Honduras

Sin miedo, puedo decir que TENGO MIEDO por el peligro que corre la vida de Miriam Miranda

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Por: Josefina Dobinger – Álvarez Quioto

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo de llorar como lo hice ayer al enterarme de los asesinatos de agricultores, líderes que luchan por conservar sus tierras en el Aguán. Una lucha por el alimento y es por eso que, entre alegría al inicio y preocupación después, la noticia que Miriam Miranda ha recibido el premio Carlos Escalera, me ha quitado el sueño. Nuevamente me he visto viajando por mis recuerdos, recuerdos traumáticos por el impacto que me provocan las implicaciones que tiene para las defensoras y defensores de la tierra, la custodia por la vida al proteger la naturaleza.

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo de caer nuevamente en la prudencia de no decir que es incomprensible que organismos internacionales avalen una ley de consulta previa del Estado, a sabiendas que el cuerpo político en Honduras como en otras regiones del mundo, responden y actúan desde un connatural racismo internalizado y una cercana vinculación con negocios fraudulentos, que pueden observarse en sus expresiones en la ley, al disponer; que el Estado será el que tomará las decisiones finales por encima de los derechos plenos de las comunidades indígenas y garífunas.

Lo anterior tiene relevancia, en tanto, la consulta previa destaca como único interés agenciar las inversiones transnacionales, que conlleva necesariamente a la expulsión de poblaciones, ignorando en totalidad los daños que esto implica. Hasta el momento no se escuchan, propuestas para implementar proyectos de índole social como la construcción de hospitales o escuelas, para el Estado no son ganancia, a lo mejor por eso no vienen al caso. Es en sentido que se vuelve arrogante el señalamiento en la ley, que el Estado procurará tomar en consideración las observaciones de los sectores afectados.

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo del dolor que me provoca el solo hecho de pensar en las ciudades modelos, las zonas de empleo y desarrollo o como se les quiera llamar, que al final de cuenta son lo mismo ya que conducen a crear islas de prosperidad en mares de miseria (OFRANHE).

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo del sufrimiento, palabra que intenta captar la angustia y enfurecimiento que me provoca saber que un personaje como el “rey del porno” se tome el atrevimiento de amenazar a los pobladores de las comunidades garífunas, con expulsarlos de sus propias tierras. Intento así, dentro de lo posible, que no se atraviesen sentimientos sobre el peso simbólico que vomita el apodo de dicho agresor, que recuerdan la trata de personas, la violencia sexual contra mujeres y los femicidios.

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo de sentir desconsuelo al reconocer que el derecho a la cultura en Honduras y sus instituciones, al igual que en algunas organizaciones internacionales, no es considerado un derecho humano. Principalmente la afectación que me provoca su ausencia, al no reivindicar el pleno derecho a la defensa de la vida.

Sin miedo, puedo decir;

Que tengo miedo de los sapos, en el amplio sentido de la palabra. Principalmente de los que me recuerdan frases funestas como: el asesinato de lideresas y líderes de movimientos populares que luchan por los derechos humanos, fueron llevados a cabo, porque ellos y ellas mismas se lo buscaron.

Sin miedo, puedo decir;

Que el miedo seguirá existiendo mientras domine el terrorismo de Estado, mientras sigamos callando que los exterminios y desapariciones no se llevan a cabo al interior de Gobiernos democráticos.

Doña Lety escribió en su envío en el 2001 de su libro Mujer, familia y sociedad que rescatemos el valor del respeto por la vida humana y por la naturaleza, que ahora precisa más que nunca, de nuestra organización, de nuestra firme convicción, de nuestra lucha, y de la más absoluta vehemencia para defenderlo, proclamarlo y transmitirlo como valor.

“Todas somos defensoras de los derechos humanos”, Mirian Miranda.

Acerca Invitado

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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