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TRABAJADORAS SEXUALES; UN ROSTRO IGNORADO

«Nuestras compañeras fueron trabajadoras sexuales asesinadas que antes que nada eran mujeres, seres humanos que la vida las marcó con una actividad muy dura y se merecen justicia», dijo a un medio internacional Regina Barahona, presidenta de la Red de Trabajadoras Sexuales, mientras ella y sus compañeras se manifestaban en torno a la muerte violenta que han sufrido más de dos decenas de sus compañeras en los últimos tres años.

Honduras es un país con un alto índice de personas sin un puesto laboral, por ejemplo, según el INE (Instituto Nacional de Estadísticas) hasta el 2015 la tasa de desempleo era de un millón y medio de habitantes, hombres y mujeres que carecían de trabajo formal. Para el 2016 esa tasa subió un 7,9 por ciento, por lo que una gran cantidad de hondureños tienen necesidad del sustento diario y los lleva a muchos a optar por formas alternas de conseguirlo. Algunas mujeres y hombres, por su parte, desde universitarios hasta aquellos que viven en condiciones más paupérrimas y sin algún grado de escolaridad, algunas veces toman la decisión de alquilar sus cuerpos por algo de dinero. Es muy fácil por ejemplo, encontrar en las redes sociales páginas y perfiles que ofrecen servicios sexuales a costos variables o salir a las calles; a las inmediaciones del hotel Honduras Maya, El Obelisco y bulevares en general, para hallar este tipo de mercado.

TRABAJO SEXUAL, es la prestación de un servicio sexual a cambio de dinero, en el que todas las partes comprometidas lo hacen por decisión personal y con consentimiento propio.

Al día de hoy la Red de Trabajadoras Sexuales (REDTRASEX), registra 5,000 mujeres biológicas, mayores de edad, trabajando en el rubro de los servicios sexuales sólo en la ciudad de Tegucigalpa. Estas mujeres laboran bajo tres modalidades; las prepago (son las que más ganan ya que a veces cobran en dólares) y que se contactan a través de llamadas telefónicas, Whatsapp, correo electrónico entre otros medios. Las de espacios cerrados, ya sea salas de masajes, cabarets, cantinas y nigth clubs, por último las ambulantes; estas son las que menos reciben protección del Gobierno ya que andan ofreciendo sus servicios en las calles, muchas veces a altas horas de la noche,  y son las más violentadas por clientes ebrios o que no les quieren pagar, y por policías.

Según datos proporcionados por ellas mismas, los costos varían según el poder adquisitivo del cliente y no todas cobran los mismo.

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Una de las chicas entrevistadas nos aclaró, que en algún reportaje leyó que habían jóvenes que cobraban hasta 50 lempiras por relación sexual. «Esas no eran trabajadoras de este rubro —dijo—, sino personas que andan en drogas y por conseguir substancias enajenates, venden su cuerpo por esas cantidades».

Regina Barahona, presidenta de la Red de Trabajadoras Sexuales, comenta que hay una gran cantidad de sexo servidoras que no asumen su posición como tales, entre ellas están las universitarias que se dedican a este tipo de trabajo por la necesidad de pagar sus estudios y aunque puedan considerarse seguras o mejor pagadas, son las que están en mayor riesgo, ya que no tienen ningún tipo de protección. Algunas de estas mujeres hacen transacciones de sexo por dinero o por artículos; ropa, joyas, carros, casas etc.

«Somos trabajadoras, también, por pertenecer a la clase trabajadora y dedicarnos a nuestro oficio para satisfacer las necesidades propias y de nuestras familias, como cualquier otro trabajador y trabajadora» —reza una consigna popular entre las trabajadoras sexuales.

En cuanto a los derechos laborales del hondureño, la Licenciada Reina Zelaya, asesora técnica de la organización la Red de Trabajadoras Sexuales, explica que el artículo 59 de la Constitución de la República, dice que todos somos iguales ante la ley.

«La Constitución también dicta claramente que “Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas” y desde ese punto de vista, las trabajadoras y los trabajadores sexuales deben tener los mismos  derechos que los trabajadores convencionales —dice Zelaya, agregando que en ese oficio— se violan los derechos de estas mujeres, puesto que son vistas de la cintura para abajo o mejor dicho como vaginas andantes, los que es inhumano e indigno, porque ellas no son objetos sexuales, son seres humanos».

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Según nos lo indicó Regina Barahona en la entrevista, las chicas que trabajan dando servicios sexuales sólo pueden ser atendidas en la clínica de Las Crucitas, en Comayagüela. Una zona violenta. Por lo que estas personas a veces no pueden recibir la atención necesaria y es en esta instancia que piden a las autoridades que se les pueda atender en otras clínicas como a los demás ciudadanos. Su condición humana les da el derecho a ser tratadas como iguales a las otras personas.

«Se debe tener la intención de educar a estas mujeres para que puedan o tengan la disposición de cuidar su cuerpo —indica Barahona—, puesto que hay una desensibilización por parte de algunas mujeres respecto a este tema. Esto se debe por mucho a la situación gubernamental del país, donde no existe un sistema de salud preventivo y supervisado, para evitar el contagio de VIH  e ITS (Infecciones de Transmisión Sexual). El estado debería regular las condiciones sanitarias de los hoteles, porque a veces ni agua tienen y eso afecta nuestra salud, exigimos que los hoteles tengan por lo menos, las condiciones necesarias para que no se ponga en riesgo nuestro cuerpo ni el de nuestros clientes, sobre todo aquí en el centro y en Comayagüela ».

«En las últimas décadas, las y los periodistas han ido incorporando el lenguaje y las denominaciones correctas para otros colectivos (como las/los compañeras/os lesbianas, gays, bisexuales y transexuales — LGBT—; los pueblos originarios, etc.), sin embargo, nuestro derecho a auto-determinarnos como trabajadoras sexuales y ser reconocidas Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe 5 con esa definición, no ha generado tantas respuestas positivas de parte de los medios.» Apunta la Guía para el Abordaje Periodístico del Trabajo Sexual y las Trabajadoras Sexuales

Por otra parte, las trabajadoras sexuales organizadas están abogando porque ya no se utilicen adjetivos peyorativos, como prostitutas, putas, rameras, entre otros, para referírseles. En este momento ellas mismas están brindando capacitaciones en temas de derechos humanos para que esa situación cambie entre ellas, y que el oficio del trabajo sexual ya no sea visto como un tema de vergüenza, y se les pueda brindar el trato que como mujeres se merecen.

«También somos madres, hijas y esposas, —comenta Daysi, una trabajadora sexual entrevistada por El Pulso—, el hecho de tener un trabajo que tenga que ver con brindar placer a través del sexo no significa que no puedan tener vidas normales como cualquier otra persona».

«Queremos que se nos vea como cualquier otro trabajo y que no haya discriminación de ningún tipo», agrega.

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Por otra parte, las personas entrevistadas se mostraban descontentas con el tema de la religión, porque muchos cristianos o personas que siempre han vivido bajo esta forma de interpretar el mundo consideran que ese tipo de labor es condenada por Dios y la juzgan diciendo cosas como: «si siguen así se irán al infierno.»

«Yo decidí vivir así y además creo en Dios, y si cristo perdonó a María Magdalena por qué no me puede perdonar a mí, y hasta debió haber tenido algo con Jesús»,—comentaba de manera jocosa, Rosa, una de las señoras entrevistadas. «Por otro lado, no todas somos cuchilleras, mal habladas o ladronas» —Indicó.

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¿Trabajo sexual o explotación sexual?

El trabajo sexual, lo determina la persona que lo ejerce por voluntad propia, mientras que la explotación sexual tiene que ver con terceras personas que nutren sus finanzas a través de la esclavitud de mujeres u hombres, niños y niñas, a quienes alquilan para obtener alguna cantidad de dinero.

Desde El Pulso entrevistamos  a varias personas que viven de este tipo de trabajo y la mayoría comentaba que además de la falta de trabajo en el país, habían escogido esa profesión por la comodidad que les brinda al poder estar cerca de sus familias en los momentos que ellas crean necesarios, que sus salarios son decentes en comparación a otros trabajos, una de ellas incluso comentaba que podía pasar más tiempo con su esposo. Ellas argumentan que en ningún otro trabajo podrían tener las facilidades en cuanto a manejo de su tiempo, puesto que ellas mismas son sus propias jefas y no le entregan comisión a ninguna otra persona a menos que estén bajo el tema de la explotación sexual, es decir que dependan de un proxeneta para poder trabajar.

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Violencia contra las trabajadoras sexuales

Desde junio del 2013, Redtrasex, ha contabilizado al menos 27 muertes de trabajadoras sexuales en todo el país a causa de la violencia y el trato denigrante que se genera en contra de ellas.

 «Dos compañeras en San Pedro Sula, abortaron por el maltrato que recibieron por parte de la policía»,—comenta Regina Barahona.

Algunas trabajadoras entrevistadas comentaron que cuando hay problemas con un cliente que no se quiso poner el condón, lo que, antes de negociar el costo, es el primer requisito para recibir el intercambio comercial, o no quiso pagarles por sus servicios, ellas se avocan a las autoridades de seguridad. En ese momento son ellas las agredidas y no las personas que las han violentado.

«A veces hasta nos acusan de andar drogadas o portar drogas aunque no sea cierto»,—comenta Regina Barahona—, agregando que otro de esos agravios que comenten a las  trabajadoras sexuales, es el carnet, que según la ley no es necesario que lo porten siempre, pero cuando no lo andan son arrestadas y las llevan a lugares solos, para luego extorsionarlas por sexo, muchas veces las despojan de sus pertenencias y el dinero que han obtenido por el servicio que prestan.

Ernestina, otra servidora de sexo entrevistada, nos comentó de una compañera de trabajo, que «cuatro policías la llevaron a violarla sometiéndola a hacerles sexo oral y no conformes con eso, la obligaron a tragarse el semen, ahora está en atención médica y con tratamiento psicológico, y a otra chica le quebraron la pelvis por la fuerza con la que la sometieron en la violación».

Según la asesora técnica nacional de la Red de Trabajadoras del Sexo, esto es un problema frecuente.

«Lo más fuerte de todo esto es que las muchachas no se atreven a poner denuncias —dice Reyna Zelaya, agregando que es por temor a represalias—. Justo ahora se está comenzando una campaña de concientización hacia las mujeres que viven de vender servicios sexuales para que cultiven la cultura de la denuncia, y les damos dirección de a qué instancias puedan acudir al momento de recibir este tipo de agresiones. Estamos, además en una campaña de sensibilización con un grupo de 2900 policías, para que aprendan que nosotras también tenemos dignidad como mujeres, todo esto con el apoyo de la Embajada de Alemania».

Para finalizar, este grupo está exigiendo una ley que las proteja y les brinde igualdad de derechos, como también le exigen al gobierno y a la población en general que mitiguen el tema de la discriminación en su contra.