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APUNTES SOBRE EL REORDENAMIENTO DE FUERZAS EN HONDURAS

Por Óscar Esquivel

De todos es conocido que Honduras forma parte del dominio imperante por los Estados Unidos de Norteamérica. Ellos han promovido presidentes y empresarios a lo largo y ancho de América Latina, donde Honduras, por su posición geográfica, juega un papel importante. Estados Unidos, abierta o sutilmente, ha ejercido su poder sobre nuestras naciones, no sin antes encontrar oposición digna ante tal poderío y también vasallos. La intervención en nuestros países ha sido por medios lícitos e ilícitos, adjudicándose el derecho de lo que es legal e ilegal.

La defensa de Honduras ante el poderío de potencias extrajeras no es cuestión de romanticismo, sino de hechos que deberían resultar en el bienestar de su población. Esta realidad es la que hoy por hoy golpea hasta las entrañas a las mayorías de la población hondureña.

Los Estados Unidos de Norteamérica ha promovido y sostenido las mafias políticas y económicas que han saqueado los recursos de los hondureños, reduciéndonos al 64% de pobreza y 42% de extrema pobreza. Al parecer, el ciclo se ha cerrado y hemos tocado fondo. Esperaríamos que fuera así, para que con el final del ciclo llegue el renacer y con ello una Honduras de bonanza que se refleje en salud, alimentación, educación, empleo y seguridad para su población. No obstante, sabemos que Honduras juega parte de ese concierto internacional y por ende de intereses externos, en el que muchas veces las grandes potencias se pelean o reparten la riqueza de nuestros pueblos.

En Honduras hemos visto algunos cambios y seguiremos presenciándolos a raíz de capturas de
narcotraficantes, empresarios y políticos que creíamos y se creían intocables a raíz de su servicio al amo imperial y de la creación leyes que benefician a sus intereses. Sin embargo, todo tiene su ciclo, y según parece en Honduras el círculo se ha cerrado. Esto no significa que el amo imperial no lo siga siendo o que no haya otros serviles “pitiyanquis”, como les llamaría el sucesor del libertador en Venezuela.

Existen nuevas fuerzas o la revitalización de viejas fuerzas que empujan por un nuevo orden. Hay un debilitamiento del imperialismo norteamericano y una creciente presencia del poderío chino en
América Latina. De igual manera, hay presencia política de Rusia en nuestro continente. No menos importante es el despertar paulatino y consciente de nuestros pueblos, que han contribuido a generar los cambios que se están desarrollando.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos –a quien algunos consideran como agente de Vladimir Putin– ha sido para aplicar leyes contra los migrantes y a la vez perseguir a los corruptos en sus países de origen, que en realidad son los que generan la migración. La presencia de organismos como la MACCIH en Honduras y la CICIG en Guatemala, así como la presencia de China en Costa Rica, Panamá y recientemente en el Salvador, nos indican que hay un reordenamiento en América Latina, en el que esperamos que sean los pueblos originarios los verdaderos actores, y que el nuevo orden no responda a intereses del viejo amo ni a otra potencia extranjera.

Los 197 años de conmemoración de la emancipación política nos deben servir para reflexionar y hacer nuestras las palabras del héroe centroamericano Francisco Morazán Quezada: “Ni el oro del Guayape, ni las perlas del Golfo de Nicoya, volverán adornar la corona del Márquez de Aycinena, ni el pueblo centroamericano verá más esta señal oprobiosa de su antigua esclavitud, pero si alguna vez brillase en su frente este símbolo de la aristocracia, será el blanco de los tiros del soldado republicano”.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.