha hecho una impecable campaña apelando al amor y al sentido maternal de su candidata, Nasry Asfura es visto como un hombre tosco e inofensivo, incapaz de enviar insultos o levantar el discurso violento que mantienen sus compañeros de partido. Se le ve incómodo hablando contra el aborto o el comunismo y a todas luces no combina con los líderes nacionalistas relacionados con el narcotráfico y la quiebra de instituciones del Estado. Luego de su mención en los Pandora Papers, sus números fueron descendiendo mientras el discurso de odio aumentaba, algo que no es ninguna casualidad.

Por otro lado, la unidad formada entre Xiomara Castro, Salvador Nasralla, el PINU y el recién incorporado Milton Benítez, ha logrado integrar a todas las oposiciones y sectores desencantados del país. La única forma de vencer a Xiomara Castro es disminuir sus votos a través del soborno a los votantes más pobres, disuasión con la violencia electoral a los sectores privilegiados y sostener el discurso de odio hasta el límite. Al señor Asfura esto último no le gusta y su equipo (en este país todo se sabe) ha virado en los últimos días hacia un tono más conciliador. Esto es lo que, de fondo, ha molestado a David Chávez y su grupo, que se sienten ya de por sí afectados por las maniobras de (¿despedida?) de Juan Orlando Hernández y por el descenso en los números. Para vencer a Xiomara Castro, los nacionalistas necesitan medio millón de votos que no tienen. Para poder sembrar un fraude, necesitan rebajarle al menos 300 mil.

Los halcones del nacionalismo están en una encrucijada. Hay un sector del partido que se prepara para tomar el control luego de que fracasen en las elecciones, como sabemos que sucederá. Al final, la degradación moral del Partido Nacional no tiene detenimiento y será necesario recuperar algo de honorabilidad después de este proceso electoral, para poder navegar los próximos 4 años. Preservar el poder en las alcaldías y el Congreso, mientras cambian las autoridades judiciales y evitan la cárcel o la invitación forzosa a Nueva York.

Hay quienes quieren creer que habrá fraude, que se repetirán los escenarios de 2017 y que el país entrará en otra crisis constitucional. La lucha de toda la oposición y el odio al Partido Nacional y sus malos gobiernos sumados, darán a Xiomara Castro la mayor cantidad de votos en una elección presidencial en la historia del país. Pero los fantasmas del fraude, las jugadas sucias de los halcones, la violencia como marca institucional y el boicot a nivel local están ahí, como pruebas de que este régimen bonapartista está herido de muerte y se resiste a irse del poder.

¿Sucumbirá el imperio de la mostaza ante el rechazo de un país que se siente amenazado hasta en su propia existencia? ¿Podrá el paciente extirpar al cáncer que lo está matando? ¿Saldremos de estas honduras? En las próximas 2 semanas, la historia de Honduras vivirá sus horas con más incertidumbre y las preguntas irán aumentando, como lo hará la desesperación de quienes van perdiendo. Tenemos un deber cívico de llamar a la calma, a la paz y a recuperar el país. Debemos luchar para que no se siga imponiendo la dictadura, la narcopolítica y la venta del país en pedazos.

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