QUIEN SE META CON LA POLICÍA MUERE

Testimonio recogido por  Frauke Decoodt HISTORIA 1: LA VIOLENCIA COMO RUTINA “La violencia se convierte en una rutina”. Kevin creció en un barrio marginal de Tegucigalpa, la capital de Honduras. Es un barrio con poco accesibilidad y escasa acceso a servicios básicos. “En mi casa nunca faltó nada pero a la par mía habían chicos que ni para zapatos tenían, andaban descalzos.” “Yo desde siempre andaba en la calle con mi grupito de amigos que...
Invitadoseptiembre 21, 2017
Testimonio recogido por  Frauke Decoodt

HISTORIA 1: LA VIOLENCIA COMO RUTINA

“La violencia se convierte en una rutina”. Kevin creció en un barrio marginal de Tegucigalpa, la capital de Honduras. Es un barrio con poco accesibilidad y escasa acceso a servicios básicos. “En mi casa nunca faltó nada pero a la par mía habían chicos que ni para zapatos tenían, andaban descalzos.”

“Yo desde siempre andaba en la calle con mi grupito de amigos que me cuidaban la espalda. El mayor temor es caminar solo. En mi colonia hay tantos puntos ciegos donde hacen todo tipos de actividades que no pueden ver la luz del día.” Desde la adolescencia Kevin quería montar su propio barra. Las barras son seguidores de fútbol que funcionan en los barrios de Tegucigalpa como espacio de protección territorial entre jóvenes. Lo primero que hizo fue acercarse a la pandilla de la colonia, la 18. Negociaron que con su grupo de ocho chavos podrían estar en ciertos sectores de la comunidad. También tenían que avisar si miraban a alguien de otra pandilla, alguien sospechoso o a la policía.

Sospechoso eres cuando vienes del otro barrio donde manda la otra pandilla, los Salvatruchas o la MS13. También tu estilo de vestir te puede hacer sospechoso. Cada pandilla o barra tiene su propio código. Si te encuentras con tus adversarios con suerte solamente te golpean. A menudo significa un muerto más en la sangrienta guerra entre bandas. “Vestirse ‘neutral’ tampoco es una solución, puede ser una invitación asaltarte y matarte. Esa zozobra, ese miedo por andar en las calles siempre esta permanente con todos los jóvenes.”

Ya pronto no fue tan claro para Kevin y sus compas a dónde la línea entre la barra se detuvo y el Barrio 18 empezó. Quizás esta separación nunca fue tan clara. Para Kevin la pandilla y la barra son mucho mas que una mara de locos violentos como se les representa en los medios de comunicación. Son sus compas, sus vecinos con los que creció y que siempre le han protegido mas que el estado Hondureño.

A los catorce años ya tenía su propia arma y tenía quince cuando le dispararon por primera vez. “Salimos del estadio y una motocicleta nos agarro a disparos. Dos chavos resultaron heridos, a uno, una bala le impacto en una pierna y a otro su cintura. Tuvimos que llevarles al hospital en el lomo porque ya no habían carros en la calle.”

Otros amigos tuvieron menos suerte. Muchos murieron en enfrentamientos con disparos, pero en algunos casos Kevin sospecha que fue por escuadrones de muerte. Lo sabe por la manera en que ellos actúan, las armas que tienen, la manera que se visten. Unos amigos simplemente desaparecieron. Como uno que fue secuestrado de su casa y nunca volvió a aparecer. Otros amigos fueron asesinados a sangre fría, como esos que estaban mirando un juego de fútbol al lado de la cancha y viene un carro directo por ellos. “La policía solamente llega aquí a levantar el cuerpo. Dicen que fue un ajuste de cuentas entre bandas y ahí muere la investigación.”

Kevin tiene 24 años pero ya no puede contar el número de amigos asesinados.


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Foto Ezequiel Sánchez

HISTORIA 2: QUIEN SE META CON LA POLICÍA MUERE 

Kevin huyó a los Estados Unidos hace tres años. Veintiún años tenía entonces. Toda su juventud la vivió a la defensiva, siempre alerta. A la pandilla y barra brava opuestos, o las tantos riesgos e individuos que te pueden matar en Tegucigalpa. Sin embargo, fueron el secuestro, la tortura y las amenazas de muerte de la policía las que le obligaron a tomar la decisión forzada de marcharse a los Estados.

Un día la policía llegó a la casa de Kevin. Eran las 9:00 AM y para sorpresa de los agentes Kevin andaba trabajando. Desde hace poco era parte de un programa de prevención y rehabilitación de la violencia para los jóvenes. Aunque los policías andaban vestidos de ciudadanos, todo el barrio sabe cómo funciona la policía en esos operativos. Sus carros no tienen placas, llevan chalecos antibalas y pasamontañas, están fuertemente armados con armas de reglamento únicamente militar. En el barrio de Kevin saben, eso es un escuadrón de la muerte.

Cuando Kevin se dio cuenta que la policía estaba en su casa, se apresuró para llegar. Cuando llegó ya habían tumbado la puerta y registrado todo. Inmediatamente lo empezaron a golpear y le subieron a un carro. Amarrado de brazos y pies lo llevaron a una quebrada. De repente reconoció a uno de los ocho agentes que le habían raptado. Hace meses atrás había tenido una pelea con él sin saber que era policía. El agente le arroja al suelo y le tira unos costales encima, diciéndole: “Sabés por qué se ocupa esto verdad?”

Kevin estaba convencido de que lo matarán. Así se encuentran muchos jóvenes hoy en día. Torturados, desmembrados, abandonados en costales. Afortunadamente para Kevin, uno de los otros agentes no quería estar involucrado en eso y convenció a su compañero de dejarlo ir, por ahora. Pero antes de soltarlo, lo golpearon y amenazaron diciéndole que en esa ocasión tuvo suerte, “que quién se mete con la policía, se muere.”

Kevin no tenía que pensarlo mucho. Tenía que irse, sí o sí. Bajo eso tipo de amenazas nadie puede quedarse aquí. Sabían dónde vivía y trabajaba, conocían su nombre. Sabían todo.

Kevin se salvó, pero todavía esos agentes de policía se acercan a sus amigos a preguntar por él.

 Publicado originalmente en fraukedecoodt.org

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