¿Quiénes son los Sentineleses, el pueblo aislado que mató al misionero estadounidense?

Los sentineleses son la tribu más aislada del mundo, y han atraído la atención de millones de personas. Viven en su propia pequeña isla arbolada llamada Sentinel del Norte, aproximadamente del tamaño de Manhattan. Continúan resistiéndose a cualquier contacto con foráneos, atacando a cualquiera que se acerque. Fuente: www.survival.es En noviembre de 2018, John Allen Chau, un hombre estadounidense, fue asesinado por miembros de la tribu sentinelese. En 2006, dos pescadores indios, que habían amarrado su...
Oscar Estradanoviembre 30, 2018

Los sentineleses son la tribu más aislada del mundo, y han atraído la atención de millones de personas. Viven en su propia pequeña isla arbolada llamada Sentinel del Norte, aproximadamente del tamaño de Manhattan. Continúan resistiéndose a cualquier contacto con foráneos, atacando a cualquiera que se acerque.

Fuente: www.survival.es

John Allen Chau


En noviembre de 2018, John Allen Chau, un hombre estadounidense, fue asesinado por miembros de la tribu sentinelese.

En 2006, dos pescadores indios, que habían amarrado su barco cerca de Sentinel del Norte para dormir después de pescar furtivamente en las aguas alrededor de la isla, fueron asesinados cuando su barco se soltó y fue arrastrado hasta la orilla. Se sabe que los pescadores furtivos pescan ilegalmente en las aguas que rodean la isla, capturan tortugas y bucean en busca de langostas y pepinos de mar.

Este pueblo indígena ha dejado claro que no quiere contacto. Es una sabia decisión. Tribus vecinas fueron aniquiladas después de que los británicos colonizaran sus islas, y no tienen inmunidad frente a enfermedades comunes como la gripe y el sarampión, que diezmarían su población.

Casi todo lo que conocemos de los sentineleses procede de las observaciones realizadas desde embarcaciones amarradas más allá de lo que alcanzan las flechas desde la orilla y durante breves periodos en los que los sentineleses permitieron a las autoridades acercarse lo suficiente para entregarles algunos cocos. Ni siquiera se sabe cómo se llaman a sí mismos.

Los sentineleses cazan y recolectan en la selva, y pescan en las aguas de la costa. A diferencia de la vecina tribu jarawa, construyen embarcaciones (unas canoas muy estrechas, descritas como “demasiado estrechas como para que quepan dos pies en ellas”). Sólo se pueden usar en aguas poco profundas ya que son dirigidas e impulsadas con una especie de pértiga.

Se cree que los sentineleses viven en tres pequeñas comunidades. Tienen dos tipos diferentes de casas: largas cabañas comunales con varias hogueras para diferentes familias, y refugios más temporales, sin paredes laterales, que pueden verse a veces en la playa, con espacio para una familia nuclear.

Las mujeres visten cuerdas atadas alrededor de la cintura, cuello y cabeza. Los hombres también llevan collares y cintas en la cabeza, pero con cinturones más anchos. Los hombres llevan lanzas, arcos y flechas.

Aunque a menudo se les describe en los medios de comunicación como de la “Edad de Piedra” es evidente que no es verdad. No existe ninguna razón para creer que los sentineleses hayan vivido de la misma forma durante los miles de años que probablemente llevan habitando las islas Andamán. Sus modos de vida habrán cambiado y se habrán adaptado muchas veces, como lo hacen todas las sociedades. Por ejemplo, ahora usan metal que ha sido arrastrado o que han recuperado de barcos hundidos en los arrecifes de la isla. Afilan el hierro y lo utilizan para las puntas de flechas.

Por lo que se puede ver desde la distancia, es evidente que los isleños sentineleses están muy sanos y prósperos, en claro contraste con las tribus granandamaneses a quienes los británicos intentaron llevar la “civilización”. Las personas que se ven en las costas de Sentinel del Norte parecen orgullosas, fuertes y saludables y los observadores siempre han visto a muchos niños y mujeres embarazadas.

Los sentineleses captaron la atención internacional tras el tsunami de 2004 en Asia, cuando uno de los miembros de la tribu fue fotografiado en una playa, disparando flechas a un helicóptero que estaba comprobando si se encontraban a salvo.

A finales del siglo XIX, M.V Portman, el oficial británico a cargo de los andamaneses, desembarcó, acompañado de un gran equipo, en la isla de Sentinel del Norte con la esperanza de contactar a los sentineleses. El equipo incluía rastreadores de tribus andamanesas que ya habían tenido contacto con los británicos, oficiales y convictos.

Encontraron comunidades recién abandonadas y caminos pero no se veía a los sentineleses por ninguna parte. Pasados unos días se cruzaron con una pareja de ancianos y algunos niños a los que se llevaron “en aras de la ciencia” a Port Blair, la capital de la isla. Como era de esperar, pronto enfermaron y los adultos murieron. Los niños fueron llevados de vuelta a la isla con una serie de regalos.

Sentineleses montan guardia en una playa de la isla. © Christian Caron – Creative Commons A-NC-SA


Se desconoce cuántos sentineleses enfermaron como resultado de esta “ciencia” pero es probable que los niños transmitieron las enfermedades y que tuviera devastadoras consecuencias. Es pura conjetura, pero ¿pudiera ser esta experiencia la causa de la hostilidad continuada de los sentineleses y su rechazo a los foráneos?

Durante la década de 1970 las autoridades indias realizaron viajes ocasionales a Sentinel del Norte en un intento de ganarse la amistad de la tribu. Normalmente se organizaban a instancias de mandatarios en búsqueda de aventura. En una de estas expediciones dejaron en la orilla dos cerdos y una muñeca. Los sentineleses cazaron con sus lanzas a los cerdos y los enterraron junto con la muñeca. Estas visitas se volvieron más regulares en la década de 1980; los equipos intentaban desembarcar en lugares fuera del alcance de las flechas y dejaban regalos como cocos, plátanos y trozos de hierro. A veces los sentineleses parecían hacer gestos amistosos; otras veces se llevaban los regalos a la selva y después disparaban flechas al grupo que intentaba establecer contacto.

Aparentemente, en 1991 parece que hubo un avance. Cuando los funcionarios llegaron a Sentinel del Norte la tribu les hizo una señal para que les trajesen los regalos y entonces, por primera vez, se acercaron sin sus armas. Incluso se metieron en el agua y fueron hacia los barcos para recoger más cocos. Sin embargo, este contacto amistoso no duró mucho; aunque los viajes para llevar regalos continuaron durante algunos años, los encuentros no siempre fueron amistosos. En ocasiones los sentineleses apuntaron con sus flechas al grupo que intentaba establecer contacto, y en una ocasión atacaron una embarcación de madera con sus azuelas (hachas de piedra para cortar madera). Nadie sabe por qué los sentineleses primero abandonaron y después retomaron su hostilidad hacia las misiones de contacto, ni si alguno murió como resultado de enfermedades contagiadas durante esas visitas.

En 1996 se puso fin a las misiones regulares de entrega de regalos. Muchos funcionarios empezaron a cuestionar la lógica de intentar contactar a un pueblo que está sano y contento y que ha vivido prósperamente de manera independiente durante más de 55.000 años. El contacto amistoso solo tuvo consecuencias devastadoras para los granandamaneses. Un contacto prolongado con los sentineleses habría tenido casi con toda seguridad trágicas consecuencias.

En los años posteriores solo se llevaron a cabo visitas ocasionales, de nuevo con respuestas diferentes. Tras el tsunami de 2004, los funcionarios realizaron dos visitas para comprobar, desde la distancia, que la tribu parecía estar sana y que no sufría de forma alguna. Entonces declararon que no intentarían nuevos contactos con los sentineleses.

Su extremado aislamiento les hace muy vulnerables a enfermedades contra las cuales no tienen inmunidad, lo que significa que el contacto tendría muy probablemente consecuencias nefastas para ellos.

Tras una campaña de Survival y organizaciones locales, el Gobierno indio abandonó los planes de contactar a los sentineleses y su postura actual es la de no intentar de nuevo el contacto con la tribu.

Se llevan a cabo controles periódicos, desde barcos anclados a una distancia segura de la costa, para asegurar que los sentineleses están bien y que no han decidido buscar el contacto.

Misioneros afirman que John Chau no suponía ningún peligro para los sentineleses – Survival responde

Mary Ho, directora del grupo misionero All Nations, que apoyaba a John Chau, afirma ahora que Chau no supuso ningún riesgo para la tribu senteinelese. Dice que “estamos hablando de un tiempo diferente, estamos hablando de un tiempo, ahora, en que existe medicina moderna, en que hay antibióticos”.

Estas palabras revelan un sorprendente grado de ignorancia que pone de manifiesto por qué es tan peligroso que estas personas se acerquen a las tribus aisladas . Les ha llevado casi dos semanas preparar su respuesta, pero veamos en detalle lo que afirman.

Dicen que Chau tenía formación médica. En realidad, tenía un título de salud y medicina deportiva y por lo visto cierta formación en medicina de urgencias. No estaba habilitado para ejercer la medicina. Cuando la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) de Brasil llevó a cabo las expediciones de “primer contacto” en las décadas de 1970 y 1980, les acompañaban médicos especializados, pero ni siquiera ellos pudieron evitar la expansión de epidemias letales y se suspendieron las expediciones.

Su líder, Sydney Possuelo, dijo que “yo pensaba que sería posible establecer contacto sin que hubiera sufrimiento ni muertes, organicé uno de los frentes mejor equipados que jamás ha tenido la FUNAI. Lo preparé todo… Monté un sistema con médicos y enfermeras. Hice acopio de medicamentos para combatir las epidemias que siempre se generan. Contaba con vehículos, helicópteros, radios y personal experimentado. ‘No dejaré que muera ni un indio’, pensé. Y se produjo el contacto, llegaron las enfermedades, los indios murieron.”

Los misioneros dicen que Chau “intentó conseguir 13 tipos de vacunas”. No tenemos ni idea de lo que significa esto. En todo caso, no existe ninguna vacuna disponible contra el resfriado común, que ha sido uno de los principales problemas con los pueblos indígenas aislados. La infección vírica inicial (contra la que no sirven los antibióticos) suele dar pie a infecciones secundarias que resultan mortales.

Dicen que Chau “estuvo en cuarentena durante muchos, muchos días”. No sabemos a qué se refieren con “muchos”. Es de suponer que ellos tampoco, porque de lo contrario habrían dado una cifra. Previamente a una expedición se precisa una cuarentena de más de una semana, incluso en caso de emergencia. Esto es lo mínimo. En todo caso, Chau estuvo en contacto con los pescadores que le trasladaron a la isla, anulando así los efectos de toda cuarentena previa que se autoimpusiera.

Se supone que John Chau fue asesinado el 16 de noviembre. Si algún germen patógeno que llevara consigo ha afectado a los sentineleses, es probable que ya se haya manifestado. Por supuesto, no sabemos cómo reaccionarían si estuvieran enfermos. ¿Acudirían a la playa para pedir ayuda, en cuyo caso las autoridades indias deberían tener preparados equipos especializados en las proximidades, pero en alerta, o se retirarían simplemente al interior de la isla –lo cual es más probable–, en cuyo caso estarán fuera de alcance? No lo sabemos, hemos de esperar.

La idea de que las epidemias mortales entre las tribus recién contactadas es una cosa del pasado resulta fácil de rebatir. En las últimas décadas hay muchos casos en los que ha sucedido esto, especialmente en Brasil y Perú. Por ejemplo, los nahuas de Perú perdieron más de la mitad de los miembros de la tribu en la década de 1980 después de un contacto.

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