La condena contra los asesinos de Berta Cáceres

(Por Gilberto Ríos Munguía •) Nos vimos por última vez a mediados de abril de 2016 en la Embajada de Venezuela de Tegucigalpa, ahí tomé una foto de representantes de la Asociación de Amistad Honduras – Venezuela, con quienes organizaríamos una actividad cultural en respaldo a la Revolución Bolivariana. El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras COPINH, estaba listo para movilizarse a Tegucigalpa, demostrar su apoyo a la causa del pueblo venezolano...
BFlores7 julio, 2021

(Por Gilberto Ríos Munguía •) Nos vimos por última vez a mediados de abril de 2016 en la Embajada de Venezuela de Tegucigalpa, ahí tomé una foto de representantes de la Asociación de Amistad Honduras – Venezuela, con quienes organizaríamos una actividad cultural en respaldo a la Revolución Bolivariana.

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras COPINH, estaba listo para movilizarse a Tegucigalpa, demostrar su apoyo a la causa del pueblo venezolano y reafirmar su internacionalismo. A la 1:30 am de la madrugada del 3 de marzo de 2016, me desperté y revisé mi correo electrónico (de esas cosas que no hacés nunca a esa hora) y el primer correo era del COPINH “¡Urgente! Asesinaron a Berta”.

La conocimos con las primeras peregrinaciones indígenas en 1994. Gracias al trabajo organizativo de la Coordinadora Hondureña de Estudiantes de Secundaria CHES, los estudiantes nos habíamos comenzado a politizar en el Instituto Técnico Honduras, de donde salimos en buses para recibir la primera protesta indígena de importantes dimensiones que llegaba a Tegucigalpa a exigir sus derechos como comunidades siempre postergadas por los gobiernos neoliberales. Recolectamos víveres para las ollas comunes y otras organizaciones populares se reencontraron en aquella lucha legítima de los pueblos indígenas.

El día de su asesinato muchos dirigentes del país viajaron a La Esperanza, Intibucá para constatar la terrible noticia, en los retenes policiales los agentes ya ofrecían una versión tergiversada de los hechos y conveniente para los asesinos: “parece que la pareja la mandó a matar, es un crimen pasional”. Los representantes de la Unión Europea y la Embajada norteamericana también estuvieron presentes ese primer día en sus honras fúnebres. Poco a poco una gran cantidad de representantes nacionales e internacional nos fuimos acercando para despedir a la mártir de la lucha popular.

El largo proceso legal duró más de cinco años para lograr la primera condena contra uno de los autores intelectuales, el ing. electricista David Castillo, graduado en West Point y miembro de Inteligencia Militar del ejército hondureño, asesor de seguridad de la empresa Desarrollos Energéticos DESA y peón del capital financiero oligárquico. En ese tiempo se fueron encontrando un sinfín de obstáculos e intentos de sabotaje del juicio, pero la defensa no logró probar la supuesta inocencia del acusado. Las abrumadoras evidencias en su contra lo sepultaron. Destacan las del vaciado telefónico en el que se encontraron llamadas y mensajes incriminatorios en la planificación y ejecución del asesinato.

El fallo podría prestigiar a la justicia hondureña, pero más que un proceso judicial normal ha sido la fuerza del COPINH y de la Familia de Berta Cáceres; Doña Austra, su madre y hermanos, sus hijas Marcela, Berta, Laura y Salvador, su amigo el Abogado Víctor Fernández, sus compañeros /as de lucha, organizaciones defensoras del ambiente, Derechos Humanos, feministas, estudiantes, personalidades internacionales, actores de cine y hasta el mismísimo Roger Waters vocalista de la banda Pink Floyd, son los que han logrado la construcción de justicia en este fallo en el que se han hechorespetar las pruebas incriminatorias y el debido proceso.

El día del entierro de Berta, salimos en procesión desde La Gruta en La Esperanza hacia el cementerio, unos tres kilómetros que se convirtieron en una protesta popular en demanda de justicia. “¡Fue Gladis Aurora!” gritaba la movilización, en alusión a Gladis Aurora López, diputada del Partido Nacional que agilizó los permisos para la instalación del proyecto hidroeléctrico en el que no hubo consulta previa e informada a las comunidades afectadas; “¡Fueron los Atala!” también coreaban los asistentes, señalando la participación de la familia de oligarcas Atala Sablah, principales inversionistas del proyecto que asesinó a la defensora de los ríos.

“Despertemos humanidad, ya no hay tiempo” fueron las palabras de Berta con las que recibió el Premio Ambiental Goldman, palabras que retumban como eco en la conciencia de los hondureños y hondureñas que compartimos muchas trincheras con el COPINH en la Coordinadora Nacional y en el Frente de la Resistencia Popular, que nos recuerdan que el momento para los cambios es ahora y que es siempre importante llevar de la mano las luchas sociales, políticas e internacionales que son una misma. Hoy por hoy, Berta volvió y se convirtió en millones.

(•)Dirigente del Partido Libertad y Refundación.

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