El Impeachment de Trump, de cara a las elecciones 2020

Después de casi tres meses de debate público, a las 8:25 p.m. del miércoles 18 de diciembre de 2019, la Cámara de Representantes de EE.UU. votó para destituir al presidente Donald Trump. Se convierte así en el tercer presidente de la Historia en confrontar un proceso de Impeachment. «Hicimos todo lo que pudimos, aprobamos los dos artículos de juicio político», dijo, con una evidente sonrisa, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en...
OEstrada20 diciembre, 2019

Después de casi tres meses de debate público, a las 8:25 p.m. del miércoles 18 de diciembre de 2019, la Cámara de Representantes de EE.UU. votó para destituir al presidente Donald Trump. Se convierte así en el tercer presidente de la Historia en confrontar un proceso de Impeachment.

«Hicimos todo lo que pudimos, aprobamos los dos artículos de juicio político», dijo, con una evidente sonrisa, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en una conferencia de prensa posterior a la votación.

Pero el proceso de Impeachment está lejos de concluir, posiblemente estaremos escuchando de él durante todo el año 2020.

Para comprender mejor el significado histórico del Impeachment a Donald Trump —y los que sigue a partir de este momento—, vamos a hacer un pequeño recorrido por su origen.

Cuando se fundó el país ahora llamado Estados Unidos de América, en los albores de la ilustración en el Siglo XVIII, no existía otro nación con estas características en el mundo. América, como continente, era aún una sola colonia española bajo el reinado de Carlos IV y el mundo estaba dividido en una docena de reinos descendientes de la edad media convertidos en imperios modernos. Los fundadores de la joven República, conocedores de Historia clásica y europea, escogieron el modelo presidencialista para gobernar su país, a diferencia del modelo parlamentario existente en Inglaterra (que luego sería imitado por el resto de los imperios en la medida entraran en su etapa de decadencia).

Ellos, The Funding Fathers, consideraron que un modelo parlamentario sería difícil de controlar en la nueva República, cuando aún una buena parte de la población de las ex colonias no estaba convencida de la aventura independentista. Se imaginaron inmersos en eternos debates entre liberales independentistas y conservadores monárquicos, con primeros ministros débiles azotados por intereses de partidos, que haría difícil consolidar el proyecto nacional.

El parlamentarismo Inglés —para ir más atrás en nuestro recorrido—, es cuando el poder político de un país reside mayoritariamente en su parlamento. Hay antecedentes de parlamentarismo en el mismo Imperio Romano, pero para este artículo definiremos su origen en 1640, cuando a raíz de un conflicto entre el rey Carlos I de Inglaterra y su parlamento, compuesto principalmente por señores feudales y burgueses, el monarca declaró la guerra al parlamento llevando al país a una guerra civil de la que finalmente salió perdedor el Rey. Era, para Inglaterra, el final de la edad media y el inicio del capitalismo moderno, pues los burgueses que comenzaban a enriquecerse con la revolución industrial cambiaron la balanza, dejando poco a poco a un Rey cosmético que fue perdiendo poder, hasta llegar a la actual reinado de Isabel II y su patético hijo, primero en línea de sucesión.

Los creadores de la República no querían un sistema parlamentario, por las razones que antes explicamos, pero tampoco querían un Rey. Era frecuente en aquellos años (aún lo sería, si las circunstancias lo permite) que el hombre que se hacía con la presidencia y acumulaba todo el poder del modelo presidencialista, terminara convirtiéndose en dictador. Otra vez, hay antecedentes de ello en el Imperio Romano, principalmente con Julio César y Agosto César en los albores imperiales, pero los fundadores de los Estados Unidos estaban más pendientes de lo que pasaba en Francia, con Napoleón Bonaparte, convertido en Emperador Francés.

Así, para impedir la creación de un Rey Americano, los fundadores pensaron en el Impeachment, que no es más que parte del proceso de pesos y contrapesos entre el poder Ejecutivo y el Legislativo.

Nuevamente, los fundadores de la República de Estados Unidos de América no inventaron el proceso de Impeachment. Este tiene su origen enInglaterra, en 1376, durante el período conocido como Buen Parlamento.

William, Cuarto Barón de Latimer, al servicio de la casa del entonces Rey Eduardo III, fue acusado de corrupción y soborno por el Buen parlamento, denominado así por la intensidad con la que perseguían la corrupción de los ministros del rey en 1376. 

El juicio político se utilizaba entonces para mantener un cierto control sobre los políticos, especialmente sobre los ministros del rey. Una condena podía acarrear multas, cárcel o incluso la pena de muerte.

«A veces se utilizaba solo para deshacerse de cargos y funcionarios intermedios […] pero su objetivo constitucional en Gran Bretaña era ejercer un contrapeso legislativo ante cualquier intento del rey por sobrepasarse o una posible tendencia hacia la tiranía y las actitudes relacionadas con esta», explica Frank Bowman, autor de un libro sobre la historia de los juicios políticos, High Crimes and Misdemeanors: A History of Impeachment for the Age of Trump. en una entrevista publicada por  eldiario.es,

«Por supuesto, Gran Bretaña no abría juicios políticos a reyes o reinas. El único modo de avanzar esa senda era la revolución sangrienta. Pero por otra parte, si el parlamento o los intereses a los que representaba querían frenar alguna decisión real o los intentos del rey o la reina de imponerse sobre la cámara, lo que hacían eran atacar a sus ministros», añade el también profesor de derecho de la Universidad de Missouri.

Los fundadores de la República Americana vieron en el Impeachment un recurso importante para poner control, desde el Poder Legislativo, a las acciones del Presidente. La ley también reconoce el poder del Legislativo para someter a Impeachment a ministros, magistrados de los tribunales y de la Corte Suprema de Justicia, generales o almirantes de las Fuerzas Armadas.

Así, la Constitución de los Estados Unidos de América expresa: «El presidente, vicepresidente y todos los funcionarios civiles de Estados Unidos serán destituidos de sus cargos por juicio político y tras condena por traición, sobornos y otros delitos y faltas graves».

Ya saliendo de la Historia y entrando en el actual proceso en contra de Trump.

Tienen razón los republicanos al afirmar que los demócratas (algunos) han estado buscando causales para someter a un juicio político al presidente Trump, casi desde el primer semestre de su presidencia: las condiciones como fue electo presidente, el Rusia Gate que tiene preso y condenado a todo su personal de campaña las elecciones de 2016; las muchas denuncias de corrupción e enriquecimiento ilícito; los constantes insultos y demás abusos de poder (sin mencionar las agresivas políticas en contra de migrantes y minorías apoyadas en teorías de conspiración y grupos radicales de ultra derecha) han hecho que los demócratas, incluso los más moderados, consideren a Trump como una amenaza para el sistema político norteamericano.

No es cierto que los demócratas, todos, buscaban realizar el juicio político a Trump desde 2017. La Presidenta de la Cámara de representantes se opuso a la medida y como ella muchos demócratas que llaman moderados (conservadores, cristianos y blancos) que apoyan en secreto las políticas del presidente. Fue la solicitud de ayuda para investigar a su rival Joe Biden, que el presidente Trump concretó en la llamada al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, en julio pasado, la gota que derramó el vaso.

La votación sin embargo fue muy cerrada. El Impeachment se decidió en las líneas partidarias y ningún republicano votó a favor del juicio político (aunque 30 se abstuvieron de votar). Los repúblicanos alegan que no existe delito en lo que el presidente Trump hizo y es cierto, la llamada en sí no es delito; que no hubo Quid pro quo (pedir una cosa a cambio de otra), porque el dinero con el que el presidente Trump pretendía «extorcionar» (según las palabras de los demócratas) se liberó días después de la llamada; y que lo que el presidente Trump buscaba era fortalecer la lucha en contra de la corrupción en Ucrania (¿en serio creen eso los republicanos?).

«Esta destitución partidista sin ley es una marcha política de suicidio para el partido demócrata», dijo a una multitud  de sus seguidores, el presidente Trump el día de la votación. «¿Han visto mis encuestas en las últimas cuatro semanas?»

Y eso también es cierto. En una encuesta de USA TODAY / Suffolk University de esta semana, el presidente Trump supera a todos sus principales rivales demócratas. Si las elecciones fueran hoy, Donald Trump se reelegiría presidente. Por otro lado, más de la mitad de los demócratas consideran que el proceso de Impeachment solo fortalecerá a Donald Trump de cara a las elecciones del próximo año.

Los artículos que al final aprobó la Cámara de Representantes este miércoles fueron:

  1. Abuso de poder y
  2. Obstrucción del Congreso. Este último ante la negativa inédita del presidente Trump de permitir que ninguno de los funcionarios del ejecutivo declarara o entregara ningún documento en relación con la investigación del Congreso.

Son artículos débiles, como dicen los republicanos, no hay «delito» en ellos, pero es importante recordar que el Impeachment no es un juicio criminal sino político, que no necesita de delitos para iniciarse y que su finalidad no es encarcelar si no recuperar el balance en el sistema de pesos y contrapesos que toda República sana necesita.

Y aquí viene la movida demócrata.

Era sabido que los demócratas votarían a favor de los dos artículos del Impeachment en contra de Donald Trump. Lo que se buscaba hacer con el proceso era demostrar unidad del Partido Demócrata. Solamente un representante demócrata renunció durante el proceso, el representante Rep. Jeff Van Drew, ahora del Partido Republicano.

Es sabido también que el Senado es controlado por los republicanos, que han defendido contra viento y marea las acciones del presidente Trump. El líder de la mayoría republicana en el Senado Mitch McConnell, ha dejado claro desde el inicio que exculparán de todo cargo al presidente Trump, porque consideran que el proceso ha sido fabricado «porque saben el presidente Trump les ganará las próximas elecciones».

Pero para ellos necesita que Nancy Pelosi acelere el proceso enviando los artículos al Senado, no pueden iniciar el juicio sin ese proceso formal.

Para comprender cómo será el proceso:

La Cámara de Representantes que aprobó los dos artículos del Impeachment, funcionará ahora como fiscal del proceso, el ejecutivo designará abogados para que hagan la defensa, el presidente de la Corte Suprema de Justicia hará de Juez y el senado será el jurado.

Para que la destitución se de, es necesario que el Senado, controlado 53 a 47 por los republicanos, vote por la destitución en mayoría calificada, o sea, 20 senadores republicanos tendrían que votar por la destitución de Donald Trump para que la misma suceda.

Bill Clinton, el último presidente sometido a Impeachment, no pudo ser destituído porque los senadores demócratas lo respaldaron.

Es casi seguro que el Senado actual tampoco destituirá a Donald Trump (y aquí viene la razón por la cual el Impeachment ha perdido popularidad entre los votantes demócratas). El Senado buscará exculpar a Donald Trump, presentarlo como víctima de la conspiración demócrata (el Deep State, que llaman las teorías de conspiración) y usar el mismo proceso para levantar su imagen con la base republicana, desmoralizando a los activistas y votantes demócratas.

Pero Nancy Pelosi, que ahora es una de las piezas más importante de su partido, debe mandar los artículos al Senado, hasta que ese proceso no se de, no se puede iniciar el juicio y Donald Trump no podrá ser exculpado de ningún cargo.

El Congreso se fue de reseso para Navidad sin que la Cámara envíe los artículos de juicio político al Capitolio para desencadenar un juicio. La presidenta Nancy Pelosi todavía no ha nombrado a los gerentes de la Cámara, lo que significa que los artículos probablemente no se enviarán al Senado hasta después de que el Congreso regrese del receso el 7 de enero.

El líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell comenzará a presionar para iniciar el juicio en el Senado inmediatamente después de regresar del receso. Pero eso no sucederá. Nancy Pelosi, que no tiene ninguna prisa, afirma que no enviará los artículos hasta no conocer el proceso de cómo el Senado llevará el juicio, para que sea imparcial. Eso podría tomar semanas, sino meses hasta que ambas cámaras se pongan de acuerdo.

Donald Trump y los republicanos aumentarán entonces retórica en contra de los demócratas, acusándolos de demorar intencionalmente el juicio, porque ellos necesitan pasar este capítulo lo antes posible para que el juicio político no se mezcle con la campaña presidencial, que es precisamente lo que los demócratas necesitan. Los demócratas quieren que, mientras el presidente Trump hace campaña por todo el país, el juicio en su contra esté en todos los televisores del mundo.

La pelota está en la cancha de los demócratas y Nancy Pelosi debe, ahora, solo esperar.

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