José Lino Álvarez Sambulá y el llamado de los tambores.

La creación del Ballet Garífuna y la fuerza de los latidos de las luchas sociales en Honduras Por: Josefina Dobinger – Álvarez Quioto Los toques del tambor son el motor de los ritos de posesión dedicados al contacto con los áhari (espíritus). Se tocan en número de tres y se asocian al pasado, el presente y al futuro respectivamente. El del centro es conocido como lanigui garawou, el corazón del tambor, un término que acuña...
EGO24 febrero, 2017

La creación del Ballet Garífuna y la fuerza de los latidos de las luchas sociales en Honduras

Por: Josefina Dobinger – Álvarez Quioto

Los toques del tambor son el motor de los ritos de posesión dedicados al contacto con los áhari (espíritus). Se tocan en número de tres y se asocian al pasado, el presente y al futuro respectivamente. El del centro es conocido como lanigui garawou, el corazón del tambor, un término que acuña el mismo sentido del Hüngühüledi, el latido del corazón.

Arrivillaga, 2010.

Con el propósito de aportar a la reflexión sobre los derechos culturales en Honduras, se invita a realizar un viaje hacia los recuerdos y pasar de esa manera lo vivido, de nuevo por el corazón. Un volver a las raíces que necesariamente al recordar se teje la historia de las luchas sociales que forman parte de nuestra memoria colectiva y las enfrentadas por nuestros pueblos ancestrales al resistir las diversas formas que encarna el colonialismo. Es desde este contexto que JOSÉ LINO ÁLVAREZ SAMBULÁ (Sangrelaya, 1937) profesor, abogado, luchador por las comunidades garífunas y el magisterio, primer presidente del Colegio de Profesores de Educación Media COPEMH, y miembro activo por 40 años de Alcohólicos Anónimos A.A., relata sus vivencias durante el proceso de creación del Ballet Garífuna. Para ilustrar mejor nos cuenta:

Nosotros, [jóvenes estudiantes garífunas que residíamos en Tegucigalpa] hicimos recopilaciones porque en el proceso del Ballet, mi objetivo no era fundamentalmente danzar. Mi objetivo era fundamentalmente político; mejorar el nivel cultural, el nivel de vida de la gente garífuna.

Pero la única forma para reunir a los garínagu, la única manera para que la gente estuviera en un lugar, era a través de la música. Las reuniones se desarrollaban del siguiente modo: organicé un grupo con los que cantaban, con los que bailaban y dentro de esta acción hacíamos una sesión de música de media hora o una hora. Después suspendíamos la sesión de música para hacer un trabajo de concientización e información, es decir, un trabajo de orientación política. Para eso había necesidad de estar recogiendo alguna información y también mantener reuniones de discusión.

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Haciendo propias las palabras de Silvia Ribera Cusicanqui (1984, 2010) en Oprimidos pero no vencidos, las experiencias que a continuación nos comparte José Lino posibilitan la comprensión de este opresivo presente, percibido como anacronismo y como contradicción frente a la retórica “integracionista” dominante en la ideología oficial (Ribera, 2010). Vivencias que visibilizan desde un conocimiento subjetivo, las maneras de resistir a la subordinación política y los juegos de poder que evidencian una profunda marginación y exclusión de grandes sectores de la población. Así, por ejemplo, se tejen historias a partir de contar experiencias personales y sociales, concretamente desde el activismo político de José Lino Álvarez Sambulá como presidente estudiantil en la Normal de Varones de Comayagua (1955-57) y en la Escuela Superior del profesorado hasta ocupar el cargo de primer presidente del Colegio de Profesores de Educación Media COPEMH (1963-1971). Relatos que dan cuenta de aprendizajes sobre las luchas sociales en la década del 50’y el 60’ y su finalidad por alcanzar transformaciones que mejoren las condiciones de vida de la población.

Gabriel García Márquez no nos deja olvidar que: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”. Fue en el año 2005, en la ciudad de Perchtoldsdorf, Austria que mi padre responde a mis interrogantes sobre sus búsquedas personales. A sus 80 años, se vuelve una urgencia compartir este legado familiar-social que nos ofrece algunas luces significativas para comprender desde una mirada del pasado reciente, problemáticas vitales que afectan actualmente a la sociedad hondureña en su conjunto como la criminalización de las luchas estudiantiles y la protesta pública en nuestro país.

Foto de Javier Maradiaga Melara
Foto de Javier Maradiaga Melara

EL corazón del tambor. El llamado de los ancestros

A los garífunas los capturan, los meten a la fuerza en embarcaciones y los botan en las Islas de la Bahía. Y de las Islas de la Bahía, ellos, según los historiadores, pidieron autorización del gobierno de Honduras para poder vivir en tierra firme. Sin embargo, los garífunas, en su propia historia dicen que construyeron balsas, porque vieron desde la isla de Punta Gorda, que hacia el Este había tierra firme, vieron que más adelante habían montañas, zona montañosa y supusieron que ahí podía estar Yurumei, y eso es lo que los motiva a viajar. El canto YURUMEIN es un lamento, ellos están lamentando que van a regresar a Yurumei. Y es al interior de la música, en los cantos garífunas que se confirma que ellos regresan a Yurumei.

“…Ligia buga wayabibei faya haña dügü Lechu

Waluwahwinañanu Garínagu Waladei

Por eso navegamos y navegamos de costa en costa,

Buscando a nuestros hermanos garífunas

Burariba negetia wagei eh

Lagiweriha negué Wayuna waba ou

Viajaremos en balsas

Construidas por nuestros bisabuelos…”

Canto a Yurumein.  Arribillada, 2010.

Durante mi función como presidente del Consejo Estudiantil en la Escuela Normal de Varones en Comayagua. 

Las primeras experiencias de participación política

Cuando estuve en la Escuela Normal de Varones, yo era presidente de los estudiantes y estaba conectado con el Frente de Reforma Universitaria FRU que gobernaba la Universidad Nacional en 1956. En ese tiempo se inauguró, durante la Junta Militar de Gobierno, el edificio donde funcionaba el Instituto Aguilar Paz ubicado en Comayagüela. Por ser un gobierno de transición las represiones fueron menos causticas, menos agresivas.

Cuando yo hablé por primera vez con el Doctor Villeda Morales, era estudiante de último año de la Normal. Me hice liberal por la actitud que le vi a Villeda Morales. Éramos varios estudiantes, andaba un estudiante de Ocotepeque, Adelmo y el otro era Oquelí de Tegucigalpa. Cuando llegamos a la casa del Doctor, nos pasó adelante, nos recibió y con una delicadeza nos dijo: Estudiantes y otras cosas. Nos dio cita para otra ocasión, no sin antes darnos una misión específica como estudiantes. A Oquelí le encargó que tenía que comunicarse con los líderes del sur y Tegucigalpa, porque era de Tegucigalpa. Adelmo era de Ocotepeque igual que el Doctor Villeda que le encargó que fuera a trabajar con la gente joven de Ocotepeque, y a mí me dijo: a usted le voy a dar un sobre con dinero para el viaje de los estudiantes que van a ir al departamento de Colón. Allá, dijo el Doctor, tengo un negro como candidato suplente de diputado y el diputado propietario es José Castillo. El candidato propietario a diputado era técnico laboratorista, no era universitario pero era hombre de oficio que trabajaba en laboratorios de bacteriología. Era un mestizo de Trujillo, un analfabeto, pero era liberal.

Yo llegué a Trujillo acompañado del Doctor Villeda Morales. Él nos dio el boleto de avión y el dinero para llevarle al diputado. Eran como las diez de la mañana cuando llegamos, había una enorme cantidad de personas y nos fuimos caminando desde el aeropuerto hasta el parque central de Trujillo.

Florentino, Roberto Benedith, Bernardo Batíz, ellos tres son garífunas, iba también Raúl Munguía, íbamos en total como 8 muchachos, también iba Arcadio Molina. Ubicados en Trujillo le entregué el sobre a Don José Castillo Melado con el dinero que mandaba el candidato a presidente de la república. Y ese hombre, cambió el cheque que le mandó Villeda Morales, y nos dio creo que eran como 15 o 20 lempiras a cada uno para viáticos, para estar una semana en el departamento de Colón. 

Durante nuestro trabajo político en las comunidades, Florentino salió huyendo de Aguán porque ahí había un sicario, un verdugo que tenía Sanabria, se llamaba Lara era indio. Florentino salió a la carrera porque ese hombre no permitía que hubieran liberales hablando, Bernardo Batíz estaba conmigo en Iriona y Benedith Roberto que era de Trujillo. Esa fue la primera vez que el partido liberal ganó en el municipio de Iriona, esa vez que llegamos nosotros. Conocimos y tuvimos la experiencia de participar en política. También frenamos el manipuleo que hacían los nacionalistas, que tenían costumbre de hacer en la comunidad. 

El día de las elecciones cuando yo estaba viendo como ellos estaban presionando a la gente para que votaran de determinada manera, yo le dije a la gente que no tenían que hacer lo que decía este individuo. Me acuerdo un muchacho, Mendoza, Tano Mendoza, eso fue hace mucho tiempo en 1956. Tano Mendoza se fue a buscar a mi papá, porque mi papá era de filiación nacionalista, ese hombre le fue a decir a mi papá: Mire don Aniceto Álvarez, dígale a su hijo que no se ande metiendo a obstaculizar el trabajo de nosotros porque si no, va a tener que atenerse a las consecuencias. Mi papá que era correligionario de ellos le dio una respuesta que nunca se me olvida: dijo que yo era un ciudadano y que él tenía que respetar mi derecho a actuar como yo pensaba, que tenía derecho a hacerlo. Fue interesante porque mi padre ubicó por encima de sus compromisos políticos el derecho que me asiste como persona a actuar, aun cuando yo estaba en contra de su pensamiento político.

Instalaciones del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCI. José Lino Álvarez Sambulá en el centro del grupo.
Instalaciones del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCI. José Lino Álvarez Sambulá en el centro del grupo.

Presidente del Consejo Estudiantil de la Escuela Superior del Profesorado “Francisco Morazán”. 

Lanzamiento de la candidatura del Doctor Alfonso Lacayo

En 1962 fui presidente de los estudiantes de la Escuela Superior del Profesorado, dirigía las huelgas de estudiantes de la superior. Establecí muchas relaciones con diversos centros de educación media de la capital y de la república. Cuando yo estaba en último año, antes de graduarme, ya tenía ofrecimiento de trabajo para ir de catedrático a una universidad y otra a un colegio de Olancho. También me ofrecieron trabajo en un colegio del sur. En ese tiempo daba clases privadas en Tegucigalpa y aconteció que un maestro de biología que confundí con un vigilante cuando me escaparon de expulsar de la Normal, era de El Salvador y además el Director de la Escuela Normal Superior. En el momento que él se enferma pidió a la Escuela Superior que yo fuera su sustituto. 

En ese entonces estaban los militares en el poder. Era un Estado de transición, había represión pero no había virulencia. Sí había crisis, porque en esa época Fidel Castro estaba en el poder en Cuba y Estados Unidos tenía sus bases militares en Panamá y en la zona de Honduras. Para esa época la conciencia de lucha en Honduras era más abierta. En la universidad gobernaba el Frente de Reforma Universitaria, y en esa misma época se gradúa Alfonso Lacayo de médico, yo fui el padrino de Alfonso cuando se hizo médico, lo acompañé como amigo y fue en ese entonces candidato a presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios.

En el tiempo que era alumno de último año de la Superior, ya era catedrático de biología y ciencias naturales en la Escuela Normal de Varones. En ese momento, varios compañeros míos son becados para ir a Cuba. Por sentimentalismo al no querer dejar abandonado a mi hermano [Francisco Álvarez Sambulá] que lo tenía estudiando y vivía conmigo en Tegucigalpa, renuncié a la beca para estudiar en Cuba. Cuando yo estoy en 2do año de la Escuela Superior, Francisco inicia el 1 curso de ciclo común en el colegio nocturno del IDA. Fue en ese año [1960] donde hacen el primer reclutamiento en la Escuela Superior, de gente para ir a estudiar a  Cuba.

Yo les había pedido permiso [a mis padres], les ofrecí que Francisco viniera conmigo para que estudiara, porque había ciertas dificultades en la casa para que le pudieran costear a él los estudios. Un año antes de esa fecha, alguien que tenía mucho cariño para mi familia le metió fuego al cocal. El cocal había colapsado por lo que ellos dijeron que no podían tomar riesgo, al no tener como apoyarnos. Argumentaron que el cocal necesitaría por lo menos dos años para recuperarse. Yo les dije: Voy a trabajar, lo voy a llevar a estudiar y con la beca que tengo y alguna cosa que podamos hacer de más, saldremos adelante. Podemos lavar la ropa nosotros mismos, podemos cocinar la comida y con lo que gano de la beca podemos estudiar los dos. Así, ellos aceptaron y nos venimos a Tegucigalpa.

Foto de Javier Maradiaga Melara

Cuando me dan la beca para Cuba, pensé y me interrogué; y ahora, si me voy para Cuba dejó a mi hermano solo. Y yo no conocía Tegucigalpa, es decir yo conocía Tegucigalpa todo el tiempo atrás pero no tenía conocidos, ni condiciones para pagarle a alguien y decir voy a dejar a mi hermano aquí para que lo atiendan. Les dije al final, tomé la decisión que no voy a ir porque no estoy solo. Entonces por un concepto de solidaridad, buena o mala, no salí. Pero yo estaba ligado a la cuestión política y lo estaba desde antes.

En la campaña política del año 63, el grupo de jóvenes garífunas que posteriormente formarán parte del Ballet Garífuna, lanzamos la candidatura de Alfonso Lacayo. En es ese entonces Francisco Álvarez Sambulá, Félix Lacayo y otros garífunas estaban cursando la secundaria. Alfonso Lacayo se traslada a la costa y en esos tiempos se publica el libro de investigación de Pierre Beaucage sobre la historia de los garífunas de Honduras, uno de los primeros documentos sobre los garífunas que circulaban en Tegucigalpa. Publicamos el libro en la editorial El Cronista [Carlos Roberto Reyna era director] y lo utilizamos como patrimonio del grupo, en la portada del libro estaba una fotografía de mi mamá. Era un folletito pequeñito pero tenía datos muy provechosos.

Logramos hablar con políticos pero ellos se negaron a darle entrada a nuestra propuesta de colocar a nuestro candidato para diputado para las próximas elecciones. Es decir, el partido liberal asumió una posición reaccionaria frente a las posiciones del pueblo garífuna, a sus aspiraciones de tener una representación en el Congreso. Nosotros estuvimos presionando para tener un representante liberal en el Congreso en diferentes ocasiones. Lo hicimos con Modesto Rodas Alvarado, después con Andrés Alvarado Puerto y fue igual. Comenzamos haciendo una aproximación con Ramón Villeda Morales.

José Lino Álvarez Sambulá
José Lino Álvarez Sambulá

Fue por eso que propusimos colocar un candidato independiente, en esa ocasión nos apoyaron amigos valiosos como Lorenzo Zelaya Velásquez, Mario Raúl Pinto y otras personas que eran miembros del Frente de Reforma Universitaria que apoyaban el proyecto con ideas y dinero. 

En el año de 1963 hicimos un operativo. Mandamos a imprimir unos 50 mil votos, la cantidad de votantes en Honduras era poca, el número de habitantes era menor de dos millones. Por otra parte, el libro sobre los garífunas lo estuvimos vendiendo como capital para patrocinar la campaña de Alfonso. 

Yo tenía mis centavos porque había estado trabajando como maestro. Después de sacar 50 mil votos, le dimos la misión a Francisco, mi hermano, a Félix hermano de Alfonso Lacayo y Ubence Martínez, que fueran a las comunidades garífunas y llevaran las consignas, para que el día de la votación la gente no depositaran los votos que le había entregado el Consejo Electoral, sino depositaran los votos que nosotros les estábamos repartiendo. De esa manera tenía que aparecer en las urnas un voto que reflejaría el pensamiento que tenía la comunidad garífuna. Había consenso y una buena respuesta por parte de la comunidad a pesar que mucha gente no estaba bien concientizada del asunto. Desde ese espíritu, ellos se fueron a las comunidades.

En Tegucigalpa, nosotros logramos tapizar las calles con fotografías y afiches. En las noches, en la oficina donde teníamos nuestro cuartel, llenamos baldes de engrudo y preparábamos la propaganda. Igualmente teníamos comisiones; fulano: 1ra calle, 2da. 3ra. 4ta y 5ta de Comayagüela. Eran las Oficinas del partido liberal que estaban en Comayagüela y Tegucigalpa también. Las instrucciones eran: tienen una hora para pegar propaganda del puente hasta El Obelisco. Y aquella gente salía, alguien con el balde, el otro con la mano pegaba, y a la hora ya estaban de regreso. Llenamos la ciudad completa. La realidad es que la experiencia fue preciosa, porque fue un equipo pequeño de gente pero con una determinación fuerte. El 3 de octubre del 63 a las 2 de la mañana estábamos reunidos porque esa semana iban a ser las elecciones, sonaron el golpe de Estado que dieron al Partido Liberal. 

Había policías por todos lados y los que estaban allá en las comunidades eran mi mayor problema. Dicho de otro modo, había golpe de Estado y había estado de sitio por lo que no había garantía civil. Pasaron 4 o 5 días, una semana, cuando logré conseguir el dinero para poder mandar a traer a los que estaban en las comunidades, regresaron por tierra a Tegucigalpa y hasta ahí llegó la campaña de Alfonso Lacayo. El resultado fue, que pudimos organizar un grupo de gente con la que se podía hacer un trabajo. Y muchos de ellos continuamos trabajando juntos. Nos reuníamos para evaluar lo que había pasado y para poder reunir a la gente; tocábamos el tambor.

Foto de Javier Maradiaga Melara
Foto de Javier Maradiaga Melara

 

Creación del Ballet Garífuna de Honduras

El Ballet aparece en 1964, después de todas las luchas que habíamos enfrentado durante la campaña para colocar a Alfonso Lacayo de diputado. Durante ese período estudiantes de la Universidad de Laval, Quebec trabajaron en Honduras y escribieron una tesis sobre la comunidad garífuna. Eran estudiantes de antropología e historia que vivieron mucho tiempo en la comunidad.

Ellos tuvieron acceso a fuentes de información en los archivos de bibliotecas en Canadá y Estados Unidos, como algunos historiadores nuestros que igualmente alcanzaron a obtener algunos datos.  Pero estos investigadores aparte de trabajar con la información bibliográfica, permanecieron en la comunidad, tuvieron contacto y hablaron con los garífunas en sus comunidades, escucharon la música, y sus hipótesis estaban basadas en información oral, bibliográfica y también en la lógica, un proceso dialéctico que se puede inferir del cuestionamiento de la confrontación de datos.

Fue así que hacíamos recopilaciones porque en el proceso del Ballet, como ya se mencionó anteriormente, mi objetivo no era fundamentalmente danzar. Mi objetivo era fundamentalmente político; mejorar el nivel cultural, el nivel de vida de la gente garífuna.

En una ocasión yo le dije a los muchachos: vamos a ir a bailar a la calle. En ese tiempo se realizaban carnavales en Tegucigalpa y en uno de ellos, salimos por toda la calle Real y fuimos a la plaza central, en ese tiempo estaban inaugurando la calle hacia Suyapa, celebraban el día de la Virgen de Suyapa. Salimos de noche a bailar, aquellos garífunas, primero andaban todos temblando porque no sentían valor para salir y después cuando regresaron, venían emocionados porque todo el mundo quería andar bailando con nuestro grupo, fue IMPRESIONANTE!

En ese entonces a la gente le daba pena hablar garífuna y a nadie se le llamaba garífuna, se le decía morenos. La palabra garífuna, la apropiación de la palabra comenzó a usarse a partir de entonces. A raíz de esas campañas nuestras, es decir, empezamos a usar el término de afrohondureños y eso causó problemas serios. Participé en debates con Herman Allan Padgett y con otros, porque decían que no teníamos que llamarnos afrohondureños, que nosotros no éramos africanos.

Les dije que nosotros somos descendientes de africanos y justamente para que nosotros podamos agrupar a los negros garífunas y de habla inglesa tenemos que buscar un común denominador. Creo que en 1964 o 1965 comenzamos a pelear con Manzanares [Rafael Manzanares Aguilar] porque en ese tiempo inicia la recopilación de las danzas folclóricas y junto a Belisario [José Belisario Romero] estaban comenzando a construir su propia versión de lo que significaba la danza de los morenos. Pero como yo estaba ahí metido y teníamos más educación que muchos de ellos, mayor capacidad y entrenamiento político, logramos enfrentarlos y comenzamos a participar como grupo.

Instalaciones del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCI. José Lino Álvarez Sambulá en el centro del grupo.
Instalaciones del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCI. José Lino Álvarez Sambulá en el centro del grupo.

Con Rafael Manzanares Aguilar no nos podíamos ver y Belizario Romero quería hacer su espectáculo con los garífunas, habían muchas personas que tenían sus aspiraciones para con los garífunas. Pero nosotros teníamos ciertas conexiones en el círculo, baste como muestra, que conocía personalmente a Francisco Salvador. 

Sin embargo había que irle dando forma al grupo y en ese mismo contexto apareció un profesor universitario francés, Valot, que se interesó mucho por el grupo. Con Valot hicimos puente porque los ñangaras [Forma despectiva que se utiliza para definir a personas que políticamente son de izquierda] de la superior y la universidad nos reuníamos para hablar de política, y él era de izquierda. Nos encontrábamos para hablar de música, sobre todo de jazz. En una oportunidad dijo: yo quiero trabajar con el grupo de ustedes. Le dije; ¿y vos sabes de esto? Pues sí, me respondió.

Me dijo que en primer lugar teníamos que darle vuelta a lo que hacíamos. ¿Qué quería decir eso? Tienen que bailar, no para ustedes sino para el público. Una de las condiciones de la música garífuna es que la persona que baila es la que le da el ritmo al que toca el tambor. En la música contemporánea que nosotros bailamos, la música es la que le dice al que baila, lo que va a bailar. Y en la música garífuna, el que baila es el que le dice al tambor, el ritmo que tiene que tocar.

Vaulot comenzó a trabajar duro en coreografía y muchas otras cosas. Para esos días, en 1965, se programó un evento centroamericano en el Teatro Nacional Manuel Bonilla y pedimos nos dieran participación. En 1965 ya estaba doña Xiomara Quioto en el medio de las actividades del grupo y los tambores ya los tenía en la casa de El Reparto. Fue una participación improvisada, mendigando, rapiñando, dejando de comprar comida para la casa. Porque yo tuve que comprar tambores, tuve que conseguir dinero para hacer la vestimenta, pero también alguna gente nos ayudó. 

Llegaron los guatemaltecos con sus Quetzales y todas sus cosas, de El Salvador, pero el francés era el soporte que yo tenía, y alguna gente se fue integrando como Francisco Salvador y otros extranjeros que andaban con nosotros.

Para ese entonces, Lucy Ondina ya tenía amistad conmigo, antes no tanto, en ese entonces estaba casada con Conrado Enríquez, ellos presentaron un número. Lucy ha sido una gran declamadora, en ese entonces Lucy presentó unos números (poemas) de Nicolás Guillen, porque la izquierda siempre estaba presente, y salimos con un evento extraordinario.

José Lino Álvarez Sambulá
José Lino Álvarez Sambulá

Costó que nos permitieran participar, decían que no tenía calidad artística que el Ballet que nosotros presentamos era poca cosa para presentarlo en el Teatro Nacional. Ahí se necesitaban espectáculos más pulidos. Cuando cerraron la audición esa noche, los que dirigieron la organización del evento en el teatro, se acercaron y declararon que el espectáculo que más había gustado era el de nosotros ¡Fue una gran emoción, gran cosa, excelente!

De ahí se nos abrió la puerta del Instituto de Cultura Interamericana, y empezó una nueva crisis. En vista que con los muchachos nos reuníamos para hablar cuestiones políticas, varios de ellos comenzaron a decir que querían dinero. Nosotros no te damos dinero, le dije a uno de ellos, y sabemos que somos buenos bailadores y que hay mucha gente que nos puede dar dinero si nosotros bailamos para dar un espectáculo. Y les repetía que nosotros no vamos a ir a hacer un espectáculo para que la gente se divierta, nosotros vamos a hacer un ballet para mostrarle a la gente la cultura garífuna, para desarrollar nuestra cultura, no vamos a hacer circo para que la gente se esté divirtiendo, vamos a enseñar a nuestra cultural.

Por un tiempo nos reuníamos en el Instituto Guillén Zelaya que nos prestaba un aula. Conozco a Lety de Oyuela que estaba de Directora de Extensión Universitaria. Me le pegué a Lety y ella hizo grandes esfuerzos para que la Universidad apoyara el grupo. Logró que nos dieran la sala que estaba en la entrada del Paraninfo y gestionó que nos asignaran 150 lempiras de presupuesto. 

Nos mudamos al Paraninfo y con los 150 lempiras que nos agenció Lety a través del Departamento de Extensión Universitaria, compramos vestidos y varias cosas. En ese tiempo tuvimos que profundizar aspectos fundamentales sobre lo cultural, y se integran nuevos miembros al grupo entre ellos Crisanto Meléndez. Era central en ese momento, fortalecer la cuestión cultural. Es decir, estar alertas para poder percibir la importancia de la difusión de la cultura en detrimento del lucro, es una tarea muy difícil, por eso el arte no debe de ir desligado de la educación sistemática. Si la gente no tiene una capacitación cultural, no puede participar en una gesta de reivindicación o de revolución, ¡es imposible! Por ejemplo, el éxito de la revolución cubana se ha basado, en que primero, le dieron atención a la educación.

El Ballet terminó.

Posteriormente, fue cuando llegó Mito Bertrand [Hermes Bertrand Anduray] al Ministerio de Cultura y Turismo, que logramos que Mito ofreciera que el Ministerio de Cultura asumiría, aceptaría o incluiría dentro de su programación a la cultura garífuna, y se reactiva el grupo. Anteriormente la música folclórica se limitaba al Xique y demás danzas, pero lo afro no lo incluían. Cuando Mito influye en eso, yo me retiro porque me dedico por completo a la lucha magisterial en el COPEMH. Salgo y asume Francisco Álvarez Sambulá la posición de director del Ballet y posteriormente asume Crisanto (Mariano Crisanto Meléndez) la dirección de ballet garífuna de Honduras.

Cuando presentamos el Ballet a Lety de Oyuela no teníamos antecedentes, no había una planificación ni teníamos una mayor relevancia como iniciativa. Era un grupo medio amorfo sin estructura que lo hiciera atractivo o que pudiera representar una alternativa para bien común, eso sí, era un grupo carismático. Fue desde esas condiciones insipientes, casi de un ente que estaba buscando formarse, hacerse, pero ella lo atendió bien. Porque cedernos un local, darnos un espacio, teniendo ella varios grupos organizados entre los universitarios, siendo ella la que decidía, fue un gran apoyo. Ella manejaba el área de letras y todos los de letras estaban en ese tiempo con la locura del teatro, y aun así recibió el grupo con beneplácito.

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Foto de Javier Maradiaga Melara

Cuando Lety salió de Extensión Universitaria llegó Jubal Valerio, en 1970 y casi a regañadientes conservó las cosas que Lety había logrado para nuestro grupo. A Jubal, incluso, le presenté una propuesta para que se impartieran clases de garífuna en la universidad, como parte del programa de Extensión Universitaria porque en esa época yo tenía un programa de 4:30 a 5:00 de la mañana en garífuna a nivel nacional en radio Católica. Le entregué una propuesta para un curso universitario de garífuna que significaba al mismo tiempo preparar la cartilla y elaborar una propuesta, porque creímos que era un momento bueno para que extensión universitaria, además de enseñar Francés, italiano, ruso, tuviera un idioma indígena hondureño en la universidad. Yo creo que ni siquiera leyó el proyecto y creo que tampoco lo entendió.

El espacio que teníamos en extensión universitaria lo conservamos porque el grupo de ballet, con lo que daba, según percibían algunos, no acreditaba que reclamaran mayores costos a la universidad, aun cuando la universidad estaba persiguiendo el 6% del presupuesto nacional, y el ballet pasó a ser parte de las actividades y hacían presentaciones culturales sin tener ningún beneficio, favoreciendo también a la cultura nacional, pero Jubal Valerio no entendió la cuestión. Incluso en alguna ocasión Timo Zelaya [Lorenzo Zelaya Velásquez] llegó a la rectoría, hermano de Jacinto Zelaya del Guillén [Instituto Alfonso Guillén Zelaya], cuando fuimos a hablar con Chilo, después que salió Lety, definitivamente la asistencia desapareció, fue una lucecita, fue una buena racha, ella fue la madrina por un tiempo. Salió ella y automáticamente le quitaron el respaldo a la actividad.

El Ballet figuró a nivel centroamericano a nivel latinoamericano, a nivel mundial. Ya todo el mundo le tomó importancia porque ya significaba un negocio, significaba una fuente de publicidad, pero el objetivo primario se perdió que era utilizarlo para provocar un desarrollo al interior de la etnia, entonces la proyección al interior o exterior de las comunidades era muy poco. 

Lety fue siempre bien solícita, ella siempre me atendió bien. Yo llegué a creer que el grupo era tan importante para la universidad, lo que estábamos haciendo, creí que habían entendido eso, pero cuando Lety salió, se cerró la puerta, la universidad se cerró para nosotros, nunca entendieron, ni aún Jorge Arturo que era amigo mío. Jorge Arturo [Jorge Arturo Reina] hablaba conmigo cuando hablábamos de política pero sobre la cuestión garífuna no. No obstante él simpatizaba con la cuestión garífuna porque era amigo personal de Alfonso [Alfonso Lacayo]. Alfonso fue un hombre valioso, tenía una gran visión, un liderazgo pero el pueblo no lo valoró.

Referencias

  1. Arrivillagas, Alfonso. (2010). Del tambor africano a la música garífuna. En Expresiones musicales de la población afrodescendiente de la costa Caribe de Centroamérica, República Dominicana y Haití. Costa Rica; AECID Enclave afrocaribe. 
  2. Dobinger-Álvarez, Josefina. (2005) Entrevista a José Lino Álvarez Sambulá acerca de la creación del Ballet Garífuna. 23 de septiembre 2005. Perchtoldsdorf, Austria
  3. Lacayo, Gloria Marina. (2011). Desafiando la ignorancia. Biografía del Doctor Alfonso Lacayo Sánchez. Primer médico garífuna en Honduras. USA.
  4. Mosquera, Claudia Rosero-Labe. (2010). La presencia de los efectos de la «raza», de los racismos y de la discriminación racial: obstáculos para la ciudadanía de personas negras y pueblos negros. En Debates sobre ciudadanía y políticas raciales en las Américas negras. Bogotá; Universidad Nacional de Colombia y otros.
  5. Rivera Cusicanqui, Silvia. Oprimidos pero no vencidos. (1984, 2010). La Paz; La mirada salvaje.

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Josefina Dobinger – Álvarez Quioto

Investigadora social hondureña, Mag.Sc. en Estudios de la Mujer por la Universidad de Costa Rica, Diplomado en Trabajo, educación y consejería por Instituto de desarrollo económico WIFI, Viena Austria, especialista en trata de personas, historiadora y cofundadora de Mujeres en las Artes (MUA).

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