Editorial: Hambre al PSH y los elefantes blancos de la democracia hondureña

Más allá que si participan o no las planillas a diputados por Cortés y Choluteca del Partido Salvador de Honduras (PSH), solo evidencia que las reformas electorales no sirvieron para garantizar comicios transparentes, que se generara confianza en el ciudadano que habría un total respeto a la ley, pero al final terminó siendo más de lo mismo. También queda claro que el papel del Tribunal de Justicia Electoral (TJE) no tendrá trascendencia y que solo...
BFlores26 octubre, 2021

Más allá que si participan o no las planillas a diputados por Cortés y Choluteca del Partido Salvador de Honduras (PSH), solo evidencia que las reformas electorales no sirvieron para garantizar comicios transparentes, que se generara confianza en el ciudadano que habría un total respeto a la ley, pero al final terminó siendo más de lo mismo.

También queda claro que el papel del Tribunal de Justicia Electoral (TJE) no tendrá trascendencia y que solo sirve para adornar las resoluciones que serán ventiladas ante la Sala Constitucional del Poder Judicial. Se creía que el TJE debía ser la última instancia donde los políticos pudieran dirimir sus controversias y que los fallos fueran inapelables. No fue así.

Quienes dirigen el Legislativo, en contubernio con las bancadas mayoritarias, dejaron al TJE como un elefante blanco sin capacidad de tomar decisiones para descongestionar a la Sala Constitucional e implica un fuerte despilfarro de recursos que deberían ser utilizados para otros temas de interés.

No nos queda duda que hubo premeditación y alevosía en la perversión a las reformas que se implementaron hace un par de años, cuando se cambió el nefasto y fraudulento Tribunal Supremo Electoral (TSE) por un flamante Consejo Nacional Electoral (CNE, con sus destellos ocasionales de lucidez) y se creó el TJE; se le dio a la comunidad internacional un confite y se engañó a la sociedad que tendría una nueva institucionalidad que estaría a la altura de las circunstancias y que transmitiría confianza a quienes se someten a las reglas del juego, como a quienes buscan expresar su voluntad en las urnas. No resultará extraño que afloren las denuncias de fraude tras la contienda del 28 de noviembre y volvamos a repetir el escenario que se vivió en 2017.

El TJE solo será una ventanilla única para darle forma a recursos de nulidad de los comicios que deberá abordar la Sala Constitucional (conocida por ser controlada por el partido de gobierno) y cuyos magistrados se tomarán todo el tiempo del mundo para emitir fallos que no servirán de mucho a los demandantes. En concreto, no hay lógica en tener un organismo especializado en justicia electoral si no tiene capacidad de maniobra y respuesta.

¿Había necesidad de generar incertidumbre en quienes pretenden acceder a cargos públicos por el PSH (independientemente de su negligencia por no apegarse a las normas establecidas que gira en torno a la anarquía de su líder) y en el resto de la población? ¿Era necesario que se divulgara la resolución que ordena anular las planillas a diputados y corporaciones municipales por Cortés y Choluteca cuando ya se inició la impresión de las papeletas? Estimamos que no. Consideramos como incorrecto que se infunda temor y controversia a un asunto que se dio por zanjado desde el momento que el CNE admitió la integración de las mismas. Lo demás es mera parafernalia sin sentido.

También queda en manifiesto la alcahuetería del Consejo Electoral al admitir fuera de tiempo unas planillas que tuvieron que ser presentadas en tiempo y forma. No queda duda que primó el interés político que las normas creadas (aunque sea de mala gana o perversa) por el legislador.

Como autocrítica: A los periodistas nos deja como lección ser muy cuidadosos con noticias políticas, que se le debe transmitir al público informaciones desde todas las perspectivas, con personas conocedoras de estos temas a fin de tener un amplio panorama de un hecho de trascendencia y no hacer leña del árbol caído. Tenemos como deber trasladar certeza, confianza y tranquilidad a una ciudadanía que ya tiene demasiado con sus problemas cotidianos y vemos de mal gusto que más de algún oportunista saque ventaja de un asunto delicado que nos ha dejado odio y muerte entre los hondureños.

Estas acciones hacen que las personas dejen de creer en la democracia y permitan el surgimiento de actores políticos de corte dictatorial que buscan granjearse el favor del potencial votante al venderle un discurso de odio, autoritarismo y muerte.

Este momento coincide con el informe publicado este mes por la Corporación Latinobarómetro que hace una radiografía descarnada de la política partidaria en la región, en particular, Honduras. «Una ola recorre América Latina consecuencia del egoísmo de las elites, es la ola de la escasez de mayorías. En este último ciclo electoral los nuevos presidentes enfrentan creciente atomización de los parlamentos, aumento de movimientos y partidos nuevos, así como el fin de los viejos. La gobernabilidad se aleja, augurando tiempos complejos para la región».

«La crítica de los ciudadanos a la democracia -reza el texto- es una demanda de democracia. Ningún pueblo de la región está contento con la manera cómo funciona la democracia en su país… Los monstruos aparecen cuando hay cambio de época, porque no estamos solamente cambiando estatuas de Colón por un indígena, estamos ante una demanda de libertad que romperá todo lo que tiene que romper para llegar a puerto. El puerto se llama democracia plena y el camino son las calles llenas de ciudadanos protestando».

Uno de los hallazgos más dramáticos de Latinobarómetro es que la población hondureña tiene menor satisfacción en la democracia. A saber: «Los países con más satisfacción con su democracia son: Uruguay 68%, El Salvador 46% y República Dominicana 39%. Los más insatisfechos son Ecuador 10%, Perú 11% y Honduras 15%».

Hechos como los suscitados el 26 de octubre reafirman la indiferencia de la población hacia la política. Por ello no resulta extraño oír frases en la población que «no vivo de la política» y «los políticos no nos dan de comer» cuando ignoran que es que por los mismos políticos estamos donde estamos y sufrimos lo que sufrimos.

Ya es tarde para emprender reformas de emergencia a fin de corregir los entuertos de cara a las elecciones generales. Confiemos que un nuevo Congreso se tome la molestia de construir una verdadera institucionalidad electoral para no permitir en el futuro errores de esta naturaleza y que se le dé certeza al ciudadano que se respetará su voluntad.

A veces soñar no cuesta nada…

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