SER JOVEN EN EL PAÍS DE LA MUERTE

El perfil sociodemográfico de los jóvenes muertos por homicidio doloso en Honduras, durante el periodo 2009–2013, y con rangos etarios de entre 18 y 30 años, puede construirse mediante la caracterización elementos directamente relacionados tanto con las víctimas como los victimarios. El fenómeno de la violencia manifestada en homicidio, es ejecutado principalmente por y a hombres jóvenes. En Honduras, según la última aseveración de la Secretaria General Iberoamericana[1], Rebeca Grinspan, vive la población más joven...
EGO14 noviembre, 2016

El perfil sociodemográfico de los jóvenes muertos por homicidio doloso en Honduras, durante el periodo 2009–2013, y con rangos etarios de entre 18 y 30 años, puede construirse mediante la caracterización elementos directamente relacionados tanto con las víctimas como los victimarios. El fenómeno de la violencia manifestada en homicidio, es ejecutado principalmente por y a hombres jóvenes.

En Honduras, según la última aseveración de la Secretaria General Iberoamericana[1], Rebeca Grinspan, vive la población más joven de Latinoamerica, en contraposición con el Paraguay, donde se presenta la población que más envejece en la región.

Siguiendo la teoría propuesta por Sáenz, que entre otras cosas propone que las naciones con poblaciones más jóvenes tienden a ser naciones más violentas, Honduras, en su posición de nación joven, y con una masa poblacional mayoritaria cuyas edades se mantiene antes de los treinta años (más del 60% hasta 2014), es una nación sumamente violenta. Los jóvenes matan y mueren.

Para Sáenz (2011), algunas de las variables sociodemográficas relacionadas con el homicidio doloso son las siguientes: irrespeto a la vida, muerte de hombres, muerte de mujeres, suicidios, actividad laboral o económica, desocupación/ desempleo, estado civil, nivel educativo, entorno social, víctimas y victimarios, rangos de edades, etc.

Para efectos de la elaboración de un perfil sociodemográfico de los jóvenes muertos por homicidio en Honduras (2009–2013), tomaremos como referencia sólo algunas de estas características: se analizarán algunas variables sociodemográficas de los homicidas y las víctimas, destacándose que en ambos casos la abrumadora mayoría son hombres, personas jóvenes y hondureños. Además, se notarán de ciertos elementos de carácter social.

Foto Radio América
Foto Radio América

En el año 2009, la tasa de homicidios por grupo etario y género, mostró que «los grupos de mayor riesgo son los hombres, con una tasa global de 126.2 homicidios por 100,000 habitantes, un aumento de 16.7 puntos más que el 2008. La tasa más alta ocurrió en el grupo de hombres de 25 a 29 años con 313.8, seguida del grupo de hombres de 20 a 24 años con 253.4. En el caso de las mujeres, la mayor tasa la presentaron las del grupo de edad de 35 a 39 años, con 19.5 por 100,000; y las mujeres jóvenes con edades entre 20 a 24 años con 17.1[2]».

El IUDPAS (2009) nos revela que, con relación a los móviles de los homicidios, el análisis de la información revela que el sicariato, conocido popularmente como crimen por encargo, sigue siendo la modalidad más utilizada para causar la  muerte, con 1,719 casos que representan el 32.6% de la totalidad de homicidio para este año. En éste mismo año, el 50.1% de homicidios quedaron sin determinación (9.1% más que el año 2008).

Según los estudios presentados por el Observatorio de la violencia de la UNAH (2009): «Las muertes causadas por robos representan 348 casos (6.6%), en tanto las riñas interpersonales aportaron el 5%. Entre enero a diciembre de 2009 un total de 95 homicidios (el 1.8%) son imputados a la acción policial, sea por enfrentamiento en actos de servicio o casos de uso desproporcionado de la fuerza, esto representa un incremento de 75.9% con relación a los datos del año 2008.

Por violencia intrafamiliar fueron muertas 87 personas, 63 por móviles asociados a las maras, 21 por problemas de tierra y 13 víctimas asociadas a secuestros».

Por su parte, el boletín de IUDPAS (2013) estima que «el análisis de acuerdo a las tasas de homicidios por cada cien mil habitantes (pccmh), según sexo y edad de las víctimas, muestra que los hombres presentan una tasa de 145.4 pccmh, mientras que las mujeres reflejan una tasa de 14.6 pccmh», lo que representa una diferencia en la tasa con un perjuicio para los hombres de 131.2 pccmh.

«El rango de edad de cada uno de los sexos refleja que los hombres presentan la tasa más alta con 318.3 pccmh entre los 20 a 24 años; en el caso de las mujeres el rango más afectado, con una tasa de 28.2 pccmh se ubica entre los 25 y 29 años de edad; las tasas de menor incidencia se ubican en el rango etario de 5 a 9 años», pues los factores que inciden en la muerte de este último rango casi siempre son distintos de los que condicionan el homicidio en edades más avanzadas[3].

En cuanto a la condición de las víctimas y victimarios, y en relación a los posibles móviles que han llevado a los victimarios a cometer este delito (4,758 en 2013), lo desconocemos en un 70.4%, es decir, que el 70.4% de los homicidios carecen de esclarecimiento.

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Foto La Prensa

Al parecer, esta problemática refleja la debilidad e ineficacia de la investigación criminal en el país; aun así, se sabe que en 886 casos (13.1%) los móviles responden a ajustes de cuentas, y que son ejecutados mediante la intervención de asesinos a sueldo (sicarios); en 449 casos son por riñas interpersonales (6.6%).

La delincuencia común a cobrado la vida de 334 personas (4.9%); en 71 (1%) los casos están relacionado con maras y las barras bravas (grupos corruptos de jóvenes aficionados a un determinado equipo de fútbol), en acción policial resultaron 62 víctimas, 39 personas murieron en asuntos relacionados con droga, 61 en violencia en la familia: violencia doméstica (25) y violencia intrafamiliar (36); y en otros 23 casos en enfrentamiento entre bandas criminales[4].

Se estima que en los últimos diez años (2004–2013), se presentaron un total de 47,862 homicidios en el país, desde el 2004 al 2011 (9 años) se registra una tendencia creciente de 232.8%, año con año se experimentaba un aumento en promedio de 7 puntos. La tasa de homicidios inicia en 30.7 y en el 2011 con 86.5 pccmh, esta cifra casi se había triplicado.

Fue a partir del 2012, cuando a pesar del aumento en el número de víctimas (68 casos), la tasa de homicidios reflejó un descenso de 1 punto (85.5 pccmh); y a partir del 2013 que se presenta un descenso significativo de 415 casos (5.8%) menos en relación al año anterior, lo que representa un total de 6,757 víctimas y una tasa de homicidios de 79 pccmh, o sea 6.5 puntos menos en relación al año anterior.

Al parecer, el hecho de que el Estado opte por medidas violentas, propias de la violencia institucional, es un aliciente para que los ciudadanos favorezcan la toma de medidas de esta naturaleza y para que aquéllos que eventualmente se verían perjudicados por las mismas se resuelvan a generar comportamientos más violentos, con la consiguiente mayor reacción violenta del Estado y así sucesivamente.

La espiral de la violencia es un elemento más que permite acercarse a una explicación en torno al incremento en la tasa de víctimas de homicidios dolosos, Sáenz (2011).

En su análisis, Carranza (1994), es de la opinión que «en una sociedad donde proliferan las armas, el victimario sabe que puede recibir una respuesta violenta, viene preparado para ello y tiene el factor sorpresa de su lado. La víctima, en cambio, al responder elevando el nivel de violencia, suele generar una situación en la que no lleva la mejor parte».

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Foto La Prensa

La gran mayoría de víctimas y victimarios del homicidio doloso  en Honduras, son personas de escasos recursos económicos que viven tanto en pobreza como en pobreza extrema, que carecen de niveles competitivos —incluso primarios— de educación,  que carecen de empleo o laboran informalmente; con estados civiles de casados, unión libre, solteros, divorciados y viudos. En cambio, algunos de éstos cuentan con oficios o nivel escolar básico, y otros presentan abandono de sus estudios medios por adversidades económicas, y las presiones estructurales y sociales de la realidad cotidiana.

En cuanto a las políticas implementadas para contrarrestar a la violencia juvenil, manifestada principalmente en dos grupos con rangos de edades entre 15 y 44 y 18 y 30 años, están orientadas a la persecución de los crímenes y los delitos, pero no a la prevención y reforma de los jóvenes infractores. Esas políticas estatales en pro de la disminución de la violencia y el homicidio entre los jóvenes —principales víctimas y victimarios— se manifiestan tímidamente y carecen de mayores efectos positivos, pues la tasa violencia y homicidio (provocada entre los jóvenes) presenta un aumento año con año, cuando menos hasta el 2014 que llega nuestro breve estudio.

Desde finales del siglo XIX, cuando el gobierno reformista intentó crear un Panteón Nacional en pro de la consolidación de una identidad nacional y un sentido de pertenencia, la clase política hondureña ha pregonado la máxima del héroe latinoamericano Francisco Morazán que reza que «los jóvenes son los llamados a dar vida a este país» (en referencia a Honduras, a Centroamérica).

Hasta ahora, sobre todo en el presente, los jóvenes sólo han sido llamados por las pandillas, el narcotráfico y el crimen organizado, no para dar vida, sino muerte. ¿Qué es lo que hará el Estado, la sociedad y la clase política para revertir esto?

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Citas a pie de página. 

[1] Entrevista concedida a Germán Rey en el marco del Encuentro Iberoamericano de Periodismo Joven y Emprendedor, Cartagena de Indias, Colombia, 26/10/2016.

[2] Ver, Informe del Observatorio de la violencia, IUDPAS, UNAH, 2009.

[3] Ver, Informe del Observatorio de la violencia, IUDPAS, UNAH, 2013.

[4] Datos proporcionados por IUDPAS, UNAH, 2013.

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