Una madrugada con la caravana

A la mitad del primer mes del año 2020 y pese a las reformas migratorias de los Estados Unidos, más de un millar de hondureños se dio cita en la Gran Central Metropolitana de San Pedro Sula para emprender una odisea rumbo al norte intentando dejar atrás la miseria, falta de oportunidades la violencia y la corrupción. La convocatoria se lanzó desde diciembre a través de redes sociales, sobre este tipo de eventos siempre ronda...
EGO15 enero, 2020

A la mitad del primer mes del año 2020 y pese a las reformas migratorias de los Estados Unidos, más de un millar de hondureños se dio cita en la Gran Central Metropolitana de San Pedro Sula para emprender una odisea rumbo al norte intentando dejar atrás la miseria, falta de oportunidades la violencia y la corrupción.

La convocatoria se lanzó desde diciembre a través de redes sociales, sobre este tipo de eventos siempre ronda la duda de su efectividad, las oportunidades entre éxito y fracaso son idénticas, pero puntualmente el 14 de enero desde las dos de la tarde se viralizó la foto de un grupo de hombres con una bandera de Honduras listos para emprender el camino.
A eso de las siete de la noche ya había unas mil personas, madres con sus hijos, grupos de jóvenes con sus mochilas al hombro, incluso ancianos expresaban su descontento con la situación social y económica del país.

Migrantes esperan en la Gran Central de San Pedro Sula, para comenzar a salir. Desde la tarde-noche del martes 14 las personas comenzaron a llegar al punto de reunión. Foto: Joan Suazo.

«Acá no hay trabajo, uno va a la maquila y prácticamente le piden un título para trabajar de costurera, vamos a intentar en Estados Unidos», declaró Sandra, una mujer de 28 años nacida en Santa Bárbara que dejó a sus tres hijos para probar suerte y llegar al país del norte.

Se había acordado salir a las cinco de la mañana, pero un numeroso grupo de personas decidió salir a las diez de la noche, unos 80 migrantes tuvieron la suerte de tomar una rastra que los acercó a su destino, montados en el convoy cruzaron la avenida circunvalación, la López Arellano y la autopista que conduce hacia Puerto Cortes, donde tuvieron que bajarse porque ese era el destino final de la máquina, quedando varados en una gasolinera.

Ahí descansaron un par de horas, esperando que se nutriera el grupo nuevamente para emprender el camino, poco a poco fueron llegando y ante la súbita parada de otra rastra todos se levantaron para aprovechar el jalón, pero esta fue una alegría llana, el camión había llegado a su destino y los viajantes no tuvieron más opción que retomar la peregrinación para no perder el impulso que los sacó de su descanso.

A las 12:30 de la madrugada llegaron a la entrada de la ciudad de Puerto Cortes, un rótulo indicaba que los separaban más de 60 kilómetros de la frontera con Corinto, donde se despedirán de Honduras para entrar en Guatemala.

Migrantes se bajan de la plataforma de un camión que los acercó a un punto de su ruta.
Foto: Joan Suazo.

En tres horas de caminata por una carretera prácticamente desolada, solo avanzaron seis kilómetros, hasta un puesto de control de aduanas con seis agentes policiales que prácticamente ignoraron a los transeúntes, excepto a un grupo de 30 hombres que venían de jalón en un camión, los bajaron, les pidieron su identificación a todos y las revisaron en el sistema de computo, en pocos minutos las devolvieron y llenos de jolgorio subieron otra vez al vehículo, aunque la alegría duraría poco, ya que diez kilómetros adelante está permanente un reten militar y el conductor advirtió que los dejaría antes porque no quería problemas.

A las 4:30 de la madrugada se comienza a escuchar los cantos de los gallos a lo lejos, son ya pocos los que continúan caminando por las oscuras carreteras sin iluminación, son muchos los que se quedan atrás agotados y optan por esperar nuevamente un aventón cuando comience el tránsito comercial hacia la frontera, otros esperaran el servicio urbano de bus que comienza en pocos minutos y que por 58 lempiras los alejará de los problemas de los que huyen y encaminados al destino soñado.

Al mismo tiempo en la Gran Central, el segundo grupo de migrantes comienza a organizarse, hay molestia por los que los abandonaron y salieron en la noche, algunos escogen salir por occidente pero otros respetan el plan original y toman transporte hacia Corinto, la meta es llegar a más tardar a las dos de la tarde a la frontera.

“El grupo se quedó a las cinco de la mañana porque ese era el compromiso con Dios, ese grupo ya va caminando, pero habemos un pequeño grupo de personas esperando en la terminal (la Gran Central), porque hay otras personas que vendrán a las seis y siete de la mañana y vamos a tratar de alcanzarlos porque el asunto es que todos tenemos que estar hoy en la tarde noche en Corinto”, detalló en un audio uno de los líderes de la caravana a través de un audio.

Migrantes buscan «halón» o aventón para adelantar sus pasos siendo el primer grupo de la caravana 2020 que salió desde San Pedro Sula, Honduras con rumbo a los Estados Unidos. Foto: Joan Suazo.

Un camión repleto de policías avanza por la carretera, se ven los escudos vinilicos que sirven para detener los ataques contra ellos, lo más probable es que se dirija a la frontera, donde los migrantes intentarán cruzar, donde se agota la paciencia para pasar por migración y seguramente romperán la débil seguridad que divide a los dos países.

Las reglas en Estados Unidos han cambiado, madres que viajaban con sus hijos para entregarse por asilo ya no tienen esta oportunidad, ahora los hondureños deben de quedarse en México o en Guatemala para esperar una resolución a su solicitud de asilo, incluso la facilidad de obtener una visa humanitaria en el país azteca ha desparecido, pero tampoco hay esperanza de una Vida Mejor para estos hondureños huérfanos de bienestar que una vez más son expulsados de su hogar.

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