Congresista Norma Torres a Honduras: “Aguanten un poco. Viene un nuevo día, no solo para EE.UU.”

El nerviosismo que se vive en los círculos políticos de Honduras a causa de la transición de gobierno en Estados Unidos es casi tan fuerte como la que viven los residentes de Washington D.C., aún estremecidos por el riesgo de fuertes disturbios. A modo de augurio, a finales de 2020 el congreso americano aprobó la “lista Engel: ‘una especie de ley Magnitsky'” específica para Centroamérica que señalará por actos de corrupción a funcionarios y actores...
BFlores14 enero, 2021

El nerviosismo que se vive en los círculos políticos de Honduras a causa de la transición de gobierno en Estados Unidos es casi tan fuerte como la que viven los residentes de Washington D.C., aún estremecidos por el riesgo de fuertes disturbios.

A modo de augurio, a finales de 2020 el congreso americano aprobó la “lista Engel: ‘una especie de ley Magnitsky'” específica para Centroamérica que señalará por actos de corrupción a funcionarios y actores privados de su triángulo norte, aumentando la presión sobre ellos.

A principios de este año, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza a través de su director, Mark Morgan, alertaba específicamente a los ciudadanos hondureños que no intentasen unirse o formar nuevas caravanas migrantes, incrementando la tensión sobre una población desesperada por la crisis económica tras la pandemia y los huracanes Eta y Iota en un país que también inicia en 2021 un complicado año electoral.

Y para mayor presión, recientemente la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York nombró en un nuevo juicio a un narcotraficante hondureño, el actual mandatario de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien tras 8 años en el poder podría perder el respaldo estable con el que ha contado por parte del ejecutivo del gobierno americano.

En este contexto, una voz en Washington D.C. retumba con especial fuerza en el corazón de América Central. Norma Torres, miembro de la Casa de Representantes por el distrito californiano 35 del Congreso, es una fuente de esperanza para muchos ciudadanos del Triángulo Norte de Centro América -El Salvador, Guatemala y Honduras-. Nacida en la zona rural de Guatemala y criada desde los 5 años en el área de Los Ángeles, Torres es una de las voces más fuertes y críticas en Washington D.C. cuando se trata de asuntos centroamericanos, una región que se ha visto enfangada durante décadas por gobiernos corruptos, la influencia del narcotráfico y el crecimiento caótico de sus sociedades.

La vulnerabilidad sistémica es especialmente acusada en Honduras, donde Eta y Iota han dado lugar a inundaciones históricas que a su vez ha desencadenado una intensa crisis humanitaria. Es allí donde se espera que los efectos a largo plazo de esta catástrofe sean más duraderos. Para empeorar las cosas, la poca credibilidad internacional de su actual gobierno, presidido por Juan Orlando Hernández, hace del prospecto de obtener un decidido respaldo monetario internacional para la reconstrucción del país, en tiempos de plena pandemia, todavía más improbable. En la actual coyuntura, la institucionalidad de Honduras se encuentra en su punto más bajo, así como la percepción pública en ese país de que es difícil que una fuente de esperanza verdadera provenga de EE.UU, tras la relación simplista que la administración Trump ha mantenido con la región.

En esta entrevista Norma Torres aborda el panorama de la reconstrucción y transformación nacional hondureña 22 años después del contundente fracaso de un muy bien financiado intento por cambiar el rumbo de Honduras tras el huracán Mitch de 1998. La congresista demócrata asimismo se refiere al posible enfoque de la nueva administración Biden hacia esta crisis nacional hondureña, capaz de convertirse en una nueva crisis regional. Torres, la única congresista estadounidense nacida en Centroamérica, ofrece su perspectiva al respecto como legisladora en Washington D.C., pero también como persona que abrió sus ojos en esta eternamente emproblemada región tropical, tan cercana a la frontera sur de Estados Unidos, y tan distante de su realidad.

¿Ha habido algún cambio significativo en el desarrollo histórico de la vulnerabilidad de Honduras desde el Huracán Mitch de 1998 a esta última temporada de huracanes?

Desafortunadamente se están produciendo cambios significativos a causa de la administración actual que tienen en Honduras, con un presidente que se ha asociado con el narcotráfico. Toda su administración se ha visto manchada por eso. Es un desafío enviar dinero por asuntos de corrupción. Estoy muy consternada por el prospecto de enviar fondos a un gobierno que ha probado vez tras vez que no defiende los intereses de sus representados. Están en el negocio de llenarse los bolsillos con dinero o con cualquier cosa a la que puedan poner sus manos encima.

Además, mientras que con el huracán Mitch vimos cómo se unieron otros países y las organizaciones internacionales para intentar ayudar a reconstruir la infraestructura de Honduras, a causa del Covid-19 todo el mundo está pasando problemas de dinero, y la escasez de recursos alrededor del planeta ha complicado la oportunidad de ofrecer atención global a la región.

He estado trabajando con Usaid para asegurar que enfoquemos nuestros fondos que ya están asignados a la región en producir resultados. Más que eso, estoy intentando promover un nuevo programa no solo para reconstruir infraestructura, sino para implicar a los hondureños de las zonas más afectadas y desarrollar programas de empleo. Esto significa que no sea posible contratar a cualquier empresa de otra ciudad u otro país para que venga con sus trabajadores a reconstruir. Quiero ver que compañías de las áreas afectadas contraten y entrenen localmente.

Considerando que la Declaración de Estocolmo firmada por los donantes y cooperantes tras el Mitch -1998-, fue pobremente implementada en Honduras, ¿qué papel pueden jugar los actores internacionales en este nuevo proceso de reconstrucción?

Creo que, ya que hemos estado trabajando en la región, EE.UU debe jugar un papel de liderazgo para reunir a las organizaciones globales y a otros países para no solo entregar dinero, sino crear oportunidades en las zonas más impactadas. Continuar enviando fondos al gobierno de Honduras sería, de nuevo, fallarle a la gente que ha sido más afectada. Si no hacemos eso, entonces continuaremos viendo caravanas migrantes moviéndose hacia el norte. Estados Unidos no está preparado para lidiar con miles de personas en su frontera sur. Seguiré enfocada en crear refugios seguros en la región para que la gente pueda acudir a ellos, de manera que en lugar de emprender el camino al norte puedan presentarse allí y estar seguros mientras se procesan sus solicitudes de asilo.

Tras una elección hondureña muy controversial en 2017, en la que el Gobierno de EE.UU reconoció la victoria de Hernández, ¿qué haría la Administración Biden para confrontar la generalizada percepción pública en Honduras de que Washington D.C. apoya gobiernos corruptos en el Triángulo Norte?

El enfoque de la administración Trump ha sido conseguir que los países del Triángulo Norte firmen un Acuerdo de Tercer País Seguro que permitiría a EE.UU deportar a la región a todas las personas que están buscando asilo en nuestra frontera sur. Pero ese no es el enfoque de la administración entrante. El Presidente Electo Joe Biden entiende la región. Ha trabajado allí y conoce al Presidente Hernández personalmente. El Joe Biden que conozco estará comprometido una vez más en trabajar en los enraizados problemas de corrupción pública del Triángulo Norte.

Cuando vemos a los cárteles de la droga y el narcotráfico, y lo que está llegando al norte desde la región, queda claro que lo que se ha logrado interceptar en Honduras con la cooperación de la administración Hernández no es siquiera suficiente como para justificar el costo de que esté haciendo negocios con los cárteles. He estado muy enfocada en transmitir esto al equipo de transición de Biden. Es mi prioridad. Debemos responsabilizar a estas personas. No podemos decir que estamos combatiendo a los cárteles de la droga e ignorar a la vez el hecho de que ellos mismos son narcotraficantes.

En los últimos 4 años EE.UU ha perdido su enfoque de fortalecer el sistema judicial de Honduras y hacer que la administración Hernández rinda cuentas. Eso es, desafortunadamente, a causa de las prioridades del Presidente Trump dentro de Estados Unidos. Estoy muy preocupada por una declaración reciente de que se empezaría a compartir inteligencia sobre los cárteles de la droga en Honduras con un gobierno que es sabido que es un narco-gobierno. El 20 de enero -toma de posesión de Biden-, en mi perspectiva, traerá nuevas oportunidades para reenfocarse en abordar los asuntos de corrupción enraizada y narcotráfico en Centro América.

Si el Gobierno de EE.UU. permitió que el Gobierno de Honduras desmantelara la MACCIH -iniciativa anticorrupción apoyada por la Organización de Estados Americanos-, ¿qué hará para revertir este gran triunfo para la cleptocracia local?

Podemos crear tantas organizaciones como queramos, pero la verdad del asunto es que, si no tienen apoyo en esos países, todo el trabajo que intentamos hacer es para nada. Lo que terminamos haciendo es poner a los investigadores en riesgo. Lo que ha pasado con cada uno de los investigadores que han liderado indagaciones y cargos contra altos miembros de la administración, acusándolos de corrupción pública, ha sido que ellos mismos han acabado siendo blancos de investigaciones ilegales y cargos judiciales. Desafortunadamente, no han tenido apoyo, no solo de EE.UU, para hacer rendir cuentas a estos oficiales electos corruptos. No podemos esperar que una comisión independiente además de investigar tenga también que proteger a sus investigadores. Protegerlos es una responsabilidad de países como Estados Unidos que tienen un interés en el país: ver un futuro para los hondureños en Honduras.

¿Qué puede decir a los ciudadanos hondureños que esperan un mejor futuro?

Aguanten un poco. Permítannos atravesar la transición durante los próximos días. Viene un nuevo día, no solo para EE.UU. Con una nueva administración aquí, habrá un reenfoque para la crisis humanitaria que hemos visto en la región no nada más con el cambio climático, sino con las administraciones corruptas. Vamos a trabajar de cerca con ellos, pero necesitamos que elijan líderes en la región que estén abiertos a hacer estos cambios. La gente allí debe estar informada y no puede sucumbir en estas elecciones a los más corruptos simplemente a cambio de una bolsa de arroz y frijoles durante la campaña -Honduras va a elecciones generales en noviembre de 2021-. Si lo hacen, el resto del período de gobierno esos políticos continuarán expoliándolos a ellos y al dinero que se envíe desde aquí. Creo que nuestros pares colaboradores se cansarán de eso y se irán de allí. No queremos que pase eso. Así que hay esperanza en la región, pero la esperanza debe provenir de los propios hondureños.

¿Cómo se puede enseñar los beneficios de la planificación colectiva e individual a una sociedad inmersa en la disfuncionalidad que ocasiona una crisis institucional crónica y multivariable?

La institucionalidad no surge por sí sola. La democracia no ocurre porque se creen organizaciones o se elijan o nombren jueces. Sucede cuando los propios jueces se someten a sí mismos a un estándar más elevado y la gente detrás de ellos les exige nada menos que eso. Los hondureños deben ser capaces de pelear por lo que quieren. Es Honduras y los propios hondureños los que eligen a su gobierno. Es su sociedad civil la que debemos apoyar para asegurarnos que pueda trabajar y seguir luchando para que sus oficiales electos operen con transparencia y rindan cuentas.

Lo que nosotros podemos hacer es seguir defendiendo el imperio de la ley y, si vamos a enviar dinero, asegurarnos de contar con certificaciones mínimas sobre su manejo, y negarnos a dar un solo dólar a agencias gubernamentales que trabajan en contra de los intereses de su población. He estado en Honduras y he hablado con la gente y los diferentes grupos de la sociedad civil. Lo que ellos quieren es una oportunidad para tener una vida y criar a sus familias sin miedo de su propio gobierno; sin temor a que aquello por lo que trabajan les sea arrebatado. Pero no podemos hacer ese trabajo desde aquí. Todo lo que podemos hacer es proveer el entrenamiento y los incentivos que ellos necesitan para defender sus intereses colectivos y dar la pelea.

¿Qué rol pueden jugar los centroamericanos del Triángulo Norte en Estados Unidos o en otros países, como usted, en la reconstrucción de la región?

Los países del Triángulo Norte son altamente dependientes de las remesas; del dinero que envían sus ciudadanos que viven en EE.UU. a sus familias en la región. Desde esa perspectiva, hay un papel para que ellos desempeñen aquí, cuando sus oficiales electos suben hasta aquí. Necesitamos hacerlos rendir cuentas también en Estados Unidos. Como centroamericanos necesitamos trabajar juntos para ayudar a crear oportunidades de trabajo en la región con ese mismo dinero que ellos envían. Lo que he visto cuando he intentado entrar en contacto con personas famosas que nacieron en la región es que ellos están tan frustrados como el resto. Yo misma me frustro, día tras día, trabajando para aliviar el sufrimiento en la región. Pero no debemos rendirnos. Reto a todas esas personas a que, en lugar de simplemente enviar juguetes en la época navideña, reenfoquemos un poco de la atención en producir oportunidades allá.

Ha salido un gran capital humano de la región -Honduras, por ejemplo, cuenta con varios ciudadanos de amplio reconocimiento en el extranjero en varios campos, como los investigadores biomédicos María Elena Botazzi, una autoridad en producción de vacunas que es Decana Asociada del National School of Tropical Medicine en el Baylor College of Medicine de Houston, Sir Salvador Moncada, Director del Instituto de Investigación de Cáncer de la Universidad de Manchester, o Teófimo López, campeón mundial indisputado de los pesos ligeros que, aunque nació en Brooklyn, dedica sus victorias a Honduras y envía un mensaje de lucha y esperanza-. Imagina si se hubieran quedado, si hubieran encontrado oportunidades para su futuro, para aprender y desarrollar su ciencia, su oficio o su negocio allí. ¿Cuántas otras personas tuvieran la oportunidad de ser empleadas simplemente a raíz de las ideas que estas personas crean y las oportunidades que surgen a raíz de ellas?

¿Desde un punto de vista estadounidense, no debería ser la región de especial interés por el simple hecho de que es parte de su mismo barrio geográfico y estamos unidos por continuidad física?

Absolutamente. Esa es la razón por la que creamos el Caucus Centroamericano en el Congreso; para proveer de un espacio para que congresistas aquí en Estados Unidos puedan apoyar a la región trabajando de forma conjunta entre partidos políticos. Mira, éste es nuestro vecindario. EE.UU. y Canadá deben reenfocarse en las Américas. Durante demasiado tiempo en Estados unidos nos hemos enfocado más en el Medio Oriente que en nuestro propio vecindario. El cambio climático está cambiando los asuntos del día a día no solo en la región, sino también en EE.UU. Debemos visualizar cómo pueden ser los próximos 10-20 años y reenfocar las oportunidades de formación técnica para lo que podamos ver en el horizonte, y no para cómo han sido las cosas hasta ahora.

* Hecho por Gustavo Peña Torres para el diario estadounidense Los Angeles Times en español. 

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