Honduras

El largo y doloroso camino que aún nos queda para salir de ésta hondura

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Por Óscar Esquivel.

72 años han pasado desde que Alfonso Guillen Zelaya pronunciara en 1945 en la Universidad de San Carlos, Guatemala el ensayo “La Inconformidad del Hombre”. Guillen Zelaya fue un intelectual hondureño reconocido por sus posiciones sobre la realidad nacional; reconocido antiimperialista y defensor de la autodeterminación de los pueblos.

El pensador olanchano en su ensayo menciona: “Con todo el progreso y nuestra sabiduría, no hemos conquistado el pan; no hemos conquistado nuestra liberación económica y política, no hemos conquistado el amparo de un techo; no hemos conquistado la salud; no hemos liquidado el analfabetismo(.)” El tiempo ha pasado desde Guillen Zelaya hasta nuestros días y los males siguen siendo los mismos. Mucho más tiempo ha transcurrido desde Morazán, Valle y otros compatriotas que ofrendaron su vida, dedicaron sus pensamientos al bien común. Honduras ha sido cuna de grandes hombres y mujeres que en nada tenemos que envidiar a los del resto del mundo. Pero a pesar de esas luces, nuestra realidad nos golpea a diario. Es muy poco lo que hemos avanzado en la búsqueda de la dignidad del hondureño.

El índice de desarrollo humano de nuestro país es de los más bajos del mundo, en la posición 130 de 188 países. La pobreza es de 64% y la pobreza extrema de 42%. Un medio de comunicación impreso nos informa que los índices de deserción escolar en el presente año son alarmantes a raíz de la misma pobreza en que se debate nuestra sociedad. Los niños tienen que buscar trabajo a temprana edad; problemas de seguridad en los centros de estudio; desintegración familiar. Los índices de desempleo son bastante altos; la adquisición de una vivienda es un lujo. Los problemas que nos aquejan se vuelven interminables.

Nos continúa diciendo Guillen Zelaya: “(…) Pero estamos dentro de una revolución mundial. Ha sido creada por nuestro progreso, nuestra angustia y nuestra batalla. No podemos eludirla ni ignorarla. Y de esa revolución no están excluidos los pueblos centroamericanos. Oprimidos y pobres, atrasados y débiles, jamás han capitulado. No somos ajenos a la inquietud del mundo. Nos han sacudido su dinámica y su sed de redención, con todo su heroísmo y con toda su tragedia. Los centroamericanos no nacemos sobre la superficie de la tierra, sino debajo de la tierra. Tenemos que gastar tiempo y lucha y sangre para romper la pesada costra que nos cubre al nacer, a fin de darnos cuenta de que existe la luz. Nuestro esfuerzo es más difícil, más doloroso e intenso que el de los pueblos afortunados que nacen en contacto con los progresos de la técnica, con las conquistas de la cultura y cuentan con oportunidades que nosotros nunca hemos tenido(.)”

Y es que otros pueblos nos han demostrado que es posible ver la luz. Aquí en la Patria grande se encuentra Bolivia que estaba mucho más atrasado que Honduras y nos han superado en los últimos años. Es posible salir de esta hondura de profundas desigualdades sociales. Pero no basta solo acudir a las urnas cada 4 años y olvidarnos de nuestro verdadero poder como pueblo; hay que realizar una democracia participativa, demostrar un verdadero poder popular.

Que el político nuestro no crea que se le entrega un cheque en blanco cada 4 años, que entienda que no queremos el poder por el poder, sino que buscamos cambiar las estructuras que nos oprimen. Que tenemos que cambiar el presupuesto nacional en su orden de importancia: invertir en educación y salud, no priorizar en equipo bélico; generar oportunidades de empleo para que nuestra gente no siga enlistándose en el crimen organizado, pandillas y delincuencia común. Hay que generar las oportunidades para que nuestros emigrantes regresen a su hogar.
Es posible salir de esta hondura, pero aún el camino es largo y tortuoso. Aunque alcancemos el poder político aun nos faltaría el poder económico que es el más peligroso de todos, pues ese trasciende las fronteras. El país, las grandes mayorías, tiene enemigos internos y externos. Hay que identificarlos y combatirlos. Los que no ha oprimido y nos siguen oprimiendo tienen un único interés y es la explotación de nuestras riquezas y reducirnos a la miseria absoluta. Sepamos identificar nuestros verdaderos adversarios y enfrentémoslos. Así mismo unámonos todos los que queramos Patria, hagamos que la casta política y económica tanto nacional e internacional nos respeten, demostrémonos que hemos alcanzado la mayoría de edad.

Acerca Invitado

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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