A Atanasio Herranz

(Por: Rina Villars) Atanasio Herrranz fue mi maestro en la carrera de Letras de la UNAH cuando esta carrera se abrió en 1978. Me enseñó con entusiasmo, claridad y profundidad principios de lingüística general, fonética y fonología, estructuras latinas y sus constantes en las lenguas romances, historia de la lengua española, características del español de América. Durante los años que me dio clases, nunca dijo que tenía una cita médica, o que su hijo estaba...
BFlores17 septiembre, 2021

(Por: Rina Villars) Atanasio Herrranz fue mi maestro en la carrera de Letras de la UNAH cuando esta carrera se abrió en 1978. Me enseñó con entusiasmo, claridad y profundidad principios de lingüística general, fonética y fonología, estructuras latinas y sus constantes en las lenguas romances, historia de la lengua española, características del español de América.

Durante los años que me dio clases, nunca dijo que tenía una cita médica, o que su hijo estaba enfermo, o que se había desinflado una llanta de su coche. Siempre estuvo allí, en el aula cinco minutos antes y no diez o quince minutos tarde, como era la norma entre muchos profesores de la UNAH.

La única vez que estuvo ausente fue durante un breve viaje que hizo a España, o no sé dónde. Como tarea nos dejó la traducción al español moderno de algunas anotaciones escritas en las glosas Emilianenses y Silenses, documentos medievales en latín, pero con las anotaciones escritas en un romance peninsular que se considera el embrión u origen de la lengua española.

Esa sola tarea fue para mí equivalente a toda la formación de un semestre en cualquier clase ordinaria.

Siempre vi a Atanasio como un gran maestro; pero no imaginé que sus enseñanzas se convertirían en el sustrato más sólido de mis posteriores estudios sobre lingüística realizados en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en México, y en la Universidad de Navarra, España.

Tampoco avizoré que su figura de maestro capaz, estricto y abnegado se elevaría sobre cualquier otra a lo largo de mis años de estudio sobre esa lengua que amé desde el día en que recibí la primera lección de gramática en la escuela primaria “Mixta Luz” en San Francisco de la Paz, Olancho.

Donde quiera que estés, gracias Atanasio, una vez más, hoy Día del Maestro Hondureño.

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