VIAJE AL CENTRO DEL ROCK: CONVERSACIÓN CON MYRNA MARÍA BARAHONA

Voy hacia la casa del poeta. Pienso en los libros que llenan los estantes de su sala. Sus olores de animales terrenales invaden la casa. La sala es invadida por la antigüedad de las cosas queridas, de las personas queridas. Una de esas personas queridas me espera, Fabricio Estrada nos ha abierto las puertas de su hogar para conversar como conversan las hojas de los árboles antiguos, de repente, el lenguaje de la infancia nos...
adminseptiembre 8, 2016

Voy hacia la casa del poeta. Pienso en los libros que llenan los estantes de su sala. Sus olores de animales terrenales invaden la casa. La sala es invadida por la antigüedad de las cosas queridas, de las personas queridas. Una de esas personas queridas me espera, Fabricio Estrada nos ha abierto las puertas de su hogar para conversar como conversan las hojas de los árboles antiguos, de repente, el lenguaje de la infancia nos habita. He llegado y veo la enorme sonrisa que me recibe. Me da un abrazo y me dice que pase a donde el fuego de los caminos se junta, enciendo la grabadora, digito el record, nos entregamos a una conversación franca, fraterna como el sonido del viento en las tardes de verano, es Tegucigalpa, y yo me encuentro con la leyenda, con la mujer más icónica de la radio hondureña, su voz quiebra el silencio, Myrna María Barahona comienza sonriendo, y así, no hay duda de la íntima atmósfera que nos habita. Fabricio saca su cámara y como cíclope encantado registra el momento.

Le pregunto sobre el playlist de la infancia, y me la imagino inquieta, queriendo escucharlo todo.

–¿Cómo era la música que escuchaban en tu casa?

–En mi casa realmente no, porque mis padres escuchaban música tradicional, ellos no estaban en esa onda, pero yo escuchaba radio y tenía ciertos tíos que a veces llevaban música cuando yo era muy niña, pero yo ya conocía la música de los Beatles, de los Rolling Stones, que eran los grupos que eran fuertes cuando yo nací y formaron los primeros años de mi infancia, se podría decir que yo crecí con la música de los Rolling Stones y de los Beatles así que como la música de otros grupos de rock pero entonces no los identificaba, pero ahora cuando escucho esa música me digo «puchica, yo tenía siete años cuando escuchaba esa canción…» allí pueden ir música de todas esas bandas hippies que crearon «la era del acuario» y «el verano del amor». Pero después, cuando ya estaba más grande y fue mi hermano mayor quien descubrió el rock, fue a través de él que yo descubrí esa música como un interés, me metía a su habitación a escuchar con él los LP que él ya compraba en el «Palacio de la música» de bandas como Black Sabbath, Led Zeppelin, Kiss, AC/DC, Deep Purple obviamente, Iron Butterfly, y había más música que no me llamaba tanto la atención hasta los doce años. A mi hermano le debo mi entrada al rock.

Myrna recuerda el barrio, a la Tegucigalpa de su infancia y de su adolescencia y no duda en decirme que era otra ciudad aquella que hoy le parece tan lejana. Recuerda a los artistas que siempre estuvieron allí. La música, los sonidos, la familia. Recuerda los pósters de las bandas de rock de su hermano con especial énfasis en Gene Simons. La pubertad y el descubrimiento de las sensaciones propias de esa edad.

–…siempre los rockeros han sido misteriosos, han sido atractivos, y una sonrisa se le dibuja al decirlo.

Ese conjunto de cosas suman la razón para convertir a Myrna María en ser lo que es.

–El toque rock and roll no era precisamente en mi barrio que era un barrio conservador, el toque rock and roll era ya cuando yo salía con mi hermano afuera del barrio a los conciertos.

Fabricio intercepta nuestro viaje con una cerveza, Myrna no duda en agradecer con una sonrisa enorme, de ésas que podría comerse todo a su alrededor producto de la ternura. Me pide luego del primer sorbo que le recuerde la pregunta.

–¿Cómo era le barrio, –le digo–, qué música escuchabas particularmente a los doce años? –Le pregunto, buscando el cauce de la fluvial historia.

–Bueno, –se repone a la leve interrupción acomodándose el cabello largo hacia la derecha–, en mi barrio fue donde vivió Roberto García, en mi misma cuadra, el de los Ranger’s, el que grabó «La chica del Central», en mi barrio también vivían parte de «Las voces universitarias» y otros músicos que fueron de bandas de rock, que fueron al barrio, se quedaron un tiempo y después se fueron, también en el barrio han vivido personajes intelectuales, entonces yo me crié en un ambiente de un barrio decente, culto, en donde también había su toque rock and roll…

Los Bee Gees, Kiss, Led Zeppelin, Los Beatles, Donna Summer, son parte del soundtrack de la primera etapa de este viaje, pero tener a Myrna María Barahona y hablar de lo que ella ya habla en la radio sería una pérdida de tiempo, por eso la banda sonora se queda en la mera mención como parte del paísaje, yo quiero que me cuente del rock nacional, que me ayude a hacerme la foto de cómo era el sonido de aquellos primeros años de una de las más pequeñas escenas de la música nacional. Hasta este momento la película parece estar yendo en sephia, y Myrna sonríe cómplice de la memoria cada vez que recuerda algo que le parece curioso. Sonríe al contarme que a sus primeros conciertos se fue escapada con su hermano.

–¿Cuál fue el primer concierto al que fuiste?

–Fue a un «Pop Clan» en el Gimnasio Nacional Rubén Callejas Valentine, ése fue mi primero concierto, mi segundo concierto fue un «Rock en el Picacho» y después fue un concierto del San Miguel.

–¿Quiénes tocaron?

La pregunta le saca un suspiro, parece que la memoria de Myrna es en realidad la biblioteca del rock nacional.

–Tocaban Majela’s Rock, Gatos Callejeros, La casa de la campana, estaba la Banda One. Todos esos grupos que tocaban ya no existen y eran grupos de estudiantes, duraban poco tiempo. Todavía no existía Diablos Negros, todavía no existía Khaos, es que estamos hablando de finales de los setentas.

Noto la nostalgia en su voz.

Los grupos de rock hondureños que formaban parte de la escena local en la Tegucigalpa de la adolescencia de Myrna también tocaban en hoteles como La Ronda, el Honduras Maya y algunos lugares del casco histórico de la ciudad. Todo le quedaba cerca, porque Myrna es del barrio San Rafael, barrio de clase media que tiene acceso a todos estos espacios donde la escena cultural de la capital de mediados de los años setentas explotaba con el rock nacional.

–Cuando yo veo a Elvin Ménjivar de Elvi’s Band tocando en el Duncan Maya eso es como volver atrás porque así eran los ambientes de antes en Tegucigalpa.

La mente me vuela, y me parece escuchar la voz de Gibb en «night fever», yo también he estado en el Duncan Maya pero se me hace difícil imaginarlo joven porque hoy parece un lugar que siempre fue viejo, que siempre estuvo allí.

–Myrna, ¿la música en Honduras en ese periodo qué era?

–Había música andina, mucho bolero, se imitaba mucho a Camilo Sesto, a bandas como los Ángeles Negros, como los Dinners de México, imitaban mucho a la música de Sandro, cosas así, y la verdad es que era música maravillosa.

Una sonrisa inquieta ilumina su rostro.

–…Tegucigalpa, musicalmente, era maravillosa en esos días –continúa– porque toda la música que salía en esos días era buena. Y estaba también la música de los grupos de entonces, que sí grababan.

Este viaje es uno que sólo puede hacerse en una especie de nave de la imaginación, sí, como ésa en la que Neil deGrasse Tyson viaja a lo largo de los trece capítulos de Cosmos. Nuestra capitana de la nave de la imaginación en la que recorremos la historia del rock hondureño es franca, fraterna, pero además es bondadosa con los detalles.

–¿Cómo era la radio de entonces? Me animo a preguntar mientras la cerveza nos refresca del intenso calor que cubre la ciudad capital.

–Bueno, existía ya Radio Solaris hacia finales de los setentas.

–¿Ésa era la radio que escuchabas en tu adolescencia?

–Quien no escuchaba Solaris no estaba en nada, –me responde con la contundencia de quien sabe acerca del tiempo vivido–, pero no sólo Solaris, también estaba Radio Televisión. Radio Televisión era la pantera de la juventud, era la que lideraba todo lo que era la música del momento que incluía rock y pop. También estaba Titania que también sonaba rock, y Radio Mil que era al estilo «Top 40» y ésta se convirtió después en Estéreo Mil. Pero las radios que comandaban el rock eran Radio Televisión y la Solaris pero la Solaris era la más pegada porque allí ponían todo lo que otras radios no sonaban, y como quedaba en el barrio El Bosque, y había otras leyendas urbanas con respecto a Solaris y entonces eso la hacía tan llamativa.

Myrna María Barahona

Hacemos una pausa. Necesito revisar lo grabado. Con tanta información me entra el temor de haber sido tan torpe como para no haber puesto a grabar al inicio de la conversación.

El calor es mucho más intenso, afuera el sol comienza a caer y la luz del atardecer se cuela por las persianas que dan a la calle dejando entrar a la sala de la casa de Fabricio Estrada una tenue luz naranja.

Digito nuevamente el record.

–¿En qué radio hiciste tu primer programa? Le pregunto, y la veo directo a los ojos. Lo que intento buscar es algo más que la respuesta, quizá, lo que me parece la emoción producida por ese recuerdo.

–Yo solamente trabajé en Estéreo Mil –me cuenta– desde 1983 hasta 1997, allí estuve catorce años de mi vida. Yo fui «chica Emisoras Unidas» –me dice sonriendo con cierta inocencia–. Mi primer programa de radio fue «Las veinte caliente de Estéreo Mil», crearon ese programa para mí.

Hoy en día todas la radios juveniles tienen programas top. Pero entonces «Las veinte caliente de Estéreo Mil», programa creado pensando en Myrna María era un programa que llevaba el ranking musical del momento a partir de la famosa lista Billboard de la música internacional, Myrna presentaba la canción, le daba información del momento al público. «Los súper hits de Estéreo Mil» fue otro programa que estuvo bajo su conducción.

La carrera en la radio para Myrna María ha sido larga, esta primera etapa en Estéreo Mil suma catorce años. Luego de manejar programas tops como «Las veinte caliente de Estéreo Mil» y «Los súper hits de Estéreo Mil», a Myrna se le permite hacer cada noche de jueves, un programa de especiales. Aquí, el formato cambiaría, comenzando a sonar discos de bandas como Iron Maiden, pero todavía los programas eran pregrabados, aún no se le permitía hacer programas en vivo.

El día era el primer sábado de enero de 1992. Se puso de acuerdo con el operador y sin permiso de nadie hizo su primer programa en vivo. El espacio se llamaba «Las cuarenta favoritas de Estéreo Mil», otro programa top. Después de ese día los programas en vivo pararon.

–¿Por qué decidiste hacerlo en vivo?

–Creí que ya había llegado el momento. Esto lo dice con profunda contundencia.

Con su primer programa en vivo Myrna María Barahona estaba consciente que buscaba romper con los cánones en la forma de hacer radio juvenil en Honduras, su cómplice fue Miguel Caballero Leiva, quien se presentó como invitado a ese primer programa en vivo. La intuición se lo decía, la adrenalina de hacer radio en vivo y dejar atrás el obsoleto formato de los programas pregrabados era una experiencia que ella necesitaba comenzar. De frente tendría el resto de la historia, el camino por recorrer. Ella está segura que ese riesgo tomado en el que pudo ser despedida fue una decisión importante que definiría su carrera en la locución de radio. Para su sorpresa las cosas siguieron en un ambiente normal en su situación laboral, lo único que había cambiado es que a partir de ese primer sábado de ese enero de 1992, los programas que vendrían serían en vivo.

Ella lo llama «tener gestos de independencia» y agrega que estos deben estar dentro de lo razonable esa decisión no significaba hacer una carrera caótica sino explorar otras búsquedas en la forma de hacer radio de la Honduras de principios de los años noventas.

–¿La sensación cómo cambia? Hablamos de pasar de hacer los pregrabados a los en vivo.

–Es tremendamente diferente. –Afirma–. A partir de entonces no dejé de invitar a las bandas de rock.

El resultado de la aventura sería fantástico y la apertura para las bandas de rock nacional se comenzaría a potenciar, haciendo de Myrna la gran promotora de la música rock del país, la gran referente para bandas como Delirium, Diablos Negros, que todos los sábados tenía el micrófono abierto de la cabina para hablar de sus proyectos, de su música, prácticamente de lo que quisieran.

–Cuando el jefe se iba yo sonaba rock hondureño. Me dice con cierta picardía infantil.

Poner música rock nacional era algo que Myrna María hacía desde los ochentas, era su forma de apoyar a las bandas hondureñas, pero también era una forma de rebelarse quizá a los estigmas sociales impuestos a la música rock.

–¿Estaba proscrito el rock en Honduras?

–No es eso, es que eran programas de top cuarenta. Toda la música era en inglés, era prohibida la música en español, era una radio al estilo que diseñó el señor Manuel Villeda Toledo, el hombre de radio más sabio de toda Centroamérica.

Manuel Villeda Toledo, me dice Myrna María, es el mayor productor de radio de toda la región centroamericana. Él vive para la radio, duerme con la radio, come con la radio, todo lo hace escuchando y pensando en la radio. Hasta aquí me queda bastante claro que esta persona es un referente muy importante en la vida profesional de Myrna María Barahona.

–Me podría atrever a decir que es un obsesivo de la radio.

Myrna le da la razón al formato diseñado por Manuel Villeda Toledo, se tiene que mantener la magia y es que si algo maravilloso tiene el oficio de hacer radio es el acto de hacer magia con el poder de la locución. Me viene una referencia obligada, «Radio days» de Woody Allen. Entonces pienso en las familias hondureñas pegadas a la programación de la radio como la familia judía retratada por Allen en la película de 1987.

En «Radio days», la familia es descrita desde la perspectiva de un niño de ocho o nueve años, el programa favorito de nuestro personaje es uno de súper héroes, él es un fan poseído con la idea de ser como «El vengador enmascarado» y es que si la la radio pierde la magia de hacer que las personas utilicen su imaginación para incorporarse a lo narrado desde la cabina, se pierde esa magia a la que apela Myrna María.

Hoy en día, puede que los soportes de la radio hayan cambiado abismalmente con la llegada de la era digital, estamos claros de que no sería posible hacer una «Radio days» en la actualidad, hoy no sería posible que un acto tan atrevido como aquel de Orson Welles y su famosa lectura de «The war of the worlds» de H.G Wells le volara la cabeza a todo un país transmitida al mundo el 30 de octubre de 1938.

Es esa magia a la que apela Myrna María.

–La música en español mató a Estéreo Mil. Sentencia.

–¿Por qué?

–Porque la radio era un monstruo cuando era sólo en inglés. Y extiende los brazos para darme la sensación de un ser inmenso que lo abarcaba todo.

El cambio hacia la música en español para Estéreo Mil llegaría en 1994.

1994 fue el año en el que la selección de Brasil llegaría a su cuarto título mundial en una categoría de selección adulta enfrentando a una poderosa selección italiana, ese año, en ese mismo mundial en Estado Unidos, Maradona daba positivo en la prueba antidoping y no volvería a jugar profesionalmente al fútbol.

1994 fue el año en el que Caifanes editó su último disco, la maravillosa despedida con «El nervio del volcán». Miguel Bosé se presentaba en Viña del Mar. Laura Pausini cantaba «Se fue». Selena lanzaba «Amor prohibido» y Café Tacvba hacía bailar a toda Latino América con el «Re».

–El rango se amplió. Le digo…

–Nos volvimos igual que todos, me dice, allí fue cuando empezó un poco su decadencia.

Myrna cree que en Honduras no ha habido radio más grande que Estéreo Mil, por supuesto, antes de 1994. Luego del cambio de formato, Estéreo Mil pasaría a ser como todas las demás. Myrna María me lo cuenta con nostalgia, siento incluso, que ese cambio a ella no le terminó de gustar. Algo cambió ligeramente en el timbre de su voz al llegar a esta parte, como que de repente se engrosó. Lo invade todo. Sus memorias son todo lo que he venido a buscar en esta entrevista, me encuentro fascinado.

Hacia 1997 Estéreo Mil pasó a llamarse Rock and Pop, y en palabras de Myrna María, lo único que sucedió es que se glamourizó, se empezó a mercadear mejor. Para ese año ella ya no trabajaba más en la radio. Un ciclo había concluido para ella y para la radio emisora.

–¿Cuál es la piedra angular del rock en Tegucigalpa?

–Los Jets de Omar Mendoza.

–¿De qué año estamos hablando?

–1961. Los Desafinados fueron la banda previa a Los Jets y eso fue en 1960. El rock en Honduras comienza con Los Jets tocando en cines, el primer concierto de rock en Honduras fue en el Instituto Central y fue a raíz del surgimiento de Los Jets y empezaron a salir en televisión en vivo en Canal Cinco. Luego vendrían Los Speeds, Los Electrónicos, bandas de colegio como Los Monsters…

Estas bandas hacían música original, pero también había mucha banda cover.

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Myrna María Barahona

–¿Y todo esto termina dando pie al surgimiento de «Rock en El Picacho?

–Antes de que hubiera un festival de El Picacho, hubo un concierto en El Picacho que lo hizo la banda «La experiencia común» en 1971, se llenó, Tegucigalpa era una cama caliente del rock.

Fabricio dispara con su cámara hacia nosotros, Myrna se ríe, dice que Fabricio la hace sentir como modelo. Se le ve feliz.

–¿Cuándo la radio se abre realmente al rock hondureño? Le pregunto en un afán de que Fabricio y su cámara no nos distraiga.

–La radio nunca se abrió, –me dice–, era bien difícil que sonaran música nacional. Algunos tuvieron suerte, algunas canciones sí tuvieron suerte. Los Robins tuvieron suerte, Los Rangers, Los Speeds, porque hicieron canciones que eran apropiadas para el gusto de la gente. Había periodistas y locutores que ayudaban pero el espacio era muy limitado. La radio hondureña siempre ha sido promotora de lo foráneo. Hemos sido forjados por los gustos de los gringos pero no es que tenga algo de malo pero es que siempre hemos visto de menos lo hondureño.

A pesar de que la radio como medio no terminaba de entender al rock nacional, las bandas hondureñas tocaban y estos conciertos se llenaban. La demanda era enorme. Le pregunto entonces si este fenómeno no fue percibido por los dueños de los medios, a lo que ella me responde que el asunto con la radio es que siempre fue vista como un negocio. Ante esa verdad, quedan muy pocas cosas que preguntar al respecto. Nos quedamos sin argumentos.

–La gente es la que determina lo que suena y la gente se queja cuando no escucha lo que le gusta. Confiesa.

Me cuenta que «Soldado ausente» de Los Speeds fue una de esas canciones que corrió con suerte, la suerte de ser solicitada por la gente y esto obligó a los medios a sonarla. Pero también la gente esperaba de las bandas nacionales que sonaran como bandas extranjeras. Que no había un sentido de identidad, que no habían campañas como hoy sí existen, me dice.

–¿Hay pocas mujeres haciendo radio o creés que eso ya está bastante equilibrado hoy en día? Le pregunto, pero quizá lo que quiero preguntar es cuántas mujeres hacen radio y promueven el rock nacional. Pero Myrna pasa de largo mi torpeza al formularle la pregunta y responde de una manera muy aguda.

–¿En Honduras quién más hace radio-rock que sea mujer? Nadie, ni siquiera online, antes una chica hacía un programa que se llamaba «Metal Militia». Creo que hay un chica que ayuda con un programa que se llama «Mega Metal» en Comayagua que se llama Roxana Chaín, pero no creo que sea permanente. Yo lo hago todas la semanas, escribo para mi propia página.

–¿Nunca escribiste para la Rolling Stone? Le digo bromeando. Entonces siento su mirada, esa mirada que sentís cuando al decir algo ingenuo alguien te ve con ternura.

–¿Quién soy yo para escribir para la Rolling Stone? Me responde con mucha tranquilidad.

Entonces abordo con seriedad el asunto. Le pregunto por qué medios como la Rolling Stone nunca vienen a Honduras. Y ella me responde que es porque no les interesa el país y lo que aquí se produce.

–Vivimos en un hoyo. Sentencia. Y a mí me queda claro.

Algo sumamente importante es cómo el rock en Honduras sigue existiendo, pero Myrna María me lo aclara, me explica detenidamente el asunto, con mucha paciencia, me hace sentir en «School of rock», se refiere con mucho respeto al rock como un género underground, que sobrevive a través de festivales, donde también sirve para que las bandas puedan vender sus discos, sus camisetas, y que la gente los conozca de cerca. Pero insiste en algo que es fundamental, el público rockero no está educado para ir a los conciertos, se debe avanzar en ello, en que la gente vaya y vea con respeto al músico que ha invertido muchas horas de ensayo para poder tocar.

–Yo escuché por allí que el mejor disco grabado por una banda hondureña es el «Forjado en rocka». Le digo. –¿Te gusta el disco?

–Es excelente, tiene muchos méritos, pero creo que ya no puede ser considerado el mejor disco. Hay discos que lo han superado. Fue lo mejor en ese tiempo, incluso a nivel de Centro América. Está en una lista de los mejores discos de rock hispano de 1985 hecho por un website español. Ya hay discos que han superado a «Forjado en rocka».

–¿Qué discos?

–«Errante» de Delirium, «Contradictions» de Horus. Esos discos, para mí, ya superaron a «Forjado en rocka». Lo que sucede es que «Forjado en rocka» tiene un mérito innegable, no fue el primer LP de rock hondureño que se grabó, pero Khaos fue la primera banda de heavy metal de Honduras, Khaos vino a sacudir al rock hondureño porque antes de Khaos la gente tocaba el rock tradicional, ellos fueron los primeros que tocaron a las bandas del momento.

–¿«Forjado en rocka» es un parte aguas en la historia del rock hondureño?

–El álbum «Forjado en rocka» tiene un valor espectacular, grandioso, por sus niveles de calidad, se hizo en El Salvador, ese disco tiene muchas cualidades por eso es el LP más histórico del rock nacional.

Le pido que me explique cuáles son esas cualidades que posee «Forjado en rocka».

–La calidad de las canciones, la forma como fue ejecutado, fue el grupo que añadió vídeos a canciones del disco, además de eso, la presentación de los señores de Khaos, ellos vinieron a revolucionar. ¿Vos sabías que a la gente de Khaos, la gente los miraba como a cualquier miembro de Mötley Crüe? –Me dice riendo, claro está, yo no manejaba el dato–. Ellos causaban locura a donde sea que llegaran, también eran muy parecido y eso ayudaba. –Reímos y es que ser guapo ayuda mucho para los rock stars–. Ellos eran ídolos. –Concluye.

Khaos es la banda que influye a todas las bandas que surgieron después. Sin Khaos hoy no existirían bandas como Diablos Negros así como los conocemos.

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Myrna María Barahona

–Con Khaos llega la modernidad al rock hondureño. Le digo.

–Con Khaos llega el respeto a la música hondureña. Myrna María es contundente al decirlo.

Myrna María me explica que lo más importante de la llegada de Khaos a la historia del rock hondureño es que ellos demostraron insatisfacción por ser una banda cover y decidieron hacer lo suyo, ellos demostraron que era mejor hacer música propia. Con esto Khaos es la banda que dignifica por primera vez la música rock en Honduras.

–¿Y qué vino después de Khaos para la música hondureña? Le pregunto.

–Los Diablos Negros. Me dice.

Luego aparecerían bandas como Terciopelo Negro, primera banda de Marvin Corea, una banda que surge para competir con Diablos Negros. Se vestían parecidos y se llamaban parecido. Me asegura que eran seguidores de Diablos Negros pero tenían su propia personalidad. Luego surgieron grupos temporales en escuelas bilingües, con nombres bastante similares, Extorsión Negra, era una de esas bandas que se inspiraron en Diablos Negros. Surgió la banda de rock Fantasía, banda donde tocó Rolando López que termina tocando en Delirium.

–¿Cuáles son los mejores discos de la historia del rock hondureño?

–«Forjado en rocka» de Khaos, «Contradictions» de Horus, «Delirium» y «Errante» de Delirium, «Revolución» de Diablos Negros.

–¿Cuál es la banda más significativa en la historia para el movimiento rock en Honduras?

–Mirá, han habido siempre, dos grandes, desde que iniciaron y son los grupos que hasta el momento se han mantenido, siguen marcando una tendencia y siguen sosteniendo una jerarquía y son Delirium y Diablos Negros.

Terminamos esta conversación, el viaje ha sido largo y enriquecedor. Myrna María Barahona es la mujer más icónica e influyente de la historia del rock hondureño y su aporte es sumamente valioso para las bandas, para el público, para la escena rock de manera integral. Hoy, el rock en Honduras no puede prescindir de su vasto conocimiento. La nave de la imaginación que nos hizo recorrer la historia de la radio y del rock hondureño hace una pausa. Me quedo escuchando el playlist. Brindamos porque el rock hondureño tenga una vida larga y saludable. Brindamos por la amistad. Por los encuentros. Por la comunión. Me despido de la casa del poeta, de Fabricio Estrada, hermano inclaudicable y de Myrna María Barahona.

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