LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, 80 AÑOS DESPUÉS.

EL FIN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA 1936–1939. En julio del presente año el mundo occidental conmemoró el 80 aniversario del inicio de uno de los conflictos civiles más cruentos del siglo XX: la guerra civil española. En palabras del historiador británico, Paul Preston, la guerra no sólo representó las disensiones políticas entre los republicanos (anarquistas) y el poder monárquico en crisis desde la dictadura de Primo de Rivera; también significó...
EGO3 octubre, 2016

EL FIN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA 1936–1939.

En julio del presente año el mundo occidental conmemoró el 80 aniversario del inicio de uno de los conflictos civiles más cruentos del siglo XX: la guerra civil española. En palabras del historiador británico, Paul Preston, la guerra no sólo representó las disensiones políticas entre los republicanos (anarquistas) y el poder monárquico en crisis desde la dictadura de Primo de Rivera; también significó la antesala de los crímenes masivos ocurridos en la Rusia de Stalin y el holocausto de la Segunda Guerra.

Dicha conmemoración se presenta en un presente lleno de dudas para el pueblo español, con un escenario que hace recordar con cautela los eventos conflictivos ligados a la Primera y la Segunda República; como en efectos podrían ser la dimisión del rey Juan Carlos I, la profunda crisis económica y política, y los nuevos intentos —igual que en los contextos de la Primera y Segunda República— de independización de Cataluña.

En el transcurso de la primera mitad del siglo XX, enormes olas de violencia se manifestaron alrededor del globo —revoluciones mexicana y rusa, la Primera Guerra y la Segunda Guerra, las dictaduras americanas, los genocidios civiles en España, África, etc)— desatando movimientos bélicos fundamentados en doctrinas ideológicas dogmáticas.

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La gran “amenaza” que constituían los pensamientos “progresistas” de la época (socialismo, republicanismo, Fascismo, etc.) suponía un inminente peligro para los Estados monárquicos que históricamente habían permanecido en la cabeza de las naciones como líderes indiscutibles a perpetuidad.

En la España de principios del siglo XX, éstas corrientes de pensamiento, heredadas de las revoluciones burguesas de los siglo XVIII y XIX (Hobsbawn, Eric; Las revoluciones burguesas 1789–1848), representaban lo que el movimiento intelectual de la Ilustración para la Francia de fines del Siglo XVIII: la inevitable derrota y separación del poder de las clases dominantes representadas en la Corona, el clero y los terratenientes o burgueses.

España era una de los pocos Estados europeos tradicionalmente monárquicos que ya había experimentado un proyecto republicano fallido en la época de la Primera República (1873–1874).

Aquel proyecto republicano influenciado por el liberalismo que había llevado a la nación a proclamar una Constitución de corte liberal en 1837 —justamente en la ola de liberalismo europeo—, había sentado una especie de paranoia en los partidarios de la monarquía frente a los republicanos.

Cuando parecía que ningún gobernante podía ofrecerle bienestar y paz a la clase trabajadora y campesina de la España convulsa de la década de 1920, por los repetidos fracasos del ejército en el intento de pacificar las sublevaciones en Marruecos y la pésima calidad de vida de la sociedad española, apareció en la escena nacional el General Primo de Rivera.

Der Ex-Diktator Spaniens, Primo de Rivera gestorben ! Aufnahmen aus der Glanzzeit seiner Diktatur. Porträt des spanischen Ex-Diktator Primo de Revera.

Éste, apoyado por el rey Alfonso XIII, implantó una dictadura el 13 de septiembre de 1923, después de su éxito en la pacificación de Marruecos. No obstante, aquella dictadura tampoco había encontrado los medios de aplacar las exigencias de la población, a pesar que el General se había esmerado en conceder mayores beneficios a la clase trabajadora, obrera y campesina.

Había intentado una Reforma Agraria que careció de apoyo por parte de los terratenientes, las clases pudientes y el Estado mismo. Por otro lado, también había enviado fuertes contingentes militares para que aplacasen los desórdenes sociales, las revueltas, los destrozos a la ciudad, y todos los actos de rebeldía de los habitantes de Cataluña, que reclamaba Independencia (Enciclopedia Temática, Historia I, Edi., Norma, “la guerra civil española”, pp. 261).

En los seis años que duró la dictadura (13 de septiembre de 1923–28 de enero de 1930), Primo de Rivera había desarrollado una política práctica. Con los beneficios que España había obtenido de la Gran Guerra, financió proyectos hidráulicos, de carreteras y una política de protección al obrero. Pese a ello, de Rivera terminó por aceptar su fracaso en el gobierno, y renunció al mismo el 28 de enero de 1930 (El reinado de Alfonso XIII, la Segunda República y la Guerra Civil, Edi. Richards, tomo XII, 1963, pp. 156).

alfonso-xiiiAlfonso XIII.

LA SEGUNDA REPÚBLICA.

Con el derrumbe de la dictadura cayó también la Corona. Con la dimisión del dictador Rivera, el rey Alfonso XIII nombró Presidente del gobierno al General Dámaso Berenguer, pero éste no mostró mayores cualidades para dirigir la nación en un momento difícil como aquel, por lo que fue sustituido por Juan Bautista Aznar en febrero de 1931, quien convocó a elecciones por órdenes del rey.

Dichas elecciones se celebraron el 12 de abril de 1931 y resultó como ganadora la Coalición Republicano–Socialista surgida del Pacto de San Sebastián de agosto de 1930. De esta manera se comprobó la caducidad del sistema monárquico, y el rey dimitió a su cargo el  14 de abril de 1931, dándole paso al primer gobierno de la Segunda República presidido por Niceto Alcalá Zamora el 28 de junio de 1931.

Aun cuando la República estaba lejos de consolidarse como proyecto político de nación, las facciones republicanas se disputaban entre sí el poder que aún no tenían asegurado.

En la elecciones de diciembre de 1931 salió vencedor Manuel Azaña, líder de la izquierda republicana, lo que causó diversos movimientos de protesta, y desencadenó en la renuncia de Azaña en a mediados de 1933 (Ibíd., La guerra civil española, pp. 261-262).

barakaldo-manuel-azana-segunda-republica_tinima20110616_0885_18Manuel Azaña.

En noviembre se ése año se realizaron otras de las muchas elecciones del periodo republicano, y el gobierno fue presidido por Gil Robles, representante de la Confederación Española de Derechos Autónomos (CEDA).

En 1934, el líder radical Alejandro Lerroux y el CEDA realizaron una alianza política para dirigir juntos el gobierno en una fusión inédita, pero fueron acorralados por los socialistas fanáticos y el gobierno se disolvió (Ruiz, Julius. Revista de Libros Caja de Madrid, N° 180, diciembre 2011, “vino viejo en odres nuevos”, pp. 5).

Más tarde, como resultado de la elecciones de 1935, en febrero de 1936 Manuel Azaña fue nombrado Presidente, lo que significaba una nueva victoria para los republicanos socialistas; provocando la rebelión de los generales Francisco Franco, Primo de Rivera hijo —fundador del Partido Fascista— y José Calvo Sotelo, líder del anti–republicanismo.

LA GUERRA CIVIL 1936–1939.

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Tras el estallido de la Guerra Civil se expandieron rápidamente los rumores del exterminio masivo que pretendían hacer los rebeldes con los republicanos. El 17 de julio de 1936 la Unión Militar, integrada por muchas facciones del Ejército y respaldada por un sin número de organizaciones civiles que buscaban el retorno de la monarquía, afrontó al Frente Popular (Julius Ruíz, p. 3).

Las regiones y poblados que no fueron replicados por el Ejército Rebelde formaron comités alternos y al margen de las autoridades republicanas, y así comenzó la guerra.

Los países de Europa decidieron pactar una política de no intervención en el Estado español, aun cuando muchos de ellos se veían perjudicados por sus relaciones de comercio. Aunque países como Inglaterra decidieron no intervenir, muchos otros sí lo hicieron: México, Rusia, Francia, con los republicanos; e Italia, Portugal y Alemania con los rebeldes al mando del Generalísimo Francisco Franco (La Nueva Enciclopedia Temática, tomo XII, Editorial Richards, Panamá, 1963, pp. 160).

Los actos de guerra se extendieron por casi todo el territorio, principalmente en ciudades como Madrid, Cataluña y Badajoz, además de una gran cantidad de pequeñas ciudades y pueblos. La guerra se dividió por zonas, es decir, el núcleo de la Zona Republicana estaba situado en la ciudad de Madrid, mientras que la Zona Rebelde se ubicaba en Burgos y Badajoz.

Para el historiador Joseph Fontana, las masacres cometidas en Badajoz por el ejército rebelde en 1936, fueron la antesala de las futuras masacres industrializadas de Auschwitz (Fontana. Prólogo a la columna de muerte, 2003, p. 13).

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Pero las masacres humanas a principios en las primeras décadas del siglo XX estuvieron a la orden del día; prueba de ello fueron las matanzas perpetradas por los ingleses entre 1905 y 1920 en El Congo, donde cerca de 10 millones de  trabajadores de la brea perdieron la vida a manos de los colonizadores británicos bajo indecibles métodos de tortura.

Otro claro ejemplo fue el genocidio en Armenia de 1915–1916, que se tradujo en la muerte de alrededor de un millón de armenios a manos de los otomanos.

Sumado a éstos, Ronald Suny describió las matanzas del stalinismo en Rusia (1937–1938) —que dejó más de ochocientos mil ciudadanos soviéticos muertos— como un «holocausto político».

A finales de julio de 1936, la prensa madrileña publicaba noticias sobre el propósito de los rebeldes: sembrar el terror.

Meses más tarde se hablaba de los crímenes de horror cometidos en ambos bandos. Se destacaban los excesivos métodos y actos vandálicos ejecutados por el Frente de Izquierda, así como los actos horrendos de los rebeldes pro-monarquía (Preston, Paul. El holocausto español, trad. de Catalina Martínez y Eugenia Vásquez, Debate, Barcelona, España, pp. 217–226).

gobierno-de-burgos-con-francisco-franco-y-emilio-mola-acompanados-por-militares-falangistas-y-la-guardia-civilFranco y los militares de la Guerra.

La guerra siguió su curso desastroso, y el país entero se había convertido en un campo de batalla fratricida. Mientras tanto, los rebeldes avanzaban de a poco sobre la ciudad de Madrid, donde se refugiaban las fuerzas republicanas.

«FRANCO, LA REPÚBLICA Y LOS MUERTOS».

Desde que Francisco Franco había sido nombrado jefe de la zona insurrecta en 1 de octubre de 1936, la fuerza a su mando había causado estragos en las poblaciones de resistencia republicana y en la sociedad civil en general (Payne, Stanley. Franco y los militares de la Guerra Civil, Revista de Libros caja Madrid, 2011, pp. 7-9). Quien no estuviese con la causa rebelde, automáticamente era declarado como comunista republicano, y por tanto ejecutado (entre ellos muchos grandes artistas y pensadores).

Luego de tres años de combates que habían dejado cientos de miles de muertos, decenas de miles de exiliados, miles de presos políticos y otros miles de desaparecidos, el ejército rebelde tomó por fin el último gran reducto de los republicanos en la ciudad de Madrid. Con la rendición de éstos (los republicanos), el 5 de marzo de 1939 se hizo pública la petición de paz por parte de los socialistas, comunistas y anarquistas de la ciudad (Preston, Paul. El holocausto español, pp. 263-274).

cinco-mitos-sobre-franco-que-siguen-vivos-contra-toda-evidenciaImagen del Generalísimo Francisco Franco.

Dado que todas las zonas de resistencia republicana habían sido reducidas por el Ejército, primero Barcelona y después Madrid, el Generalísimo Francisco Franco se aprestó a pedir la rendición incondicional de los republicanos, y el 1 de abril de 1939 la guerra se daba por finalizada después de tres años de terror.

Después de ella, muchos republicanos fueron ejecutados y exiliados, mientras que a los militares de la facción rebelde, por su condición de vencedores, se les otorgó pensiones y prebendas por haber «procurado el bienestar de la nación arriesgando sus propias vidas para ello».

Muchos de esos militares, serían el cuerpo y alma de la futura dictadura de Francisco Franco, que se prolongaría casi desde entonces (1941) hasta la muerte del dictador en 1975.

El Estado español sólo comenzó a recuperarse, política, económica y democráticamente en 1976, con el ascenso al poder del Gobierno de Adolfo Suárez, por muchos considerado el «padre de la patria nueva».

6451265-9728430Adolfo Suárez.

 

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