SEQUÍA EN SEMANA SANTA

Por Óscar Esquivel ¿Viaja hacia el interior del país o se queda en Tegucigalpa? Da igual, a cualquier parte que vaya se encontrará sin agua. Siendo optimistas, ¡aún tenemos tiempo de corregir desaciertos sobre la administración de los recursos naturales! Las represas que aún no se han secado están a punto de quedarse sin agua.  No hay programas de siembra masiva de árboles pero sí hay planes para cortar los que aún quedan de pie...
Invitadoabril 18, 2019

Por Óscar Esquivel

¿Viaja hacia el interior del país o se queda en Tegucigalpa? Da igual, a cualquier parte que vaya se encontrará sin agua. Siendo optimistas, ¡aún tenemos tiempo de corregir desaciertos sobre la administración de los recursos naturales! Las represas que aún no se han secado están a punto de quedarse sin agua.  No hay programas de siembra masiva de árboles pero sí hay planes para cortar los que aún quedan de pie y en su lugar sembrar cemento, porque, para algunos, es de ahí que les lloverá dinero. No hay planes para reforestar cerca de las represas pero sí hay planes para concesionar territorios para la explotación minera, porque hay quienes piensan que de ahí lloverá dinero que al final servirá para comprar nada.

Existen grupos organizados, entre los que se destacan los indígenas y afrodescendientes, que luchan por los bienes comunes, como el agua, y que son tratados despectivamente por algunos sectores de la población que utilizan epítetos de la talla de “indios revoltosos, chuñas, mugrosos que pelean por todo, enemigos del ‘progreso’. Se toman carreteras, hacen caminatas hacia la capital, los matan y ni aun así entienden,” para describir a los protagonistas de la defensa del medio ambiente y sus acciones en esta lucha. ¿Ahora, caro lector, logra entender por qué protestan, porque se movilizan? No hay planes de nada en este país porque dicha función fue encomendada a personas que medianamente saben cómo se llaman. Lo que sí saben es saquear, eso sí, a manos llenas los bienes de los demás. Saben holgazanear las veinticuatro horas del día.

Aquí no se sabe –ni se investiga– cómo se secan los ríos. El Río Choluteca, por ejemplo, se encuentra en situación crítica, pero lo que sí sabemos es lo sabrosos que son los camarones pequeños porque los grandes son para exportación. ¿Cuántos pozos privados se alimentan de los ríos que son de todos? ¿Cuántas empresas venden agua embotellada y se roban el agua de los pozos que deben ser públicos? “¡Comunistas! ¡Enemigos del progreso!” Así llamarán y seguirán llamando a quienes planteen tales preguntas, a los que quiera poner orden. ¡Los han crucificado y los seguirán crucificando como al nazareno! A falta de madera, los futuros crucificados padecerán en cruces de cemento.

Si viaja al interior del país, además de la sequía encontrará camiones tras camiones cargados de pino, bajo la excusa que han sido afectados por el gorgojo descortezador. ¡Exigir una investigación seria al respecto queda en mera ilusión! Los perjuicios que nos afectarán a nosotros mismos a raíz de la explotación sin misericordia de los recursos naturales pareciera ser un fenómeno único en nuestro país, pero no es así. Ocurre a nivel mundial. Para dar un ejemplo tenemos la situación de  la Amazonia, pulmón del mundo, que se encuentra amenazada por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ve un enorme botín en los recursos naturales de esa zona oficialmente declarada patrimonio de la humanidad.

La explotación sin piedad de los recursos naturales es una característica del sistema económico neoliberal que da prioridad al capital antes que al ser humano, y coloca el interés de unos pocos por encima de las mayorías. Que esta semana en que se conmemora la muerte de Jesucristo sigamos su ejemplo; que sirva de reflexión y renovación de energías para luchar por los bienes comunes.

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