Democracia y Gobernabilidad en Honduras

La democracia y la gobernabilidad son dos problemas históricos de Honduras. Los múltiples intentos por democratizar los procesos políticos, sociales y culturales de la nación —así como su gobernabilidad — han sido retos enormes para la clase política, los intelectuales y académicos. La consecución de ambas se presenta como una asignatura pendiente: Honduras es una nación con profundas grietas democráticas que dificultan la gobernabilidad del país. Desde el gobierno de Roberto Suazo Córdova (1982-1986), se...
EGO22 septiembre, 2017

La democracia y la gobernabilidad son dos problemas históricos de Honduras. Los múltiples intentos por democratizar los procesos políticos, sociales y culturales de la nación —así como su gobernabilidad — han sido retos enormes para la clase política, los intelectuales y académicos.

La consecución de ambas se presenta como una asignatura pendiente: Honduras es una nación con profundas grietas democráticas que dificultan la gobernabilidad del país.

Desde el gobierno de Roberto Suazo Córdova (1982-1986), se fue construyendo una nueva institucionalidad democrática en favor de la administración pública, así como para el fortalecimiento de los procesos culturales, económicos y sociales. Además se fueron creando una serie de instituciones e instancia públicas con el fin de construir un aparato estatal más fuerte y eficaz.

«Se conformó el Ministerio Público y el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos; se logró liberar a la policía de la matriz castrense para darle un sesgo más civil; se logró desmilitarizar los distintos eslabones del Estado que permanecían en manos de las Fuerzas Armadas. El país avanzada gradualmente, pero se estaba creando mucha institucionalidad formal sin contenido democrático. Así se generó un desfase entre la institucionalidad formal y la dinámica de la cultura democrática que debe sustentar a un Estado de Derecho».[1]

Tras los muchos años que el país había vivido bajo los regímenes militares comandados por las Fuerzas Armadas y líderes políticos del Partido Nacional, la “restauración democrática”  se impuso como una tarea inmediata y urgente. Pero la restauración requería de consensos mínimos que permitiera desarrollar acuerdos básicos en torno a las reformas políticas que el país necesitaba.

Para tal propósito se requería un ambiente de diálogo y entendimiento, con una inteligencia y audacia creadora que nos permitiera avanzar como nación democrática y gobernable.

Otro elemento importante en la democratización y la búsqueda de la gobernabilidad es la legitimidad política. La legitimidad democrática es producto de factores contextuales e individuales. Entre las explicaciones contextuales, es prominente la idea de que ciertas culturas tienen niveles más elevados de legitimidad política por naturaleza. Las características institucionales que hacen que la derrota electoral sea más aceptable; por ejemplo, que hace la representación legislativa más proporcional, puede reforzar el apoyo al sistema especialmente entre los perdedores (Anderson et al. 2005; Carlin y Singer 2011).

La legitimidad política en Honduras es una debilidad grande en la construcción de democracia y gobernabilidad. La clase política nacional no es confiable. Y cuando nos referimos a la clase política no nos referimos únicamente a la clase política representante de los partidos tradicionalmente ligados al poder como el Partido Nacional o el Partido Liberal; también a aquella clase política relativamente “nueva” que busca la conquista del poder.

«Algunos autores defienden la noción de que la política local generalmente produce resultados positivos para la gobernabilidad y la democracia. ¿Cómo afecta el rendimiento del gobierno local las actitudes hacia el sistema político en general? Debido a que algunos ciudadanos se relacionan con el gobierno únicamente a nivel local, puede que únicamente formen sus impresiones acerca de la democracia a partir de estas experiencias. Por lo tanto, una proporción considerable de los ciudadanos puede basarse en sus interacciones con el nivel local de gobierno a la hora de formular sus opiniones sobre la democracia y las instituciones democráticas»[2].

Muchos ciudadanos apenas tienen contacto con ningún nivel del gobierno, salvo con el gobierno local. Por lo tanto, las percepciones sobre los gobiernos locales pueden impactar de forma importante las actitudes hacia el sistema político en general.

La aprobación del trabajo del Presidente (como figura principal de gobierno) y la evaluación de los servicios que prestan los gobiernos locales son factores estadísticamente significativos para explicar cambios en el apoyo al sistema político. Los resultados indican que mientras más satisfacción tenga un ciudadano con el desempeño del Presidente o con los servicios de los gobiernos locales, mayor apoyo tendrá para el sistema político. Pero ello no garantiza un mayor grado de democracia en un gobierno, como tampoco mayor gobernabilidad; es sólo legitimación política.

Según el discurso de la gobernabilidad, en un mundo organizado alrededor de un eje global/local, el gobierno debe ejercerse a través de una interacción en red de los sectores público, privado y la denominada sociedad civil. En esta concepción del bien gobierno, el Estado ya no ejerce su rol de regulador social. Más bien debe cumplir una función de facilitador para que el mercado regule la sociedad según sus reglas y para que un tercer sector, la sociedad civil, pueda monitorearlos a ambos.

«Este énfasis en los actores no estatales es coherente con un modelo económico que pugna por eliminar las llamadas distorsiones que el estado genera cuando interviene en el proceso de acumulación. Igualmente coherente es el vínculo teórico entre democracia y libre mercado. Por un lado, la gobernabilidad es buena para el mercado ya que “atrae capital, favorece el crecimiento económico, mejora la asistencia social e impulsa a los países en el camino de la transformación hacia el desarrollo”».[3]

En Honduras, la gobernabilidad hace parte del Programa “Democracia”, uno de los cinco programas impulsados por la US Agency for International Development -principal fuente de financiamiento bilateral para el país-, junto con Desarrollo Económico, Medio Ambiente, Salud y Educación.

En este marco, siguieron apoyando los procesos de descentralización y promoviendo la participación de las minorías (pueblos indígenas y mujeres), al mismo tiempo que se intensificó el financiamiento de contrapartes locales –ong’s, grupos de presión, think tanks, sindicatos- comprometidas con la agenda de democracia, el buen gobierno y el libre mercado.

El objetivo es favorecer la apropiación de la “agenda de la libertad” y presentarla ya no como una imposición externa sino como una demanda de la sociedad civil.

Tanto la democratización se los procesos políticos, culturales, económicos y sociales; así como la gobernabilidad son asuntos pendientes en Honduras. Una y otra (democracia y gobernabilidad), siguen siendo figuras no consolidadas.

Citas al pie.

[1] “Democracia y Gobernabilidad: evaluación y perspectivas”. Disponible en: http://www.cedoh.org/resources/Publicaciones/Lo-que-publicamos/Libro-democracia-web.pdf

[2] Pérez, Orlando. “Gobierno local, inseguridad y democracia en Honduras”. Disponible en: http://www.vanderbilt.edu/lapop/honduras/AB2014_Honduras_Country_Report_V3_W_010715.pdf

[3] http://www.cetri.be/Honduras-Crisis-de-legitimidad-o?lang=fr

Acerca de El Pulso

Propósito: Somos un equipo de investigación periodística, que nace por la necesidad de generar un espacio que impulse la opinión sobre los temas torales de la política, economía y la cultura hondureña. Estamos comprometidos con el derecho que la gente tiene de estar verdaderamente informada.

Derechos Reservados 2019-2021