Eduardo Martell y «el eterno retorno» del liberalismo

Eduardo Martel, abogado de treinta y nueve años, considera que su juventud no es un impedimento para aspirar a la presidencia de la República. «Somos una sociedad joven —dice—, el promedio de edad en nuestra población es de 23 años y el 70% está por debajo de los 40 años. Es más, yo soy más viejo  que el 70% de esta población y creo que es un reto para las nuevas generaciones dar un paso...
ALG5 enero, 2017

Eduardo Martel, abogado de treinta y nueve años, considera que su juventud no es un impedimento para aspirar a la presidencia de la República.

«Somos una sociedad joven —dice—, el promedio de edad en nuestra población es de 23 años y el 70% está por debajo de los 40 años. Es más, yo soy más viejo  que el 70% de esta población y creo que es un reto para las nuevas generaciones dar un paso al frente para cambiar este país. No esperemos que los que han estado ahí modifiquen o cambien su conducta».

Los a Martell aparecen públicamente cuando toma de la Embajada de Japón en Perú en 1996. En ese tiempo su padre era embajador de Honduras. ¿Estuvo usted ahí? 

«Sí, mi papá es diplomático de carrera, no a la carrera como la mayoría del servicio exterior en el país. Ingreso en el año 77 a través de un examen de oposición, sacó la mejor nota y de ahí desarrolló una exitosa carrera diplomática. En aquel entonces él se desempeñaba como Embajador de Honduras en Perú el 17 de Diciembre del año 96. Con la celebración del aniversario el cumpleaños del Emperador Japonés se desarrollaba una recepción y fueron tomados como rehenes en aquel primer momento más de 900 invitados en la casa del Emperador Japonés. Una toma que desarrollo el movimiento revolucionario Túpac Amaru y que obviamente trascendió por la magnitud de ese secuestro. Ahí habían políticos, empresarios, militares, diplomáticos, ministros, familia del presidente Fujimorí, como su madre, su hermano y obviamente tuvo un impacto trascendental a nivel mundial. Mi papá afortunadamente fue liberado el 31 de diciembre, fue el último embajador en ser liberado, sólo quedo el embajador Japonés y el embajador Boliviano, porque en Bolivia habían presos del MRTA y obviamente habían dicho que mientras no los liberasen pues tampoco el embajador iba a salir. Esa fue una experiencia muy dura para nosotros, yo estudiaba derecho en la UNAH pero me encontraba pasando las fiestas navideñas en Perú. Tendría unos 19 años».

¿Entonces tu familia viene de una muy buena conexión con el partido Liberal? ¿Siempre ha estado dentro de la estructura del partido Liberal?

«Nosotros hemos sido Liberales de pensamiento y de convicción. Creemos que el liberalismo es más que una bandera, más que un partido, el liberalismo es respeto a los Derechos Humanos, la democracia, la división de poderes, la generación de oportunidades para los individuos de una sociedad, es fortalecer la salud, la educación pública y si hemos tenido participación política, mi papá un poco más, él es culpable de que estemos aquí porque nos involucró en la campaña del doctor Carlos Roberto Reina con quienes habían sido compañeros de cátedra en la Autónoma y compañeros en la Cancillería, estuvieron en la Comisión de Soberanía y Fronteras defendiendo a Honduras en la Haya y tenían una estrecha relación. A partir de entonces nosotros, yo particularmente me involucré mucho en el partido, fui parte de la Asociación de Estudiantes Universitarios Liberales, fui parte de la juventud Liberal de Tegucigalpa, de la juventud Liberal a nivel Nacional, participamos en diversas comisiones de campaña, fui secretario privado de Elvin Santos en la campaña del 2008-2009 y bueno, teníamos que asumir el reto las nuevas generaciones».

¿Usted asume el reto de iniciar la campaña dentro de un partido que está en crisis? ¿cómo piensa recuperar el partido Liberal de ese tercer lugar, cuarto lugar —dependiendo de quien lo diga— en el que quedo en las elecciones el 2014?

«La política en general está en crisis en nuestro país y lo hemos visto con dos partidos de reciente creación como el PAC y Libre. Los mismos problemas que ha presentado el partido Liberal los ha presentado el PAC: venta de votos en el Congreso Nacional. En el partido Libre lo mismo, no se trata de partidos, se trata de los liderazgos de esos partidos. Yo creo que nuestra institución política está envejeciendo fuimos víctimas de nuestro éxito electoral. Ganábamos elecciones con suma facilidad. Ganábamos dos, perdíamos una y eso impidió que hiciéramos o tomáramos las medidas que debimos haber tomado, inclusión de nuevos liderazgos democratización del partido: sustitución de viejos esquemas, modernización, acercamiento a las nuevas tendencias, a la juventud, a la mujer, acercarnos a aspectos tecnológicos. Nos fuimos separando y alejando de la sociedad ¿Cómo lo vamos a hacer? Con una nueva plataforma de dirigentes, los mismos ya tienen sus candidatos, los mismos plantean renovación y cambio pero con los que han estado ahí quince, veinte años. Nosotros lo hacemos pero desde otra óptica, sustituir e incorporar a sectores que han estado al margen de la toma de decisiones políticas, al final el factor más fundamental de la política es la credibilidad, es decir, si usted no tiene credibilidad es muy difícil que un elector se tome la molestia de movilizarse el día de las elecciones para ir a ejercer el sufragio y darle su apoyo».

«Entonces yo me planteo lo siguiente, en vista de que la desafección política, la desafección electoral es tan grande solamente con la incorporación de nuevos liderazgos, de nuevos rostros de sectores alejados es que vamos a levantar, no solamente al partido Liberal» .

«El partido Nacional está en el gobierno con el veinte pico por ciento del electorado, sacaron el 34% de los votos válidos. Estamos hablando de un 25% es decir con 25 personas de cada 100 llevó al gobierno al actual presidente. Quiere decir que hay 75 que no creen en su propuesta. Yo creo que necesitamos movilizar a dos millones de personas que no ejercen el sufragio, hay que movilizar a esa juventud que son nuevos votantes, más de medio millón de nuevos votantes pero que tampoco sienten ningún tipo de atractivo para la política. Así es que con una nueva plataforma de dirigentes, con un nuevo discurso crítico, no defendiendo lo indefendible y con planteamientos que realmente motiven es que se va a levantar al partido Liberal».

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Pero estamos hablando de una diferencia de números bastante grande. Si vamos a la matemática, el partido Nacional si bien fue un 25% dentro del electorado, es más de un millón de votos. El partido Liberal, el partido Libre, por separado tendrán 500 mil 800 mil votos en promedio.

«Libre saco 900 mil votos el partido Liberal 623 mil votos. Habría que conseguir esos 600 mil mas. Hay dos millones que no fueron a las urnas en ese proceso electoral, hay más de 500 mil nuevos votantes. Estamos hablando de 2.5 millones como mínimo que van a estar ahí en las elecciones y que no fueron parte del proceso anterior».

«¡Hasta muchos votos sacamos el 2013! Un partido que venía de una crisis del 2009 muy dura, con un liderazgo vencido, sin ninguna credibilidad, con candidatos que no despertaban simpatía, alejados totalmente del sector mayoritario que es la juventud. No se hicieron planteamientos para la juventud, esa juventud que sale de la universidad y no tiene empleo o que sale del colegio y no tiene como ir a la universidad. No hicieron, ¡no hicimos planteamientos! hablo como partido, no se hicieron planteamientos que motiven, que despierten el interés de una ciudadanía que ya no cree en los políticos. Mire al PRI, salió en tercer lugar en México y a los seis años estaba en primer lugar. Se trata del candidato, se trata de los que lo acompañan, se trata de sus planillas, se trata de la credibilidad de sus candidatos y de despertar el voto emotivo».

«Hay dos tipos de votos, el racional y el emotivo. Normalmente siempre se impone el emotivo, el emocional, hay que llegar a la fibra, despertar ese interés en ir a votar.  Así que lo primero es recuperar el partido, yo no estoy pensando en noviembre del 2017, estoy pensando en marzo del 2017. No puedo pensar en derrotar al partido Nacional, a Libre, al PAC si primero no recupero la plataforma enorme que es importantísima, que es el partido Liberal. Ya teniendo el control del partido Liberal las cosas cambiarían para nuestro instituto político».

¿Qué planteamientos tiene usted para recuperar el control del partido Liberal?

«Primero diferenciarnos. Yo creo que hay irresponsables que están en el control del partido Liberal y que quieren seguir controlándolo, poniendo sus candidatos, poniendo sus movimientos. Primero diferenciándonos en cuanto a nuestras candidaturas en los distintos niveles. Segundo señalando los errores. A mi algún sector retrograda del partido Liberal me critica cuando hablo tan espontáneamente, no les gusta que se diga lo que ha sucedido en el partido Liberal ¡pero no puedo hacer otra cosa! Cuando me dicen “¡los trapos sucios se lavan en casa!” yo les digo “¿Cuál casa? ¿la que ellos profanaron? ¿la que ellos destruyeron? ¿la que le rompieron las puertas? La credibilidad, la imagen” ¡No! Hay que construir una nueva casa que se llama partido Liberal, hay que tener un discurso beligerante, cuando yo visito las comunidades y me presento como precandidato del partido Liberal, hay un rechazo a priori porque es el partido Liberal, ese partido Liberal de los últimos seis, siete, ocho años que no era el partido Liberal que construyó democracia, que desarrolló una serie de política social de gran envergadura en la década del 50, del 70, del 80. Pero cuando hablo, cuando hago nuestro planteamiento, cuando digo quienes nos acompañan eso cambia».

«Vamos a tener que romper un esquema de dominio económico, político, mediático que es muy duro y difícil de romper. Ellos podrán tener todo eso pero no tienen los votos, nadie quiere saber nada de esa clase del partido político tradicional del partido Liberal ¿Cómo nos vamos a defender? Insisto, con esos planteamientos, con mucha firmeza, mucha convicción , mucha entrega, mucha disciplina. Esos aspectos, al final, desde ya nos han dado resultados. Inscribimos movimiento, algo que está reservado para las grandes maquinarias de los partidos tradicionales, algo que me parece a mí es un motivo de rechazo a que participen, nuevas personas en la política y eso ya lo tenemos».

«Como planteamiento para nuestros diputados, esa ley electoral hay que reformarla, hay que abrir la posibilidad de la participación. Pero rompimos con ese esquemas, presentamos nuestras planillas, las firmas, los demás requisitos y ya estamos en la fiesta, una fiesta electoral a la cual no nos invitaron y que cuando nos ven dentro, no les gusta vernos adentro, así que creo que hemos hecho grandes cosas y hay muchos factores que van a incidir en si derrotamos o no a esa clase política tradicional, por de nuestra parte daremos el mayor esfuerzo.

¿Es cierto que para poder inscribir el movimiento fue necesario recurrir a las firmas de otro movimiento?, el de Gabriela Núñez específicamente.

No, eso es totalmente falso y eso lo veremos en el informe que emita el Tribunal Supremo Electoral. Las firmas son para cada movimiento, es decir, las firmas no se pueden prestarse, no se puede traficar con firmas. Nosotros presentamos alrededor de 25 mil firmas, el requisito son 16 mil doscientas cincuenta firmas. No se puede, insisto, prestar las firmas de un movimiento para otro. Es más, tuvimos problemas cuando hicimos la alianza con el movimiento Renovación y Cambio de Ramón Chacón. Tuvimos problemas porque nos dijeron en el Tribunal que las firmas que habían dado en aquel momento para Ramón Chacón, eran para ese movimiento. Entonces no se podían trasladar al nuestro. Así que no sirvieron esas firmas. No, categóricamente eso es una información de las tantas informaciones falsas que suelen surgir, como decían “que ya nos íbamos a unir, que ya teníamos alianza con los movimientos, que no íbamos a llegar hasta el final”, como dijeron la semana pasada que teníamos problemas para inscribirnos en el Tribunal son manotadas que lanzan los que se sienten amenazados por la llegada de una nueva clase política».

¿Realmente sientes que estas amenazando a esa clase política? Estamos hablando de Carlos Flores, estamos hablando de Gabriela Núñez, estamos hablando de Luis Zelaya.

«¡Claro! Estamos hablando de la clase política tradicional, no solo del partido Liberal, sino de toda Honduras. Al final esos se entienden en una mesa, almuerzan juntos la cúpula del partido Liberal, del partido Nacional, la de Libre. Se sientan a almorzar y llegan a acuerdos de distribuirse el poder de un país, de una nación. Eso no les gusta, eso que yo digo no les gusta pero es la realidad ¡Claro que somos una amenaza! Es más, para la reelección de Juan Orlando, nueva actitud es la última piedra. Si nosotros ganamos las elecciones primarias, ese va a ser un grave problema para Juan Orlando, porque vamos a tener un partido con oposición frontal. No tibiamente, no de cara al público y por debajo de la mesa impulsando a Juan Orlando para que se reelija. Sí somos una clara amenaza y ya lo hemos visto, han ido poniendo trabas, han ido poniendo obstáculos, han ido poniendo valladares. Los hemos ido sorteando y yo esperaría que de aquí a marzo nos sigan insistiendo en eso, que sea el electorado, que sea el soberano el que tome la decisión de si nos apoya o no. Yo seré respetuoso del resultado».

¿Y quiénes son los contrincantes de Eduardo Martell? ¿Quién es Gabriela Núñez dentro del partido Liberal, que representa ella, que representa Luis Zelaya?

Nosotros somos una nueva actitud que tiene un planteamiento, no mirando al pasado si no que mirando al futuro. Gabriela Núñez es una Liberal que tiene trayectoria, tiene más de 20 años de estar en este partido desde que fue vice ministra con Carlos Roberto Reina y creo yo que tuvo una gran oportunidad allá a principios del siglo cuando se enfrentó a Mel Zelaya en las elecciones primarias del 2005. Sin embargo creo que el tiempo de esa clase política ya pasó. Yo la respeto a ella como mujer, como profesional. Es una extraordinaria profesional. Pero no creo que represente lo que el partido Liberal requiere que es el impulso de una nueva clase de dirigente, con visión, que tenga credibilidad, que incorpore a los sectores jóvenes. Que no esté ligado a ese pasado. Hay muchas de las candidaturas que acompaña a Gabriela que representan ese pasado. Ese pasado que ha traicionado al liberalismo en el congreso y en las alcaldías».

«Luis Zelaya es una persona recién llegada al partido Liberal. No puedo decir mucho de él porque realmente no lo conozco. Creo que goza del apoyo del sector tradicional del partido Liberal, de ese sector que ha estado al mando de nuestro instituto político los últimos veinte años. Si bien es cierto él es una cara nueva, las personas que están inmediatamente detrás de él representan más de lo mismo».

«Estamos enfrentando dos modelos distintos: Luis Zelaya, Gabriela Núñez, Carlos Montoya y los demás que es el modelo tradicional y nosotros que somos el modelo que representa la renovación auténtica y genuina de nuestro partido. Ellos recibiendo ciertos apoyos, nosotros luchando contra todo, contra el poder económico, político y mediático de este país.

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¿Cómo se financia la campaña de su movimiento?

Nosotros, insisto, vamos a tener una campaña muy decente, muy modesta. Por dos razones, primero porque creo yo que ese es uno de los más graves problemas de la democracia, son campañas muy largas. En España la campaña general dura quince días. En este país dura noventa días y no hay ningún tipo de limitante en cuanto al tiempo, a los gastos de campaña. Esto hace que la inversión de determinado sectores empresariales, incluso ligados al crimen organizado, como el narcotráfico, influyan en quienes lleguen al poder. No queremos ningún compromiso, así como estoy hablando de transparente quiero estar dentro de un año. Quiero estar hablando totalmente sin ningún tipo de limitante. Cuando usted recibe cuatro, cinco, siete, diez millones de lempiras, un helicóptero para que usted haga uso de eso, usted ya va comprometiéndose. Y en segundo lugar, por respeto a un pueblo pobre, a un pueblo bastante necesitado en nuestro país, con limitantes, no puede ser que nos gastemos 30, 35 mil lempiras en un spot publicitario que sale una vez 30 segundos, cuando el salario mínimo de esta población es de 8 mil lempiras —y que muy pocos lo ganan—. Así es que nos financiamos con actividades que desarrollamos, con aportaciones pequeñas  de miembros de las planillas, con amigos que creen en este proyecto y hacen aportaciones módicas de mil, dos mil, cinco mil lempiras. Sin ningún tipo de condicionante. Llegará el momento en que necesitaremos más, pero la cobija llegará hasta donde ajusta. Nosotros no vamos a ir a tocar las puertas incorrectas, lo que queremos es tratar de desarrollar este país sin ningún tipo de condicionamiento.

En una entrevista con Jorge Arturo Reina me decía que la política no era una carrera de cien metros, es una carrera de largo alcance ¿si Martell pierde las elecciones primarias, va a seguir en política?

Yo coincido y la he repetido mucho esa frase en los últimos meses: “no es una carrera de cien metros, no es una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia, es una maratón de 42 kilómetros. Y coincido con Jorge Arturo Reina, a quien le tengo una alta estima. Somos amigos, mi papá es amigo de él, de sus hijos. La lucha nunca acaba, la lucha no es coyuntural en función de los intereses de una persona. Si se hace así esa persona no tiene buenas intenciones con su país y lo que nosotros aspiramos es a, desde la trinchera que nos toque, tratar de coadyuvar al desarrollo del país. El resultado de las elecciones primarias e internas del próximo año no va a determinar nuestra continuidad o no. Nosotros seguimos y probablemente si no gano en esta me pueda presentar o no en otras elecciones, pero que vamos a seguir luchando, que vamos a seguir señalando los errores que se cometen y planteando alternativas, eso es una realidad. Nuestra lucha, insisto, anduve en el Paraíso el fin de semana, ahí andaban mis hijas, mi hija pequeña de 9 años, mi hija mediana de 12-13 años, andaban ahí porque quiero que también se involucren, que cuando su papá y su mamá dejen de luchar, ellas asuman esta bandera. Tenemos que empujar la carreta de Honduras, todos los sectores no determinados sectores, toda la ciudadanía, empujar en la misma dirección si queremos un país decente…»

Terminamos la entrevista en la oficina de Martell. Su esposa grabó la conversación de principio a fin en el celular, imagino que para tener un respaldo en caso de que yo quisiera alterar lo que él dijo —no lo hice—. El partido Liberal se presta a entrar en campaña para las elecciones internas, quizás, como dice Martell y Chávez en San Pedro Sula, sea la última oportunidad que el partido tenga de recuperarse del letargo que dejó la crisis de 2009, cuando Zelaya y Micheletti se enfrascaron en una contienda que llevó a la fractura.

El tiempo dirá si Eduardo Martell, aún joven y lleno de energía, aún limpio de la práctica política de este país, es o no capaz de recuperar un instituto, que durante más de cien años ha sufrido de varias fracturas. Al terminar esta entrevista, recordé los debates que hace casi un siglo y medio tenían Célio Árias, Álvaro Contreras y Policarpo Bonilla, en contra de la vieja guardia (Leiva, Medina, Soto, Vázquez) que había secuestrado el partido y lo empujaban al conservadurismo que luego Manuel Bonilla tomó y conformó en Partido Nacional, quizás, «el eterno retorno» del liberalismo. 

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