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¿QUIÉNES ESTÁN MATANDO EN NICARAGUA?

Por Joshua Howat BERGER 24MATINS

Los manifestantes atrincherados en Masaya no están seguros de quiénes les están disparando desde arriba. Pero dicen que quienes sean están bien entrenados y disparan a matar.

El terror reinó en esta ciudad todo el fin de semana. Los residentes, armados con morteros caseros, lucharon contra la policía y las bandas progubernamentales, a las que acusan de saquear e incendiar la ciudad.

Con adoquines, muebles, chapas y cualquier otra cosa a su alcance, han construido barricadas en casi todas las calles de esta ciudad de poco más de 100.000 habitantes.

Hasta ahora, han combatido con éxito contra las fuerzas de seguridad del presidente Daniel Ortega desde que comenzaron las protestas antigubernamentales el 18 de abril. Pero poco pueden hacer con los francotiradores que, según dicen, atacan desde posiciones alrededor del centro de la ciudad.

“A un vecino mío le metieron un balazo en el pecho esta mañana”, aseguró el sábado Jonhatan José, de 47 años, a AFP en el mercado de artesanos, ahora incendiado.

“Fue un francotirador, por el tipo de hueco. Grande”, dijo.

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Foto AFP

Caos en Managua

Al otro lado del mercado, que los residentes acusan a la policía antidisturbios de haber calcinado, Armán García, un fornido manifestante que usa un pañuelo rojo como máscara, afirmó que “no hay nada que hacer” si te ve un francotirador.

“Son gente preparada, gente especializada, que los tiros son exactamente letales. Son (a la) cabeza, abdomen, tórax”, explica García, de 37 años.

En la capital, Managua, a 40 minutos en auto de Masaya, hay más informaciones, respaldadas por videos, de francotiradores vestidos de civil que matan manifestantes.

Se muestran incluso pruebas de que estos tiradores se posicionan en el estadio nacional de béisbol, así como otros edificios. Desde allí habrían disparado contra la multitud durante la manifestación del miércoles pasado, encabezada por las madres de los fallecidos por la violencia, y en la que murieron 16 personas.

Desde que comenzaron las protestas en abril, al menos 110 personas han fallecido, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Amnistía Internacional (AI) denunció que las autoridades nicaragüenses usan grupos paramilitares para reprimir a los manifestantes.

El presidente Ortega ha negado que tanto la policía como el ejército hayan disparado contra civiles.

Médicos que trabajan en Nicaragua han denunciado a grupos de derechos humanos que muchas de las heridas que ven en las víctimas coinciden con las causadas por el rifle de francontirador Dragunov, según una información del periódico local La Prensa.

Restos de la Guerra Fría

Desarrollado en la extinta Unión Soviética, el Dragunov llegó a Nicaragua a gran escala después de que la guerrilla sandinista de Ortega instalara un gobierno comunista tras derrocar al dictador Anastasio Somoza en 1979.

Se convirtió en un arma para las unidades irregulares del ejército y las fuerzas de contrainsurgencia que rápidamente se vieron envueltas en otra guerra contra los Contras, grupos rebeldes financiados por Estados Unidos que veía como una amenaza la llegada de comunistas al poder en una zona que consideraba su patio trasero.

Durante la década de 1980 se entrenó a mucha gente para usar el rifle Dragunov, según el comandante Roberto Samcam, un exguerrillero sandinista que comandaba unidades de contrainsurgencia.

Rifle Dragunov para francotiradores, muy disponibles en Nicaragua luego de la guerra de los 80.
Rifle Dragunov para francotiradores, muy disponibles en Nicaragua luego de la guerra de los 80.

Convertido ahora en crítico de Ortega, Samcam afirma que aunque el Dragunov es un rifle de francotirador, casi cualquier soldado puede usarlo.

“Requiere de una pericia especial si lo vas a utilizar para abatir un blanco lejano y en un momento que esté claramente definido. Pero si tú vas a abatir a alguien en una manifestación de 100.000 personas, no necesitas tanta pericia”, explicó a la AFP.

“La mira te ayuda a ubicar y apuntar. La posición ventajosa que tenés, con un arma que puede dar a una distancia de hasta 800 metros, para tener un blanco efectivo, te permite tener la comodidad para poder hacer el disparo”, añadió.

Cuando Ortega perdió el poder en las urnas en 1990, muchos de sus antiguos camaradas guerrilleros abandonaron el ejército y se llevaron sus armas consigo, temerosos de recibir ataques de los Contras, aunque permanecen leales al mandatario.

El presidente volvió al poder en las elecciones de 2006 y encadena su tercera legislatura consecutiva, acusado de apropiarse de los tribunales y de la autoridad electoral para mantenerse indefinidamente.

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“Exterminar las plagas”

En la víspera de la marcha de las madres del miércoles pasado, se instó a estos exsoldados a “defender la patria” y “exterminar las plagas” en varios videos difundidos por las redes sociales.

“Plagas” es el término que ha usado la esposa de Ortega y vicepresidenta del país, Rosario Murillo, para referirse a los manifestantes.

Los mensajes, según Samcam, fueron una llamada a esos exsoldados para que ayuden a reprimir las protestas.

“Estas fuerzas parapoliciales y paramilitares han sido organizadas y armadas por el gobierno, y es responsabilidad de Daniel Ortega”, afirmó.

Irónicamente, en esta lucha hay paralelismos con la dictadura que Ortega derrocó: Somoza también fue acusado de usar francotiradores para asesinar a su población, y los manifestantes han llegado a cantar, “Daniel, Somoza, son la misma cosa”.

Están “haciendo exactamente lo mismo que hacía Somoza, incluso hasta cosas peores que el mismo Somoza”, dijo una manifestante de 25 años, que pidió el anonimato.

“Se ha convertido en ese dictador que tanto peleó”, agregó sobre Ortega.

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.