Casi 2 millones de hondureños no tienen acceso al agua potable

Casi 2 millones de hondureños no tienen acceso al agua potable. Eso equivale al 20% de la población del país. Honduras dispone de al menos 87,000 millones de metros cúbicos de agua al año. De esa cantidad, sólo se utilizan 7.017 de metros cúbicos al año; es decir, poco más del 9%. El acceso al agua es todavía un factor de gran incidencia en los enromes retos del desarrollo humano y la calidad de vida...
EGO31 octubre, 2017

Casi 2 millones de hondureños no tienen acceso al agua potable. Eso equivale al 20% de la población del país. Honduras dispone de al menos 87,000 millones de metros cúbicos de agua al año. De esa cantidad, sólo se utilizan 7.017 de metros cúbicos al año; es decir, poco más del 9%. El acceso al agua es todavía un factor de gran incidencia en los enromes retos del desarrollo humano y la calidad de vida de los hondureños.

El 69% de las comunidades con un rango de población entre 251 y 500 habitantes cuentan con servicio de agua; mientras que el 24% de las comunidades entre 101 y 250 habitantes no cuenta con dicho servicio, siendo mínimo el acceso en las comunidades con menos de 100 habitantes.

De acuerdo al Programa de Monitoreo Conjunto de las Metas en Agua y Saneamiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (JMP/ OMS-UNICEF), el 86% de la población tiene acceso al agua potable; existiendo diferencias significativas entre el área urbana (94%) y el área rural (72%); donde deben sumarse los problemas de calidad del agua y del saneamiento ambiental, tanto en los hogares como en las escuelas.

Un 62% tiene acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento en el área rural y 80% en el área urbana, para un total nacional de 71%. Las actuales coberturas dejan a cerca de 1 millón de hondureños y hondureñas sin acceso a agua potable, entre ellos aproximadamente 500,000 niños y 2.2 millones sin acceso a saneamiento básico, incluyendo cerca de 1.1 millones niños y niñas.

El Gobierno de Honduras ha venido desarrollando actividades para dotar de servicios de agua potable y saneamiento a la población hondureña, alcanzando coberturas de servicio de agua del 86% y de saneamiento del 71%.

Aunque esto es un logro importante comparado con los niveles de cobertura de 72% en agua y 44% en saneamiento en 1990, la población excluida de esos servicios básicos continúa siendo alarmante. Aproximadamente, 1 millón de hondureños y hondureñas carecen de acceso a servicio de agua y 2.2 millones sin acceso a saneamiento mejorado. La exclusión es mayor en las localidades rurales de menos de 250 habitantes y en la población periurbana.

Foto: elmercuriodigital.es
Foto: elmercuriodigital.es

Existe un grupo de población que es sistemáticamente excluido del acceso al agua y saneamiento: las comunidades con menos de 250 viviendas, con menos probabilidad apoyo de las ONGs o del gobierno.

Los programas excluyen aquellas localidades que no están dispuestas a brindar el aporte comunitario y a soportar el costo de la operación y mantenimiento de infraestructura mediante el pago de tarifas de autosuficiencia financiera. También se excluyen localidades con costos por persona beneficiadas por sobre valores que oscilan entre 100 y 150 dólares por persona.

La población excluida se ve obligada a acarrear el agua de fuentes de agua no potable, con participación mayoritaria de las mujeres y los niños, con prácticas limitadas de mejoramiento de la calidad del agua en el hogar y con una alta proporción de fecalismo al aire libre. Sin embargo, la investigación no identificó una mayor incidencia de enfermedades de origen hídrico en las localidades sin servicios en comparación con aquellas que si cuentan con ellos.

El Estudio sobre exclusión en el sector Agua y Saneamiento en Honduras plantea la necesidad de desarrollar la disposición del Plan de Nación que estipula que el modelo utilizado para las localidades urbanas mayores y la población que cae dentro del área de influencia de los corredores económicos debe ser complementado con un esquema de atención a asentamientos humanos dispersos que asegure una cobertura total en el país, bajo condiciones igualitarias de calidad de servicio en el período del mismo documento.

Lo que se debe reflejar en una planificación sectorial a nivel de país, la que debe incluir medios para que toda la población que actualmente cuenta con servicio lo reciba en condiciones de calidad y continuidad, y no limitarse a invertir en ampliaciones de cobertura.

Plantea que se deben sistematizar los enfoques novedosos que tienden a disminuir los costos del desarrollo de infraestructura (alcantarillado condominial), tecnologías apropiadas (cosecha de aguas lluvias, pozos con bombas de mano, letrinas ecológicas) o enfoques que incentivan la incorporación de usuarios de bajos ingresos (Ayuda en Base a Resultados) adoptando las políticas necesarias para oficializar y difundir su aplicación, conservando donde sea aplicable los paradigmas actuales de alto nivel de servicio.

Foto La Prensa
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Se debe fortalecer, bajo diferentes instituciones y mecanismos, (ONGs, asociaciones de juntas, tercerización) el apoyo post construcción a los sistemas rurales, incorporando medidas de fortalecimiento institucional para este fin en las nuevas operaciones de inversión dirigidas al área rural. De igual manera debe fortalecerse el apoyo a prestadores urbanos para alcanzar los niveles de eficiencia que persigue la Ley Marco del Sector Agua Potable y Saneamiento para que incluyan en sus áreas de servicio la población periurbana.

El SANAA ha contribuido con el desarrollo de numerosos programas y proyectos para aumento de cobertura de servicios de agua potable y saneamiento, tanto en el área urbana como la rural. En la primera se destaca el Plan Maestro para dotar de servicios a Tegucigalpa; con proyectos importantes de aumento de suministro como los Proyectos San Juancito- Picacho, Los Laureles y Concepción y la dotación de servicio a barrios periurbanos a través de la Unidad Ejecutora de Barrios en Desarrollo (UEBD).

En el área urbana también se distinguen los proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), denominados “Tres Ciudades” y “Cuatro Ciudades” mediante los cuales se mejoraron los acueductos de algunas de las mayores ciudades del país. En el medio rural SANAA desarrolló diferentes programas con apoyo financiero del BID, la agencia alemana KfW y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), entre otros.

Para los fines de este informe, la atención se concentró en el área periurbana de Tegucigalpa y en el Proyecto de Acueductos Rurales financiado por BID, que incorporaron enfoques no convencionales.

La Secretaría de Salud inició su participación en la dotación de servicios agua potable y saneamiento en comunidades rurales dispersas; con tecnología de bajo costo. Con el paso del tiempo evolucionó de la tecnología de bajo costo a la construcción de proyectos de acueductos semejantes a los que desarrollaba SANAA, contando con la contribución de diversos cooperantes.

Como consecuencia de la promulgación de la Ley General de la Administración Pública en 1986, la Secretaría de Salud se fue retirando del desarrollo de infraestructura para adoptar un papel normativo y de regulación, lo que ha dejado sin un promotor de soluciones adecuadas para las comunidades con menos población, donde la construcción de acueductos no resulta los más apropiado, y esto se ha traducido, en la inclusión de la población que originalmente atendía la Secretaría de Salud, sin que haya sido sustituida de manera efectiva, dentro de las actividades de sus unidades ejecutoras de proyecto.

Foto: Crhoy.com
Foto: Crhoy.com

En Honduras el paradigma en materia de prestación del servicio de agua es que la vivienda tenga conexión domiciliaria y que, en el peor de los casos, se tenga como última opción una conexión predial en el patio. El uso de otras opciones de servicio (llaves públicas, lavaderos públicos, letrinas comunitarias) no ha sido considerado como la más adecuada.

Este modelo de prestación con conexión domiciliaria se ha venido aplicando, incluyendo el área rural, desde hace más de 40 años y se conceptualiza en función de que, por lo menos el 80% de las viviendas del área de servicio deben quedar conectadas al término de la construcción de un acueducto.
El acueducto generalmente es una obra relativamente compleja que consta de obras de captación; pre-tratamiento (desarenadores); líneas de conducción con sus válvulas de aire y tanque rompe-carga; válvulas de limpieza; tanques de almacenamiento, donde en forma generalizada, se dejan instalados hipo-cloradores que trabajan con cloro granulado (HTH) y redes de distribución con conexiones en cada vivienda.

En materia de disposición de excretas, en el ámbito urbano el paradigma ha sido la red de colección de alcantarillado convencional (diámetro mínimo de 8”), el cual en la mayoría de los casi 2 millones de hondureños no tienen acceso al agua potable. Eso equivale al 20% de la población del país.

En algunos casos se construyen colectores para conducir las aguas residuales lejos del casco de la localidad, generando contaminación de los cuerpos hídricos receptores. Últimamente se están incorporando instalaciones de tratamiento, preferiblemente lagunas de oxidación.

En el ámbito rural la práctica de disposición de excretas se ha llevado a cabo generalmente mediante la construcción de letrinas, dando preferencia a la letrina de cierre hidráulico en comunidades donde hay un sistema de abastecimiento de agua y de fosa simple en aquellas comunidades donde no hay suministro de agua. Para las viviendas de familias con mayores recursos económicos, en zonas donde no hay red de colección, se recurre al uso de las fosas sépticas.

El acceso al agua de los hondureños es limitada, y debe ser una prioridad sin aceptar postergación.

Nota al pie.

*Léase: Estudio sobre exclusión en el sector Agua y Saneamiento en Honduras.

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