Honduras

La necesaria politización e ideologización del  hondureño

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Por Óscar Esquivel

La política en Honduras históricamente ha sido considerada como una representación de antivalores, en donde los que buscan un cargo de elección popular lo hacen para robar, y los que no lo buscan para ese fin son tontos e ingenuos. La política en donde se entra pobre y se sale rico ha sido la referencia en esta hondura nuestra. Por supuesto, como en todo, hay excepciones.  

Las personas que han tenido buenas intenciones logrando llegar a ocupar un cargo público, han sido silenciadas de diferente formas, con la muerte incluso. Y es ahí una de las razones por las que el hondureño ha logrado aislarse de ser el hacedor de su destino. Ya sea esto porque la política se entiende como algo asqueroso o como sinónimo de muerte para el bien intencionado, dejando así que sean unos pocos los que decidan por las grandes mayorías.

Es muy común escuchar la frase poco reflexiva, “Si no trabajo no como,” ignorando el ciudadano que el alza a los combustibles, la energía eléctrica, el precio de la canasta básica, la generación de empleos, la apertura de centros escolares, y la apertura de calles y pavimentación de carreteras dependen de las decisiones políticas. La apertura de centros de salud, la generación de inversión, el endeudamiento interno y externo y las condiciones para que haya seguridad son decisiones que toman los políticos, entre otras no menos importantes.

También entendemos que el desentendimiento de la política por parte de las mayorías de la población hondureña no es algo inherente, sino que ha sido provocado históricamente por la clase dominante, ya sea a través de la educación que recibimos, la alimentación, la religión, los medios de comunicación e incluso los partidos políticos. Estos son instrumentos utilizados para que no pensemos, para que nos sometamos sin cuestionar, para que sean los “elegidos” los que decidan nuestro destino, para que sea el cura o pastor el que intervenga ante Dios o ante los hombres por nosotros.

Sin embargo hemos percibido un “parteaguas” desde el junio de 2009 hasta la fecha -sin pretender ignorar las luchas del pasado-, donde los hondureños están más atentos, más reflexivos e interesados en su destino.

La politización del hondureño es necesaria, a la que hay que agregarle la ideologización.

Es necesario que nuestros compatriotas se empoderen de su “yo”, que se sientan identificados con las causas de las mayorías a las que pertenecen, que sepan de dónde vienen y hacia dónde van como individuos y miembros de una sociedad. Requerimos ciudadanos que se sientan orgullosos de sus raíces y las defiendan; que protejan su bienestar de los intereses ajenos en favor del bienestar colectivo. Necesitamos con urgencia defendernos de potencias extranjeras que afectan nuestro bienestar como país.

Hay que politizarnos, hay que ideologizarnos, para que la proclama de “La Declaración Universal De Derechos Humanos” suscrita en París el 10 de diciembre de 1948 deje de ser utopía en esta hondura y se haga realidad.  Hay que conocer nuestros derechos como seres humanos y hacerlos nuestros. Ya lo dijo hace muchos años José Martí: “Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.”

Acerca Invitado

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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