/DIEZ AÑOS DE METÁSTASIS EN HONDURAS

DIEZ AÑOS DE METÁSTASIS EN HONDURAS

Por Óscar Esquivel

A los males que ya tenía Honduras en 2009 se le sumó un golpe mortal que dejó postrada a nuestra pobre nación el 28 de junio de ese mismo año. Tres procesos electorales han pasado desde aquella fecha, con la pretensión de revivir el moribundo pueblo de Lempira y Morazán. Los medicamentos recomendados y aplicados por los mismos que le asestaron la herida profunda no han tenido los efectos esperados de una leve mejoría.

El día de ayer 24 de junio, militares bajo el mando de Juan Orlando Hernández ingresaron a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), y dispararon contra estudiantes en protesta, logrando herir
a varios de ellos. El jueves 20 de junio en la comunidad de Yarumela fue asesinado el joven de diecisiete años Eblin Noé Corea, de la misma manera que fue asesinado también Wilfredo de Jesús Moncada, también de 17 años, en Choluteca en abril, durante las protestas que piden la salida de Juan Orlando Hernández.

Juan Orlando Hernández se reeligió en la titularidad del Poder Ejecutivo aún en contra de la prohibición constitucional. Es acusado de supuestos actos de corrupción y de vínculos con el narcotráfico, y es la
punta de lanza de los enemigos de las mayorías de la población hondureña. Su salida inmediata es un clamor hasta ahora pacífico de la mayoría de los hondureños. Esta petición hasta el momento no ha sido concretada por ser el mismo imperialismo estadounidense lo que lo sostiene a través de los militares. Su salida se hará efectiva una vez que el gobierno de los Estados Unidos encuentre otra persona que represente sus intereses, como lo han hecho en El Salvador y Guatemala –países que junto a Honduras forman el Triángulo Norte de Centroamérica–, estratégicos en la geopolítica gringa contra los intereses de América Latina y el caribe.

Honduras ha sido un hueso duro de roer para los intereses imperialistas. Los hondureños poco o nada creen ya en procesos electorales y mucho menos en acuerdos de “notables”. El nivel de consciencia que ha alcanzado el pueblo hondureño en estos diez años ha sido bastante alto. Este empoderamiento ha costado sangre, el desmembramiento de la familia hondureña reflejada en cada compatriota que sale de las fronteras en la búsqueda de la vida misma y familias enlutadas a raíz de la violencia y delincuencia que se ha convertido en el pan de cada día. Honduras ahora se encuentra frente a un 68% de pobreza en la población a raíz de alzas a la energía eléctrica y sus derivados, además carencias en salud, educación y empleo. No ha sido fácil la toma de consciencia en la población; el sacrificio ha sido bastante alto.

El pueblo hondureño, a diez años del golpe de Estado, exige la salida de Juan Orlando Hernández, pero no se conforma con elecciones amañadas en donde resulte ganador un títere más que sea ajeno a los intereses de las mayorías. La población no cree en acuerdos de cúpulas materializadas en “constituyentes”, que no son más que mantos de impunidad y repartición de la riqueza por los mismos de siempre. Honduras está en insurrección permanente desde hace diez años, y construye con mucho sacrificio la mejor ruta que le garantice su bienestar. Juan Orlando Hernández seguirá en el poder hasta que los gringos lo decidan o porque la lucha del pueblo hondureño pase a un nivel superior mostrado hasta el día de hoy. Apelamos a esta segunda opción, porque creemos firmemente que solo el pueblo salva al pueblo.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.