El Fouché del siglo XXI: Ebal Díaz, los nacatamales y su meteórico ascenso en política

TEGUCIGALPA, Honduras (Por: Evelyn Molina) Si el escritor austriaco Stefan Zweig (1881-1942) hubiese nacido en estas Honduras, tendría en el polifacético Ebal Jair Díaz Lupián el perfil perfecto para reeditar su obra cumbre Fouché, el genio tenebroso al describirlo desde la psicología como alguien que se alejó de sus hábitos religiosos para convertirse en consejero de políticos y que con su conducta camaleónica alcanzaron la gloria, aunque los finales (no todos son iguales) fueron tristes....
BFlores3 julio, 2021

TEGUCIGALPA, Honduras

(Por: Evelyn Molina) Si el escritor austriaco Stefan Zweig (1881-1942) hubiese nacido en estas Honduras, tendría en el polifacético Ebal Jair Díaz Lupián el perfil perfecto para reeditar su obra cumbre Fouché, el genio tenebroso al describirlo desde la psicología como alguien que se alejó de sus hábitos religiosos para convertirse en consejero de políticos y que con su conducta camaleónica alcanzaron la gloria, aunque los finales (no todos son iguales) fueron tristes.

Desde una oscura oficina del Instituto de la Propiedad, en un cargo quizá de tercera o cuarta categoría fueron la plataforma de lanzamiento de Díaz, quien comenzó a crecer como la espuma en tiempo récord de la mano de influyentes políticos que hasta lo llevaron a las altas esferas del poder. Sus facciones modestas se desmarcan radicalmente del político moderno que venden a la sociedad los expertos en marketing. En esta era de la información, unos cuantos retoques de Photoshop superan ese inconveniente. Una sonrisa blanca es el cliché para atraer cuanto simpatizante le sea posible… Claro, desde el poder -aún sin ser funcionario propiamente dicho- es fácil hacer política.

Claro, no todo es color rosa en la vida de un prolífico sujeto que fijó la mirada en la cúspide… También hay momentos bajos, tensos, donde priman las necesidades básicas y cualquier trabajo, por muy mal pagado que sea, sirve para honrar cuentas y medio comer algo. El Caballo, un reconocido y veterano conserje del Legislativo lo tuvo como subalterno durante un par de años, cuando coincidió con Juan Orlando Hernández, aquel joven graciano que llegaría años después a la presidencia del Legislativo bajo los buenos oficios del expresidente -y hoy acérrimo enemigo- Porfirio Lobo Sosa.

Se respiraba en 2010 un Congreso netamente nacionalista; tenían 71 diputados, por lo que no se necesitaba a la oposición liberal y de cuando en cuando entraban en componendas con ellos u otros que no tenían incidencia en las cuestiones legislativas.

Cuenta un beligerante diputado de un partido opositor que en cierta ocasión lo llamaron de la presidencia del Congreso para darle un cariñito a cambio de no hacer relajo cuando llegara un expresidente suramericano a recibir una condecoración por la amistad que trabó con Hernández y así se coopta a cuanto crítico se convierta en un serio problema para los intereses dominantes. En esos ambientes aprendió a caminar el actual miembro del Comité de Adopción de Mejores Prácticas de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (Zedes).

Ebal comenzaba a nadar entre los tiburones de la política, siempre bien vestido de saco y corbata como su jefe el Caballo y quizá en más de una ocasión se imaginó sentado en un curul… pero había camino por recorrer. Se enamoró de las mieles del poder y comprendió que si quería ir más allá de lo que una vez se imaginó debía ser como ellos, actuar como ellos y aprender las mismas frases de ellos… Era necesario crearle una plaza desde donde pudiera desarrollarse y Hernández lo nombró gerente legislativo, una plaza ideal para él. Desde ahí se fue abriendo al poder. Son lejanos aquellos días cuando frecuentaba (y aún lo hace) la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, la Luz del Mundo para mantenerse en el redil.

Pareciera que este retazo de vida se encuadrara en las letras de Zweig, una calca al carbón del Fouché escurridizo que apoyó al Comité de Salvación Pública de la Francia revolucionaria hasta fue ministro con el monárquico Napoleón: Ya en el primer escalón de su carrera, el más bajo, se pone de manifiesto un rasgo característico de su personalidad: su aversión a vincularse plenamente, irrevocablemente, a alguien o a algo. Lleva ropa eclesiástica y tonsura, comparte la vida monacal de los otros clérigos, durante esos diez años de oratoriano en nada se distingue, externa e internamente, de un sacerdote. Pero no toma las órdenes mayores, no toma ningún voto. Como siempre, en cualquier situación, se deja abierta la retirada, la posibilidad de la transformación y el cambio. También a la Iglesia se entrega sólo temporalmente y no por entero, como tampoco lo hará después a la Revolución, al Directorio, al Consulado, al Imperio o a la Monarquía: Joseph Fouché no se siente obligado a ser fiel de por vida ni siquiera a Dios, no digamos a un hombre.

La prensa capitalina, conoce de mejor ángulo la carrera del prolífico dirigente nacionalista, quien nunca ha renegado de su pasado, mucho menos ha ocultado que es un obcecado religioso y muestra sus estudios académicos como su mejor carta de presentación. El pasado no perdona a nadie, mucho menos al exsecretario de la Presidencia, quien nunca menciona que su primer puesto en el Congreso fue de conserje. ¿Qué dirá nuestro Alfonso Guillén Zelaya, el creador del magnánimo poema Lo Esencial, de alguien que reniega de su oficio, aun siendo el más sencillo pero que es honesto?

Algunos conocedores dicen que es hombre de buenos modales, pero que pierde la paciencia con extrema celeridad cuando alguien le contradice en sus tesis. Algunos aseveran que Ebal se volvió en una suerte de perro de garra del presidente Hernández. Que es su mejor soldado en el campo del debate. Pero, con Pedro Barquero las cosas no salieron bien. Tomar unos sorbos de agua cuando el empresario norteño, metido a político, le dijo que «fuera serio» por sus defensa acérrima de las Zedes.

Es bueno aclarar que no es pecado crecer y saltar de una posición a un nivel mayor, si este salto se da con esfuerzo, disciplina, estudios, buena trayectoria y honradez. Calle 13 dice en una de sus peculiares canciones que mientras más pasan los años me contradigo cuando pienso y quizá todos fallemos, nadie es perfecto, pero nunca se deben olvidar las convicciones.

No todo puede ser malo, es bueno recordar sus raíces y el candidato a convertirse incluso en el jefe del próximo Parlamento recordó en una entrevista en 2015 que vendió nacatamales para generar ingresos y salir adelante. “Vendí nacatamales para pagar mis estudios junto a mis hermanos” dijo a la prensa nacional. No obstante, detrás de esa historia de éxito podrían existir rasgos de personalidad que preocuparían a más de algún psicólogo.

Un estudioso de la conducta humana dijo a El Pulso que este tipo de argumentos, más que una historia de éxito, significan un grado de autoestima baja, ya que por el nivel de soberbia que exhibe al tratar su pasado con la prensa al decir “miren quién era yo y ahora vean quién soy”. «Estos rasgos de personalidad que desarrollan y se reflejan como un temperamento de resentimiento social», analizó el facultativo que pidió no ser citado.

En sus participaciones públicas vemos a un exfuncionario muy cuestionado por los temas controvertidos que defiende, entre ellos, la reelección presidencial (calificada de inconstitucional), las acusaciones de supuestos vínculos con narcotráfico contra de la familia Hernández; el posible financiamiento de campañas del Partido Nacional con fondos del narcotráfico, el desfalco del IHSS, la instalación de las Zedes.

Además, debe lidiar con la mácula de que pretendió acosar sexualmente a una exempleada suya y cuya denuncia fue archivada en 2019 por el Ministerio Público. En una entrevista a un periódico, declaró que era inocente de los señalamientos en su contra.

El Pulso recurrió a expertos para descifrar la enigmática personalidad del íntimo colaborador del presidente Juan Orlando Hernández y algunos resultados son interesantes: «Al estudiar el comportamiento de Ebal Díaz, frente a las humillaciones que recibe por defender teorías alejadas de argumentos sólidos, encontramos una persona con un coeficiente alto y de amplio dominio de sus emociones ya que en la mayoría de los casos no pierde el control a pesar de estar consiente que es el payaso que recibirá todas las golpizas políticas y mediáticas».

Se viene a la mente el instante que Díaz tomaba sorbos de agua mientras Barquero lo reprendía, lo cual puede tener varias lecturas que van desde el autocontrol hasta una señal de admisión de culpa; en sus comparecencias, no hace gala de la gesticulación, lo que le perfila -de acuerdo al psicólogo- como una «persona sociópata cuyas características principales son: no mostrar sentimientos de culpa, falta de empatía, facilidad para manipular las emociones de otras personas, arrogancia y muestra un rostro muy plano en cuanto a sus gestos y es muy controlado ante las provocaciones».

«Al analizar cómo ha sido tratado Díaz por varias figuras políticas del país, una persona que no sea de características sociópatas, no resistiría la burla nacional a la que él ha sido expuesto. Sin embargo, aparece ante los medios con un rostro fijo, una mirada fija y para nada perturbada. Pero, para contrarrestar los ataques, utiliza como mecanismo de defensa sus manos y en sus movimientos libera la energía o rabia que estos confrontamientos pueden provocarle y le sirven como mecanismos de defensa», declaró.

La poca gesticulación en sus apariciones públicas -de acuerdo al analista-, indica que es una persona inhibida afectivamente y por ello «desarrolla conductas sociópatas, estas conductas son innatas».  

Hurgando un poco en la psicología, este tipo de personas tienden a refugiarse en la religión para controlar impulsos de maldad. Al respecto, el facultativo asegura que este tipo de personas solo tienen compañeros o colegas, pero nunca amigos y «por eso estas personas tienden a ser exitosas debido a que se llevan de encuentro a quien toque para alcanzar sus cometidos».

Desde luego, quizá ese problema -todos tenemos algún rasgo-, pero debemos reconocer que Díaz cuenta con un coeficiente intelectual alto que sabiéndolo explotar sería un genio imparable. «A pesar de ser inteligente en el plano intelectual, pero no emocional,  porque tiene rasgos de personalidad disocial. Se observa en Ebal una personalidad egoísta porque su forma de ser no expresa empatía».  

Hay ápices en la conducta que sugieren cierto grado de narcicismo y cinismo, pues no se inmuta a la crítica y al insulto que muchas veces suelen incurrir sus detractores. Otro consultado declaró que halló en Díaz «una persona sumamente narcisista, esto lo sostenemos porque los argumentos sobre los temas de país que pretende defender son rotos por sus opositores en términos de lógica común y sin la mayor ciencia, ante esto, no se inmuta ni avergüenza de las humillaciones por su rol de defensor de las causas infundadas y lesivas para el país. Al contrario, vemos a un Ebal Díaz que se sostiene en la palestra pública a pesar de los insultos diarios hacia su persona». 

Nadie, ni Díaz, están dispuestos a involucionar. El poder da las herramientas para mantenerse vigente y no resultaría hasta extraño verlo como jefe del Congreso y como líder indiscutible de una desgastada, pero poderosa aplanadora nacionalista que se resiste a poner pies en polvorosa. El tiempo será el mejor aliado o peor enemigo.

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