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¿PARA QUÉ SIRVEN LAS ELECCIONES?

Por Óscar Esquivel

«Si las elecciones sirvieran para cambiar algo, estarían prohibidas,» expresa el pensamiento acreditado al intelectual Eduardo Galeano. Esta frase encierra el instrumento del engaño que, en la mayoría de los casos, representan las elecciones. En su libro Ensayo sobre la lucidez, José Saramago se refiera al voto en blanco como mecanismo utilizado por la población para demostrar su inconformidad ante la clase gobernante. A la par de esta manifestación, los habitantes comienzan a suplir, entre ellos mismos, las necesidades y servicios que el gobierno tenía el deber de solventar.

En Honduras, las dos últimas elecciones han sido fuertemente cuestionadas. Los políticos de oficio, no obstante –en medio de los asesinatos, represiones, violencia generalizada, expulsión de miles de compatriotas hacia otros países, y otros males no menos graves–, hablan ya de un próximo proceso electoral en el 2021.

En el país se ha instalado, desde hace ya muchos años, una clase política electoral parasitaria. Se comportan como sanguijuelas; no podrían vivir si no a través de la sangre del pueblo hondureño. No esperan que termine una elección, cuando ya empiezan a mentir e ilusionar a un pueblo noble, afirmando que los nuevos comicios sí traerán la victoria. Esta clase parasitaria amasa fortunas y coloca sus peones en diferentes puestos de gobierno para que representen sus intereses. Cada proceso electoral se maquilla como un acto patriótico y un robustecimiento de la democracia.
Sin embargo, falta preguntarse: ¿para qué sirve la democracia sí el 68% de hondureños viven en pobreza y el 44 % en extrema pobreza?

Un entrenador de fútbol que no da resultados es inmediatamente cambiado. Un gerente de empresa privada que no cumple con las expectativas es despedido. ¿Por qué, entonces, a un presidente de la República que no cumple con sus promesas de campaña, y que además cuenta con la responsabilidad de un supuesto un rosario de delitos, se le premia con terminar su mandato?

Los políticos de oficio llevan ya más de cuatro o cinco décadas engañando al electorado y viviendo a costa del pueblo hondureño, pero insisten en que la población fije su mirada en las próximas elecciones del 2021. Habría, que preguntarse: ¿acaso este pueblo en calamidad podrá llegar hasta el 2021 en las condiciones actuales?  Insisten en proponer precandidatos presidenciales, en un nuevo Registro Nacional de las Personas y en nuevas instituciones electorales. Sin embargo, ¿a quién o a quiénes le interesa que haya elecciones? Evidentemente no es a las grandes mayorías, pues hasta la fecha no se han conseguido victorias. Lo que sí ha obtenido nuestro pueblo han sido asesinatos, encarcelamiento y violaciones de todo tipo.

La realidad es asfixiante, producto de engaños de propios y extraños. El sistema electoral, tal y como está planteado, solo beneficia a los que viven de este sistema, que son los que gobiernan y los que se disfrazan de oposición; los azules y los que mancillan el rojo. ¿Qué pasaría si el pueblo hondureño se levanta y dice «no más elecciones» hasta que haya un cambio de régimen que beneficie a las mayorías? Qué pasaría su la población general decide dejar de pagar impuestos hasta que el gobierno se comprometa a darnos, como le corresponde, salud, educación, seguridad y empleo. Qué pasaría si nos propusiéramos activar un gobierno popular en el que cada junta de agua, cada patronato y cada organización civil responda por las necesidades de su caserío, aldea, municipio y departamento. ¡Otra Honduras es posible!

Las elecciones son una herramienta democrática pero cuando van acompañadas de reglas claras y una institucionalidad robusta. Las calles aún son la herramienta fundamental para fortalecer la democracia. Hablar de ir a nuevas elecciones con las mismas reglas del reciente pasado es un
acto contrarrevolucionario y una acción traicionera contra las mayorías hondureñas, que piensan y actúan en el hoy porque les han robado hasta el mañana.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.