La oligarquía anticipa su nueva derrota electoral 14/2/2021

Por Gilberto Ríos Munguía | Dirigente del Partido Libertad y Refundación. El drama de la democracia hondureña no logra avanzar del primer capítulo de la última temporada. Aún no hay noticias de la nueva Ley Electoral pero las elecciones primarias e internas de las tres fuerzas políticas en el país (Libre, Partido Nacional y Partido Liberal), se realizarán el 14 de marzo para definir candidatos /as a las elecciones generales de noviembre, para alcaldías en...
MCalix15 febrero, 2021

Por Gilberto Ríos Munguía | Dirigente del Partido Libertad y Refundación.

El drama de la democracia hondureña no logra avanzar del primer capítulo de la última temporada. Aún no hay noticias de la nueva Ley Electoral pero las elecciones primarias e internas de las tres fuerzas políticas en el país (Libre, Partido Nacional y Partido Liberal), se realizarán el 14 de marzo para definir candidatos /as a las elecciones generales de noviembre, para alcaldías en 298 municipios del país, candidatos a 128 curules en el Congreso Nacional en representación de los 18 departamentos y por supuesto, la candidatura presidencial de esas fuerzas. En los próximos 30 días se definirán las posibilidades del ansiado cambio político.

Es evidente que las fuerzas conservadoras, principalmente representadas en el Partido Nacional, son las que han luchado por obstaculizar la transparencia y eficiencia del próximo proceso electoral. El bipartidismo en sus cúpulas o direcciones hegemónicas, son la representación de los intereses oligárquicos, quienes a pesar de la grave crisis económica de Honduras, los efectos de la pandemia o el caos creados por los huracanes del fin del año pasado, han seguido acumulando riquezas, practicando el saqueo de las instituciones y manteniendo el poder político.

Tampoco hay que olvidar que Juan Hernández es fiel representante de esos intereses y sus conexiones trasnacionales con otros capitales (extractivos, financieros, comerciales, ilícitos, etc.) que tampoco estarían interesados en el cambio político y que invertirán en que continúe el régimen de exclusión y explotación que han impuesto. Es un razonamiento equivocado y contra la historia de nuestros países, esperar soluciones del norte, cuando es público y notorio su vínculo directo con el golpe de estado (2009) y los fraudes electorales (2013 – 2017).

La llamada democracia burguesa fue superada en sus limitaciones naturales, por el modelo colonial que agota cada día los espacios para la participación política de la población y prohíbe el ejercicio de la soberanía nacional por parte del Estado; Honduras es un ensayo permanente de mecanismos de profundización de las distancias económico sociales. La concentración de la riqueza y el poder en la élite, conducen a una conclusión inequívoca; mientras ellos controlen el Estado, no habrá posibilidades de cambio y desarrollo.

La tarea más inmediata para ese cometido que nos hemos planteado de liberar la patria, es el triunfo electoral de la oposición, no cabe duda, pero ante la conciencia de lo que eso significaría para el enemigo, el pueblo también debe prepararse para la protesta y la movilización. En dos ocasiones ya, la oposición y principalmente el partido Libertad y Refundación ha triunfado en las urnas y ese anhelo de cambio del pueblo ha sido arrebatado a sangre y fuego; esta vez el pueblo debe salir adelante y preparase para la victoria.

Hemos propuesto la organización de un levantamiento popular que persiga el cambio democrático; que las organizaciones populares retomen la lucha por sus derechos que tanto han sido mancillados en la última década, pero que también deben tomar conciencia política: si el Estado sigue siendo dirigido por la oligarquía apátrida, oprobiosa y asesina, las condiciones para nuestra sociedad seguirán siendo las mismas.

El pueblo tiene que aprender a diferenciar en los políticos los intereses de la clase social que representan, su apego a las causas populares y no a la filantropía o la limosna, sino a aquellos candidatos y candidatas que se refieran a la necesidad del cambio político estructural de nuestra sociedad y su modelo de desarrollo, a todas luces colapsado. Si el próximo gobierno continúa siendo el instrumento de las minorías, las mayorías seguirán sometidas.

Nuestra apuesta es por un cambio radical del país y eso lo sabe bien la élite parasitaria, por eso afinará sus mecanismos del fraude, aumentará la mentira con la ayuda de sus medios de comunicación, intentará comprar conciencias, volverá al asesinato político de dirigentes, encarcelará más compañeros y compañeras e intentará confundir con las ideas de cambio para que al final no cambie nada; pero ya hay una madurez popular capaz de discernir y asumir la responsabilidad histórica que nos corresponde, la nueva derrota moral y electoral de la élite se está construyendo.

 

 

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